Siempre he creído en el sabio aforismo de Cicerón, según el cual “la primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas, y sólo cosas honradas hacer por ellos”.

Bajo ese criterio concibo las relaciones entre Colombia y los países del mundo: como una relación de doble vía, benéfica para ambas partes, y fundada en los valores universales de la transparencia, la honestidad y la búsqueda del mayor bienestar de la humanidad en su conjunto.

El arte de la diplomacia y las relaciones internacionales tiene que tener un fin mucho más profundo que el de sostener una delicada balanza de poderes e intereses. Las naciones son conglomerados de seres humanos, y como las personas, se relacionan a través de signos, palabras y hechos, que encuentran su más alto relieve en la amistad.

Hoy, apreciados integrantes del cuerpo diplomático acreditado en Colombia, cuando me reúno con ustedes, junto con mi Gabinete, para ofrecerles un sincero homenaje de gratitud y afecto, siento que me reúno con un grupo de sinceros amigos, hombres y mujeres que entregan cada día su mejor esfuerzo para acrecentar las relaciones de sus países y organismos con Colombia, para que estas relaciones se traduzcan en hechos de paz y concordia, en progreso y mayor justicia social.

“Sólo cosas honradas pedir a los amigos y sólo cosas honradas hacer por ellos”… Durante mi Gobierno, con la continua colaboración del señor Ministro de Relaciones Exteriores, Guillermo Fernández de Soto, les pedimos a ustedes muchas “cosas honradas” y otras tantas estuvimos dispuestos a ofrecer en reciprocidad.

La primera de todas fue su apoyo decidido a nuestros esfuerzos de paz y a nuestro proceso para fortalecer la institucionalidad en Colombia. La respuesta fue entusiasta y tuvo muchas manifestaciones: desde el acompañamiento personal en Grupos de Países Amigos, Verificadores o Facilitadores en las conversaciones y negociaciones con los grupos guerrilleros, hasta el ofrecimiento de aportes concretos al Plan Colombia y a nuestras diversas estrategias sociales para allanar el camino de la paz.

Una especial mención debo hacer del decidido respaldo que otorgaron siempre a los diversos programas sociales liderados por Nohra para ayudar a la población más vulnerable del país, tales como el Plan Padrino, el Día del Niño, el programa de ludotecas, los de apoyo a la población discapacitada y tantos otros en los que sus delegaciones, así como las damas diplomáticas, prestaron generosa colaboración.

Gracias a ustedes, también, y a su voluntad de entender la compleja realidad de nuestra nación, hoy Colombia ha recuperado un papel digno y protagónico en el escenario global. El principio de la responsabilidad compartida que nuestro país ha propuesto y defendido frente a temas como el problema mundial de las drogas, el terrorismo y el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras ha encontrado en los diplomáticos acreditados en nuestro país a sus mejores intérpretes.

Apreciados amigos:

Ustedes saben mejor que nadie, porque han acompañado a nuestro país en estos momentos difíciles, algo que he dicho en organismos y reuniones internacionales con total claridad: ¡la democracia colombiana está siendo atacada!

Los grupos terroristas que operan en Colombia no sólo atentan contra un Gobierno, sino contra toda la población del país y contra nuestro sistema político fundado en la democracia y el respeto a las libertades.

Por eso hoy -siguiendo con el aforismo de Cicerón- quiero pedirles otra “cosa honrada”, y es que nos den su respaldo firme y solidario para enfrentar este ataque contra nuestro sistema democrático. Es ahora cuando necesitamos que el mundo entero, como un solo bloque, rechace vivamente las nefastas intenciones de los terroristas, que pretenden imponer a través de la violencia y la intimidación lo que no son capaces de defender por las vías pacíficas y la confrontación ideológica.

Ahora, cuando han sumado a sus atentados una campaña de intimidación contra los mandatarios regionales del país, es cuando más debemos unirnos los colombianos y los pueblos amigos de Colombia. El ataque es contra la sociedad, no sólo contra unos cuantos alcaldes, y es la sociedad, en su conjunto, la que debe rechazarlo, rodeando a sus instituciones y no sucumbiendo al terror que nos quieren infundir.

Aquí todos corremos riesgos. El primer objetivo militar de los terroristas soy yo mismo y mi familia; el segundo es el Presidente electo, y, así como nosotros, son objetivos todos quienes cumplen funciones oficiales, hasta el concejal del pueblo más pequeño del país, pero no podemos permitirnos abandonar la lucha y la responsabilidad que nos ha delegado el pueblo, dando gusto a los intolerantes que pretenden crear vacíos de poder que ellos puedan aprovechar. Recordemos que los mismos candidatos que hicieron campaña para el Congreso y para la Presidencia lo hicieron exponiéndose a peligros anunciados, pero superando con un gran valor, y también con prudencia, la intimidación de los enemigos de la democracia, para que esa misma democracia fuera fortalecida.

Pero voy más allá: aquí lo que hay es más de 40 millones de colombianos amenazados por los terroristas. Éste es el nefasto producto de la guerra que ellos le han declarado a Colombia, pero no por eso vamos a parar el país ni a abandonar nuestras labores. Todo lo contrario: vamos a ponernos en pie, vamos a rodear a nuestras autoridades legítimas, vamos a colaborar con ellas y vamos a impedir, entre todos, que unos pocos terroristas dicten, a través de amenazas, sus leyes de muerte y dolor.

El Gobierno Nacional y la Fuerza Pública estamos respaldando firmemente a los funcionarios amenazados por las FARC, y mañana mismo me reuniré con los alcaldes y gobernadores, que son los primeros llamados a dar ejemplo de responsabilidad y valor civil, para estudiar y proponer medidas adicionales que les permitan seguir trabajando sin traumatismos.

Pero el pueblo, la sociedad, no se puede desentender ni dejar de rodear a aquellos a quienes eligió para gobernar en su nombre. La sociedad debe manifestarse y hacer valer su respaldo a sus representantes y su rechazo enfático contra aquellos que quieren limitar la democracia. Los medios, por su parte, deben evitar convertirse en el eco amplificador de las amenazas, algo que sólo hace crecer su poder intimidatorio por encima de toda proporción.

Éste es un momento complejo en el que todos debemos actuar con valentía y con sentido de nación para que la minoría violenta no logre sus propósitos. Ustedes también, señores embajadores, pueden ayudarnos a concretar la solidaridad internacional para que la democracia colombiana siga siendo un ejemplo histórico de estabilidad y de fortaleza en el continente y el planeta.

Estimados Embajadores:

Hemos fortalecido, más que nunca, los lazos que nos unen y hoy tenemos mejores razones para creer en nuestra capacidad conjunta para construir una humanidad mejor.

Por todo esto, de corazón, en nombre de mi Gobierno y en representación de todo el pueblo colombiano, quiero expresarles nuestra inmensa gratitud por hacer de nuestras relaciones una oportunidad para la paz y el progreso con justicia social del pueblo colombiano.

Al despedirme formalmente de los embajadores acreditados ante nuestro país me despido de un grupo inmejorable de amigos de Colombia que, por fortuna, son ahora también amigos míos, como yo lo soy de ustedes..

Vivimos todos en una aldea global a la que llamamos Tierra. De nosotros depende, queridos amigos, que la existencia de la familia humana que la habita tenga un porvenir del que podamos enorgullecernos y que podamos legar a nuestros hijos.

Fundado en el principio de la responsabilidad compartida que hoy todos aceptamos y reconocemos solidariamente, ¡yo creo que sí lo lograremos!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

24 de junio de 2002