LAS CONDICIONES ESTÁN DADAS. NO HAY EXCUSAS PARA SEGUIR SUCUMBIENDO AL PESIMISMO 2017-12-18T11:51:58+00:00

Project Description

Asamblea General de la ANDI.

Para mí es muy placentero estar hoy aquí y poder compartir con ustedes mi visión sobre temas que son del interés de todos como son el de la paz y el de la economía.

Hace unos días en el Gobierno Nacional tomamos la decisión realista de considerar una meta de crecimiento económico para este año inferior a la planteada inicialmente. Ante esta determinación muchos diagnosticaron que la reactivación que comenzó promisoriamente el año pasado sufría ahora un grave retroceso.

Pese a que la revisión se debe en gran parte a un fenómeno de desaceleración de la economía mundial, pocos apreciaron que esta revisión fue proporcionalmente más baja que la que hicieron muchos países como Chile, Estados Unidos, Alemania, Brasil o México, y ni hablar de las más drásticas como las que tuvieron que hacer naciones hermanas como Argentina y Perú.

Lo anterior es una clara demostración de que las finanzas de nuestro país, gracias a la estabilización de sus principales variables macroeconómicas lograda en estos tres años, son menos vulnerables a los factores externos fuera de nuestro control.

A otras dos causas, además de la desaceleración mundial, pudiéramos atribuir la relativa desaceleración de nuestro crecimiento: al conflicto armado, que desangra la economía y el ánimo nacional, y a la disminución de la demanda interna.

Yo recibí de la inmensa mayoría de los colombianos un mandato expreso y en desarrollo de ese mandato propuse un proceso de paz, en unas circunstancias complejas como pocas, y en el que sin duda hemos ido avanzando. Pero así como hemos sido pacientes en la paz hemos sido también fuertes y firmes al momento de defender nuestras instituciones y los derechos de todos los colombianos.

El conflicto interno, que lleva más de tres décadas y cuya agudización fue el legado de la década pasada, en la cual hizo crisis el problema del narcotráfico, que se convirtió en el mayor alimentador y financia dar de la violencia, por supuesto que genera incertidumbre, pero no ha sido obstáculo para que muchos empresarios nacionales e internacionales continúen invirtiendo en el país, en nuestra Empresa Colombia, como el buen negocio que ha sido, que es y que sin lugar a dudas seguirá siendo.

¿Y por qué lo hacen? Porque saben -como sabemos todos- que por las armas nadie podrá tomarse el poder en Colombia, mucho menos unos grupos al margen de la ley que, de manera absurdamente violenta, se empeñan en hablar de paz en medio de sus acciones en contra de la población civil a la que predican defender y por la que supuestamente encaminan su lucha.

Por eso es que la consecución de la paz en Colombia debemos entenderla como un todo indivisible, que no sólo puede medirse por el avance de las negociaciones en el Caguán. Allí estamos trabajando sin descanso: implementamos uno a uno los puntos del Acuerdo de Los Pozos, logramos la liberación de 360 miembros de las Fuerzas Armadas, estamos discutiendo las propuestas cruzadas sobre el cese al fuego y de hostilidades y se siguen adelantando las audiencias públicas para la discusión de la agenda temática. Nuestro objetivo y lo que más nos conviene a todos, y cuando digo todos me refiero a todos los colombianos, sin excepción de ninguna clase, es sacar adelante las negociaciones.

Pero la paz es un proceso mucho más amplio e integral, y la evaluación de cómo vamos en él debe incluir también otros factores de vital importancia que van más allá de la sola negociación con los subversivos.

Nuestra visión de la paz se construye también con el Plan Colombia que es el Plan de transformación social más ambicioso e integral de la historia del país; la aceptación y puesta en práctica por la comunidad internacional del principio de la responsabilidad compartida en la lucha contra las drogas ilícitas, y -cómo no- el fortalecimiento de las Instituciones y, dentro de ellas, la modernización y profesionalización de nuestra Fuerza Pública como la Fuerza de la Institucionalidad Colombiana y de la Paz.

