Colombia tiene mil razones para creer. Nuestro pueblo tiene mil razones para la esperanza. Nuestros hijos tienen muchos motivos para tener fe en su futuro.

Lo digo con certeza, con convicción, con la absoluta certidumbre del alma de alguien que conoce su país, que ha luchado por él, que cree en él y sabe de sus enormes posibilidades.

Lo digo ante ustedes, los empresarios de Colombia, porque son precisamente ustedes los que en gran parte motivan mi fe, mi optimismo y mi visión positiva de nuestro porvenir.

Ustedes, apreciados amigos, han sido por mucho tiempo, son hoy y seguirán siendo, la fuerza económica y moral de nuestra nación.

Ustedes han afrontado muchas crisis durante la historia del país y han sacado adelante la Colombia positiva que hoy tenemos, pujante y promisoria en medio de las dificultades.

Ustedes pudieron irse, pero decidieron quedarse a trabajar por su tierra. Ustedes invirtieron e invierten en sus empresas con entusiasmo, ampliaron su capacidad productiva y generaron empleos para su gente.

Ustedes, señores empresarios, han sido la locomotora del tren imparable del progreso de Colombia. Ustedes han sido mis principales aliados en el esfuerzo que hemos hecho por reactivar y dinamizar la economía, por encima de la violencia y el autismo de los insensatos.

Con ustedes, y gracias al trabajo que hemos realizado en conjunto, tenemos a las exportaciones no tradicionales creciendo por encima del 10%. Con ustedes y la actitud responsable del Gobierno, tenemos a la economía nacional superando un año de recesión con dos años seguidos de crecimiento, un crecimiento que el año anterior fue el triple del promedio de las demás economías de América Latina y muy superior al de muchos de los países más desarrollados del mundo.

¡Claro que sí hay motivos para creer! ¡Cómo no va a haber motivos para creer si somos más de 40 millones de seres humanos aferrados a la decisión de vivir, de progresar y de ser felices!

¡Cómo no va a haber motivos para creer si hemos logrado en tres años y medio transformar un panorama económico complejo y difícil en una situación de estabilidad y reactivación!

Ustedes son mis testigos, señores empresarios. Ustedes fueron las víctimas de la situación anterior a mi Gobierno y los principales beneficiados de lo que hemos alcanzado, todos unidos, en estos años de arduo trabajo.

Miremos no más algunos ejemplos:

Cuando asumí la Presidencia los empresarios de Colombia pagaban intereses superiores al 50% anual efectivo, que hacían imposible cualquier inversión y que hacía más rentable dejar la plata quieta que crear empresa. Hoy tenemos los intereses reales más bajos de toda nuestra historia, unos intereses que han vuelto a hacer posible el crédito, la inversión y el pago cumplido de las deudas.

En 1997 y 1998 tuvimos inflaciones del 18 y el 17 por ciento, respectivamente, que quitaban capacidad adquisitiva a nuestra gente, sobre todo a los más pobres, y dificultaban la planeación de los negocios. Hoy llevamos ya tres años con una inflación de un solo dígito, que ya está por debajo del 7%, con tendencia a seguir bajando.

Ustedes, como exportadores e inversionistas, sufrieron más que nadie las consecuencias de una tasa de cambio inestable y fijada artificialmente. Hoy tenemos una tasa de cambio libre que, a pesar de ello, se ha mantenido estable en medio de los más complejos escenarios nacionales o internacionales.

También rescatamos al sector financiero de una crisis sistémica que se veía venir. Destinamos 7.6 billones de pesos a este esfuerzo, y gracias a esto hoy contamos con una banca pública y privada sana, produciendo utilidades y recuperando su función de intermediaria de recursos para el sector real de la economía.

Como resultado de estas acciones, no sólo salvamos los bancos y las cooperativas, lo cual de por sí ya es muy importante. ¡Salvamos el ahorro de millones de colombianos! ¡Salvamos la vivienda de cerca de 800 mil deudores hipotecarios!

