Palabras del Presidente Pastrana, en la clausura del VI encuentro de Productividad y Competitividad.

Hoy, como hace seis meses, como cada seis meses desde mediados de 1999, he venido junto con mi equipo de gobierno a reunirme con el sector empresarial y académico con el fin de pasar revista a la Política de Productividad y Competitividad.

Podría dedicar un buen espacio de mi discurso a efectuar un balance pormenorizado de los exitosos resultados de todos los componentes del Plan Estratégico Exportador y de la Política de Productividad y Competitividad. Pero creo que no es necesario.

Esta política ha sido construida con la participación de ustedes y ha sido revisada con ustedes semestralmente a lo largo de seis Encuentros de Colombia Compite. Ustedes han trabajado de la mano con el Gobierno e interactuado permanentemente durante estos tres años y medio con la ex-ministra y actual embajadora Marta Lucía Ramírez y la ministra Ángela María Orozco, quienes han sido las más entusiastas promotoras de este espacio de concertación de políticas.

Éste es el sexto y último Encuentro de Colombia Compite durante mi Administración. Pero estoy seguro de que habrá un séptimo y otros tantos más. La Política de Productividad y Competitividad, enmarcada dentro del Plan Estratégico Exportador, se ha convertido, durante estos tres años, en una política de ustedes, porque fue creada con ustedes. Además, ha recibido el apoyo de todos los candidatos presidenciales. Creo que no puede existir un balance más positivo que esta vocación de futuro de estos Encuentros y de la Política que representan.

Su presencia, señores empresarios y académicos, durante estos seis encuentros tiene un significado muy profundo y trascendental. Hemos comenzado a asistir a un proceso que nuestro país no había conocido antes y que, sin duda, debe desarrollarse en otras áreas complementarias a la competitividad. Hemos creado entre todos una verdadera política de Estado de largo plazo, orientada al fortalecimiento de la competitividad de nuestro aparato productivo, al desarrollo de la innovación, el valor agregado y las exportaciones, y orientada hacia el desarrollo productivo de nuestras regiones.

Ustedes están hoy aquí porque son conscientes de que el futuro de sus empresas en el escenario internacional y el éxito de las negociaciones internacionales no es un problema del Gobierno, sino un asunto de todos. Que sólo con su compromiso y participación activa en el desarrollo de esta política de Estado será posible una inserción exitosa de las empresas colombianas en los mercados mundiales a través del proceso de globalización.

En nuestro primer encuentro de Colombia Compite, compartí con ustedes mi visión de una Colombia en paz, próspera, desarrollada y liderando una revolución productiva y tecnológica en nuestro hemisferio. Esa visión no ha cambiado. Por el contrario, cada día es más nítida, porque cómo no creer en un futuro próspero si contamos con un país en el que, a pesar de nuestras grandes dificultades, logramos resultados tan importantes como sobresalir en la gestión exportadora, reactivar la economía y preservar la estabilidad macroeconómica en medio de un clima internacional adverso.

Ya la embajadora Marta Lucía Ramírez ha señalado en su intervención los retos para la productividad empresarial en el largo plazo. Sin embargo, yo me atrevería a afirmar que no existe un plazo muy largo para hacer la tarea que nos corresponde en materia de productividad.

La razón es muy sencilla: El ALCA, señores empresarios, ¡se nos vino encima! Y estoy hablando de palabras mayores, porque la diferencia para nuestra economía entre una apertura a un mundo globalizado y la entrada en vigencia del ALCA no es mucha. Al fin y al cabo, más de un 75 por ciento de nuestro comercio es con los países que conformarán el ALCA.

Siendo así, hablar de ALCA es equivalente a hablar de globalización de nuestro comercio y nuestra economía. La trascendencia del ALCA en nuestro desarrollo económico es de una magnitud tal que amerita ser el tema central de cierre de los Encuentros de Colombia Compite durante esta administración.

El Gobierno lo ha entendido así desde un comienzo y por eso ha puesto un empeño muy grande en involucrar al sector privado y académico en el equipo negociador. Introducir a Colombia en el ALCA no es una labor del Gobierno. Es una labor de Estado en la que el sector privado debe estar presente en forma particularmente activa.

Creo que el éxito de nuestra inserción en el ALCA depende de cuatro factores cruciales, que debemos tener en cuenta y cuidar más que nada, a saber: una adecuada estrategia de negociación, un entorno macroeconómico estable, una política social activa y el fortalecimiento de la competitividad de las empresas.

