GRACIAS A LOS ESFUERZOS DEL GOBIERNO NACIONAL, LAS MULTINACIONALES PUEDEN CONFIAR EN COLOMBIA 2017-12-18T11:47:10+00:00

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Discurso pronunciado por el Presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con motivo del encuentro con las multinacionales radicadas en Colombia

Quizás muchos de los aquí presentes, cuando están sentados ante sus televisores o leyendo los diarios, temen por el futuro de sus empresas.

Colombia, pueden pensar algunos de ustedes, va camino hacia más intensos conflictos. Colombia, en sus procesos económicos, genera grandes incertidumbres ¿Qué pasará entonces con nosotros? ¿Porqué debemos permanecer en el país? Esas preguntas, amigos empresarios, seguramente han cruzado por sus mentes.

Sin embargo, yo los invito a ver, con una mirada serena y objetiva, lo que puede esperarle al país. La realidad tiene varias dimensiones y no debemos limitarnos a ver sólo una de sus caras.

Dado que el gobierno también es un actor fundamental en el devenir de la Nación, creo que no es posible ignorar su perspectiva y, sobre todo, las políticas que de ella resultan. Esas políticas también son realidades.

Por eso quiero compartir con ustedes nuestra visión de lo que es y puede ser Colombia. De ella puedo hacer una larga exposición, pero antes prefiero recurrir a un solo concepto, a una idea capaz de resumir, para ustedes, lo que se puede esperar del país.

En ese sentido, si pudiera sintetizar en una palabra lo que las multinacionales pueden esperar de Colombia, hay una que mencionaría inmediatamente: la confianza.

Se confía cuando se cree en la buena fe de alguien.

Se confía cuando se espera con certeza que un resultado se va a
producir.

Se confía cuando se le encarga a alguien, por su experiencia o por
sus intenciones, el cuidado de una tarea.

Gracias a los esfuerzos que realiza el Gobierno Nacional, las multi-
nacionales pueden tener confianza en el país y en sus instituciones.

Hace poco, en una entrevista con The New York Times, decía que a diferencia de algunos países -inclusive algunos vecinos- la variable determinante que hacía que los inversionistas prefirieran a Colombia, era que en nuestro país había instituciones.

Ya sea en el ámbito de la política macroeconómica, ya sea en el sector de las garantías para la inversión extranjera o ya sea en el campo de la estabilidad social existen las condiciones para que ustedes depositen en Colombia sus mejores expectativas. Aunque la situación no es, por supuesto, ideal, en estas tres dimensiones, vinculadas como un todo entre sí, se vislumbra un panorama a todas luces positivo.

Analicemos, pues, este triángulo de la confianza:

Cuando comenzó mi gobierno, la economía colombiana padecía los efectos de la crisis asiática, rusa y brasilera de 1998 y enfrentaba, a la vez, dos grandes problemas internos: el desequilibrio fiscal y el financiero.

El primero se debía al crecimiento acelerado del Estado. Dicho crecimiento, en tanto requería mayores niveles de endeudamiento público, se tradujo en altos impuestos para afrontar esas deudas y, por supuesto, en altas tasas de interés para los empresarios y para los tenedores de créditos de vivienda.

El resultado fue, por una parte, una reducción del consumo, en la medida en que se destinó más dinero en los hogares para pagar los intereses de deudas y, por otra, una contracción del sector privado, pues, por los altos costos crediticios, se disminuyó la inversión de los empresarios.

La situación fue tan crítica que el sector privado, entre 1994 y 1999, creció sólo 0.03 por ciento anual, mientras que, en contraste, el Estado creció 10.2 por ciento al año. La industria manufacturera, por ejemplo, se redujo en casi 10 por ciento, la construcción disminuyó a la mitad y el comercio, que bajó 60 por ciento sus niveles de inversión y cuyo consumo creció sólo 0.7 por ciento anual, cayó más de 5 por ciento.

Adicionalmente, como era de esperarse, la recesión en curso, potenció el desempleo, produciendo un panorama que, definitivamente, no era alentador.

