PALABRAS DEL MINISTRO DE DESARROLLO ECONÓMICO, DOCTOR EDUARDO PIZANO DE NARVÁEZ, EN LA CLAUSURA DE PROFLORA 2001 2017-12-18T11:46:00+00:00

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Palabras del Ministro de Desarrollo Económico, Doctor Eduardo Pizano de Narváez, en la clausura de Proflora 2001.

Celebro con ustedes en el día de hoy el décimo aniversario que cumple Proflora, la feria de flores más importante del continente, organizada por Asocolflores y Proexport Colombia, que cada dos años muestra al mundo los magníficos adelantos del sector floricultor en nuestro país. Agradezco, de la forma más entusiasta, la presencia de las delegaciones de 35 países amigos que, con su participación, están renovando su fe en nuestro país. Estoy seguro de que en las flores colombianas encontrarán una ventajosa alternativa de apertura de nuevos mercados y de alianza con el segundo exportador de flores en el mundo: Colombia.

Ningún desafío empresarial es simple. Mucho menos si involucra sectores productivos perecederos. Los floricultores de nuestro país han sido siempre un sector líder en materia de eficiencia y creatividad. El éxito en el largo plazo está dado por la capacidad de una actividad para adaptarse a los cambios del entorno y la floricultura sí que ha tenido cambios estructurales importantes. Lejano parece el tiempo en el cual los pioneros de esta industria luchaban por despachar unas pequeñas cantidades de cajas en las bodegas de los aviones comerciales. Atrás quedó el tiempo en el cual el acelerado crecimiento del área sembrada parecía no tener límites. Fueron las épocas que parecían fáciles y donde las exportaciones crecían aceleradamente. El país se convirtió en uno de los principales actores del negocio floricultor a nivel global. Este evento, por su importancia y magnitud, nuevamente ratifica el papel protagónico de los floricultores colombianos.

La globalización, y éste es un sector globalizado como ningún otro de nuestra economía, es un fenómeno dinámico. Lo que ayer era cierto hoy no lo es y lo que hoy es válido puede no serlo mañana. Los empresarios modernos saben que su mayor desafío es adaptarse a estos cambios que son permanentes e inevitables. Y los floricultores de Colombia lo están haciendo.

En efecto, gracias a los inmensos esfuerzos realizados por los empresarios colombianos de la flor, iniciados en la década de los sesenta, Colombia ocupa hoy el segundo lugar como exportador mundial de flores. Esta privilegiada posición mundial representa inmensos beneficios para el país. El sector le aporta a nuestra nación la mayor fuente de divisas dentro de las exportaciones no tradicionales y la cuarta en cuanto a las exportaciones totales. Además, debido a que la técnica de producción de este sector es intensiva en mano de obra, genera más de 150.000 empleos directos e indirectos.

Promover condiciones permanentes de productividad en el sector y garantizar un eficiente canal de comercialización son los principales retos que enfrenta el sector floricultor colombiano. En materia de producción, sin duda el aspecto más importante es el relacionado con su sostenibilidad. La dimensión ambiental de la floricultura ha sido una preocupación ya muy antigua del gremio a través del programa “Florverde”. El carácter agrícola de esta actividad exige incorporar las variables ecológicas. Sin un compromiso vertical de todos los productores no seguiremos cosechando avances en este capítulo. Por fortuna, en medio de las restricciones propias de un país en vías de desarrollo, Colombia ha asumido el compromiso de implementar mejores prácticas de producción que mitigan los impactos sobre el ecosistema.

Sea esta la ocasión, ante tan prestigiosos visitantes internacionales, de resaltar la importancia de este sector en materia social. Las flores que ustedes compran de Colombia generan puestos de trabajo, especialmente para miles de hogares colombianos. Éste es un empleo estable y remunerado según nuestras normas laborales. Adicionalmente, el compromiso social de Asocolflores se percibe en los municipios en los cuales está establecida la actividad y en programas de atención social a las familias de sus trabajadores como el denominado “Cultivemos la Paz en Familia”.

La rentabilidad financiera del negocio es el resultado de la inversión social y la responsabilidad ambiental. Ésta es la ecuación del éxito floricultor.

El segundo reto es el relacionado con la comercialización. Aquí enfrentamos un período de transición complejo. Hace apenas unos años, inversionistas internacionales fijaron su mirada en nuestra floricultura. Algunos invirtieron en Colombia y le apostaron a nuestro futuro. Otros establecieron esquemas muy ambiciosos de comercialización. Estos nuevos flujos de capitales ratificaron el interés de nuevos inversionistas por la producción y comercialización de flores. El esquema anterior, con participación de comercializadoras colombianas, dio paso a una consolidación de la estructura de compra y mercadeo de las flores. Esta transición no ha estado exenta de crisis puntuales y esperamos que sean pasajeras.

Para Colombia el reto comercial es consistente con las tendencias mundiales en comercialización. Internet nos ha enseñado que en las ventas de flores el mercado moderno exige ir directamente al consumidor final. El crecimiento de la participación de los mercados ratifica esta tendencia. Reconstruir la estructura de comercialización es vital pero debe buscar siempre reducir las márgenes y garantizar que un precio más bajo aumente el número de consumidores.

Ese es un reto que exigirá reacomodamiento de los actores actuales y la aparición de nuevos participantes. Esa es la lógica de la globalización y, en lugar de consumir energía en luchar contra esta tendencia, debemos prepararnos para aprovechar todas las oportunidades que se descubren cada día. Yo sé que los floricultores de Colombia, con su empuje e iniciativa tradicionales, estarán a la altura de los nuevos desafíos, como lo han estado hasta ahora.

