Asisto a este Congreso Cafetero, máximo foro de reflexión y decisión gremial de los caficultores colombianos, para renovar con ustedes nuestra fe en Colombia, en nuestro futuro, y en el futuro de la caficultura nacional.

Quiero comenzar por felicitarlos. Este, señores delegados, es el evento gremial de más amplia representación democrática que se haya reunido jamás en Colombia, porque por primera vez ustedes fueron elegidos directamente por los cultivadores, con la más alta votación registrada en la historia del gremio cafetero.

Estamos en un momento crucial de nuestra historia. En un momento de cambio. Hemos normalizado nuestras relaciones internacionales, avanzamos rápidamente en un plan de recuperación y reactivación de nuestra economía y estamos dando pasos importantes hacia la reconciliación nacional y hacia la paz entre los colombianos. Todos estos acontecimientos marcarán para siempre el futuro de nuestra Patria.

Nos ha tocado también vivir una época de alta volatilidad y de turbulencia de la economía internacional. Las crisis asiática y rusa han tenido efectos importantes en la América Latina golpeando los precios de nuestros productos básicos y complicando el acceso de los llamados países emergentes a los mercados internacionales de capitales.

La alta volatilidad de los capitales castiga rápidamente a aquellos países que tienen desequilibrios económicos estructurales o que tienen sistemas financieros débiles o falta de supervisión bancaria. En contraposición, aquellos países con políticas adecuadas, con estabilidad macroeconómica y con instituciones fuertes han logrado derivar importantes beneficios del proceso de globalización de la economía mundial.

Por eso estamos empeñados en recuperar nuestra estabilidad macroeconómica, porque ese es el paso obligado para recuperar el empleo. Ese empleo seguro y estable al que legítimamente aspiran todos los colombianos. Colombia tiene un gran potencial de desarrollo y tengo la convicción de que una vez superemos esta difícil coyuntura vamos a despegar hacia altas tasas de crecimiento económico.

EL CAFÉ Y EL DESARROLLO DE COLOMBIA

“La participación de los cafeteros en la vida nacional tiene tal importancia, que prácticamente es posible escribir la historia económica del país y medir todos los ciclos de depresión o de buena fortuna de la Nación, por lo que en ese mismo tiempo se haya pagado por la libra de café en el exterior”.

Estas palabras son del presidente Alberto Lleras Camargo al instalar el Congreso Cafetero el 14 de octubre de 1958. Pienso que la afirmación de este ilustre estadista tiene plena validez durante el siglo XX. El café ha sido el principal producto de la economía colombiana durante este período y su contribución ha sido esencial para el crecimiento económico, la generación de empleo, la balanza de pagos y las finanzas públicas.

Sin embargo, el café ha sido mucho más. “Los cafeteros han constituido sin duda, una fuerza vigorosa de impulso en el proceso de nuestra nacionalidad.  Por la especial aptitud de la mayor parte de nuestros suelos para este cultivo, fue posible que alrededor del grano se articularan las diversas regiones de nuestro vasto y complejo territorio, en un verdadero mercado nacional. El cultivo del café ha servido para consolidar valores determinantes en la personalidad de nuestro pueblo, como son los de la disciplina, la laboriosidad y la humana solidaridad”.

Estas frases fueron pronunciadas por mi padre, el presidente Misael Pastrana Borrero, al instalar el vigésimo noveno Congreso Nacional de Cafeteros que se reunió en esta ciudad el 23 de noviembre de 1970.

Se podría argumentar que la economía colombiana se ha diversificado en forma muy significativa y que el café ha disminuido importancia en la vida nacional. Eso puede ser parcialmente cierto en términos de la contribución del grano a la balanza de pagos. No obstante cuando recordamos que más de tres millones de colombianos viven del café y que cerca de la mitad de los mil cincuenta municipios de nuestro país son cafeteros, comprendemos que el café está íntimamente unido a nuestra propia nacionalidad y claramente ligado a la estabilidad política, económica y social de nuestro país.