Pasar en cuatro años, del 94 al 98, de 7.6 por ciento a cerca del 16 por ciento.

Para contrarrestarlo el Gobierno Nacional se ha centrado en la generación de nuevos empleos y en el crecimiento sostenible del país a través de nuevos proyectos de inversión. Dos han sido los frentes de esta política: uno referido al conjunto de medidas con incidencia económica de la política de paz -tales como los planes de choque para la generación de empleo o los programas de cadenas productivas en el agro- y otro centrado en las ya exitosas políticas de estabilización macroeconómica.
Como parte del paquete de estabilización, cuyos principales objetivos son la racionalización del gasto público y la disminución del déficit fiscal, impulsamos la Ley de Ajuste Fiscal Territorial, cuyo objetivo es reducir los gastos de funcionamiento de las instituciones regionales, y presentaremos, como complemento, un proyecto de
ley de responsabilidad fiscal. Igualmente hemos logrado, en coordinación con el Banco de la República, un adecuado control de los flujos monetarios -que se ha manifestado en la drástica reducción de la inflación- y, luego de la eliminación de la banda, hemos conseguido una beneficiosa estabilidad cambiaría.

Las reformas tributaria y pensional, profundizarán este buen camino. Estas políticas, que han logrado que el país cumpla con los organismos económicos internacionales, muestran resultados concretos que se reflejan en la disminución sustancial de las tasas de interés. De esta manera se alivia la situación de las empresas y hogares endeudados, se ayuda a la reactivación de la inversión y, por ese camino, se ha contribuido a la generación de empleo.

Los signos de recuperación son fuertes. La inversión creció 10 por ciento en el primer trimestre de 2000 y 6 por ciento en el segundo trimestre. El sector de la construcción, junto con el agrario, presentan señales de reanimación al mostrar un crecimiento positivo en dos trimestres consecutivos y la industria manufacturera, a su vez, muestra un crecimiento de 8.7 por ciento y 11.7 por ciento para los dos primeros trimestres del año.

Asimismo, el consumo de los hogares, en el primer trimestre del año, creció 2.8 por ciento y, en el segundo trimestre, 3.9 por ciento. El empleo también, gracias a esta reactivación empresarial, aumentó el 4.8 por ciento respecto al primer semestre del año anterior. Incluso, luego de un año de un crecimiento negativo de 4.5 por ciento -nuestras peores cifras del siglo XX- Colombia está segura de proyectar para el 2000 más del 3 por ciento de crecimiento en el PIE il.In nuevo aire está respirando la economía colombiana!

Esto no se habría logrado si aparte de atacar el desequilibrio fiscal, el gobierno no hubiera también atendido las urgencias del sector financieo.

Consciente de que un posible colapso afectaría el suministro de recursos al sistema productivo y que, además, era preciso proteger los intereses de millones de ahorradores, el Gobierno Nacional, a través de la ley de reforma financiera y de la declaración de emergencia económica, a finales del 98, evitó su colapso.

Aunque los resultados positivos sólo se han hecho evidentes recientemente, son el fruto del arduo trabajo de mi administración durante los dos últimos años. El nivel de las dificultades afrontadas ha sido de tal magnitud, que pocos comprenden aún la importancia y necesidad de las medidas que se han ejecutado, de las que se tramitan actualmente y de las que vendrán. Sin embargo, a pesar de lo titán co de la tarea enfrentada, pues los gobernantes nunca partimos de cero sino que arrastramos el peso de dificultades heredadas, el balance, en el campo macroeconómico, es definitivamente alentador.

Pasemos entonces a ver el panorama en el segundo lado de nuestro triángulo de la confianza, en el terreno de las garantías a la inversión extranjera.

En este ámbito, también se han hecho grandes esfuerzos para que se confíe en Colombia. Como parte del Plan Estratégico Exportador, el cual es un proyecto de Estado a 10 años, se ha estimulado la instalación de empresas del exterior en Colombia. Para que utilicen nuestro territorio, como plataforma exportadora de sus bienes y servicios, mi administración a través de bien diseñadas políticas- ha procurado la creación de un ambiente de negocios cada vez más abierto, seguro y estable.