Para creer en ellos y en su potencial, basta con conocer los resultados de la aplicación de su eficiente gestión en la floricultura colombiana. El año pasado las exportaciones de flores frescas colombianas, dirigidas mayoritariamente a los mercados de Estados Unidos y de Europa, registraron la suma de 581 millones de dólares. Es así como Colombia se ha constituido en el primer proveedor de flores de los Estados Unidos con una participación del 65% del mercado total, lo cual quiere decir que dos de cada tres flores que se consumen en Estados Unidos, provienen de nuestro país. Igualmente se ha constituido en el cuarto proveedor de la Unión Europea con una participación de 4% sobre el volumen total importado, siendo Inglaterra y Alemania sus principales mercados.

Las recientes cifras de ventas al exterior no podían ser más alentadoras. En efecto, las exportaciones de flores y plantas vivas de Colombia se incrementaron en 90 millones de dólares durante el primer semestre de este año, pasando de 232 millones de dólares en el 2000 a 322 millones de dólares este año. Esto nos demuestra que el sector floricultor colombiano se constituye en un ejemplo para el sector productivo y exportador del país, por su liderazgo y enorme aporte al progreso de la economía colombiana.

Ahora los esfuerzos del sector de flores se dirigen hacia los mercados con potencial atractivo para lograr el posicionamiento de la flor colombiana y el aumento de las exportaciones. Este es el caso de Japón, Canadá, los países de la antigua Europa Oriental, Finlandia, México y algunos de América del sur, especialmente Brasil, Argentina, Chile y Venezuela. Todos estos representan buenas oportunidades de mercado y están en etapa de exploración y penetración. Estamos convencidos de que esta labor se concretará en óptimos beneficios para los empresarios colombianos y para sus nuevos socios.

Las flores colombianas se han posicionado en un lugar destacado dentro de las preferencias de los exigentes consumidores internacionales debido a su alta calidad, colorido, belleza, tamaño y mayor variedad. Esta situación ventajosa ha sido posible no sólo gracias a las condiciones climáticas naturales de nuestra geografía, sino también por el capital humano con el que cuenta esta industria, el desarrollo de la tecnología necesaria, y sus grandes y sólidos canales de distribución. La identificación y potencialización de estas variables competitivas lograrán que el sector continúe siendo uno de los más dinámicos en la economía de nuestro país.

Aprovecho la ocasión para referirme a lo que está haciendo el Gobierno para que este importante sector de la economía colombiana mantenga el segundo renglón de exportación de flores en el mundo y continúe creciendo. En primera instancia, con relación a Estados Unidos, su principal mercado de exportación, la diplomacia comercial del Gobierno ha permitido recuperar la credibilidad en Colombia, sus empresarios y productos, de manera tal que se han llevado las relaciones bilaterales a un punto muy alto en su historia. Nunca antes había tenido Colombia una política bipartidista a su favor en Estados Unidos como la que se ha logrado durante estos últimos años. Nunca antes había recibido Colombia un paquete de ayuda como el aportado por ese país para el Plan Colombia. Y, lo que es más importante, hay un apoyo de los dos partidos políticos en el Congreso para extender el tratamiento preferencial que reciben los productos colombianos bajo el ATPA, el cual ha permitido la consolidación del sector floricultor colombiano como el principal proveedor de las importaciones de flores de ese país. Todo lo anterior ha generado efectos colaterales como el recibir un mejor tratamiento en los puertos de entrada de Estados Unidos, tanto de las autoridades aduaneras como de las autoridades fitosanitarias. El programa BASC desarrollado con la Aduana de Estados Unidos es un logro más de la diplomacia comercial liderada por el Señor Presidente directamente, la Embajada de Colombia en Estados Unidos, el Ministerio de Comercio Exterior y Proexport Colombia.

Las relaciones con la Unión Europea también mejoran gracias a la gestión del gobierno. El liderazgo ejercido por Colombia al interior de la Comunidad Andina y ante la Comisión Europea ha logrado la extensión de las preferencias arancelarias para Colombia, que se otorgan bajo el ámbito denominado SGP Droga, régimen especial concedido a los países de la Comunidad Andina, como contraprestación a lucha contra las drogas, hasta el año 2004.

Igualmente, este Gobierno ha tenido un liderazgo sin precedentes en las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas y de la Organización Mundial del Comercio, con el fin de que todo el sector productivo colombiano, incluido el floricultor, se vea beneficiado. El Gobierno ha liderado propuestas efectivas de reformas al Código de Antidumping de la Organización Mundial de Comercio para efectos de hacer más estrictas las disciplinas y brindar más certidumbre a los exportadores de los países en desarrollo.

De otra parte, a nivel nacional, es ineludible resaltar que el ajuste cambiario que se ha llevado a cabo en Colombia durante este período de Gobierno permitió a las flores mantener su competitividad en los mercados externos. También adelantamos la simplificación y la reducción de la tramitología para las operaciones de comercio exterior, lo cual tendrá un impacto positivo sobre la dinámica del mismo. La cualificación de las acciones de la aduana tendrá también consecuencias positivas tanto para las exportaciones como para las importaciones.

¡Es así como, a través de obras y acciones concretas, el Gobierno cumple su compromiso con el sector floricultor colombiano!

Finalmente, deseo expresar el más profundo reconocimiento, en nombre del Gobierno colombiano, a la perseverante e incansable labor de los floricultores colombianos, la cual ha logrado enaltecer el nombre de Colombia ante el mundo. Quiero reiterarles que una de las principales metas de este Gobierno es contribuir a que la marca de flores colombianas continúe significando la mejor calidad, un compromiso social y ambiental firme, y progreso para todo el país. Destinaremos de manera conjunta y decidida nuestros mejores esfuerzos para que Colombia entera florezca en paz.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
5 de octubre de 2001