Colegas amigos del Grupo de Río:

Hoy vengo, con la nostalgia de saber que ésta es la última oportunidad en que participo en una Cumbre Presidencial del Grupo de Río, a expresarle a todos mis colegas del continente latinoamericano y del Caribe el urgente llamado de Colombia por la preservación de su democracia y de sus libertades frente a la feroz amenaza del terrorismo.

Ustedes lo saben: Colombia ha estado siempre en primera línea cuando se ha tratado de defender la democracia en las naciones de la región; Colombia ha hecho del principio de la responsabilidad compartida un principio universal aplicable a la lucha contra todos los flagelos que aquejan a la humanidad.

Hoy hablo ante ustedes por última vez para decirles, con la voz firme y alta, con la representación de más de 40 millones de colombianos, que la democracia colombiana está siendo atacada como nunca antes en su historia y que hoy, más que nunca, necesitamos de la solidaridad concreta de nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños.

Mi país le apostó con decisión, con convicción, con responsabilidad, a la posibilidad de lograr la paz con el principal grupo subversivo, las FARC, a través de la negociación política. Obramos con generosidad frente a este grupo, pero todos ustedes lo saben: su respuesta fue el terrorismo y el ataque indiscriminado contra la población civil.

Ofrecimos, con la mano tendida, la opción de la democracia y la participación política, y las FARC escogieron el camino del terrorismo, alentados por los grandes ingresos económicos que reciben del narcotráfico y del infame delito del secuestro.

Hoy este grupo, que perdió todo vestigio de lucha popular, junto con otros grupos armados al margen de la ley, han declarado una guerra sin cuartel contra los colombianos, sin distingos; contra nuestra democracia; contra nuestras instituciones republicanas y contra la vida y libertad de todo un pueblo.

La crueldad de sus atentados terroristas no tiene límites: El domingo pasado, en la ciudad de Villavicencio, explotaron un petardo y luego, cuando se aglomeró la gente para ayudar, explotaron un carro bomba, causando 12 muertos, la mayor parte de ellos niños y menores de edad.

El martes dejaron otro carro bomba, con un cadáver dentro, en una población cercana a Bogotá y causaron la muerte de dos miembros de la Policía Nacional.

Ese mismo día colocaron petardos en la avenida más céntrica y populosa de Bogotá, causando heridas a una niña y a su madre, y por poco estallan otro carro bomba en un sector de oficinas y residencias a pocas cuadras del Palacio Presidencial.

Ustedes saben que no pude llegar ayer, como lo tenía previsto, porque las FARC, en otro acto terrorista, secuestraron, mientras sesionaban, a 12 miembros de la Asamblea Departamental del departamento del Valle del Cauca, matando a un policía, y a dos funcionarios de una empresa periodística.

A esto se unen los cientos de secuestros que han asolado a la población colombiana, la voladura de puentes, de carreteras, de tramos del oleoducto, de torres de energía, el atentado contra acueductos y muchas otras formas nefastas de atacar, por todos los medios, al pueblo colombiano.

Como pueden ver, amigos Presidentes, no se trata de una facción popular luchando contra un gobierno opresivo, ni se trata mucho menos de una guerra total o de una guerra civil. Lo que estamos viviendo en Colombia es la guerra que nos han declarado unos pocos intolerantes, que no llegan al 0.01% de la población, contra los más de 40 millones de colombianos que queremos vivir y trabajar en paz.

Ésta es la situación que afronta Colombia, con valentía y coraje, y que es estimulada, como ya dije, por el dinero del negocio de las drogas ilícitas, un negocio que es un problema mundial y no sólo de mi país.

Por eso hoy quiero hacer un llamado expreso, enfático y directo a todos los países de América Latina y del Caribe, y, en ustedes, a todo el mundo: ¡Necesitamos su cooperación inmediata y concreta para luchar contra el terrorismo y consolidar la democracia en Colombia!

A pesar del fuego cruzado y la intimidación de los violentos, el pasado 10 de marzo más de 10 millones de colombianos salimos a las urnas en las elecciones parlamentarias y renovamos nuestra fe en la democracia y en los métodos pacíficos. Ahora necesitamos que nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños apoyen esta democracia que hemos preservado con tanto empeño.

La lucha contra el terrorismo es de todos, no sólo de aquellos países que, como Colombia, están sufriendo sus efectos. En el seno de las Naciones Unidas y en la Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA se han tomado medidas multilaterales contra el terrorismo y sus métodos de financiación que son de obligatorio cumplimiento para todos.

No es posible que en nuestra región se siga dando refugio o aceptando la presencia, así sea temporal, de los mismos que están empeñados en destruir a Colombia y a su pueblo.

No es posible que en nuestra región se sigan teniendo conductas laxas y permisivas con el lavado de activos, que es la forma mediante la cual se lavan los dineros del narcotráfico, del secuestro y de la extorsión, y se hacen rentables esos delitos.

No es posible que, a estas alturas, no nos demos cooperación efectiva, policial, militar o de inteligencia, en forma coordinada contra la delincuencia, como si no lucháramos todos contra un enemigo común.

No es posible que seamos permisivos con el comercio de insumos químicos o con el tráfico ilegal de armas o explosivos que se convierten en mensajeros de muerte para el pueblo colombiano.

Señores Presidentes: Colombia está siendo atacada.

Señores Presidentes: El pueblo colombiano, todo, está siendo atacado por grupos extremistas y terroristas, financiados por el dinero de las drogas ilícitas, y necesitamos, nos urge, la solidaridad internacional.

No es el momento de decir: ¡allá Colombia con su suerte! y cerrar las fronteras a nuestra población.

Todo lo contrario: Como siempre lo ha hecho Colombia con otros países, ahora lo estamos pidiendo con dignidad: Necesitamos solidaridad y apoyo concreto de su parte para ayudarnos en nuestra lucha contra el terrorismo y por la democracia.

Díganme que puedo volver a Colombia para decirle a mi gente, a mi pueblo que hoy sufre el impacto de las bombas, la muerte, el secuestro, la extorsión y la zozobra: ¡No estamos solos!

Díganme que puedo volver para decirles: América Latina y el Caribe nos están dando la mano, están con nosotros contra el terrorismo, están cooperando efectivamente contra el problema mundial de las drogas, y no son, ni serán nunca, refugio para aquellos que están masacrando al pueblo colombiano.

Les he hablado con el corazón porque lo hago frente a amigos. A muchos de ustedes los conozco desde hace ya varios años de cordiales encuentros, y hemos forjado algo más que una relación de protocolo, una relación de amistad.

Con ese derecho de la amistad les he hablado sinceramente. Porque Colombia está poniendo todo de sí por la paz, por la democracia y para luchar contra un problema que es mundial.

Yo sé que puedo contar con ustedes y que la respuesta será unánime y se concretará en hechos, no sólo en retórica: Colombia ha estado siempre con su región. ¡Ahora es el momento de que la región apoye a Colombia con valentía!

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

San José, Costa Rica
12 de abril de 2002