Desde 1927, cuando se creó la Federación Nacional de Cafeteros, Colombia ha exportado 484 millones de sacos del grano, que le han representado al país más de 132 mil millones de dólares. El café se ha vendido a dólares superiores a los de la competencia y se ha logrado consolidar una participación de alrededor del 15% del mercado mundial. Los programas de promoción en el exterior han sido muy exitosos y han permitido colocar nuestro café como un producto de alta calidad. Colombia es hoy el único país productor que ha podido establecer marcas de origen para el café tostado en el mercado internacional. El caficultor colombiano ha recibido el mejor precio y el más estable respecto al pagado por los demás países productores. Además se ha logrado un mejoramiento continuo de los indicadores económicos y sociales de las zonas cafeteras.

¿Cómo se ha logrado todo esto? Me parece que la respuesta es clara. Este balance tan positivo es resultado de la fortaleza y la estabilidad de las instituciones cafeteras colombianas.

INSTITUCIONALIDAD CAFETERA Y DESARROLLO ECONÓMICO

Los principales tratadistas del desarrollo económico reconocen que las instituciones, entendidas éstas como las reglas de juego de una sociedad, son determinantes fundamentales del crecimiento de los países ya que definen la estructura de incentivos en que operan los agentes económicos. El profesor Douglas North, Premio Nobel de Economía, quien visitó a Bogotá recientemente para recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de Los Andes, comentaba que las instituciones eficientes son aquellas que han demostrado tener capacidad adaptativa. En el caso de la antigua Unión Soviética, decía este ilustre profesor, las políticas y las organizaciones no tenían suficiente flexibilidad y no se ajustaban al cambio de las circunstancias. El resultado es que ese tipo de instituciones, de baja capacidad adaptativa, llevaron a niveles intolerables de ineficiencia y luego al colapso económico de un gran imperio.

En el caso de las instituciones cafeteras colombianas, ellas se han venido adaptando a las más diversas circunstancias y han logrado sobrevivir en épocas de bonanza y de crisis. Pero el mundo no deja de cambiar. Por el contrario, cada día se acelera ese cambio. Adaptar los instrumentos de la política cafetera colombiana para hacerle frente a la globalización se constituye en un reto permanente.

De ahí que los países en desarrollo no pueden ni deben permitir el debilitamiento de las instituciones en la actual etapa de desarrollo del capitalismo global. Por el contrario, el nuevo escenario internacional exige un renovado vigor de nuestras instituciones para canalizar adecuadamente las nuevas oportunidades pero también para afrontar decididamente sus amenazas.

La liberación del mercado cafetero ha traído consigo una mayor volatilidad de las cotizaciones internacionales del grano y menores precios para los países productores. Han entrado al mercado nuevos países productores con costos más bajos. Brasil ha renovado su capacidad productiva reubicándola en zonas menos propensas a las heladas. Existe hoy una mayor concentración de la industria torrefactora internacional y han surgido
nuevos mercados potenciales con segmentos claramente diversificados en sus demandas.

En esta nueva coyuntura el sector cafetero requiere desplegar toda la fortaleza de su capital social representado en la estabilidad de sus instituciones, sus importantes redes regionales de organización y la confianza depositada en sus dirigentes. Tengo fe plena en el liderazgo de La Federación Nacional de Cafeteros para enfrentar este gran reto.

TENDENCIAS DEL MERCADO INTERNACIONAL

El café continúa siendo un producto básico de gran importancia para los 40 países de África, Asia y América Latina que lo producen y lo exportan. También continúa siendo una bebida apreciada por más de mil millones de consumidores ubicados en todos los países del planeta, que consumen café en forma habitual. Naturalmente que debemos continuar con las campañas iniciadas por la Organización Internacional del Café para conseguir nuevos consumidores en países como Rusia y China. Esto no implica desconocer mercados como el de los Estados Unidos que tienen todavía un importante potencial de crecimiento en términos de consumo per cápita.