Además, nos la jugamos contra el contrabando y por la industria nacional. El contrabando abierto ha disminuido en cerca de mil millones de dólares y, no más el año pasado, se hicieron aprehensiones de mercancías ilegales por valor de 140 mil millones de pesos. Gracias a esto, hemos reducido a niveles mínimos la compra de cigarrillos, autopartes o electrodomésticos de contrabando, y bajado sustancialmente la compra de licores importados ilegalmente. Todavía estamos en la lucha contra el contrabando técnico de calzado, textiles y algunos electrodomésticos, para que cada día vendan más ustedes, los productores nacionales o los importadores legales, que generan empleo para los colombianos.

Yo les pregunto: ¿No son éstas más y más razones para creer, para tener fe en nuestro país?

Cuando un Gobierno, a pesar de las dificultades fiscales, puede entregar más de 350 mil subsidios de vivienda para las personas más pobres y necesitadas del país, como lo ha hecho el mío, convirtiéndolas en propietarias, ¿no es éste otro motivo para creer?

Cuando, en medio de las dificultades de orden público, hemos recuperado la producción de alimentos en más de 2 millones 600 mil toneladas y hemos entregado, a través del Incora, más de 5 millones de hectáreas a 78 mil familias campesinas, indígenas y de comunidades negras, ¿no es esto otro motivo para creer?

Hoy prácticamente, como lo prometí en mi campaña, podemos volver a comer bandeja paisa como debe ser: ¡con productos de Colombia cosechados por colombianos!

Cuando, a través del Plan Colombia, destinamos más de un billón de pesos a crear empleo, a construir obras comunitarias, a construir miles de kilómetros de carreteras en zonas de conflicto, ¿no es éste otro motivo para creer?

Cuando hoy puedo decirles, amigos del sector privado, con la frente en alto, que gran parte de mis compromisos electorales los he podido cumplir, pese al escepticismo y pesimismo de muchos; cuando podemos afirmar que las promesas en Colombia sí se cumplen, ¿no nos llenamos otra vez de razones para creer?

Señores empresarios:

Yo creo en Colombia y en su futuro. Yo creo en su hermoso y generoso calidoscopio de posibilidades y oportunidades.

Sé -y soy testigo de ello- que ustedes también creen y por eso han hecho lo que han hecho por el país y por nuestra gente. Ustedes también creen y por eso, sólo por eso, están hoy aquí, poniéndole el pecho al futuro que queremos y que estamos comprometidos a construir para nuestros hijos.

¡Éste es el capital más precioso de nuestra patria: el de la gente de acción que está dispuesta a seguir trabajando por su Empresa Colombia!

Con tanto valor civil, con tanto coraje, con tanto positivismo, ¿todavía alguien piensa que los terroristas van a poder doblegarnos? Yo no lo creo, y estoy seguro de que ninguno de ustedes lo cree.

Lo he dicho muchas veces: Tarde o temprano los violentos van a entender y van a darse cuenta de que nunca, ¡nunca por la violencia!, podrán entrar al corazón del pueblo.

Mucho menos al corazón de un pueblo unido en torno a su democracia, a su Gobierno y sus instituciones, como lo ha estado Colombia después de que el pasado 20 de febrero los guerreristas dentro de las FARC se propinaron el más duro autogolpe, la más grande derrota política de su historia.

Los colombianos, todos, derrotamos a los violentos en el corazón y en la mente. Porque no los queremos y porque no estamos de acuerdo con ellos. Sin embargo, a pesar de que rechazamos sus acciones, no dejamos de llamarlos, ni dejaremos nunca de hacerlo, como colombianos, a sumarse al progreso y a la paz.

Yo he sido, soy y seguiré siendo ante todo un hombre de paz, y en nada ha cambiado mi empeño y lucha por seguir el camino de la solución negociada.

Pero mientras las FARC o cualquier otro grupo al margen de la ley insistan en atacar a nuestro pueblo, allí estaremos todos, en la línea de defensa, al lado de nuestras Fuerzas Armadas, para decirles ¡NO PASARÁN!

Los violentos no han contado con un arma secreta, la más poderosa arma, que tenemos todos los colombianos: ¡LA FUERZA DE LA UNIÓN!

