PLAN COLOMBIA: ESTRATEGIAS Y PROPUESTAS PARA EL EQUILIBRIO Y LA ALIANZA ENTRE LOS PAÍSES AFECTADOS POR EL NARCOTRÁFICO 2017-12-18T11:48:40+00:00

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Alocución radio televisada del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la presentación ante la comunidad internacional, del Plan Colombia.

Compatriotas:

Hoy quiero contarles que la próxima semana voy a estar en las ciudades de Washington y de Nueva York.

Allí tendré el grato privilegio de representar a nuestra patria, como gobernante y vocero de todos los colombianos, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde le contaré al mundo la dimensión del esfuerzo que estamos realizando todos: el pueblo colombiano, el gobierno y las instituciones, para lograr la recuperación de nuestra economía, la solución del conflicto armado, el fortalecimiento de nuestra democracia, la lucha contra el problema mundial de las drogas y el bienestar de todos ustedes.

Como una consecuencia favorable de la visita de Estado que realizamos el año pasado, en la que nuestra presencia hizo cambiar una imagen desfigurada por años de tensiones, en este viaje me reuniré nuevamente con el Presidente Bill Clinton.

Hoy Colombia es un tema de gran interés para los analistas y los medios de comunicación norteamericanos, aunque a menudo la infomación que la opinión internacional ve y oye es equivocada. Esa es una situación que ha superado ciertos límites. De ahí la importancia de que el gobierno de Colombia ponga en claro ante el mundo cuál es nuestra verdadera realidad.

Desde el inicio de mi mandato, el gobierno ha sido enfático en que las relaciones internacionales, con Estados Unidos y con el resto del mundo, deben encontrar muchos más puntos de interés común que la sola lucha contra el tráfico de drogas ilícitas.

Por eso, hemos avanzado con el gobierno del presidente Clinton en temas complementarios, como en los programas de Desarrollo Alternativo, que buscan ofrecer a los campesinos opciones legales y rentables para que abandonen los cultivos ilícitos. Hemos encontrado una colaboración eficaz para acudir a instancias financieras internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

Durante el último año hemos logrado que los Estados Unidos y la comunidad internacional entiendan que la lucha contra el problema mundial de las drogas debe ser más equilibrada y compartida. Que no se trata únicamente de la persecución de los delincuentes, la fumigación de cultivos y la destrucción de laboratorios, sino que abarca muchas más áreas.

El narcotráfico ha afectado negativamente la economía, la agricul- tura, las zonas rurales y el medio ambiente, y ha generado una violencia que ha puesto enjaque a nuestras instituciones de justicia. Pero quizás lo que más ha deteriorado nuestra sociedad ha sido la manera solapada en que la corrupción ha minado el fondo mismo de nuestros valores.

Desde hace un año impulsamos las estrategias que presentaremos a toda la comunidad mundial, las cuales recogen, desde nuestro punto de vista, el equilibrio y la alianza igualitaria que debe existir entre los diversos países afectados por el narcotráfico. Este conjunto de propuestas lo llamaremos Plan Colombia para la Paz, la Prosperidad y el Fortalecimiento del Estado.

Se trata de un plan que enfrenta el desafío de la arremetida del narcotráfico y sus perversos efectos, y que debe tener como resultado el fortalecimiento de nuestro Estado, como un requisito primordial para el logro de la paz y el progreso. y es que, además, para recibir la cooperación eso es lo primero que debemos hacer: darle fuerza a nuestra democracia.

Es un plan compuesto por cinco estrategias que toca temas funda- mentales del país como el proceso de paz, la reactivación de nuestra economía y la generación de empleo, la reestructuración de las fuerzas armadas, la lucha contra la delincuencia y contra la corrupción, el mejoramiento de la justicia, el aumento de la participación social, y la protección de los derechos humanos.

En todos estos puntos, y no sólo en el combate contra el narcotráfico, resulta fundamental la cooperación de las naciones amigas, dentro de un marco de respeto y equidad. Y esa solidaridad se hace posible gracias al cuidadoso programa de relaciones exteriores que diseñamos al iniciar mi gobierno.

Como primera estrategia, Colombia va a recalcar ante la comunidad internacional que requiere apoyo para fortalecer su economía y generar empleo, y para mejorar el acceso a los mercados de sus productos. Porque sólo incentivando la economía lícita es que pode- mos derrotar la economía ilícita. Es con generación de empleo y
justicia social como se hace verdaderamente efectiva la cooperación internacional.

La estabilización de la economía colombiana se ha ido gestando poco a poco. Hemos avanzado con seriedad y responsabilidad en el programa de ajuste fiscal. Los bancos internacionales así lo han reconocido. Nuestro prestigio, largamente labrado, ha sido, de igual forma, soporte decisivo para esta tarea. Por eso podemos salir al exterior con la frente en alto a demandar comprensión para nuestros planes de reactivación económica.

Nadie puede olvidar la Agenda de Justicia Social que le propusimos a los colombianos. Sé que corren tiempos difíciles para mis compatriotas. Siento sus preocupaciones. He visto la zozobra que produce el desempleo y la inseguridad sobre el futuro. Oigo sus voces angustiadas.

