“A la mañana siguiente ‘el Cristóbal Colón’ se vio rodeado de un espeso color gris amarillo, una prolongación de las aguas del río Magdalena”. Con esta imagen enredada en las pestañas, el alemán Carl August Gosseman se despertó una mañana de 1825. Su barco, “el Cristóbal Colón”, fondeaba frente a Cartagena y pronto Gosseman se uniría a la legión de viajeros europeos que se maravillaron, desde los tiempos del descubrimiento, ante la inmensa riqueza cultural y natural de nuestro continente.

El punto de llegada para todos ellos fue la región Caribe, que rodea al mar que le da su nombre. A lo largo de sus costas los viajeros europeos entraron en contacto con una nueva y diferente realidad, la misma que impulsó a García Márquez a crear su Macondo, a Alejandro Obregón a pintar el viento o a Germán Arciniegas, bogotano de ancestros cubanos, a escribir la Biografía del Caribe.

Gracias a ellos, gracias a los innumerables viajeros encantados con estas tierras y estas gentes, la región Caribe comenzó a recuperar, muy lentamente pero con fuerza, su merecido lugar en la historia, un puesto que alguna vez perdió, a mediados del siglo diecinueve, cuando, en contravía de la tradición, se comenzó a llamar costa del Atlántico lo que siempre había sido la costa sobre el Mar Caribe.

Como lo cuenta el Vicepresidente de la República, doctor Gustavo Bell, hijo, historiador y defensor del Caribe: Mil veces repetida la citada equivocación, su identidad toponímica fue diluyéndose, provocando que muchos siguiéramos diciendo que las costas del norte colombiano dan al océano Atlántico cuando en verdad son acariciadas por las olas del más bello Mare Nostrum americano: el mar Caribe.

Por fortuna, nuestros hermanos caribeños, a lo largo de toda la costa y su área de influencia, y especialmente Cartagena, la ciudad que hoy nos rodea con sus murallas antiguas y su mar eterno, no se dejaron apabullar: Con su habla, su música, su cultura y sus tradiciones, mantuvieron siempre viva y orgullosa su herencia caribeña. Este mar, que tantas veces fue negado por la miopía de quienes preferían ver el lejano océano al mar cercano, sigue aquí, sigue vivo y haciéndose presente entre nosotros para recordarnos la fuerza de sus raíces caribeñas.

Al renombrar como Fuerza Naval del Caribe al principal cuerpo de la Armada Nacional que protege y defiende toda esta zona, queremos hacer un homenaje a la ciudad y a la región entera, devolviéndole el nombre y con ello la historia y los lazos culturales que hacen de ella una de los más singulares e importantes territorios colombianos.

La Fuerza Naval del Caribe, -hasta ayer llamada Fuerza Naval del Atlántico-, fiel a su nombre y firme en su vocación, seguirá haciendo presencia sobre las aguas que rodean a la costa norte del país, cumpliendo con tesón y agilidad las tareas que implican la defensa y protección de este entorno, de sus gentes y de sus recursos naturales. Los hombres y las mujeres que conforman a esta Fuerza, así como la totalidad de los miembros de la Armada Nacional, tienen un vínculo especial con la vida en el Caribe y con las aguas de toda nuestra patria y, por ello, podemos estar seguros de que seguirán defendiéndolas y protegiéndolas.

Devolverle su nombre Caribe a la Fuerza Naval con sede en Cartagena es, de alguna manera, un hermoso y simbólico regalo de cumpleaños para la Armada Nacional de Colombia en su aniversario número 179.

Apreciados amigos

En este último acto al que asisto, como Presidente de la República, para acompañar y honrar a la fuerza marina y fluvial de Colombia, es bueno poder presentar el exitoso balance de gestión de la Armada Nacional en su trabajo para consolidar nuestra soberanía y defender a la población de los ataques de los terroristas.

Muestra de la importante labor que la Armada Nacional ha desarrollado en cumplimiento de su misión son las 147 toneladas de cocaína incautadas a lo largo de los últimos cuatro años, las cuales representan pérdidas para el narcotráfico por un valor cercano a los 3.700 millones de dólares. ¡Son 3.700 millones de dólares que no podrán utilizar para avivar la guerra en nuestra patria y para financiar el terrorismo por todo el planeta, gracias a la acción oportuna de la Armada colombiana!

A estos impactantes resultados se suman otras cifras que consolidan un buen balance operativo por parte de la Armada Nacional. Además de confiscar 925 toneladas de hoja de coca, 166 toneladas de insumos químicos sólidos, más de 188 mil galones de líquidos y destruir 417 laboratorios de procesamiento de drogas, se capturó a 532 personas involucradas con actividades relacionadas con el narcotráfico.

