TRABAJAR POR EL EMPLEO DE LOS COLOMBIANOS, PRIORIDAD DE ESTE GOBIERNO 2017-12-18T11:48:22+00:00

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Intervención radiotelevisada del presidente Andrés Pastrana Arango

Compatriotas:

Hoy quiero quitarles un poco de su tiempo para hablarles de las reformas que tienen que ver con el empleo y con la vivienda. He oído las preocupaciones que tienen muchos de nuestros compatriotas frente a estos temas y comparto con ellos la angustia que muchos sienten por sus empleos y por su bienestar. Por eso quiero contarles algunas medidas que mi gobierno ha tomado sobre estas materias.

Siento un gran dolor por el desempleo que nos agobia. A todo padre y madre colombiano que tienen familias que mantener; a todos los jóvenes ansiosos por trabajar y que no encuentran una oportunidad para hacerla; a todos aquellos colombianos que, conscientes de sus capacidades no entienden por qué no pueden trabajar, quiero decirles que para ellos estamos trabajando sin descanso.

Y es que el desempleo es más que una estadística: el desempleo es la mirada angustiada de un niño que ve a su padre sin trabajo, el sufrimiento de una madre que no sabe cómo van a llevar pan a su mesa, es la pérdida de la autoestima, es, amigos, el dolor de una nación entera que merece mejor suerte. Por eso acabar con el desempleo, combatir esa terca raíz del pesimismo y la desesperanza es el mayor desafío de nuestro país. Trabajar por el empleo de los colombianos es la prioridad de mi gobierno.

Bajamos las tasas de interés a más de la mitad del nivel en que las encontramos, estamos invirtiendo más de 1.4 billones de pesos en la recuperación del eje cafetero, estamos invirtiendo en la construcción de acueductos y alcantarillados, construimos carreteras con el sistema de “Manos a la Obra” que significa contratar más gente, hemos capitalizado a los bancos y ayudado a sus deudores para que el crédito fluya nuevamente. Todas estas son medidas para generar más empleo.

En mi campaña me comprometí a rebajar impuestos a las empresas que creen nuevos empleos. Hoy, quienes generen nuevos puestos de trabajo ya pueden obtener hasta un 15% de rebaja en su impuesto de renta.

Preparar al país y darle las bases para el nuevo milenio, que ya se nos vino encima, es el gran propósito nacional que nos debe congregar. Por eso debo contarles que, en días pasados, convoqué a los trabajadores, a los economistas, a los empresarios, al Congreso, a los partidos y movimientos políticos y a varios ex ministros de hacienda para que en un proceso en el que todos aportemos ideas, encontremos fórmulas de acuerdo para ese nuevo país que asegure la reactivación económica y la generación de empleo. El esfuerzo para dar trabajo a los desempleados nos exige sobreponer diferencias y asegurar las reformas de fondo que nos garanticen derrotar el flagelo del desempleo.

Estoy seguro de que la mejor forma para defender el empleo consiste en participar en el diálogo, proponiendo alternativas y debatiendo, con ideas, las propuestas que se lleven a la mesa de concertación. Los invito a que, en forma conjunta, busquen fórmulas para darle empleo a los colombianos que no lo tienen. Ese es un verdadero ejercicio democrático, directo y participativo.

En ese mismo sentido, y así como esperamos propuestas de las diversas fuerzas sociales, mi gobierno ha presentado, entre otros temas, algunas propuestas para generar más fácilmente empleo. Al respecto quiero ser claro: Estas son un aporte a la discusión, que abren el debate en vez de cerrarlo.

Estas propuestas buscan remover los obstáculos a la generación de empleo para que, sin afectar los derechos a los trabajadores, pueda darse trabajo a los que están desempleados. Ellas, por ejemplo, bus- can facilitar la contratación de personal por horas, acumular los pagos de los festivos con las vacaciones y permitir que la jornada laboral pueda ser hasta las ocho de la noche para que más gente pueda trabajar.

También estamos proponiendo incentivar la contratación de personas discapacitadas, permitiendo rebajas en el pago de algunos tributos que hoy pagiln las empresas.

Debo ser enfático. El gobierno no ha propuesto acabar con las horas extras ni con los recargos nocturnos y mucho menos con el pago triple de los dominicales.

Pero en la Comisión Ampliada de Concertación, que mañana se reunirá nuevamente, no solamente vamos a trabajar en las propuestas laborales. Estaremos con las puertas y las ventanas abiertas para buscar consensos que permitan poner en práctica alternativas y soluciones para la recuperación económica, la recuperación de las finanzas públicas y la generación de empleo.

Sé que en el corto plazo será la reactivación de la economía la que sirva de acelerador para la generación de empleo, pero debemos asegurarnos que le quitamos el freno que hoy existe para que se contrate a más trabajadores.