Con este propósito, no sólo se ha permitido la libre remisión de utilidades y capitales al exterior, sino que han desaparecido las restricciones sectoriales para la inversión y, con ellas, las autorizaciones previas para realizarla que antes exigía el gobierno. Asimismo, con el ánimo de reducir los niveles de incertidumbre, hemos garantizado también, a través de la modificación del artículo 58 de la Constitución Nacional, la indemnización plena a los inversionistas extranjeros en caso de expropiación.

Adicionalmente, aparte de los varios acuerdos bilaterales para la promoción y protección a las inversiones, que han sido negociados por el Ministerio de Comercio Exterior, se suscribió el convenio sobre Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones entre Estados y Nacionales de otros Estados, CIADI, a fin de acceder a un mecanismo de conciliación y arbitramento internacional.

En la misma línea, cuyo objetivo es cubrir posibles riesgos para las empresas que vienen al país, se han firmado acuerdos con la Agencia Multilateral de Garantía a las Inversiones Extranjeras, MIGA, con la organización Overseas Private Investment Corporation, OPIC, y se ha adoptado, como parte de un plan integral contra el contra- bando, el Convenio Antipiratería.

Con la adopción del decreto que crea cuatro Zonas Económicas Especiales de Exportación, ubicadas en Buenaventura, Cúcuta, Ipiales y Valledupar, el país, igualmente, ofrece regímenes excepcionales, tanto en lo laboral como en lo tributario, para favorecer el ingreso de capitales al país. En ellas, se promoverá el procesamiento industrial de bienes y servicios de exportación, bajo condiciones manifiestamente ventajosas para los inversionistas.

Todas estas iniciativas, valga mencionarlo, han sido formuladas y coordinadas desde el Ministerio de Comercio Exterior, el cual, manteniendo una permanente comunicación con los inversionistas, se ha encargado de corregir y detectar las debilidades del marco normativo e institucional que puedan afectar el desempeño de las inversiones. Con el trabajo del ministerio, el Estado colombiano está facilitando, y no obstaculizando, una efectiva internacionalización de la economía colombiana.

Todo lo anterior demuestra que, en la búsqueda de mejorar el clima de inversión en Colombia, lo cual es esencial para generar empleo, fortalecer el comercio, potenciar la capacidad exportadora y modernizar el aparato productivo -mediante la transferencia de tecnologías y conocimientos capaces de mejorar los rendimientos de nue tras industrias y la calificación de nuestros trabajadores-, se han formulado unas reglas de juego claras y, por eso mismo, lo suficientemente atractivas para los capitales foráneos.

¡ La internacionalización de la economía, por ese camino, es un juego donde todos salimos ganando!

No casualmente, en los últimos meses, varias firmas, en el campo de las telecomunicaciones, de las finanzas, de los hidrocarburos, de la Internet y de la industria automotriz, químico-farmacéutica y de alimentos y bebidas, han incursionado en el país a través de fusiones, adquisiciones o de inversión nueva. Por ejemplo, se han suscrito, en lo que va del año, más de 20 contratos de exploración petrolera, lo cual, desde 1985, no habíamos logrado concretar. Igualmente, algunas empresas que ya participaban en nuestra economía, están hablando de planes para expandirse.

Aunque las dificultades por todos conocidas han repercutido sobre el interés de las multinacionales en el país, lo ciertos es que, aún con su presencia, el reconocimiento a nuestras facilidades para la inversión sigue atrayendo al capital extranjero.

Ahora bien, ese reconocimiento se fortalecería si, fuera de las variables estrictamente económicas, contáramos con una situación social más estable.

Al fin y al cabo, el progreso en el desempeño de la economía no puede disociarse tajantemente del desarrollo del bienestar de la sociedad. Para lograr tal estabilidad, el gobierno ha diseñado un ambicioso programa que es por todos ustedes conocido, esto es, el Plan Colombia.