En cuanto a la lucha contra el terrorismo, durante el mismo periodo, la Armada capturó a más de 500 terroristas, tanto de las autodefensas como de los grupos guerrilleros, y dio de baja a más de 140 individuos de estos grupos al margen de la ley.

Operaciones militares exitosas en las que la Armada tuvo indudable protagonismo durante mi mandato, como la que evitó la toma por la guerrilla de Puerto Inírida; la operación “Dignidad”, que terminó con la captura de cerca de 70 miembros de las autodefensas ilegales involucrados con la masacre del Alto Naya; la operación “Tsunami” en Nariño, o la “Gato Negro” en Vichada, son sólo algunos de los más destacados ejemplos de cuánto avanzamos en la ofensiva contra los terroristas a lo largo y ancho del territorio nacional.

Hace poco tiempo lo advertí: ¡La Armada Nacional, hoy más que nunca, está preparada para combatir la delincuencia bloqueando sus operaciones con su flota y capturando a quienes atacan a Colombia y a su gente buena! Gracias a la eficiencia y el compromiso de sus miembros, y con el apoyo que a lo largo de mi mandato le brindamos tanto a la Armada como al conjunto de las Fuerzas Militares, hoy podemos decir en Cartagena, como lo hice en el reciente desfile militar del 20 de julio, que los procesos de fortalecimiento de estas instituciones durante mi mandato nos dejan las Fuerzas Militares más grandes, modernas y profesionales de toda nuestra historia.

Con la incorporación de dos embarcaciones nodriza para operación fluvial y tres lanchas patrulleras rápidas, entre otras, aumentamos significativamente el número de embarcaciones de la Armada Nacional. Adicionalmente, reforzamos la seguridad del mar territorial con la entrega, por parte de los Estados Unidos, de 4 buques patrulleros ‘Point Class’ para el cuerpo de Guardacostas.

Con dineros del Plan Colombia, realizamos la compra de dos aviones para apoyo logístico en las Fuerzas Navales del Sur y del Pacífico. También con estos dineros dotamos y activamos un avión de reconocimiento y mejoramos los sistemas de aviónica de los helicópteros de la Armada. Así mismo, estamos desarrollando el proceso de contratación de dos aviones de patrullaje marítimo.

Además, en diciembre de este año completaremos 43 elementos de combate fluvial, cada uno de cuatro botes, tras la llegada en septiembre próximo de 20 botes de comando y control. Al mismo tiempo estarán arribando 9 embarcaciones blindadas Mini-ATC para transporte de tropas en operaciones fluviales.

Pero hay más: Con la creación de la Corporación de Ciencia y Tecnología para el desarrollo de la Industria Naval Marítima y Fluvial, Cotecmar, reactivamos la industria astillera y recuperamos la capacidad estratégica de diseñar, construir, reparar y mantener nuestra flota de guerra, muestra de lo cual son los cinco buques nodrizas de apoyo fluvial construidos totalmente en nuestra tierra, a los cuales se suma el diseño y construcción de un buque balizador para señalización, una unidad interceptora para el control del tráfico de estupefacientes, un remolcador, y una estación flotante de captación de agua, entre otros.

También desarrollamos tareas de mantenimiento y mejoramiento del equipo con el que cuenta la Armada Nacional: concluimos el mantenimiento decenal de las fragatas, optimizando sus sistemas de armamento, comunicaciones, propulsión y maquinaria auxiliar. Igualmente estamos haciendo el mantenimiento de los submarinos oceánicos, trabajo realizado por primera vez en Colombia y que representa un ahorro superior a los dos millones de dólares. Cambiamos las placas de acero de nuestros submarinos tácticos y atendimos las necesidades de reparación de otras instituciones, reparando 65 buques mercantes, 45 de ellos de bandera nacional.

Con una inversión superior a los 14 mil millones de pesos, iniciamos el proceso de recuperación de la capacidad operativa y científica de los buques oceanográficos ARC Malpelo y ARC Providencia, al servicio de la comunidad científica marítima nacional. El ARC Malpelo se encuentra operando, y en el 2003 el Providencia se le unirá.

Todos estos logros están basados en el fuerte proceso de transformación institucional que venimos desarrollando. Además de mejorar los equipos de la Armada, fortalecimos su organización. De especial importancia fue la activación de la Brigada Fluvial de Infantería de Marina para el control de los 12 mil kilómetros de ríos que surcan nuestro país, la cual ya cuenta con cinco batallones dotados con 130 botes pirañas y 21 botes de comando y control, además de la construcción de tres nuevos puestos fluviales avanzados en los ríos Inírida, Putumayo y Meta. Los buenos resultados de la Brigada Fluvial han sido tales que se ha convertido en protagonista de las más exitosas operaciones en el Suroriente del país.

Igualmente, construimos dos estaciones de Guardacostas en Santa Marta y en Punta Espada, Guajira, y próximamente comenzaremos la construcción de la estación de Chuchupa, en este mismo departamento.

