Palabras del Presidente Pastrana, en el acto de condecoración a miembros de la Fuerza Pública.

Cuando la cobardía y la sevicia de los violentos atenta contra Colombia, siempre hay unos hombres valientes y decididos que están listos para confrontarlos y para sacrificar incluso su vida en el altar de la libertad y la defensa de sus compatriotas.

La semana pasada, en una acción cobarde, como son siempre las acciones de los terroristas, una columna de cerca de 600 hombres de las FARC sitiaron durante casi dos días el municipio de La Cruz en Nariño, sembrando terror en la población, destruyendo edificaciones y viviendas, saqueando y robando, y buscando, como un sangriento trofeo de guerra, la destrucción del cuartel de policía y la muerte de los policías que tienen a su cargo la seguridad del municipio.

Fueron horas de angustia, pero fueron, ante todo, horas de heroísmo. Con una desventaja de uno contra diez los corajudos policías de La Cruz, bajo el mando del capitán José Moisés Contreras, resistieron con toda su hombría y su capacidad de lucha, mientras esperaban los refuerzos de la misma Policía y de las Fuerzas Militares.

Al final, cuando llegaron al fin los compañeros y pudieron salir de nuevo a las calles de La Cruz, los mismos habitantes de este municipio aclamaron a sus valientes policías por su actitud de resistencia, por no ceder ante la presión de los violentos y por exponer sus vidas por protegerlos.

De los casi 60 policías murieron tres, y otros tres, incluyendo el capitán Contreras, resultaron heridos. Ellos pagaron con sus vidas y su salud el precio de una violencia suicida que todos los colombianos estamos en la obligación de condenar y contrarrestar con todas las fuerzas de nuestro corazón y todas las herramientas de la ley.

En medio de esas difíciles horas de resistencia los policías de La Cruz sabían siempre, con confianza inquebrantable, que sus hermanos policías y sus hermanos de las Fuerzas Militares estaban acercándose, haciendo todo lo posible para llegar, -en medio de las trampas, emboscadas y minas que siembran los terroristas en estos ataques-, a reforzarlos y salvarlos.

Si algo los reconfortaba era saber que el avión fantasma y los helicópteros de la Fuerza Aérea estaban operando desde el aire, ubicando y persiguiendo a los terroristas, guiando a las fuerzas de tierra, dando moral a los que resistían como titanes en medio de un ataque desproporcionado.

Durante mi Administración siempre he querido promover un ambiente de plena cooperación entre los organismos de seguridad del Estado, y hoy puedo constatar con satisfacción que esta cooperación es una realidad visible.

Hoy el Ejército es hermano de la Policía Nacional. Hoy la Armada es hermana de la Policía Nacional. Hoy la Fuerza Aérea es hermana de la Policía Nacional. ¡Y como hermanos se defienden, se acompañan y luchan juntos por un mismo objetivo, que es la seguridad y tranquilidad de los colombianos!

La inteligencia, la prevención y la capacidad de reacción siempre serán mejores con el pleno funcionamiento de esta hermandad.

Pero digo más: Aparte de la unión y cooperación entre los diversos componentes de la Fuerza Pública, hoy estamos viviendo, -y necesitamos fortalecer cada vez más-, una unión indisoluble entre las Fuerzas Armadas y la población civil, que reconoce y agradece todo el trabajo, todo el sacrificio y todo el valor con que obran nuestros policías y militares para defender a Colombia del ataque de los terroristas y los violentos.

Ayer mismo lo dije en la celebración del aniversario del Comando General de las Fuerzas Militares: Los colombianos tenemos que entender, de una vez por todas, que el conflicto interno que hoy vivimos no es entre los terroristas y la Fuerza Pública, sino que es un conflicto de los terroristas contra toda Colombia, contra la vida y libertad del pueblo colombiano. Por lo mismo, debemos obrar como nación, rodeando con convicción y firmeza a las fuerzas legítimas que nos representan y nos defienden.

Señores condecorados:

Hoy, como Presidente de todos los colombianos, me siento honrado al asistir a este acto de condecoración por la Policía Nacional de aquellos hombres valientes que resistieron el ataque cruento de los terroristas y también de aquellos otros, miembros de la Policía, de la Fuerza Aérea y del Ejército, que nunca los abandonaron y que trabajaron afanosamente para llegar y para protegerlos.

Lo que hoy vemos es un acto de fraternidad y de cooperación que nos inspira y que nos mueve a rodear, con amor de patria, a nuestras Fuerzas Armadas en su noble tarea de proteger a los colombianos de los ataques de los intolerantes, de los que no merecen llamarse hijos de esta nación grande y democrática.

A las familias de los tres miembros de la Policía Nacional que hoy reciben en forma póstuma la Medalla al Valor en Actos Excepcionales les expreso no sólo mi dolor y mi abrazo solidario, sino el dolor y el abrazo de todo un país que ve en estos valientes el ejemplo más grande de entrega por los valores de la patria, la libertad y la vida.

A todos los demás condecorados les expreso también mi sincera felicitación por su valerosa resistencia, por su acción oportuna y por su espíritu de cuerpo al apoyar a sus compañeros.

¡Estamos unidos, cada vez más, contra la muerte que nos quieren imponer los terroristas! ¡La Policía, el Ejército, La Fuerza Aérea, la Armada Nacional y más de 40 millones de colombianos de bien estamos unidos para que algún día en esta tierra buena germine la semilla de la convivencia y podamos vivir y progresar en paz!

¡Dios los bendiga, hoy y siempre, hijos predilectos de Colombia!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
24 de abril de 2002