Con el pesar de no poder acompañarlos en esta oportunidad, como hubiera sido mi deseo, quiero aprovechar esta reunión de los Jefes de Control Interno de las diversas entidades públicas del país para hacer una reflexión sobre el trascendental papel que ustedes cumplen al interior de sus instituciones y como parte esencial del engranaje del Estado.

La función de control interno es, tal vez, una de las primordiales que se cumplen en las instituciones oficiales, pues implica llevar a todos y cada uno de los funcionarios la cultura del auto-control, del cumplimiento eficaz de sus labores y del buen servicio. Lo que ustedes hacen, día a día, con sus procesos de evaluaciones, de capacitación y de concientización es una labor formativa, preventiva y correctiva por excelencia que abre un nuevo horizonte de trabajo, el cual debe estar basado en la optimización de la gestión administrativa y en la incorporación en el entorno laboral de los valores éticos que deben primar en toda actividad pública.

El control interno, más que una colección de normas y procedimientos, o una serie de actividades fiscalizadoras y de evaluación, es una tarea que comienza y termina en el ser humano. Nada avanzamos con indicadores y visitas técnicas si detrás de ellas no hay una conciencia viva en cada uno de los trabajadores del Estado sobre la importancia de su papel en su entidad, pero, sobre todo, sobre el rol que cumplen en un país que, como Colombia, requiere hoy más que nunca el concurso solidario y el esfuerzo mancomunado de todos sus ciudadanos.

Hacer parte del Estado es hacer parte de un proceso de servicio a los demás, donde debemos privilegiar la búsqueda de la justicia social y la mejoría de las condiciones de vida de aquellos más necesitados, de la población más vulnerable, que requiere toda nuestra atención y nuestro trabajo.

Los valores, el compromiso ético, que viene promoviendo la Vicepresidencia de la República, con el concurso de las diversas Oficinas de Control Interno, son la nueva carta de navegación de la actividad estatal, una carta que consulta el corazón de los hombres y mujeres que hacen parte del Estado y que tienen el deber y el derecho de buscar su felicidad y la felicidad de sus compatriotas a través de su trabajo.

Excelencia, eficiencia, honestidad, amabilidad, cumplimiento, son sólo algunos de los valores que ustedes, Jefes de Control Interno, están en obligación de inculcar en sus entidades para bien de las mismas. ¡Sólo un Estado humano que se preocupa por sus integrantes menos favorecidos puede garantizarnos el bienestar y la paz que tanto anhelamos y por la que debemos seguir trabajando día tras días!

De manera especial quiero resaltar el buen trabajo que ha desempeñado durante mi Gobierno el Departamento Administrativo de la Función Pública, cuya orientación y continuo acompañamiento a las diferentes entidades ha sido siempre oportuna y completa. Logros como la elaboración y difusión de la Guía para el Fortalecimiento del Sistema de Control Interno del Estado y la creación del Sistema de Información para la Administración de Trámites del Estado, entre otros, son valiosos aportes para el futuro de nuestra nación, un futuro en el que todos tenemos responsabilidad.

Igualmente, quiero aprovechar este último mensaje a los Jefes de Control Interno del país para expresarles mi más sentido agradecimiento por la labor que desarrollaron durante mi administración para hacer de la función estatal un proceso eficiente, transparente y con resultados. El trabajo por Colombia es de todos y debemos seguir realizándolo con integridad y decisión, con todo el compromiso que ameritan los desafíos actuales.

Con mi gratitud y mi confianza en que no dejarán jamás de cumplir su deber con el Estado y con su país, les deseo los mayores éxitos en este Congreso que en buena hora los reúne para compartir experiencias y seguir elevando el nivel del control interno en Colombia.

Con mis mejores augurios les envío un saludo cordial.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
3 de julio de 2002