El Plan Colombia, en efecto, está comenzando a transformar el país, particularmente en las zonas más afectadas por el conflicto. Dentro de él, más de 2 billones de pesos están siendo destinados a la puesta en acción de las herramientas para la paz, cuatro programas de alto impacto social, generadores de bienestar, calidad de vida y empleo: “Familias en acción”, “Empleo en acción”, “Jóvenes en acción” y “Vías para la Paz”.

Los más débiles han sido la obsesión de mi Gobierno. Por ellos es por quienes el Plan Colombia trabaja. Tal vez ellos no son noticia, y por eso los medios no están presentando cuántos colombianos humildes están trabajando en obras comunitarias y caminos vecinales para su propio beneficio, no hablan de las madres de estrato uno que están comenzando a recibir subsidios, no registran ni es noticia lo que hacemos en el Putumayo, en la Orinoquia, en el sur de Bolívar, en tantas zonas apartadas y olvidadas del país donde prácticamente nunca había llegado el Estado, pero donde estamos comenzando una revolución social positiva cuyos frutos estamos recogiendo. Esas noticias no brillan, pero también son las noticias de “esa otra Colombia” que no es la de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y demás capitales importantes.

Al finalizar mi gobierno habremos generado a través del Plan Colombia 150 mil empleos transitorios mediante el apoyo a proyectos de infraestructura física; beneficiando a 234 mil familias con subsidios para educación, salud y nutrición de los niños, y capacitando a 52 mil jóvenes en oficios semicalificados.

Entre tanto, con “Vías para la Paz” del Plan Colombia, vamos a invertir más de 1,1 billones de pesos en la pavimentación y mejora- miento de más de 2.000 kilómetros de carreteras en las zonas más críticas del conflicto, incluyendo una mejora sustancial en las rutas fluviales. Esta es una cifra de inversión sin precedentes en el país, que se ejecutará en los próximos 3 años y que sobrepasa, en más de cuatro veces, las inversiones que en este tipo de obras de infraestructura vital se han realizado en los últimos 20 años.

Eso, señoras y señores, es paz. ¡ Eso también es paz!

Súmenle a lo anterior el respaldo que hoy tiene Colombia en la co- munidad internacional, que acompaña respetuosa nuestro proceso y que apoya nuestros programas sociales, en desarrollo del principio de la corresponsabilidad. Como lo dije en el discurso ante el Congreso de la República, ¡ más de 3.600 millones de aportes y créditos del exterior para la consolidación de las instituciones colombianas son palabras mayores y, sobre todo, nunca antes escuchadas en nuestro país!

Súmenle el trascendental crecimiento de nuestra Fuerza Pública, en hombres y equipos; su profesionalización; sus cada vez más contundentes resultados operativos contra los violentos, vengan de donde vengan, y su buen desempeño y capacitación en el campo de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Las cifras son contundentes: de 22.000 soldados profesionales que teníamos en 1998 hoy contamos con 55.000. ¡150 por ciento más en sólo 3 años! De 55.000 soldados regulares en 1998 hoy contamos con 73.000 y en 2004, con el Plan Fortaleza, contaremos con unos 103.000. En total, el pie de fuerza entre los años 1998 y 2004 se habrá duplicado, llegando a los 160.000 efectivos, en un esfuerzo por consolidar la defensa de las instituciones.

Además, estamos cuadruplicando nuestro número de helicópteros pesados artillados, pasando de 4 a 16 este año, y más que duplicando nuestro número de helicópteros de transporte, pasando de 82 a 170. ¡Estos son esfuerzos por consolidar la presencia institucional del Estado y, como tales, son también esfuerzos por consolidar una paz duradera!

Entonces, bajo esta mirada objetiva, llena de hechos concretos y contundentes, podemos hablar de cómo va la paz, en su concepción integral. Y entonces sí podremos decir, con convicción, que estamos avanzando en la solución de un problema complejo, que no se puede evaluar con criterio simplista ni basados únicamente en las noticias de violencia que producen los grupos al margen de la ley.

Apreciados amigos:

Ahora hablemos de economía, es decir, hablemos del comportamiento de los colombianos frente a las expectativas. Como ustedes sa- ben, se ha hablado también del estancamiento de la demanda interna como de un factor que frena nuestro crecimiento. Tratemos sobre este tema. Pero primero déjenme hacerles unas preguntas elementales:

¿Cuál es el efecto del negativismo en la economía? Esta es una pregunta sencilla que cualquiera de los aquí presentes me podría ayudar a responder: desánimo, incertidumbre, represión del gasto y con- siguiente baja de la demanda, desestímulo a la inversión, despidos masivos, recesión. Sólo por citar algunas de las principales consecuencias.