El Plan Colombia es una estrategia integral que consulta la complejidad de la realidad colombiana y busca fortalecer la presencia del Estado y su institucionalidad. En ese sentido incluye mecanismos y programas para reactivar la economía, impulsar las negociaciones de paz, fortalecer la justicia y promover los derechos humanos, aumentar la inversión social, en especial en las zonas de conflicto, realizar procesos de sustitución y desarrollo alternativo y luchar contra el narcotráfico.

Ya es hora de entender que el narcotráfico y sus obscenas utilidades han cambiado la naturaleza del conflicto en Colombia. Mi opinión, compartida por la mayoría de los colombianos, es que ya seríamos una Nación próspera y en paz si no fuera por la violencia y corrupción que ha fomentado el negocio de las drogas ilícitas.

No hay que olvidar que la violencia, fraguada en los sótanos oscuros de las mafias, genera una menor inversión y productividad de las empresas por un monto equivalente al 4 por ciento del Producto Interno Bruto y que, sumando los costos directos e indirectos de la violencia, el país pierde según los expertos, más de la cuarta parte de su Producto Interno Bruto anual, esto es, unos 23 mil millones de dólares.

Para alcanzar la paz, debemos atacar las causas que la inhiben y estimular las que la impulsan: ya sea mediante la erradicación de los cultivos o mediante los programas de desarrollo alternativo que financiará el Plan Colombia, esperamos crear caminos rectos a la prosperidad y, así, hacer olvidar los falsos atajos que siempre terminan en abismos.

No se trata, por tanto, de emprender simplemente nuevas iniciativas de sustitución de cultivos ilícitos, sino de impulsar, con más recursos y con más ambición, condiciones de infraestructura física e institucional lo suficientemente efectivas como para hacer crecer las regiones estancadas por causa del narcotráfico y alejarlas de este Pernicioso negocio.

Pero no se les olvide que el Plan Colombia es, ante todo, el más ambicioso y más estructurado plan de inversión social hasta ahora adelantado. Ante la presencia de cultivos ilícitos, ofreceremos alternativas viables de progreso social. Bien sabemos que el campesino, en la mayor parte de los casos, no es el culpable del auge del narcotráfico sino que es, precisamente, una de sus víctimas. A lo meramente punitivo agregaremos, entonces, las posibilidades de un trabajo enmarcado dentro de los tranquilos y más confiables límites de la legalidad.

Los más de 3.000 mil millones de dólares que, en esa línea de acción, destinará el Plan Colombia a programas de desarrollo social son, por eso, una gran contribución para la reducción del conflicto en Colombia y, en consecuencia, son también un gran aporte para mejorar el clima de inversión del país.

El Plan es un excelente marco para que las empresas multinacionales desenvuelvan sus iniciativas en el campo del desarrollo comunitario. Muchas de sus organizaciones, junto ” sus intereses puramente lucrativos, también adelantan proyectos filantrópico s de alto impacto social. El contexto del Plan es inigualable para que esos proyectos se sumen a iniciativas más vastas o, asimismo, para que las iniciativas que surjan dentro de él, puedan contar con el apoyo de toda su eficiencia administrativa y toda su experiencia gerencial.

Yo los invito a sumarse a esta empresa.

Estimados amigos:

Bien decía un poeta alemán que la confianza es la madre de las acciones grandiosas.
Estoy seguro, por eso, que si ustedes creen en Colombia, podrán sacar inmensos beneficios empresariales de su estadía en el país. El Gobierno Nacional, como un actor esencial en su devenir, hace grandes esfuerzos para crear las mejores condiciones para los inversionistas. Nuestro triángulo de la confianza es, sin duda, una ambiciosa estrategia integral para lograrlo.

Bien sabemos que, cuando la economía es una actividad internacionalizada, la presencia de empresas extranjeras es esencial para disparar el desarrollo. Bien sabemos también que, en la disputa por más amplios mercados, nuestro aporte es decisivo. El punto entonces, como ocurre cuando el agua y la sed se encuentran, es dejar que fluya el encuentro.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
4 de octubre de 2000