En primer lugar, la estrategia de negociación del ALCA por nuestra parte deberá enfocarse al mantenimiento de los beneficios que hemos logrado en el marco de nuestros acuerdos con países de la región. Particularmente, estamos buscando la preservación y profundización del comercio intrarregional de la Comunidad Andina, mantener los beneficios que hemos logrado en la Organización Mundial de Comercio para países en desarrollo e implementar en el Acuerdo el trato especial y diferenciado para que las naciones menos desarrolladas logren ingresar al mismo en forma más equitativa.

Un segundo factor clave para nuestra inserción exitosa en el ALCA es mantener un ambiente de estabilidad macroeconómica que aliente la inversión privada dirigida a mejorar la competitividad.

Esto deberá ser complementado con un tercer factor: una política social activa que redistribuya los beneficios de la integración. Estoy convencido de que la sostenibilidad política del proceso de integración al ALCA sólo será posible si los beneficios de la integración son redistribuidos equitativamente, en un entorno de justicia social.

El cuarto y último factor, y quizás el más importante, es una transformación microeconómica de las empresas que logre la competitividad necesaria para que se desempeñen con éxito en el mundo globalizado, un tema que ha ocupado particularmente la atención de los encuentros de Colombia Compite.

La batalla de los mercados se gana en el terreno microeconómico, a través de la inversión, la innovación, la diferenciación, y todos esos otros factores que abarca la competitividad.

Por supuesto, los gobiernos tenemos una inmensa responsabilidad, que es la de procurar un entorno macroeconómico propicio para que la iniciativa y el esfuerzo empresarial puedan prosperar. En este campo, el Gobierno y las autoridades económicas juegan un papel fundamental, que creemos haber desempeñado de la mejor forma posible en los últimos años.

Una inflación de un dígito por tres años consecutivos, que ya va por debajo del 7%; unas tasas de interés razonables y una tasa de cambio estable aún en medio de los más difíciles y complejos escenarios nacionales o internacionales, además de un déficit fiscal cada vez más controlado, son importantes logros que dejamos al país como el resultado de una política económica responsable y no populista.

Pero no es sólo el Gobierno el que determina el manejo macroeconómico. También el sector empresarial incide de manera importante a través de las expectativas y de la inversión. Es fundamental que los empresarios y académicos de Colombia sean verdaderamente conscientes de que las expectativas sobre el futuro y la seguridad de nuestro país también dependen del comportamiento del sector privado y de nuestra conducta como ciudadanos.

Veamos un ejemplo reciente: Después del 20 de febrero, cuando las FARC, con sus actos terroristas, generaron la terminación del proceso de negociación que se venía adelantando con ellas, muchos analistas económicos han corrido a cambiar sus pronósticos, enrareciendo el ambiente con expectativas sobre un posible deterioro en la marcha de la economía.

Agoreros de desastres como ellos me llevan a hacer un llamado de atención en este escenario empresarial donde debe predominar el valor civil y el amor a Colombia: Nuestro deber como Gobierno y el de ustedes como empresarios es el de no cambiar el rumbo. Nuestro deber es continuar la marcha, superando los escollos de los violentos, y seguir creando riqueza, como lo hemos venido haciendo durante estos últimos años.

El Gobierno no está dispuesto a tirar por la borda los logros en materia de estabilización macroeconómica. El haber puesto la economía colombiana en un sendero de estabilidad y reactivación, como el que hoy transitamos, ha significado grandes sacrificios para todos los colombianos, y ese esfuerzo no puede ser desperdiciado. Por eso hoy quiero garantizarles que las medidas y criterios que han hecho posible la actual estabilidad de nuestra economía seguirán siendo el norte de nuestras acciones, para entregar este legado de responsabilidad al país.

Se ha hablado de que vamos a entrar en una economía de guerra, donde los recursos que hoy se destinan a la inversión social serán destinados a afrontar el conflicto que nos imponen los terroristas. Esto no es así. Vamos a apoyar, ¡tenemos que apoyar!, la labor de la Fuerza Pública, pero sin afectar el curso de la economía ni los recursos destinados al bienestar de los colombianos.