¿Cuál es el efecto del positivismo? No cabe duda de que es exactamente el contrario: ánimo, certezas, decisión de gastar y consiguiente aumento de la demanda, estímulo a las nuevas inversiones, contratación de nuevo personal, crecimiento.

¿Qué hace la diferencia? Por supuesto los factores objetivos sobre los cuales nos formamos un criterio y un estado de ánimo. Pero hay algo más: sobre dichos factores objetivos está la forma en que los enfocamos, en que los apreciamos, en que los interpretamos o los divulgamos. Sobre la realidad escueta está nuestra propia visión de la vida y sus diversas facetas.

Traigo a colación estas reflexiones en esta Quincuagesimoséptima Asamblea de la Asociación Nacional de Industriales, porque el debate sobre la debida velocidad o no con que se está recuperando la economía colombiana se ha centrado últimamente en el tema de la demanda interna, la cual parece estar pasmada en el momento en el que se hace más necesario su desarrollo para que estimule el crecimiento industrial y el empleo del país.

La demanda interna, si lo pensamos bien, es una variable que depende -como en el fondo ocurre con todas las variables económicas- del comportamiento de los seres humanos y muy particularmente de la forma en que afrontan e interpretan su realidad.

Si somos negativos o positivos, si partimos de una base crítica o constructiva: eso es lo que hace la diferencia en el momento de tomar la decisión de consumir. Y no me refiero a la decisión de una o dos personas, sino a la decisión de todo un país que responde masivamente a la información que se le da, al estado anímico que se genera desde sus dirigentes públicos y privados, desde sus analistas y empresarios, y desde los medios de información.

Si no divulgamos las buenas noticias, si no las creemos, si no obramos con base en ellas, cómo podemos esperar que la demanda interna se reactive, que la gente gaste y que dicho gasto se traduzca en mayores ventas, mayor inversión y mayor empleo?

El Gobierno hace lo que puede. Controla y estabiliza las principales variables macroeconómicas. Diseña políticas y programas para estimular la inversión y la creación de empresas. Con programas sociales y de inversión pública como el Plan Colombia genera empleos y oportunidades. Pero los necesita a ustedes, señores empresarios, para que aporten su voluntad, su visión, su capacidad constructiva a dinamizar la economía. Y eso implica la firme determinación de ser positivos, de hacer eco también a las buenas noticias y de ver la realidad sin prismas que la distorsionen.

Partamos, primero, del análisis del tema que más nos preocupa a todos, como es el tema del empleo. Pero mirémoslo en su correcta perspectiva. Cuando el desempleo se dispara, como ocurrió entre 1994 Y 1998, pasando del 7,5 por ciento a cerca del 16 por ciento, más del doble en sólo cuatro años, éste toma una inercia propia que no es fácil de revertir, una inercia que lo llevó a más del 20 por ciento en enero de este año, y que ya rompimos, gracias a lo cual hoy tenemos una tasa de desempleo nacional de sólo 15,1 por ciento.

No cabe duda de que para enfrentar este problema, sin apelar a falsas fórmulas milagrosas o populistas es necesario reactivar el sector privado que, en últimas, es el que genera el 90 por ciento del empleo y es preciso devolver la viabilidad económica a los hogares, para que las madres de familia y los hijos menores no se vean obligados a salir a buscar trabajo, en lugar de velar por sus hijos pequeños o estudiar.

¿Qué hemos hecho para afrontar esta situación que encontramos, que no nos inventamos? Para reactivar el sector privado mantuvimos en pie los sectores financiero y productivo, a través de la intervención del Estado el primero y del ingenioso diseño de la Ley 550 para el segundo. En cuanto a las familias, se está llevando a cabo, como ya expliqué, el más agresivo programa de asistencia social en la historia de Colombia. Con estos elementos romperemos la inercia ascendente del desempleo y entregaremos en un año un país con unas perspectivas completamente favorables en este tema.

