Vengo ante la Honorable Cámara de Senadores de México con la certeza de que es en este lugar donde se encuentran los personeros y representantes de la democracia que son también aquellos que tienen la obligación de dar curso a los nuevos sueños y esperanzas de quienes han de habitar el siglo XXI, ese inquietante comienzo del nuevo milenio que a todos nos desafía.

El político, la verdad y la inteligencia.

No es fácil la tarea de ser políticos en tiempos como éstos; tampoco es fácil lograr que la gente entienda que la mayoría de quienes hacen política honestamente no tienen por qué cargar con el peso del mal nombre que una minoría ha merecido, sacrificando la honradez, la verdad y la credibilidad sobre la piedra de la peor de las diosas: la corrupción.

La mayoría de los políticos probos ha decidido recuperar la iniciativa; por todas partes se habla acerca de que la política sólo se comprende en el ámbito de la verdad y más aún hay quienes definen la política como el arte de decir siempre la verdad y se dice que político es quien dice siempre la verdad.

Yo personalmente creo que el político debe ser amigo de la verdad y luego de sus amigos y si éstos lo son deben serlo en el multifacético ámbito de la verdad; pero de la misma manera estoy convencido de que no basta el amor a la verdad si no se le acompaña de una opción decidida por la inteligencia.

Sensibilidad social sin inteligencia es una catástrofe y por lo común constituye el fundamento de los trágicos populismos que consisten en hipotecar el futuro de los hijos para satisfacer las exigencias de los padres; todo populismo gira sobre la cuenta de los que aún no han nacido, de los que aún no pueden defenderse y de quienes a su vez aprenden que su única justicia posible consiste en ahondar la injusticia con las generaciones futuras.Las dimensiones reales del problema social.

Quiero decirlo con claridad: por nuestras calles en Bogotá, en Ciudad de México, en Caracas, en Río de Janeiro, en Santiago o en Buenos Aires caminan ya los jóvenes desempleados del siglo XXI; ya deambulan los nuevos drogadictos, los criminales comunes y los guerrilleros; ya están todos aquellos que van a interrogarnos con palabras y con acciones por el sentido real de una política que sólo es capaz de entregarles como herencia un catálogo de carencias.

La inteligencia es fundamental en la política y no debe ser difícil encontrar las razones por las cuales la mayoría de nuestras gentes viven en la pobreza. Peter Drucker el gran administrador de teorías empresariales tenía razón cuando hace más de 10 años afirmaba que el siglo XXI ya había llegado con la evidencia de sus problemas a los cuales hay que responder desde la inteligencia.

Un parlamento, no es otra cosa que un auténtico foro de la inteligencia. Cuando un parlamento no reflexiona, se desborda la nación, se dispersa la voluntad popular, se descarrila el propósito de convivencia, se ausenta la solidaridad.

Los comentaristas del gran Montesquieu llegan a afirmar que la división que él hizo de los poderes en su obra cumbre “El Espíritu de las Leyes” no es otra que la expresión política de las tres facetas principales de la inteligencia; la inteligencia que sueña: el parlamento; la inteligencia que ejecuta: el ejecutivo, y la inteligencia que corrige: la justicia: Y como son las tres expresiones de una misma inteligencia es por ello que se habla de la necesidad de que actúen en armonía para que su acción se traduzca en una verdad política evidente, en la verdad evidente de la política que es el Bien Común.

Es que somos muy pobres.

No puedo todavía olvidar la impresión que me causó la lectura de ese pequeño cuento del gran autor mexicano que es Juan Rulfo cuando al final, uno de los protagonistas encuentra en la sentencia “es que somos muy pobres” la razón última de la desesperanza.

Nuestra democracia está rodeada de pobrezas por todas partes y créanme que son las evidencias de los migrantes, aquellas de los desplazados, las inicuas de los excluidos, el dolor de los desocupados y de los enfermos, el desánimo de los que no poseen vivienda, los problemas que no permiten conciliar el sueño porque es preciso preguntarnos por qué razón ocurre lo que ocurre y más aún encontrar soluciones que nos permitan hoy ser mejores que ayer y además crear las condiciones para que mañana sea mejor.

El número y la condición de los pobres, de los desplazados, de los excluidos son la mejor expresión del nivel de respeto que el Estado y la Sociedad tienen de la comunidad. Nunca antes había tanta certeza de riqueza en el mundo; nunca antes había existido tanto conocimiento convertido en ciencia y nunca antes habíamos aspirado legítimamente al logro de tantas reivindicaciones.

