Pastrana

POR: ALONSO SÁNCHEZ BAUTE

Con el alboroto causado por el procurador con la destitución del alcalde de Bogotá, pasó pronto al olvido el libro de Andrés Pastrana.

Al parecer el fiscal, que es samperista, supo con lo de Petro generar cortinas de humo que llevaron al olvido las Memorias olvidadas. Antes de eso, mucho se especuló sobre las razones que tuvo el expresidente no solo para su publicación sino además para hacerlo justo ahora, ad portas de elecciones, aunque la mayoría de comentarios se limitó al morbo alrededor de si Gaviria sabía o no de la existencia de los famosos narcocasetes y por qué, de saberlo, no los dio a conocer.

Leí el libro en vacaciones (junto con otros) y encontré un punto, aparentemente anodino, pasado por alto: la reunión citada por Samper a Pastrana en la residencia del entonces canciller Pardo, a la que asistió también el senador Jaime Ruiz, gran amigo de Pastrana. Muy resumidamente, en esa reunión Pastrana insiste en que la Comisión de Acusaciones no era el ente idóneo para investigar a Samper. En su lugar, este debía convocar  un tribunal con suficiente independencia y credibilidad ante la Nación.

¿Por qué llama la atención este punto? Este es un libro político y en política, como en literatura, ninguna escena es gratuita. Si la anécdota está allí –y Pastrana le dedica 10 páginas– es por algo. Si en lugar de unas memorias se tratara de una novela, estas páginas serían su plato fuerte, no porque se cuente letra menuda de interés político sino porque –para el capítulo de los narcocasetes– aparentemente desnuda el carácter de sus dos protagonistas.

De una parte, queda la idea de un Samper que cita a su mayor enemigo (a nadie extrañe: los políticos, como los reptiles, son animales de sangre fría. Por eso en ellos nadie se fía) buscando sacar provecho para emitir un comunicado conjunto sobre una falsa productividad del evento. Además de interesado y acorralado, queda dibujado como un chistosín muy cobarde.

Pastrana, en tanto, se autorretrata mucho mejor. Tan pronto se conoció la aparición de los casetes, fue presentado ante los medios como “un mal perdedor” y un “hijo de papi” irresponsable a quien no le importó llevarse por delante “la buena imagen del país”.

Si es cierto lo que narra –y los otros protagonistas no lo han desmentido-, la manera como enfrentó esa cita no solo lo muestra como una persona mucho más madura e inteligente que el entonces presidente de la Nación sino, además, excesivamente valiente –con agallas-, al saber ripostarle su verdad a su adversario: en términos literarios, esta escena no solo es la más significativa de todo el libro sino que podría englobar la razón de su publicación.

El otro punto importante tiene que ver, ahí sí, con las próximas elecciones: Pastrana nos recuerda que Serpa, cabeza de lista del partido al mando de Simón, habría mandado a matar a Santiago Medina: un maquiavélico de la peor calaña. En plena época de elecciones, es un dato a no pasar por alto, que a la vez muestra que su enemigo, antes que Gaviria, sigue siendo Ernesto Samper.

FUENTE: http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/pastrana-137990

Lugar y Fecha

Nueva York, Estados Unidos
22 de septiembre de 2009