“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay hombres que luchan un año y son mejores. Pero hay los que luchan toda la vida. ¡Esos son los imprescindibles!”.

Hoy pienso, al citar este pensamiento de Bertolt Brecht, que nos encontramos ante dos hombres imprescindibles, de esos que dejan huella y marcan una época en la vida de sus semejantes.

El que conozca su historia de pioneros y de éxito sabrá que cuando miran el horizonte no ven únicamente la porción del camino que les queda al frente, sino que están pensando ya en la meta lejana pero posible a la que van a llegar. Sabrán que no se contentaron con luchar un día o un año o muchos años, sino que decidieron hacerlo, por convicción, durante toda la vida.

Joaquín Eduardo y Julio Ernesto Urrea Urrea forman parte de esa legión de paisas “echaos pa’lante” que han ayudado a construir, con sus manos y su trabajo, la Colombia positiva, la Colombia productiva, la Colombia exportadora que hoy tenemos.

Nacidos ambos en Guatapé, el terruño primigenio de su familia, cuando apenas habían pasado por los 20 años se radicaron con sus padres y sus hermanos en Armenia y se dedicaron, con entusiasmo, a forjar y acrecentar el negocio familiar de venta de ropa de trabajo en los pueblos del Eje Cafetero. Luego abrieron los almacenes “El Volga” donde agregaron a su mercancías las telas y las prendas de ropa interior.

Y entonces llegó la idea. Don Joaquín pensó: “¿Para qué vender ropa hecha por otros, si podemos confeccionarla nosotros mismos?”. Y así fue: Con dos modistas y una máquina de coser Singer, que costó 150 pesos, se inició una empresa que se ha vuelto símbolo de la calidad de las prendas colombianas en todo el mundo: Leonisa.

Don Joaquín, con gran espíritu comercial, y Don Julio, con enorme visión industrial, han construido desde 1956 hasta hoy, en casi medio siglo de trabajo, una empresa y una marca que son reconocidas por una sola palabra: calidad.

Además, se convirtieron en los principales pioneros de las exportaciones de confecciones en el país, cuando los empresarios colombianos apenas pensaban en surtir el mercado doméstico. Fue así como, desde muy temprano, iniciaron exportaciones a Panamá y luego, en una difícil y arriesgada aventura comercial, llegaron a todo el mercado centroamericano.

No fue fácil. Tuvieron que emplearse a fondo y poner a prueba todo su empuje paisa para llegar a las tierras que transitó, con su poesía a cuestas, Porfirio Barba Jacob. Pero lo lograron. Tal era la fe en la calidad de sus productos que llegaron a proponerle a un comerciante centroamericano: “Denos 6 meses para colocar en sus negocios la mercancía de Leonisa y si, después de ese tiempo, concluye que ha perdido dinero, responderemos por la pérdida y contrataremos camiones para tirar al mar la mercancía que no fue vendida”.

Ante semejante propuesta, el comerciante accedió y así fue como Leonisa, de la mano de sus fundadores, se quedó en el mercado centroamericano e incluso creó, hace 35 años, la filial “Leonisa de Centroamérica” con sede en San José de Costa Rica.

Hoy por hoy, Leonisa -que ya ha configurado una integración vertical, pues produce textiles, confecciones y comercializa- tiene presencia exportadora en 18 países, a lo largo de América y España, y es una marca reconocida y con prestigio internacional.

¿Quién lo hubiera imaginado viendo los almacenes “El Volga” en Armenia o los negocios andariegos de ropa por Circasia, Montenegro y Salento? ¿Qué hace la diferencia para que una empresa tenga este éxito y se convierta en una gran generadora de progreso y de empleo para el país? Sin duda la calidad, no sólo de sus productos, sino también de sus fundadores y principales directivos: Don Joaquín y Don Julio Urrea Urrea.

Cualquiera que los conozca y que goce -como yo he tenido el privilegio- de su amistad puede dar fe de dos personalidades fuertes y complementarias que han forjado, más que una empresa, una forma de vida.