Pero al mismo tiempo nunca antes habíamos tenido la evidencia de que son pocos los que tienen demasiado, mientras son demasiados los que disponen de tan poco para subsistir.

Es duro tener que aceptar que una economía que produce mayores desigualdades que aquellas que son obvias en el terreno de la libertad y de la sana competencia es mala; pero es más duro tener que reconocer que la economía se ha desviado de su propósito de producir bienestar general porque la política ha fracasado estruendosamente y es mucho más duro tener que inclinarse ante la certeza de que si la política y la economía han fracasado es porque nuestro concepto de “ser humano” ha naufragado desde hace tiempo y los valores han desaparecido.

El final de un sistema

Sin duda alguna una economía y una política que producen pobres, desplazados y excluidos son una mala economía y una mala política. Nadie puede llegar a la ironía macabra de exaltar la bondad de un sistema capaz de colocarnos al borde del abismo. Pero igualmente nunca habíamos sido conscientes de tanta capacidad para superar los problemas presentes.

Permítanme, entonces, ustedes, señores legisladores reflexionar en voz alta ante la inteligencia política de un país en estos momentos de globalización en donde -al decir de Octavio Paz- termina un sistema y somos libres de decidir cuál ha de comenzar.

Superar la violencia

Cuanta clarividencia tiene este pensador que México ha regalado al mundo cuando afirma que es preciso en el nivel internacional parar la carrera armamentista y en el acontecer nacional frenar la violencia. No se puede pensar en superar la pobreza con quienes se preparan para matar y con quienes están matandoQué gran injusticia se comete cuando el dinero y los recursos que deben aplicarse a la superación de la pobreza se utilizan en la eliminación de los pobres.

Y es que ahora -más que nunca- se ha dado curso al imperativo del “sálvese quien pueda” y hay mentes enfermas que toman la evidencia de la muerte ajena como certeza de la razón propia.

Es incomprensible una América Latina que tanto insiste en la CALIDAD DE VIDA de unos mientras elimina la CANTIDAD DE VIDA de otros.

Es urgente decirle no a la violencia y pronunciar con decisión un nuevo “Adiós a las armas” que nos otorgue la posibilidad de superar el dominio de la muerte.

La destrucción ecológica.

Nuestra vocación por la vida, nuestro tratado de paz, nuestra decisión de convivencia debe comprometer igualmente a la naturaleza. Es propio de la decisión política entender que Ecología y Economía deben marchar juntos porque aquella -la ecología- conserva la casa que ésta -la economía- administra.

Más aún es preciso hacer cierta aquella verdad indígena que con tanta sabiduría sentenciaba que “no hemos recibido la tierra como herencia de nuestros padres sino como préstamo de nuestros hijos”.

Pobreza, Justicia Social y Empleo.

No necesitamos de grandes encuestas, ni de grandes estudios para darnos cuenta de que hay pobres, de que la justicia social es una mala palabra y de que el Empleo es “una especie en vía de extinción”. Si necesitamos de ello será cierta la visión del reciente premio Nobel de literatura José Saramago quien en el “Ensayo sobre la Ceguera” habla de aquella “ceguera blanca” de quienes no quieren ver.

Nuestra responsabilidad, señores legisladores, es ahora la de “tener ojos cuando otros los perdieron”.

Cómo ocultar que menos del 20% de la humanidad dispone a su arbitrio de más del 80% de la riqueza en el mundo? ¿Cómo dejar de lado el pensar que hay quienes convocan hoy a la justicia para legitimar sus injusticias anteriores? ¿Cómo entender que aquellas que quieren crear riqueza social tengan que enfrentarse a mayores trabas que queriendo generar riqueza puramente individual encuentran los caminos allanados?.

Es preciso que la política entendida como “Bien común real y reconocible” genere evidencias de salud, de vivienda, de alimentación, de vestido para las gentes y sea capaz de dotarlas de capacitación y de empleo.

Yo he dicho que si queremos hablar en términos concretos es preciso ponerse de acuerdo en que “el Empleo es el nuevo nombre de la paz”. El empleo es el indicador más real de la eficacia de la política y sobre todo le elimina a los violentos de turno y de oficio ese aparente legitimador que aducen para justificar sus acciones de destrucción.