Hoy todos hemos comprendido, y el mundo ha comprendido también, que en Colombia no vivimos una guerra civil, sino la guerra de unos pocos violentos CONTRA LA SOCIEDAD CIVIL. Y si la sociedad civil es vulnerada, somos todos los miembros de la sociedad quienes vamos a unirnos para defender la democracia y el progreso que tanto nos ha costado alcanzar.

Hasta hoy, los violentos han jugado a sembrar la desconfianza y la desunión entre nosotros. Ha sido una constante de este conflicto el hecho de que la inmensa mayoría de colombianos se han sentado a esperar, como convidados de piedra, a que la minoría dé las soluciones, sin entender la importancia de presentarnos unidos en la defensa de nuestra democracia y nuestro país.

Hoy puedo asegurarles que nuestra unión aún en medio de la realidad que estamos enfrentando, nuestra decisión y lucha por alcanzar la paz, el hecho de que cerremos filas y pasemos de ser observadores a protagonistas de nuestra situación, dará origen al desconcierto y a la división en el seno de los terroristas, que hasta ahora se han beneficiado de la indiferencia, el egoísmo y la inacción de muchos.

Tenemos que dejar de echarle la culpa a los demás y tomar conciencia de que todos tenemos un papel por jugar en las soluciones.

Tenemos que pasar de la indiferencia a la comprensión de que ningún tiempo como este tiempo es mejor para mostrarle a los terroristas, a los violentos y al mundo entero nuestra grandeza para superarnos y, entre todos, salir adelante.

Un acto tan doloroso, tan inútil y absurdo como el asesinato de Monseñor Isaías Duarte Cancino, además de producir el rechazo y grito de protesta generalizados, tiene que ser una razón más para mantenernos firmes y unidos, más unidos que nunca, con la misma valentía y generosidad que demostró en su vida el Arzobispo de Cali.

Queridos amigos:

Seamos conscientes de esto: ¡Nuestra unión es su división!

Ustedes, como validadores de la opinión y generadores de trabajo, de optimismo y de fe, tienen una gran obligación con nuestro país.

La campaña que les presentamos hoy y a la que los invitamos a unirse con apoyo y determinación, será la semilla, esa semilla de fe, de optimismo, de esperanza, de unión, que dará sus frutos más temprano y con mayor abundancia en la medida que seamos capaces de adoptarla y multiplicarla.

La presencia permanente de la bandera en nuestras casas, nuestros carros, nuestros puestos de trabajo; en los productos, en las papelerías y comunicaciones de sus empresas, en las calles, será ese símbolo de la unión de los millones de colombianos que decidimos luchar y mostrarle a los violentos que nuestra decisión de alcanzar la paz y el progreso con justicia social es inquebrantable.

Con una simbología que reúne la bandera representando la unidad y la fuerza de todos los colombianos, y bajo el lema de ¡SIENTE TU BANDERA, CREE EN TU PAÍS!, mostraremos a Colombia y al mundo el poder de una nación cerrando filas alrededor de esa paz y ese progreso.

La bandera es un símbolo y los símbolos congregan los valores, los sentimientos y las emociones que nos deben llevar a la acción. Si la gente de bien, si los que creemos en la paz y la democracia no nos apropiamos de nuestros símbolos, no tengan la menor duda de que otros lo harán.

Llegó la hora de entender, sin ningún tipo de egoísmos ni protagonismos, la máxima que reza: “Si a Colombia le va bien, a todos nos va a ir bien”. Llegó la hora de ejercer nuestros deberes en un país acostumbrado sólo a exigir sus derechos.

Tenemos que ir mas allá de las simples palabras. La bandera, como símbolo de unión, debe ser, tiene que ser, un compromiso de todos. Un compromiso con su familia, con sus hijos, con sus empresas, con sus instituciones, con sus Fuerzas Armadas, con su país, pero, sobre todo y lo que es más importante, con ustedes mismos.

La bandera significa que nos hemos apropiado de Colombia. Somos colombianos. Creemos en nuestro país. Si estamos todos juntos, ¡vamos a ganar!

Cuenten con Colombia. ¡Colombia cuenta con ustedes!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
19 de marzo de 2002