A los amigos nunca se les despide. A los amigos no se les dice adiós, ni siquiera hasta luego, sino sólo hasta siempre, porque su huella, su talante, su alma generosa, habitan perdurablemente en nuestro corazón, que es el guardián eterno del afecto.

Por eso decimos “hasta siempre” al Presidente Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, al amigo Miguel Ángel, que hoy nos abruma, como es ya usual, con su hospitalidad tan propia de su gente, y que se despide de la Presidencia de Costa Rica con esa inmensa satisfacción que da el saber que lo entregó todo, y más de lo posible, por el desarrollo y progreso de su querido pueblo.

Me siento muy honrado, de verdad, al haber sido escogido por mis colegas del continente para expresar, en nombre de ellos y en el mío propio, nuestro sentimiento de aprecio y de reconocimiento a un hombre que ocupó con dignidad la primera magistratura de su país, que nos acompañó con decoro y con las luces de su inteligencia en múltiples foros internacionales, y que fue un gran líder de una gran nación, a la que admiramos y queremos con devoción.

Disculparán mis colegas que hable ahora en primera persona, pero me es imposible dejar de resaltar el inmenso agradecimiento que le tengo personalmente a Miguel Ángel, y que le tiene toda la nación colombiana, por su continuo respaldo y por sus gestos de amistad con nuestro pueblo, en los complejos y difíciles momentos que vivimos a causa de la violencia interna.

Miguel Ángel, que, para nuestra honra, es nieto de colombianos, -de colombianos de Sincelejo en la costa caribe, para más señas-, se ha comportado conmigo y con mi país como un verdadero hermano y yo quiero hoy reconocerlo, con sincera emoción, frente a este auditorio de amistad.

Mi padre, el ex-Presidente Misael Pastrana, también lo conoció y siempre me ponderó sus calidades humanas e intelectuales, y me decía con seguro presagio: “Miguel Ángel va a ser presidente de Costa Rica”.

¡Qué afortunado augurio fue ese para Costa Rica, para toda la región centroamericana y para nuestro continente! Porque Miguel Ángel Rodríguez consolidó en su país ese acendrado civismo, esa tradición democrática, esa actitud pionera y destacada en el campo de los derechos humanos, ese pacifismo, ese respeto al medio ambiente, que han hecho grande a Costa Rica a los ojos del mundo.

Apreciado Miguel Ángel:

Yo recuerdo muy bien cuando el 14 de diciembre de 1999 usted y doña Lorena nos dieron el privilegio de tenerlos con nosotros, en Bogotá, celebrando nada menos que su aniversario de bodas. Fue un momento especial que recuerdo gratamente porque fue el testimonio de una hermosa pareja que ha cumplido amorosamente con la vida, con su familia y con su país.

Hoy el destino nos depara compartir otro momento emocionante, como lo es su despedida de la Presidencia de Costa Rica, que ejerció con dignidad y brillo. Mire usted esta mesa, querido Miguel Ángel, y verá los rostros amigos, complacidos con su compañía, de presidentes que un día también nos despediremos de nuestros cargos -yo en tres meses, para ser exacto-, pero que nunca dejaremos quebrar el lazo indisoluble de la amistad.

Hemos navegado juntos, cada cual en su país según sus circunstancias, los tiempos de cambio que nos trajo el nuevo milenio, y juntos nos encontraremos en ese camino de servicio a los nuestros y a América que nunca dejaremos de transitar.

Lo decía Porfirio Barba Jacob, ese gran poeta colombiano que vivió enamorado de Centroamérica y que la conoció primero a través de la tierra costarricense:

“Nuestro ideal hispanoamericano es el de una comunión con el destino continental para el esfuerzo hondo y puro de la vida; el de una dilatación augusta del espíritu; el de un ritmo humano nuevo; el de un nuevo coro de la más profunda tonalidad que haya resonado en la historia”.

¡Ese es nuestro ideal, querido Miguel Ángel y apreciados colegas del continente! Una comunión para el esfuerzo hondo y puro de la vida.

Ese es el ideal que compartimos y que seguiremos luchando por alcanzar.

Con este sentimiento de hermandad, de amistad, de nostalgia, que flota en esta noche “tica”, en esta hermosa noche costarricense, permítanme levantar mi copa, en mi nombre y en nombre de todos los buenos amigos reunidos, y brindar por el Presidente Miguel Ángel Rodríguez, por Lorena, por su familia, por su venturoso futuro y felicidad!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

San José, Costa Rica
7 de mayo de 2002