El consumo mundial del café ha venido creciendo lentamente. Sin embargo, en el sector de los cafés de alta calidad se registra un mayor crecimiento. La explosión de nuevos establecimientos donde se venden cafés especiales en Estados Unidos y en Europa es una buena noticia. Colombia ya está participando activamente en estos mercados. Según estimativos de la Federación, el 45% del café utilizado en este segmento es de origen colombiano.

En el año cafetero 98-99 se podría presentar un pequeño excedente de la producción sobre el consumo dada la importante cosecha que está terminando de recoger el Brasil. Sin embargo, los estragos del huracán Mitch han afectado en forma muy significativa la cosecha de los países centroamericanos, y esto ha tenido como consecuencia que los cafés lavados de alta calidad no registran una disponibilidad exagerada. Quisiera enviar de nuevo a los gobiernos y a los caficultores de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y México nuestra voz de solidaridad y de sincero pesar por las tragedias que ha ocasionado el paso del huracán Mitch. La Primera Dama de la Nación ya se hizo presente en Centroamérica y Colombia está tratando de enviar más ayudas de distintos tipos de acuerdo a nuestras posibilidades.

En cuanto a la cooperación internacional, me gustaría decir que los países productores y consumidores deben fortalecer entidades como la Organización Internacional del Café. El Acuerdo actual expira en septiembre de1999 y es importante mantener esta entidad como un foro de alto nivel encaminado a aumentar la transparencia del mercado, a producir series de estadísticas confiables, a preparar estudios sobre las grandes tendencias de la economía cafetera mundial y proponer estrategias para manejar temas como la conservación de los recursos naturales y el control de plagas y enfermedades. Así mismo, es fundamental darle mayor participación al sector privado de los diversos países en las actividades de la organización como lo han propuesto en las reuniones de Londres, Brasil, Colombia y los demás países productores. Este es un tema que conversaré con los líderes de los principales países exportadores ya que es claro que para sacar adelante proyectos de envergadura internacional es necesario trabajar en equipo como lo hicimos tantas veces en el pasado.

AGENDA PARA LA CAFICULTURA DEL SIGLO XXI

Otro hecho que hace grande este Congreso es la presentación ante el país de la Agenda para la Caficultura del siglo XXI, en la cual los cafeteros establecen sus objetivos gremiales de cara al nuevo milenio y definen las estrategias que consideran más adecuadas para lograrlos. Los lineamientos presentados por el señor presidente del Congreso Cafetero nos permiten ver una notable convergencia entre el plan que se propone para el sector cafetero y el Plan Nacional de Desarrollo “Cambio para la paz” que mi Gobierno acaba de poner a consideración del país.

En efecto, las bases del Plan Nacional de Desarrollo plantean los ajustes institucionales y garantizan las condiciones del entorno que demanda el sector cafetero para la realización de sus aspiraciones. Al mismo tiempo, la agenda cafetera incorpora muchos de los principios y lineamientos que este documento señala para los sectores productivos. Esto nos confirma, una vez más, que el café sigue estando en la médula de los procesos sociales y económicos de nuestra sociedad.

Quiero, por lo tanto, destacar ante ustedes, de manera breve, y sin ánimo de ahorrarles la lectura de las bases del Cambio para la Paz, algunos elementos centrales de este Plan que, estoy seguro, contribuirán a enriquecer la agenda cafetera para el siglo XXI.

LOS OBJETIVOS DEL PLAN

El Plan Nacional de Desarrollo tiene como objetivo central colocar al país en una senda de crecimiento sostenible con cohesión social. Ello implica  actuar simultáneamente sobre los factores determinantes de la pobreza y de la violencia, como única forma de romper el círculo vicioso en que parece haber caído el país, donde la violencia obstaculiza el desarrollo, y la ausencia de éste impide alcanzar la paz.

Para el logro de la paz, nos proponemos construir un Estado viable y más participativo mediante una reforma política que profundice los espacios de la democracia y una reforma de la administración pública que la dote de mayor eficiencia y elimine los excesos y duplicidades.

Con el convencimiento de que la descentralización está efectivamente asociada con una mayor participación ciudadana y, por lo tanto, con un sistema político más incluyente y democrático, nos proponemos su profundización y consolidación.

