Palabras del doctor Guillermo Fernández de Soto, nuevo secretario general de la Comunidad Andina.

Queridos amigos:

Quisiera agradecer el voto de confianza que depositan esta tarde en mí, al elegirme como Secretario General de la Comunidad Andina. Pueden estar seguros de que pondré todo mi empeño en alcanzar nuestro objetivo común de ver una Comunidad Andina sólida, madura y con proyección internacional.

Muchos se preguntarán: ¿Por qué acepto este encargo en un momento de tanta complejidad para la región, cuando nuestros países están viviendo las dificultades que se derivan de las nuevas oleadas proteccionistas en el mundo?

Acepto este difícil encargo como un reto profesional, pero, sobre todo, con el convencimiento personal de que nuestros países necesitan trabajar la opción de la integración y llegar a ser un bloque moderno, competitivo y bien adaptado a las tendencias mundiales.

Para ello es necesario contar con que esa misma convicción que me motiva sea también la que inspire a los gobiernos de la subregión.

La coyuntura actual es propicia para las definiciones. Existe un momento histórico en el hemisferio donde la conformación del Área de Libre Comercio de las Américas y las relaciones con la Unión Europea requieren de toda nuestra atención y todo nuestro compromiso.

Éstas no son opciones sino un verdadero imperativo de la historia y del creciente proceso de globalización. Nuestros países afrontan el dilema de contemplar pasivamente el curso del devenir mundial y aceptar las políticas que otros diseñen para nosotros, o asumir claramente la alternativa de ser gestores de iniciativas que impulsen el desarrollo social y económico de nuestra región.

Con su colaboración y apoyo, de los cuales puedo dar fe por mi experiencia como Ministro de Relaciones Exteriores de mi país durante los últimos cuatro años, estoy seguro de que podremos seguir construyendo este proyecto.

En los últimos años hemos avanzado en muchos frentes. Logramos establecer una agenda amplia que partiera de una concepción integral y múltiple de la integración andina. Esta agenda no se limitaba a los temas económicos, sino que ampliaba la visión andina a la agenda social, a la política exterior y a la integración y desarrollo fronterizo. En desarrollo de ella hemos alcanzado importantes logros, aún a pesar de circunstancias internacionales adversas, enmarcadas en la crisis económica regional y mundial, así como en las nuevas amenazas a la seguridad.

Sin embargo, existen aun muchos elementos de nuestra institucionalidad por perfeccionar. Lo que hemos alcanzado es apenas un peldaño inicial de la inmensa labor que nos espera. Debemos seguir trabajando en el cumplimiento de nuestros compromisos, atendiendo los cronogramas, demostrando nuestra voluntad política, fortaleciendo nuestra institucionalidad; actuando, pensando y viviendo como andinos.

No podemos ser pasivos ni apáticos. El mundo no da espera. Las exigencias que en todos los campos nos presentan las realidades del nuevo siglo no dan tiempo para cavilaciones o dudas. La integración es el camino y la unión tiene que ser nuestra principal estrategia.

Retomando el contenido del encargo que asumo, tenemos desafíos de gran envergadura que exigen nuestra total concurrencia. A nivel hemisférico, por ejemplo, frente al gran reto de alcanzar un Área de Libre Comercio de las Américas en el año 2005, es imprescindible consolidar nuestra Unión Aduanera y nuestro Arancel Externo Común con celeridad, para mejorar nuestra capacidad de negociación.

Tenemos una oportunidad sin igual que debemos aprovechar y para ello es necesario “sincerarnos” sobre el destino que queremos para nuestros países y sobre cómo concebimos la integración en el inmediato futuro.

Si hay voluntad política, podemos alcanzar a tiempo este objetivo fundamental. Un Arancel Externo Común, sin perforaciones ni exclusiones, debe dejar de ser el propósito constante pero no cumplido. Nuestra tarea urgente es la de convertirlo en una realidad para todos nuestros países antes de que pierda su sentido frente al avance implacable de la negociación hemisférica.