Ustedes lo saben: No hay Gobierno que haya hecho más por las Fuerzas Armadas, por su fortalecimiento, profesionalización y modernización, que éste. Hemos pasado de un pie de fuerza de menos de 80 mil hombres en 1998 a uno cercano a los 140 mil hombres. Es más: hemos incrementado en un 150% el número de soldados profesionales. Además, cuadruplicamos el número de helicópteros artillados y más que duplicamos el número de helicópteros de transporte. Pusimos en funcionamiento la Fuerza de Despliegue Rápido, las Brigadas Móviles, la Brigada contra el Narcotráfico, la Central de Inteligencia Conjunta y la Brigada Fluvial de Infantería de Marina. En suma. hemos dotado de herramientas y de recursos a nuestras Fuerzas Armadas para que puedan contener las agresiones de los violentos.

Y digo más: desde el primer día de mi mandato di instrucciones claras y expresas a los comandantes de actuar con contundencia contra los enemigos de la patria en todo el territorio nacional, a la ofensiva y sin descanso. Mientras duró la Zona de Distensión no podían obrar en dicha Zona, pero siempre han podido hacerlo -y ha sido su obligación hacerlo- en todo el resto de la geografía colombiana, y hoy de nuevo en la antigua Zona de Distensión. ¡Que no quepa duda! La labor de la Fuerza Pública ha sido impulsada y seguirá siendo impulsada con toda la decisión por mi Gobierno.

Es claro que -a pesar de todo lo hecho- la nueva situación planteada por el rompimiento del proceso de paz y la arremetida terrorista que sufren los colombianos, nos obliga a destinar aún más recursos a la seguridad del país. Por ello, inicialmente, en forma inmediata, vamos a destinar 250 mil millones de pesos. Debo aclarar que estos dineros saldrán del presupuesto nacional sin necesidad de más impuestos, pues recortaremos el gasto y apretaremos el cinturón en otras áreas de la economía, eso sí – y en esto soy enfático- distintas a las de inversión social.

Adicionalmente, se aumentará en 10.000 el número de soldados regulares. Para esto, se prorrogará en un máximo de hasta cuatro meses el período de servicio militar de los próximos cuatro contingentes. Así podremos incrementar en 10.000 hombres más el pie de fuerza entre julio de este año y noviembre de 2003.

No cabe duda, sin embargo, de que la defensa de la nación de la arremetida terrorista de los violentos requiere de más recursos, por lo cual son más que bienvenidas las donaciones de los colombianos que voluntariamente quieran apoyar con su aporte, pequeño o grande, el trabajo de sus Fuerzas Armadas. Para ello vamos a reglamentar el Estatuto Tributario, que establece la posibilidad de que se hagan donaciones al Fondo de Defensa Nacional, para que los particulares que quieran puedan aportar al mismo.

No se trata de un aporte obligatorio, ni tampoco es, como han dicho los medios, una contribución “para la guerra”, como si quisiéramos estimular la guerra. Todo lo contrario: es una contribución voluntaria para la paz, para la seguridad y, sobre todo, para la defensa de nuestro país y de nuestro pueblo de esos intolerantes que insisten en atacarnos. Es un acto de patriotismo, no de guerrerismo. ¡Cuántas naciones en la historia del mundo no han recibido los aportes generosos de sus ciudadanos para promover su defensa cuando se ven atacadas! Pues bien: ¡Colombia está siendo atacada por el terrorismo, y estamos en obligación, todos, de ayudar a defenderla!

Para eso, para defendernos, es que vamos a dotar mejor a nuestra Fuerza Pública. Esa es mi obligación como gobernante. Eso no significa, ni más faltaba, que haya dejado de creer en la solución política al conflicto armado que vive nuestro país. Yo sigo pensando que sólo por el diálogo se puede conseguir una paz cierta y duradera, sentada sobre bases firmes. A pesar de que las FARC decidieron romper el proceso de paz, no renunciaré nunca a mi convicción en la solución política. El fortalecimiento que he propiciado y seguiré impulsando en nuestra Fuerza Pública no significa que me haya vuelto guerrerista. Se trata, simplemente, de cumplir con el deber constitucional de proteger la vida, honra y bienes de los colombianos.

Apreciados amigos:

El mantenimiento de la estabilidad económica y la defensa del país son tareas que viene asumiendo el Gobierno. Pero él no es el único responsable. El país es de todos y la solución de sus problemas también es de todos. La responsabilidad, amigos empresarios, también radica en ustedes.

