Quiero antes que nada agradecer las amables palabras dirigidas por monseñor Stella, como Nuncio Apostólico y Decano del Cuerpo Diplomático, en homenaje a Nohra y a mí, palabras que son el grato testimonio de un periodo de Gobierno en el que hemos tenido, sin duda, las más estrechas y fructíferas relaciones con la comunidad internacional.

¡Qué bueno escucharlas de boca de un buen y admirado amigo, como lo es Monseñor Beniamino Stella, quien se ha caracterizado durante el tiempo de su representación en nuestro país como un diplomático cercano al corazón de Colombia, atento a sus problemas y necesidades, comprometido con su destino y con el futuro de sus habitantes!

Sin duda, señor Nuncio Apostólico y amigos embajadores, un país como el nuestro, lleno de vida y desafíos, enfrentado a un conflicto interno pero decidido a superarlo con audacia y creatividad, constituye un interesante reto para los representantes de otros Estados u organismos internacionales, un reto que se ha traducido en su aporte genuino y espontáneo para avanzar en este camino que emprendimos hacia la construcción de nuestro más caro anhelo nacional, como lo es la paz.

¡Cuántos de ustedes, queridos amigos, incluyendo al señor Nuncio, visitaron la antigua Zona de Distensión para aportar sus buenos oficios y su mirada desprevenida al proceso que el pueblo colombiano ofreció con tanta generosidad!

¡Cuántos de ustedes hicieron parte de grupos de países amigos o facilitadores en diálogos con las FARC o con el ELN! ¡Cuántos nos ayudaron en las Mesas de Madrid, Bogotá y Bruselas en el marco del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz! ¡Cuántos han visitado el Eje Cafetero, después del terremoto, y llevado su aporte solidario allí o a tantas otras regiones del país! ¡Cuántos han colaborado generosamente con los programas sociales que Nohra promovió con entusiasmo!

Debo decir, con absoluta sinceridad, amigos del cuerpo Diplomático, señor Nuncio, que pocas naciones como la nuestra y pocos Presidentes como yo podemos preciarnos de haber contado con un grupo de diplomáticos tan activo y tan comprometido con el acontecer nacional y con nuestro destino.

Bien lo ha dicho el señor Nuncio: nuestra cercanía, nuestra colaboración, ha estado muy por encima de los simples requerimientos protocolarios. Lo que hemos vivido en este cuatrienio con los diplomáticos acreditados en Colombia ha sido la relación amistosa y solidaria de seres humanos, de pueblos, que se encuentran y acompañan en los mismos propósitos y que no sólo desean lo mejor para el otro, sino que trabajan de la mano para conseguirlo.

Esta noche, cuando siento la emoción y la alegría de encontrarme con tantos buenos amigos, faltando apenas dos semanas para la finalización de mi mandato como Presidente de Colombia, sólo tengo hacia ustedes palabras de reconocimiento y de gratitud.

Lo que el cuerpo diplomático ha trabajado por Colombia lo ha hecho por la humanidad, porque al fin y al cabo somos todos una sola gran familia.

¡Gracias, mil gracias, queridos amigos! ¡Gracias, muchas gracias, mi apreciado Monseñor Beniamino Stella! En mi nombre, en el de Nohra, en el de mi Gobierno y en el de toda Colombia quiero decirles que siempre en nuestro corazón habrá un puesto de honor para el recuerdo de lo que han hecho por este país y por este pueblo que tiene tantos motivos para aferrarse a la esperanza.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

23 de julio de 2002