Asumir el reto de un modelo de desarrollo bajo la óptica de la descentralización, le adjudica a las regiones un papel fundamental en el proceso, ya que sus diferencias pueden ser expresadas en términos de ventajas competitivas. Esta consideración es especialmente, importante en un país con la diversidad geográfica, étnica y cultural que caracteriza a Colombia.

Para el caso de la caficultura, la heterogeneidad regional constituye un gran potencial para adaptar tecnologías a condiciones locales, diversificar calidades de café en correspondencia con la segmentación de la demanda, promover esquemas asociativos en zonas de alto minifundio y, de manera más general, ajustar los patrones de producción de las fincas teniendo en cuenta el potencial de desarrollo de otros cultivos en la respectiva zona. Los departamentos cafeteros que ya cuentan con un plan estratégico para la competitividad, coinciden en identificar la caficultura como una de las actividades con mayor potencial de contribución al desarrollo regional.

Otra consideración que destaca el papel protagónico de las regiones en la construcción de una mejor sociedad, es su creciente participación en los ingresos corrientes de la Nación, en correspondencia con sus mayores responsabilidades en áreas básicas como la educación, la salud y la dotación de infraestructuras. El nivel regional se constituye entonces en el escenario por excelencia para impulsar la gestión, complementarla entre lo público y lo privado en la superación de las necesidades básicas aún no cubiertas para un amplio sector de la población, especialmente de las áreas rurales.

Con el fin de incrementar la productividad y la competitividad de las actividades económicas, de disminuir el desempleo estructural, y de superar los niveles de pobreza, el Plan establece la necesidad de fortalecer el capital humano y social del país. Para ello, la primera meta es alcanzar una total cobertura de la educación básica y de los servicios de salud, en condiciones de calidad y equidad territorial. Adicionalmente se promoverá la capacitación del recurso humano para adecuarlo a la demanda de los sectores productivos por mano de obra calificada.

El sector cafetero ha estado a la vanguardia en la inclusión de la educación en sus políticas y programas, pero así mismo es consciente de que se requieren  esfuerzos adicionales para superar la persistencia de los altos niveles de analfabetismo y la temprana deserción escolar que se registra especialmente en las áreas rurales cafeteras. El empleo, la competitividad de sus actividades productivas y la superación de la pobreza en sus regiones, depende en gran medida de alcanzar las metas de capital humano y, decohesión social que hemos señalado.

ESTRATEGIA DE CADENAS PRODUCTIVAS PARA EL SECTOR AGROPECUARIO

El Plan contempla, como uno de los componentes de la política agropecuaria, actuar sobre las cadenas productivas con un criterio de optimización, transparencia e imparcialidad con respecto a los intereses de los actores sociales que intervienen en sus distintas fases. Dada la escasez de recursos, los incentivos y las medidas se aplicarán en los campos que garanticen la más amplia cobertura de efectos, y el mayor impacto sobre la competitividad de toda la cadena. Para ello, se fortalecerán las instancias de coordinación y cooperación, tales como los acuerdos sectoriales de competitividad, mediante los cuales los miembros de toda la cadena, con el apoyo del Gobierno Nacional, identifican, concertadamente, las fortalezas y debilidades de la cadena, así como las oportunidades y amenazas de su entorno, diseñan una visión de futuro y acuerdan las estrategias y acciones más adecuadas para mejorar su competitividad internacional. Así, los incentivos a la inversión y a la capitalización, las políticas de fomento al desarrollo tecnológico, las políticas comerciales y de otro orden, son aplicadas teniendo en cuenta los requerimientos específicos de cada cadena productiva. El sector cafetero constituye una de las principales cadenas productivas de la economía nacional, por su amplísima base social, por las organizaciones que la conforman y por las instituciones que la gobiernan. La agenda cafetera que hoy nos han presentado contiene los principales elementos de un acuerdo sectorial de competitividad, con un gran contenido social, y por ello merecerá todo nuestro apoyo. Sus alcances serán seguramente enriquecidos con el concurso de la Comisión de Reestructuración Cafetera recientemente creada, la cual deberá escuchar atentamente los planteamientos de todos los integrantes de esta importante cadena.