Hoy los invito a que respondan, de corazón, estas preguntas: ¿Es Colombia, la tierra de sus padres y la de sus hijos, el país donde quieren construir su vida? ¿Quieren prosperar y compartir su prosperidad en una nación justa, progresista y pacífica? Yo estoy seguro de que su respuesta es afirmativa. Entonces, ¿qué esperamos? Dejemos el pesimismo, la inercia, los temores, y obremos como un pueblo unido que se enfrenta con decisión a las dificultades.

Pensemos en la Inglaterra valiente de los tiempos de Churchill; en el pueblo de los Estados Unidos que superó una cruenta guerra civil, la gran recesión de los años 30 y que hoy afronta con coraje el más duro golpe terrorista de su historia; pensemos en la Europa que renació de sus cenizas después de la Segunda Guerra Mundial. ¡Nosotros no somos menos! También podemos y debemos crecernos ante las dificultades. Éste no es el momento cobarde para sacar las inversiones, abandonar el barco y mirar los toros desde la barrera. Éste es el momento decisivo para unirnos, para generar empleo, para hacer inversiones productivas y sociales, para seguir creyendo en Colombia, y para mostrar, de verdad, con hechos y no con palabras, que somos dignos del futuro que soñamos como nación.

El terrorismo busca romper los circuitos vitales de la economía y debilitar el ánimo y la confianza en el futuro de los ciudadanos y de los inversionistas, con el fin de derrumbar la producción y así conseguir concesiones para sus demandas. Por eso mal servicio haríamos a nuestra Patria, a nuestro futuro y el de nuestros hijos, si sucumbimos a sus objetivos y nos dejamos amedrentar, contribuyendo a propagar el miedo y la parálisis que nos quieren infundir. ¡Todo lo contrario! ¡Tenemos que movernos más que nunca, tenemos que obrar, tenemos que producir!

La mejor arma en la lucha contra el terrorismo es mantener el rumbo, seguir adelante con nuestros planes. Nuestro puesto de batalla es el mismo desde donde hemos estado contribuyendo al crecimiento de Colombia. No hay que hacer caso del llamado de los fatalistas que predicen una debacle de la economía colombiana como resultado del rompimiento de los diálogos de paz con las FARC. Ellos son el eco que buscan los terroristas, un eco que debemos minimizar con la voz fuerte y decidida de millones de colombianos de bien que queremos seguir trabajando ¡y vamos a seguir trabajando por Colombia!

Los grupos terroristas saben que no pueden vencer a más de 40 millones de colombianos y, si no lo saben, ¡vamos a encargarnos de que se enteren de ello!

Apreciados amigos:

Ayer mismo, ante los Gobernadores de Colombia, esbocé la reforma política que voy a volver a presentar al país para mejorar y hacer más transparente nuestra democracia y luchar contra la corrupción.

Hoy prácticamente todos los colombianos, comenzando por los mismos candidatos y los recién elegidos congresistas, dicen estar de acuerdo con la urgencia de realizar esta reforma. Por eso me ha sorprendido que muchas personas hayan salido ya a ponerle trabas a esta propuesta, a descalificarla o a criticarla, no por su fondo, sino simplemente porque la hace un Presidente en el último semestre de su mandato.

Pues bien, si algo tengo claro es esto: A mí me eligieron para gobernar hasta el 7 de agosto de 2002 y esa es una obligación que cumpliré hasta el último minuto. Por eso presento la reforma política, que ha sido mi bandera y que he presentado con responsabilidad al país en otras tres oportunidades, porque creo que se debe comenzar a discutir el tema y avanzar en su trámite legislativo, para no perder estos casi cinco meses que faltan para el inicio del próximo Gobierno.

Que me pidan lo que quieran, ¡menos que no gobierne!, porque ese es mi deber constitucional y ante mis compatriotas. Por eso no sólo presentaré una reforma política, sino también el estatuto antiterrorista y la ley que aprueba el Estatuto de Roma para la creación de la Corte Penal Internacional, entre otras iniciativas. Por supuesto, no veré como gobernante el final del trámite de la reforma, pero sí puedo cumplirle al país avanzando en los primeros debates legislativos, para que no perdamos ni un minuto en este camino en el que todos dicen estar de acuerdo, pero que algunos criticaron apenas comenzamos a transitarlo.