Para la obtención de logros y avances como estos, es esencial la formación del recurso humano de la Armada. La Escuela Naval Almirante Padilla, que este año celebra 25 años de fundación, también se modernizó y fortaleció. Desde hace dos años está desarrollando el proceso de acreditación voluntaria ante el Icfes, trayendo pares académicos del exterior en Administración Marítima, Ingeniería Naval y Oceanografía Física. Así mismo, la Escuela ofreció un curso de liderazgo en Estados Unidos y varios de combate, contraguerrilla y comando de pequeñas unidades en la base de Coveñas.

La Armada Nacional también ha cumplido labores de investigación y protección de los recursos naturales. Además de publicar el Atlas Cartográfico de los Océanos y Costas de Colombia, la Armada logró que el Santuario de Fauna y Flora de la Isla de Malpelo fuera declarado por la Organización Marítima Internacional -OMI-, como zona marítima especialmente sensible. ¡Así contribuye nuestra Armada a la defensa y protección de nuestros ecosistemas!

El compromiso de la Armada Nacional con la defensa y protección del medio ambiente es tal que en mi Gobierno, gracias a la estrecha coordinación entre el Comando de la Armada y el Vicepresidente de la República, quien además encabeza la Comisión Colombiana del Océano, se ha desarrollado una ardua gestión para formular la primera Política Nacional de los Océanos y de los espacios costeros.

Con esta política, Colombia contará con una base sólida en materia económica y social para asumir un criterio integral y unificado frente al manejo del Mar Caribe y del Océano Pacífico, así como de sus respectivos sistemas ambientales. El legado que mi Gobierno entregará al próximo, a través de la Comisión Colombiana del Océano propone desarrollar un tratamiento especial para asuntos como el ordenamiento territorial, la pesca y la acuicultura, la marina mercante, el transporte marítimo y los puertos, la protección del medio ambiente marino y fluvial, así como el patrimonio cultural subacuático y el ejercicio de la soberanía en nuestros mares.

Apreciado Vicealmirante Mauricio Soto:

Quiero aprovechar este momento para agradecerle la lealtad, la rectitud y la eficacia con que supo usted acompañar mi gestión, hasta en los más difíciles momentos, así como su firmeza y su efectividad para liderar el fortalecimiento de la Armada Nacional. A lo largo de los más de 19 meses en que ha estado al frente de la Armada, su capacidad de trabajo, su don de mando y su carácter ejecutivo fueron el secreto para el éxito que hoy celebra ésta institución. Usted ha sido, almirante Soto, además de un guerrero de la patria, un leal y eficaz compañero de lucha y de trabajo por Colombia.

Como muestra del reconocimiento que mi Gobierno y la nación entera tenemos por su comprometida gestión en defensa de los más caros valores de la Patria, hoy me siento muy honrado al concederle la Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz, que portará en adelante con el orgullo de ser uno de los pocos que pertenecen a la legión de patriotas que encabezó el mismo Libertador Simón Bolívar, cuando fue el primer condecorado con esta orden.

¡Muchas gracias, almirante Soto, por su apoyo, su cooperación y su consejo, que seguirán brillando para bien de sus hombres y de su país!

Amigos de la Armada Nacional:

También quiero extender una especial felicitación a todos los oficiales, suboficiales e infantes, así como los civiles, que hoy reciben la Medalla Militar al Valor, la Condecoración Servicios Distinguidos en Orden Público, la Orden del Mérito Militar Antonio Nariño y la Orden al Mérito Naval Almirante Padilla. ¡Todos ustedes son ejemplo de compromiso con la patria!

A todos y cada uno de los integrantes de la Armada Nacional, hombres y mujeres que día a día entregan su tiempo y su esfuerzo con la voluntad de defender y proteger los mares y ríos colombianos, ¡muchas gracias!

Hoy, cuando he tenido el inmenso honor de recibir de manos del Vicealmirante Soto el Bastón de Mando de la Armada Nacional, puedo decir con orgullo que me siento uno de ustedes, que me siento parte de estos hombres y mujeres que conforman lo más excelso de la sociedad colombiana, y que luchan como los héroes de la independencia por preservar nuestra libertad. Reciban todos mi gratitud y mi homenaje emocionado por estos años en que hemos sido compañeros de travesía hacia un mejor país.

No tengo duda de que el Mar Caribe que ahora mismo nos acoge con su eco inmemorial, así como todas las aguas colombianas, con sus gentes, sus riquezas y sus costas adornadas de hermosura, están en las mejores manos.

¡Continúen adelante, amigas y amigos de la Armada Nacional, marinos de Colombia, “bajo la gloria de un sol de fuego, bebiendo brisas, gustando sal”!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
24 de julio de 2002