Cuando el Cardenal Pedro Rubiano afirmó que le resultaba difícil creer que Ernesto Samper no había visto el elefante que se paseaba por la sala de su casa, expresó un sentimiento de indignación y vergüenza nacional.

Ernesto Samper se dispone a presidir Unasur con el respaldo del presidente de Colombia, quien hasta el día de hoy no se ha retractado públicamente de una sola de las acusaciones que en su momento hiciese contra Samper por la compra de las elecciones presidenciales de 1994 con dineros del Cartel de Cali.

El anuncio del nombramiento cocinado en las trastiendas diplomáticas por la canciller colombiana de la mano de su amigo Nicolás Maduro marca un nuevo hito en un gobierno que abandera la corrupción, abiertamente en unos casos y eufemísticamente –“mermelada”- en otros. Para este fin, el presidente Santos no puede haber encontrado mejor portavoz internacional que Ernesto Samper.

La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado comienza por la sanción social de sus miembros y asociados en el concierto delincuencial. El premio a Samper, quien además corrompió al Congreso para absolverse, es un mensaje errado del presidente Santos a los colombianos de bien y a la comunidad internacional que ha sido testigo del sacrificio de nuestra gente en esta sangrienta lucha.

Fecha

18 de julio del 2014