Igualmente, es necesario conducir con éxito el proceso para lograr un asociación estratégica entre la Comunidad Andina y la Unión Europea, que nos permita preservar el valioso patrimonio histórico que hemos acumulado a través del SGP. No basta con ser el grupo de integración de mayor tradición en el continente ni contar con una institucionalidad altamente desarrollada; es necesario cumplir una serie de pasos, que están prácticamente establecidos por la Unión Europea, y que permitirán conducir a la CAN a la obtención de este acuerdo. Tenemos la experiencia mexicana y la chilena más reciente. Nosotros, como andinos, no podemos quedarnos rezagados en el contexto regional. Debemos aprovechar y aprender de estas experiencias para acercarnos a una región que, como Europa, es vital dentro de nuestra proyección externa.

Por esta razón, debemos darle a la CAN una sinergia propia, que aminore su vulnerabilidad frente a factores externos y que refuerce su imagen internacional. Para eso debemos adoptar políticas verdaderamente comunitarias, centralizar los temas de nuestra agenda, concentrar esfuerzos y comprometernos aún mas con la integración.

Bien lo dijo nuestro común Libertador, Simón Bolívar, en su Carta de Jamaica: “La unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”.

Es aquí -en la consolidación de estos efectos y la coordinación de estos esfuerzos- donde la Secretaría General tiene un papel central. Desde su creación, en el Protocolo de Trujillo, la labor desempeñada como secretaría técnica ha sido fundamental para el proceso de integración.

En seguimiento de este trabajo, es prioritario continuar fortaleciendo la Secretaría General, profundizando su dimensión política, y facilitando la continuidad de la agenda comunitaria.

Quiero aprovechar este espacio para reconocer la gestión adelantada por Sebastián Allegret, quien, con singular visión y convencimiento integracionista, ha dirigido acertadamente este organismo. Él ha dedicado a la CAN sus mejores años de trayectoria profesional, en la que se destacó como brillante Embajador de Carrera de la hermana República de Venezuela. En todos los países donde ha representado a su nación ha dejado una imborrable huella, en especial en Colombia donde siempre se le recuerda con singular afecto, extensivo a Cristina, quien ha sabido complementar de manera armónica esta importante labor diplomática.

Igualmente, quiero destacar la labor del Ex-Canciller del Perú Alan Wagner, quien con sus innovadoras reflexiones nos ayudó a establecer los lineamientos generales de nuestra Política Exterior Común.

Apreciados amigos:

Nos hemos cansado de repetir que nuestros países tienen mucho en común, pero es inevitable resaltarlo cuando contemplamos esta reunión de cinco países unidos por tantos factores históricos, culturales, políticos y económicos que hacen de nuestros pueblos un conglomerado natural.

Nuestra integración no tenemos que inventarla, ni está construida sobre bases endebles. Todo lo contrario, está asentada sobre cimientos sólidos y tiene muchos motivos para afirmarse y profundizarse. En efecto, tenemos tras nosotros un legado integracionista levantado pacientemente durante 33 años; no existen entre nuestras naciones barreras idiomáticas o culturales, como sí ocurre en otros grupos de integración, y, por si fuera poco, si nos acogemos al mandato de la historia, fuimos todos libertados por un mismo hombre, el más grande integracionista que ha nacido jamás sobre la Tierra, el mismo que dijo: “La integración es el futuro gobierno de las naciones”.

Como bolivarianos, más que cualquier otro grupo de países, estamos llamados a cumplir este designio.

Con todos estos elementos a favor de nuestra integración, hoy quiero hacer, en esta primera y honrosa intervención como Secretario General, un llamado claro y contundente que sale de mi corazón andino: ¡La CAN es la mejor opción! Sigamos apostándole, creamos en ella, inventémosla cada día, a cada paso, con un compromiso firme e incuestionable.

Por mi parte, les aseguro que trabajaré con ahínco, dando todo de mí para consolidarla como bloque, para hacerla viable, para acercarla a nuestros ciudadanos andinos, para que todos empecemos a sentirla y a vivirla. Porque es nuestra comunidad, ¡es la comunidad de todos!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
7 de julio de 2002