La generación de empleo y la atención a la población más vulnerable ofreciéndole salud, educación, nutrición y protección hacen parte de la estrategia económica del Plan Colombia. Así lo he ordenado de manera definitiva. Esperamos contar con 700 millones de dólares más para fortalecer lo que ya estamos haciendo con la Agenda de Justicia Social.

La segunda, es la estrategia de paz. Tengo claro que la paz es una solicitud permanente de los colombianos. También que el proceso de paz se adelanta dentro de las dificultades que veíamos y que ustedes ya conocen.

Sé que el proceso de paz requiere de tiempo, de paciencia y de mucha fe. Necesita también de la comprensión de la comunidad internacional. Tenemos que lograr que los países amigos aporten sus luces y sus propuestas a nuestra estrategia. Pero debo ser claro que esas expresiones de solidaridad se deben hacer dentro de las normas que la diplomacia ha diseñado para esos fines. El diálogo constructivo y el respeto mutuo son características insalvables de nuestra propuesta.

He dicho que el narcotráfico es el principal enemigo de la paz y debemos combatirlo con todo nuestro empeño. Esta es la tercera estrategia. No se trata de la guerra contra un cartel específico, que Colombia dio muchas veces sola, asumiendo los inmensos costos que ello representó. Se trata de una acción solidaria, profunda y definida en contra de los tentáculos financieros que se aprovechan de la eficacia tecnológica de bancos y corporaciones para sus oscuros intereses. Es una batalla decisiva en contra de la distribución aberrante de precursores químicos que sirven para producir drogas, contra el tráfico de armas que entran ilegalmente a nuestro suelo patrio y contra el contrabando que arruina nuestra economía y sus hogares. Se trata, en fin, de derrotar la perniciosa financiación de los grupos armados y de ejércitos privados que se lucran de los odiosos beneficios del narcotráfico.

Para ello debemos modernizar nuestras fuerzas militares. La responsabilidad constitucional de gobierno es tener un ejército moderno, complementado por una fuerza aérea y naval eficiente y ofensiva, condición indispensable para combatir el delito, preservar nuestra soberanía y nuestros recursos naturales y afianzar la democra- cia. La Policía Nacional es decisiva en esta estrategia. Su aporte ha sido definitivo en el pasado y lo seguirá siendo en los años venideros.

Con la cuarta estrategia se busca fortalecer la justicia. El ejercicio de la fuerza debe complementarse con una justicia eficaz y rápida. Debemos construir más cárceles para castigar a los delincuentes de forma que sientan que el crimen no paga. Fortalecer a los jueces de la república ofreciendo más acceso a la justicia a los que más la necesitan es un desafío que todos los colombianos debemos encarar.

Ampliar la participación ciudadana es la quinta estrategia. Paralelo al profundo fortalecimiento judicial que nos proponemos, debemos alcanzar niveles más altos de democracia local y comunitaria. Hay que ofrecerle alternativas a nuestras regiones campesinas dándoles tecnología y capital para que tengan nuevas posibilidades de pro- ducción y de mercado. Esas comunidades, como toda Colombia han expresado su rechazo radical a la violencia. Ya ha quedado claro que los colombianos no quieren formar parte del conflicto.

El Plan Colombia costará más de 7.500 millones de dólares, de los cuales Colombia aportará 4.000 millones y espera conseguir, en los próximos meses, con la solidaridad internacional los restantes 3.500 millones.

Colombia ha pagado un precio realmente desproporcionado e injusto, en vidas y recursos, por liderar la lucha contra la producción y el tráfico de drogas, cuando se trata de un problema mundial que requiere el concurso efectivo de la comunidad internacional. Por eso, podemos exigir con la frente en alto que el resto del mundo reconozca nuestros esfuerzos y se coloque a la altura de nuestro compromiso.

Estamos seguros de que, en la medida en que en el exterior se conozcan con mayor profundidad nuestros problemas y nuestras estrategias, obtendremos la cooperación efectiva de las naciones amigas y afianzaremos nuestra posición frente al mundo. Esa es la intención principal de mi visita a los Estados Unidos.

También quiero referirme con tristeza e indignación de colombiano al reciente hecho violento que ha segado la vida de un compatriota bueno, valiente y valioso, como lo era el doctor Jesús Antonio Bejarano.

Su muerte es un llamado más contra la indiferencia y la insensibilidad frente a la violencia. El, y tantos colombianos como él, académicos, estudiantes, políticos, campesinos, han sido víctimas del terrible cáncer de la intolerancia, que debemos extirpar de nuestros corazones.

¡Qué fácil es esconder un arma y disparar contra los hombres de paz! ¡Qué fácil y qué cobarde!

Colombianos:

No pararemos un segundo en nuestro empeño de labrar un mejor futuro para Colombia. Hoy, cuando los síntomas de recuperación económica comienzan a aflorar y está en marcha un proceso de paz, tenemos que alzarnos sobre las dificultades y alcanzar juntos la realización del sueño que queremos heredar a nuestros hijos.

Que Dios me bendiga. Que Dios los bendiga.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

17 de septiembre de 1999


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