Vamos para el tercer año consecutivo con una inflación de un solo dígito, confiando en que la de este año esté alrededor del 8 por ciento. Hemos derrotado la inflación y con ella el impuesto más costoso para los más pobres de Colombia! ¿Es esto un logro, cuando veníamos de unas tasas de inflación del 17,8 por ciento en 1997 y el 16,7 por ciento en 1998? Por supuesto que sí. Entonces hablemos de él, contémoslo, utilicemos sus ventajas.

Mi Gobierno recibió una economía con tasas de interés que superaban el 50 por ciento efectivo anual, haciendo inviable cualquier negocio. Hoy las hemos bajado en más de 30 puntos y se mantienen estables. ¿Es esto un logro? Definitivamente sí. Entonces divulguémoslo, usémoslo, creamos en él.

Teníamos un peso artificialmente revaluado que hacía más atractivo importar bienes extranjeros que comprar productos nacionales.

Hoy tenemos una tasa de cambio libre y competitiva que fluctúa sin sobresaltos, aun en medio de crisis internacionales. Además, las exportaciones no tradicionales están creciendo por encima del 15 por ciento, en gran parte impulsadas por el sector manufacturero. Además, estamos venciendo el contrabando como resaltan hoy los diarios, bajando del 87 al 8 por ciento el consumo de cigarrillos ilegales, del 60 al 12 por ciento la compra de electrodomésticos de contrabando y del 90 al 50 por ciento la de licores ilegales. Son estos logros, apreciados amigos? Nadie podría dudarlo.

Entonces, por qué no creer? ¿Por qué no contarlo también?

Gracias a los mecanismos de ajuste fiscal que, con responsabilidad, hemos puesto en práctica, el déficit del sector público consolidado, que fue del 6,4 por ciento en 1999, bajó al 3,6 por ciento el año pasado y no pasará del 2,8 por ciento este año, ni del 1,8 por ciento el año próximo. ¿Es esto un logro? Claro que sí. Entonces, zpor qué no hablar de él?

Con medidas de emergencia y un enérgico tratamiento, como ya mencioné antes, el sector financiero en Colombia no cayó en una crisis sistémica y hoy está firme, fuerte, consolidado, presentando utilidades por más de 230.000 millones de pesos en mayo de este año. Para impedir esta crisis posible tuvimos que invertir unos 7,6 billones de pesos de los cuales 5 billones se destinaron a proteger el ahorro de la gente en la banca pública, 1,8 billones a aliviar la situación de los deudores del antiguo UPAC, 0.4 billones a la situación de la banca privada y 0,4 billones al sector cooperativo. Sin embargo, el costo de impedir dicha crisis fue del 4,1 por ciento del PIE, sustancialmente menor que el que tuvieron que pagar otras econo- mías en similares circunstancias, que oscila entre el 10 Y el 11 por ciento. ¿Es esto un logro? No cabe duda, señores industriales.

El campo, el olvidado campo colombiano, está saliendo de su aban- dono y crece a tasas superiores al resto de la economía. Mientras el agro decreció en 1998 en un 0,87 por ciento, el año pasado creció en un 5,2 por ciento y se espera que este año crezca cerca del 4 por ciento. En 1997 la balanza comercial agropecuaria, sin café, era ne- gativa en 25 millones de dólares, y el año pasado la misma balanza, sin café, fue positiva ien 500 millones de dólares! ¿Son estos logros?

Entonces digámoslos también, y digámoslo fuerte, porque no hay peor sordo que quien no quiere oír.

Y hay una muy buena noticia para los departamentos y los municipios del país, que hoy quiero anunciar en este foro privilegiado de la economía. La Nación va a transferirles a los municipios y departamentos del país en recursos de regalías 419.000 millones de pesos para que paguen deuda de inversión, de forma que puedan sanear sus finanzas. Con este aporte, cerca de la mitad de los departamentos y municipios del país podrá pagar el 50 por ciento de su deuda con la banca comercial, e incluso 6 departamentos y 275 municipios podrán pagar el 100 por ciento de su deuda con la banca comercial. Estas sí son buenas noticias para las regiones del país!