Recuperar el sentido de lo humano.

Sin duda alguna uno de los mayores desafíos para el político es el de tomar decisiones frente a lo humano. Esto quiere decir: tomar una opción decidida y clara por la vida; tomar decisiones lúcidas que fundamenten la dignidad de ser y de existir como personas humanas; ratificar con hechos reales que no está el humano al servicio de la política, de la economía y de la cultura sino éstos al servicio del ser humano para cooperar en su vocación de ser cada vez más humano; decidir en favor de la primera globalización posible que es aquella de la “solidaridad” que debe contener y orientar la globalización de la economía, del conocimiento y de la ciencia que son buenas en tanto que ocurran dentro de espacios reales de convivencia.

Los desafíos de las cuatro D

Ese gran analista que es Carlos Fuentes escribía en cierta oportunidad que “nuestras frágiles democracias e instituciones políticas se ven amenazadas por las crisis de las cuatro D: desarrollo, deuda, droga y democracia”.

Estas cuatro crisis deben ser el objeto real de nuestra integración en el hemisferio porque viéndolo bien la recuperación de uno pasa por la buena salud de todos y, además, sigue siendo válido aquello de que “si los latinoamericanos no peleamos juntos seremos colgados por separado”.

La integración es la gran solución. Ya lo había predicado Bolívar y junto a él soñaron igual Juárez, Morazán, O’Higgins, San Martín y José Martí. Es preciso recuperar el tiempo perdido porque es “la integración” la que corrige “la apertura” y es la integración la que nos permite participar en la “globalización” sin dejar de ser hijos y señores de estas tierras, herederos y artífices de su cultura.   De nosotros depende el que la Unidad del Mundo que es el ideal que se persigue se logre en democracia que es la unidad de lo diverso. Ser alguien en el mundo es ser latinoamericano en el mundo porque diversidad sin unidad es anarquía y unidad sin diversidad es tiranía.

Señores Legisladores, Pueblo grande de México: los desafíos del Tercer Milenio son muchos pero yo estoy convencido que cada persona y cada sociedad tienen el valor de los obstáculos que superan.

En mi caso, como gobernante de Colombia, y haciéndome vocero de la inmensa mayoría de los colombianos he concebido una estrategia de paz integral, basada en el respeto al estado de derecho y el diálogo, y dando prioridad a los aspectos económicos y sociales del proceso. No queremos que ninguna de las partes en conflicto pueda considerarse victoriosa. Por el contrario, nuestra profunda aspiración es que todos podamos declararnos vencedores por haber alcanzado la paz. Dentro del concepto de una Diplomacia para la Paz, estamos abriendo espacios para la colaboración de países hermanos y amigos en este empeño, pues estamos seguros que la Comunidad Internacional está en capacidad de hacer contribuciones para alcanzarlo.

Permítanme tomar la voz latinoamericana de ese mexicano que nos regaló el breviario político de “El Espejo Enterrado” y resumir con él nuestro desafío común: “Los Estados democráticos en América Latina están desafiados a hacer algo que hasta ahora sólo se esperaba de las revoluciones: alcanzar el desarrollo económico junto con la democracia y la justicia social. Durante los pasados quinientos años la medida de nuestro fracaso ha sido la incapacidad para lograr esto. La oportunidad de hacerlo a partir de hoy es nuestra única esperanza”.

Amigos todos de México: es preciso hacernos a la tarea de rescatar la política para la sociedad y la sociedad para la política. Nuestro imperativo es sustituir esa fácil impotencia reconocida que nos llevaba a afirmar la “política como arte de lo posible” por la desafiante ilusión de que la política sea “el arte de hacer posible lo deseable”.

A ustedes en México y a nosotros en Colombia nos correspondió la tarea de “sembrar nuevas realidades”. La historia traerá aquellas generaciones que, agradecidas, las “cosechen”.   La sociedad colombiana está ansiosa por lograr la paz y la convivencia, por superar las secuelas de violencia y corrupción que dejó el narcotráfico, por dejar atrás el estereotipo que hoy prevalece, por mostrar ante la comunidad internacional a la Colombia profunda de la cultura, la educación, la academia, la investigación científica, la tradición popular y la música autóctona. Nuestra grandeza consiste en hacer posibles estas aspiraciones colectivas.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

México D.F, México
7 de diciembre del 2000