Don Joaquín, con su nobleza, su espíritu emprendedor, su optimismo constante, su capacidad de innovación y su apertura a las nuevas ideas. Don Julio, con su persistencia, su fe en los demás, su fortaleza y su creatividad. Ambos hombres de familia excepcionales, antioqueños amantes de su tierra, luchadores incansables y personas de inmensa sensibilidad social, merecen, sin duda, el justo reconocimiento de su patria.

Porque no les bastó con hacer de su empresa un ejemplo para Colombia y el mundo. También han querido que otros, sus trabajadores y la gente humilde de Colombia, tengan, como ellos, la oportunidad de forjar su destino con sus propias manos.

Por eso, primero descentralizaron su organización llevándola a áreas rurales, para que personas de Marinilla y El Santuario, a través de sus propias cooperativas y con capital aportado por Leonisa, pudieran participar con éxito en el proceso productivo.

Además, desde 1983 crearon “Actuar Famiempresas”, una entidad sin ánimo de lucro donde colombianos de bajos recursos han aprendido a formar sus propias empresas y a generar sus recursos sin depender de acciones paternalistas. Siguiendo la vieja máxima china, los Urrea no han entregado un pescado al hambriento, sino que le han enseñado a pescar para que nunca más tenga hambre.

Ya son más de 10 mil famiempresarios que generan más de 60 mil empleos en Antioquia, Caldas, Tolima, Quindío, Risaralda, Bolívar y Atlántico los que han encontrado el apoyo y formación en “Actuar Famiempresas”.

¡Qué alegría, don Joaquín y don Julio, saber que han podido ayudar a tantos colombianos a transitar esa senda de trabajo y esfuerzo que ustedes recorrieron y siguen recorriendo!

Hoy doña Nena y doña Elvia, sus 17 hijos y sus 36 nietos tienen en ustedes un inmenso motivo de orgullo y el mejor modelo de vida que podrían pedir. De hecho, Leonisa sigue creciendo con la participación activa de la familia Urrea representada no sólo en sus dos fundadores, sino también en cuatro de sus hijos e incluso un nieto que forman parte de su Junta Directiva. Por supuesto, hay que hacer un especial reconocimiento a la moderna dinámica empresarial que ha consolidado, desde la Presidencia de la Organización, el doctor Oscar Echeverri Restrepo.

Apreciados amigos:

“Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido” decía el poeta latino Virgilio, y así debe ser también con la Patria, que no puede ni debe olvidar a quienes le hacen el bien a sus hijos.

Por eso, como Presidente de la República y como amigo, me siento especialmente feliz y honrado al conferirles hoy a Joaquín Eduardo Urrea Urrea y a Julio Ernesto Urrea Urrea la Orden Nacional al Mérito en el grado de Gran Oficial.

Su trabajo por Colombia y por su buena imagen ante el mundo, su compromiso con los menos favorecidos, su aporte a la economía nacional, su ejemplo como hombres de familia y de empresa, como hombres de bien, son sobrados méritos para merecer esta distinción y este agradecimiento de su patria colombiana.

Ustedes han sido fieles a la primera declaración de las Creencias Leonisa que forman parte de su legado filosófico: “Creemos en un Ser Superior; en el respeto a todas las expresiones de vida, y en la persona regida por valores, comprometida con su permanente evolución”.

La empresa que han fundado, para fortuna de las mujeres del mundo y también, por qué no decirlo, de los hombres que las admiramos, ha sido también leal a su misión: Crear belleza íntima para la mujer latina.

Nunca olvidamos ni olvidaremos, queridos amigos, que “Leonisa sí es mujer”. Ese es un lema que rinde un homenaje sincero al género femenino, a las mujeres compañeras de camino que han sido privilegiadas por tantos años con la calidad de sus productos.

Ustedes, don Joaquín y don Julio, han puesto un punto muy alto en la industria textil y de confecciones en Colombia, y hoy reciben el sentido agradecimiento de su país.

Con ustedes puedo decir sin dudarlo, parafraseando al poeta Jorge Robledo Ortiz: Hay una Antioquia donde la esperanza mide su estatura en las raíces, una Antioquia en que la Cruz de Cristo llena el corazón de los humildes, ¡una raza de hombres que tienen el alma buena y la conciencia simple!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Medellín, Colombia

29 de mayo de 2002