Señoras y señores, amigos cafeteros:

La caficultura colombiana enfrenta grandes retos en este final de siglo; en el día de hoy me gustaría decirles que pueden contar con la plena colaboración de la rama ejecutiva del poder público para buscar respuestas adecuadas y para adaptar las instituciones y los instrumentos cafeteros a las nuevas circunstancias de la economía mundial. El contrato vigente de administración concertada del Fondo Nacional del Café es el marcoinstitucional vigente para los próximos años. Su desarrollo equilibrado será la guía que orientará mi Administración durante el presente cuatrienio.

Los cafeteros han entendido que para sobrevivir con éxito en el futuro, es preciso adoptar las estrategias necesarias que permitan reactivar y modernizar la agricultura dentro de esquemas de mayor productividad, eficiencia y competitividad. Por eso se está avanzando en un ambicioso programa de reestructuración que contempla importantes inversiones en el frente de la formación del capital humano y en aspectos esenciales como la investigación científica aplicada a los servicios de asistencia técnica.

Para apoyar este proceso, el compromiso del gobierno nacional con la actividad cafetera busca ante todo garantizar un entorno económico estable y competitivo.

La programación macroeconómica del presente cuatrienio, corregirá el rezago cambiario acumulado y los preocupantes  desequilibrios comercial y fiscal del país, para reorientar la economía nacional hacia una senda de crecimiento estable, sostenible, y sobre todo, creíble.

Desde el inicio de mi Administración tomamos medidas oportunas y de gran impacto. Recuperamos parte del camino perdido en materia de tasa de cambio real, variable esta que tanto daño ha causado a la caficultura durante los últimos años. La reforma tributaria ya está en marcha y decretamos el estado de emergencia económica para evitar que las actuales dificultades del sector financiero se conviertan en una verdadera catástrofe, en la cual, de darse, se hubieran visto afectados los ahorradores, los cuentahabientes, y la confianza pública en el sistema financiero y de pagos.

Lograr disminuir estructuralmente los niveles de inflación así como la tasa de interés a niveles compatibles con una senda de crecimiento sostenida, exige el drástico ajuste fiscal que hemos diseñado. Tengan la seguridad que la austeridad del gasto público prevista en inversión y funcionamiento, es del máximo rigor que se le puede exigir a un país en vías de desarrollo que padece aún de grandes deficiencias estructurales. El ajuste fiscal riguroso que estamos haciendo es lo que nos permitirá recuperar la tasa de cambio real de la economía, cosa fundamental para asegurar la viabilidad futura de la industria cafetera.

El sector privado, la industria cafetera y sus instituciones, pueden contar desde ya con un escenario de objetivos claros y con un entorno cambiario despejado hacia el futuro. En esta misma dirección, los recursos de los fondos parafiscales como el del café, habrán de ser cuidadosamente asignados a la consecución de su objetivo primordial, que en este caso es la defensa del ingreso cafetero y el apoyo a los programas directamente asociados con el alcance de una mayor productividad económica de la caficultura. Quiero destacar la responsable reprogramación presupuestal que para el presente año cafetero se ha realizado con el propósito de disminuir la contribución cafetera y por lo mismo permitir mayores niveles del precio interno del café. El principio de austeridad, así como los avances en la disminución de costos a todo lo largo de la cadena, deberán incorporarse como elementos permanentes en la administración del Fondo Nacional del Café.

El café es y seguirá siendo motivo de orgullo nacional. La capacidad de liderazgo de sus dirigentes y de trabajo disciplinado de sus productores es la mejor garantía para alcanzar el éxito de sus metas hacia el nuevo milenio.

Colombia requiere hoy más que nunca de su capacidad para mantener una ocupación pacífica y próspera de su territorio, que haga posible para las jóvenes generaciones un futuro en el que el esfuerzo y el trabajo honesto sean sinónimos de bienestar y crecimiento.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
1 de diciembre de 1998