Trotsky afirmó alguna vez lo siguiente: “Uno puede decir no estar interesado en la macroeconomía, pero uno no puede evitar que la macroeconomía se interese por uno”.

Muy pocos colombianos escapamos de esta sabia sentencia. Hace cuatro años la crisis del sistema hipotecario dejó a miles de familias a punto de perder su bien mas preciado: su vivienda, y el deterioro del sistema financiero estuvo al borde de convertirse en una crisis sistémica que, de haber ocurrido, habría obligado al cierre de los bancos, generando parálisis económica y la perdida de incalculables sumas de dinero por parte de los ahorradores e inversionistas. Y ni qué decir del flagelo del desempleo que desde 1996, particularmente, ha azotado a cientos de miles de colombianos.

Sin duda, la macroeconomía ha golpeado con furia nuestras puertas. Ante este llamado, se han sugerido tantos responsables que la lista daría para armar los personajes de una extensa novela. Igualmente, se han ofrecido las más variadas soluciones: desde revoluciones hasta pócimas mágicas que mejoran todo sin costo alguno. El debate, en algunas de sus facetas, ha tenido más de feria que de análisis.

Pero el oportunismo en el manejo de los debates no deja nunca nada bueno. Colombia es uno de los pocos países que tan sólo ha sufrido una crisis profunda en los últimos 70 años y, sin embargo, la sensación de desesperanza ha paralizado a quienes sucumbieron a las tesis de los agoreros del desastre.

Muchas de las medidas que nos correspondió tomar no han sido populares, pero también es cierto que los economistas nos han enseñado que no existen soluciones que no cuesten nada.

Por supuesto, nuestra realidad económica se vuelve más fácil de entender si antes se conocen bien los problemas, sus orígenes, sus posibles soluciones y las restricciones existentes al momento de tratar de solucionarlos. Para nuestro deleite, muchos de esos antecedentes y análisis están consignados en el libro que hoy presentamos. La historia del UPAC y su transición a la UVR; la evolución reciente del ahorro y la inversión; una explicación de la recesión del fin de siglo; el análisis del problema pensional; reflexiones sobre el conflicto armado, sus costos, su capacidad para destruir riqueza; la importancia del desarrollo institucional, etc., son parte de lo que el lector encontrará.

Juan Carlos Echeverry deja testimonio aquí de su aporte y su análisis en varios procesos complejos de toma de decisiones que conoció o de los que formó parte, y cuyos resultados han incidido en la vida nacional y en la de todos y cada uno de los colombianos. Si algo salta a la vista es la multiplicidad de fuerzas, negociaciones y acuerdos que transforman un diagnóstico en una realidad. Ésta es sin duda la ventaja de un sistema no totalitario, de una sociedad sin una única verdad absoluta.

En dicho proceso de toma de decisiones, la pugna entre lo político y lo económico fue siempre protagonista. Pero, como todo buen enfrentamiento, nunca una fuerza buscó aplastar a la otra. Cada participante era consciente de la necesidad del contradictor, de la importancia del otro, del valor de entender los otros ángulos de los problemas y las otras formas de narrarlo. Por esto mi Gobierno buscó la colaboración de los mejores técnicos así como de avezados políticos. Entre el grupo de los primeros está, por supuesto, Juan Carlos Echeverry.

Juan Carlos ha colaborado en mi Gobierno desde sus inicios. Sus reflexiones, estudios, informes y trabajos han sido parte importante del proceso. Su trabajo, de origen particularmente técnico, ha sido un útil contraste para quienes tenemos experiencia en lo político. Sus fríos cálculos han puesto piso a las decisiones que tomamos pensando en el bienestar de todos los colombianos, sobre todo de los más pobres. Sin embargo, cuando las cifras eran demasiado frías, Juan Carlos ha aceptado la necesidad de buscar el ángulo menos doloroso y ha entendido la urgencia de hacer ciertos procesos más pausados, siempre y cuando esto ayudara a la sociedad a realizar los cambios que son necesarios.

Los ensayos que componen este libro son, ante todo, la libre opinión de un servidor publico que ha acompañado con sus luces un Gobierno que se la ha jugado por hacer una tarea económica responsable que ya está dando resultados. Son un aporte invaluable para entender el porqué de muchas de las medidas tomadas en los últimos tiempos.

La lección que, entre otras, nos deja este libro es que no podemos contentarnos con ver cómo se aleja el futuro por no haber enfrentado el pasado. Para que esto no ocurra, el valor que debe imperar en todas nuestras decisiones políticas y, por supuesto, económicas es el de la responsabilidad, porque sólo con responsabilidad, atendiendo las urgencias del presente sin descuidar las necesidades del mañana, podemos asegurar un futuro a la altura de nuestras posibilidades.

Por fortuna, de acuerdo con su juventud, sus realizaciones hasta la fecha y sus juiciosas y originales reflexiones plasmadas en este libro, en Colombia tendremos Juan Carlos Echeverry para rato, apostándole al valor de la responsabilidad económica y aportando, con su experiencia y su capacidad de análisis, los elementos que nos permitan descifrar “las claves del futuro”.

Para seguir con su metáfora futbolística, estoy seguro de que Juan Carlos, con su sabiduría para definir en el área, va a marcar muchos goles a favor de Colombia en el partido crucial que jugamos y seguiremos jugando en el campeonato por la copa del desarrollo con justicia social.

Él ha comprendido, sin duda, que, aunque parezca paradójico, la economía, más que una ciencia, es el arte de construir quimeras sobre las bases de la realidad.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
24 de abril de 2002