¡Buenas noticias para las entidades territoriales, para todos los colombianos y para el sistema financiero!

Por si fuera poco, gracias a todas estas políticas -reforzadas por ajustes estructurales responsables como los presupuestos austeros, la reforma al régimen de transferencias, la ley de ajuste fiscal territorial, la reforma tributaría, la ley de juegos de suerte y azar, la creación de las zonas económicas especiales de exportación- Colombia hoy ha consolidado una gran credibilidad financiera en el plano internacional que nos ha permitido, no sólo haber completado ya todo el financia miento externo para este año, sino también haber comenzado a cubrir el del año próximo.

Estimados señores industriales y muy apreciado amigo, presidente Hugo Chávez:

Dentro de los logros de nuestra economía no puedo dejar de resaltar el excelente nivel de las relaciones con nuestro principal socio comercial en Latinoamérica, nuestra vecina Venezuela, hoy representada en este acto por su primer mandatario. Marchan por un excelente camino de complementación política y económica que augura mayor crecimiento para nuestras empresas y para las zonas fronterizas.

El año pasado nuestro comercio bilateral creció en más del 24 por ciento y este año seguramente lo hará también por encima del 20 por ciento hasta alcanzar los 2.800 millones de dólares de intercambio. La sola presencia en este acto de empresarios colombianos del señor Presidente Chávez es ya una prueba de la nueva y excelente dinámica de nuestras relaciones.

Dentro de la Comunidad Andina, cuya última reunión celebramos recientemente en Carabobo, hemos construido también una integración que nos beneficia a todos. No por nada el año pasado el comercio intrarregional creció en un 31 por ciento sobre el alcanzado en 1999.

Además, llevamos una vocería única en las negociaciones del ALCA, estamos trabajando unidos para la renovación de las preferencias arancelarias que nos concede la Unión Europea y hemos unido esfuerzos en la solicitud de prórroga y ampliación del ATPA,que aspiramos incluya a Venezuela como nuevo beneficiario. Toda esta labor de los países andinos -hoy representados también en este foro por el señor Vicepresidente del Perú, con empresarios de la nación inca, y por dirigentes y empresarios del Ecuador- debe ser capitalizada por el sector privado, de forma que aproveche los beneficios existentes y construya economías de escala en el contexto subregional.

Apreciado amigo y colega, señor presidente Chávez:

Aquí tiene frente a usted a cientos de industriales colombianos ansiosos de reforzar sus lazos comerciales con Venezuela, de armar proyectos conjuntos, de invertir en su país y de recibir también la inversión venezolana. Su presencia nos estimula y los estimula a seguir por ese promisorio camino de integración.

Nuestro común Libertador, sin duda, estaría orgulloso y feliz de ver hoy al Presidente de su amada Venezuela en la hermosa Cartagena de Indias, en medio de sus hermanos colombianos, construyendo lazos de amistad y de progreso.

Estimados amigos:

Hace 4 años, el 10 de agosto de 1997, el artículo de fondo de un importante diario económico del país decía lo siguiente:

“A mediano plazo, la estabilidad macroeconómica del país está en peligro si en forma urgente e imperiosa no se adopta por consenso una nueva estrategia que permita conjurar el enorme déficit fiscal actual y corregir los graves problemas estructurales que afectan a las finanzas públicas.

” Y si la estabilidad macroeconómica del país corre tales riesgos, ello tendría consecuencias adversas en la lucha contra la inflación, así como en la tarea de mejorar y estabilizar la tasa de cambio real para evitar la revaluación del peso y, además, atentaría contra las posibilidades de crecimiento del país a largo plazo”.

Visto ese diagnóstico, no cabe duda de que hemos sido responsables y hemos atacado el problema desde sus raíces. Hemos sido responsables, aun a costa de nuestra popularidad, porque somos conscientes de que estamos viviendo un tiempo de transición y que, en estos tiempos más que nunca, se requiere atender las urgencias del presente sin dejar de trabajar por las necesidades del porvenir.

¿Se han puesto a pensar dónde estaría Colombia si no hubiéramos hecho las reformas estructurales que les acabo de mencionar? ¿Dónde estaríamos si hubiéramos seguido con inflaciones cercanas al 20 por ciento, con intereses en las nubes, con un peso artificialmente revaluado, con un sistema financiero enfilado hacia una crisis sistémica. con un sistema de crédito de vivienda que hacía impagables las deudas y con el gasto público desbordado?