Si tienen críticas sobre las propuestas de fondo, sobre los temas que proponemos reformar, que las digan ya o que las expongan ante el Congreso. Pero no podemos quedarnos en las críticas sobre la forma, sobre la parte operativa, sobre la oportunidad de la reforma, porque eso no es más que otra excusa de los políticos de siempre, los que la han frustrado antes, para torpedear su propio cambio.

Yo les pregunto a esos críticos:

¿Están de acuerdo con disminuir el tamaño del Congreso y de los Concejos municipales?
¿Están de acuerdo con suprimir las asambleas departamentales, y las contralorías departamentales y municipales?
¿Están de acuerdo con que los concejales no tengan remuneración?
¿Están de acuerdo con la “muerte política” para los condenados por corrupción o por tráfico de estupefacientes o sancionados con pérdida de investidura?
¿Están de acuerdo en hacer más estricto el régimen de pérdida de investidura de los miembros de corporaciones públicas y en extenderlo a alcaldes y gobernadores?
¿Están de acuerdo con que cada partido sólo presente una lista única y se organice en forma democrática?
¿Están de acuerdo con la financiación estatal de las campañas?
¿Están de acuerdo con darle valor práctico al voto en blanco y en la posibilidad de implantar el voto obligatorio?
¿Están de acuerdo con que los funcionarios elegidos por un periodo lo cumplan y no usen su cargo como trampolín para otras posiciones?
¿Están de acuerdo con la prohibición a los congresistas de administrar dineros del Congreso, para que se dediquen a legislar?
¿Están de acuerdo con acabar las suplencias, los privilegios salariales, pensionales y prestacionales de los congresistas?
¿Están de acuerdo en que los órganos de control sean ocupados por personas de partidos distintos a los del Presidente?
¿Están de acuerdo en despolitizar la elección de magistrados y altos cargos de control?

Si están de acuerdo, ¡sigamos adelante! Si no están de acuerdo ¡debatamos el tema en el Congreso, que es su foro natural! Pero no inventemos excusas de falta de tiempo para darle más largas a este anhelo nacional. La reforma no se requiere ahora: ¡La reforma se requería desde hace varios años! Por lo tanto, no hay tiempo que perder.

Apreciados amigos:

Hoy quiero hacer, en mi propio nombre y en nombre de Colombia, un homenaje de gratitud a una mujer que se comprometió con alma y vida con el desarrollo de la competitividad y de la productividad de las empresas colombianas, a una mujer que le puso nervio y corazón a las exportaciones nacionales y que consagró sus días, su talento y sus mayores esfuerzos a que la política de comercio exterior que hemos adelantado desde el Gobierno no se quede tan sólo en este periodo sino que trascienda y se convierta en una política de Estado, con una proyección mínima de 10 años. Me refiero, por supuesto, a la doctora Marta Lucía Ramírez.

Usted, Marta Lucía, que me acompañó en el Gobierno desde el primer día de mi mandato, deja una estela de resultados y, sobre todo, de compromiso frente al tema del comercio exterior en nuestro país. Aquí están los empresarios, con quien usted diseñó y puso en práctica el exitoso Plan Estratégico Exportador. Ellos, como yo, le rendimos admiración por su trabajo y le decimos en este foro, en este encuentro de Colombia Compite que usted luchó y trabajó como ninguna: Gracias, ¡muchas gracias!

Señores empresarios de Colombia:

El Gobierno viene adelantando todas las acciones necesarias en los diversos frentes con el fin de afrontar con éxito el nuevo escenario sin que tengamos, por ello, que alterar el rumbo de una economía que el año pasado -a pesar de las dificultades y la violencia- creció el triple que el promedio de las economías latinoamericanas.

Este nuevo Encuentro de Santa Marta es la mejor prueba de que el Gobierno está haciendo todo lo necesario para que el país no distraiga su atención de sus retos de mediano y largo plazo. Yo los invito a que sigamos mirando juntos hacia donde queremos llegar, como lo hemos hecho durante estos últimos años en el desarrollo de estos seis encuentros en que hemos aunado nuestros esfuerzos por la mayor competitividad y productividad de nuestras empresas y de nuestro país.

Si caminamos unidos, con coraje y vocación de patria, hacia el mismo objetivo, ¡seremos invencibles!

Muchas gracias

Lugar y Fecha

Santa Marta, Colombia
15 de marzo de 2002