Gracias a las reformas realizadas y a un manejo económico cuidadoso, ese escenario de pesadilla que cada uno de ustedes puede imaginar no existe. Hoy la financiación internacional de Colombia tiene unos spreads entre 500 y 600 puntos básicos, por debajo de Brasil, para dar un ejemplo. En cambio, si no hubiéramos hecho las refor- mas, si no hubiéramos obrado con responsabilidad hacia el futuro, hoy el spread de nuestra deuda estaría por encima de los 1.200 puntos básicos, vale decir, sería insostenible y estaríamos sometidos a la drástica realidad de no ser sujetos de financiación internacional y de tener que despedir personal, disminuir salarios y pensiones y cancelar la inversión pública.

Esto es lo que hay que ver, apreciados amigos. Esto es lo que hay que entender, con objetividad y sin pasiones. Esto es lo que estamos en la obligación patriótica de divulgar, de contar y de evaluar para que cada colombiano entienda la importancia de tener una economía estable y creciente como la que hoy tenemos, después de venir de donde veníamos y a pesar del conflicto interno.

Si lo hacemos, si logramos abrir nuestra mente a las buenas noticias, si somos capaces de divulgarlas con convicción y de silenciar con nuestras voces constructivas a los agoreros del desastre, estaremos cumpliendo una misión fundamental porque así Colombia y los colombianos estarán volviendo a creer. Y si vuelven a creer, vuelven a demandar, a consumir y a gastar. Y si esto ocurre, ustedes, señores industriales, ocuparán el pleno de su capacidad instalada, venderán mejor sus productos, invertirán en mayor tecnología y emplearán más personal. Y serán estos empleados los que mejorarán entonces su capacidad de consumo, y así seguiremos creciendo en el círculo virtuoso de la economía positiva.

El doctor Luis Carlos Villegas, ese dinámico e incansable pereirano que hoy dirige la ANDI, es el mejor ejemplo del tipo de mentalidad que necesita al país. Sus opiniones, objetivas, certeras y constructivas, reflejan el comportamiento de un gremio que está dispuesto a jugársela por su gente. Ese es el talante de los industriales colombianos! Ese es, doctor Villegas, un legado de futuro que usted y los miembros de la ANDI le están dejando a Colombia y a las futuras generaciones! ¡Gracias por su positivismo y su invocación a la con- fianza!

Salir adelante depende de nosotros, solo de nosotros. Las condiciones están dadas y no hay excusas para seguir sucumbiendo al pesimismo contagioso de los que solo ven las noticias de sangre. No podemos, como parecen sugerir algunos, optar por el suicidio como solución a la muerte. Colombia y todos los países del mundo -pense- mos no más en la Europa de la posguerra- han surgido muchas veces de situaciones peores, ¡ y ésta no va a ser la excepción!

Pero necesitamos de un motor de arranque. Y ese motor es la capacidad para conocer, creer y divulgar las buenas noticias de la paz -entendida en su concepción integral- y las buenas noticias de la economía.

Al iniciar mi intervención les hablaba de la diferencia entre una economía signada por el negativismo y otra por el positivismo. No son los hechos, sino la forma en que reaccionamos frente a ellos.

La moraleja de este discurso es sencilla y clara: La llave para abrir la demanda interna no está en el exterior, ni siquiera en la solución urgente del conflicto interno, si bien estamos trabajando en ella. La llave para abrir a chorros la demanda interna está en la actitud de cada uno de nosotros y solo requiere que la giremos en la cerradura de las buenas noticias de nuestra economía estable y promisoria.

Solo así saldremos del círculo vicioso de rumores y pesimismo que alimenta el desempleo y la incertidumbre. ¡Solo así nos haremos dignos de llamarnos dirigentes de un país que está lleno de razones para aferrarse a la esperanza!

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
15 de agosto del 2001

Fatal error: Allowed memory size of 134217728 bytes exhausted (tried to allocate 20480 bytes) in /home/a44659151/public_html/apav2/wp-includes/class-wp-term.php on line 199