Veo y siento que debemos seguir trabajando más por quienes hoy no tienen empleo. Por eso, la ayuda de ustedes es indispensable, pues la responsabilidad de generar empleo es de todos. Hacemos una invitación a todos aquellos que quieran hacer propuestas serias, a participar en la empresa de rescatar los puestos de trabajo de muchos colombianos. La Comisión se encargará de informar sobre el procedimiento que se debe utilizar para que las propuestas de ustedes lleguen a ella.

En el tema de la vivienda hemos logrado avances. Sé que todavía nos queda camino por recorrer, por eso no hemos descansado en esa labor.

Una consecuencia positiva de tener y mantener bajas tasas de interés, es que los alivios que diseñamos para muchos de los deudores de créditos de vivienda han funcionado. Gracias a las medidas tomadas dentro de la emergencia económica hemos protegido la vivienda de los colombianos ofreciéndoles alternativas financieras para las diferentes situaciones que pudieran enfrentar para defender sus hogares.

En coordinación con la Junta Directiva del Banco de la República, se adoptó una medida histórica al haber recuperado el espíritu original del sistema UPAC al atarlo nuevamente a la inflación. Recuperar ese espíritu había sido una de mis promesas de campaña y hoy puedo asegurar que en esta tarea hemos avanzado mucho.

Les quiero citar algunos resultados alentadores de las medidas de alivio para los deudores de UPAC. Unas 350.000 familias que se encontraban al día han visto como sus cuotas han disminuido. También, gracias a los 94 mil millones que dirigimos a ayudar a quienes se encontraban en mora, más de 70.000 hogares se han puesto al día en sus obligaciones. Esto quiere decir que casi dos millones de colombianos han asegurado la vivienda que veían perdida. Y que las corporaciones han podido recuperar 80 de cada 100 pesos de cartera vencida.

Sin embargo, como he oído que muchos compatriotas no creen todavía en estas medidas, le pedí a diferentes bancos y corporaciones que me dieran información más personal. Tengo en mi poder extractos que me entregaron, tomados al azar, en que se puede observar que los deudores de vivienda han recibido los alivios, producto de las medidas. Por ejemplo: un señor de Medellín, Joaquín Uribe pagaba en abril $271.403 con 93 centavos. Y en junio pagó $190.033 con 71 centavos.

Así se demuestra que las grandes cifras que anotamos arriba se han reflejado en que muchísimos colombianos, aunque tal vez no todos, tienen cuotas de UPAC más bajas.

Además, creamos un seguro de desempleo para los deudores de vivienda de interés social. Hacia delante, aquellos que pierdan el empleo pueden estar seguros de que no perderán su hogar. Los deudo- res de vivienda diferente a la de interés social han podido, a su vez, contratar a través de las corporaciones de ahorro y vivienda un seguro similar.

Quiero referirme, ahora, a otro tema: se trata del proyecto de presupuesto que hemos presentado a consideración del Congreso de Colombia y que hemos llamado el Presupuesto de la Verdad. Ustedes saben bien que el país no podía continuar endeudándose, gastando más de lo podíamos, porque al hacerla, arriesgamos la recuperación económica y la creación de empleo. Nadie, mucho menos un país, puede vivir eternamente gastando más de lo que tiene.

Si hubiésemos seguido así, pagando más de lo que podíamos, el gobierno hubiera tenido que salir a pedir prestada la plata que necesita para funcionar y se hubieran vuelto a subir las tasas de interés. Eso sucede porque la tasa de interés es el precio que se paga para que nos presten plata. Y si el gobierno pide mucha plata prestada, se sube su precio.

Acuérdense que, entre más baja esté la tasa de interés, es decir mientras el dinero tenga un precio más barato, es mejor para crear empleos, la prioridad de mi gobierno y de todos los colombianos.

Hemos podido tener esas tasas bajas porque nos apretamos el cinturón del gasto en el gobierno, pero hay que seguir con nuestra tarea. Cuando estos sacrificios no se hacen a tiempo llega el momento en que el Estado no tiene para pagarle cumplidamente a los trabajadores y a los jubilados, como ya ha ocurrido en otros países e inclusive en algunos de nuestros propios departamentos y municipios. Por eso el presupuesto, el plan en donde el gobierno dice cuánta plata va a tener y cuánta va a gastar, es realista. Es decir, que sólo vamos a gastar lo que realmente podemos. Pero eso sí, lo que gastemos lo vamos a usar, ante todo, en inversión social.

Precisamente, dentro de la reforma del Estado que se proponía para gastar menos, la oposición me pedía que botáramos a 120.000 empleados oficiales. Yo me negué asumiendo la responsabilidad política. Me negué porque es injusto con los funcionarios, pero por sobretodo, porque quería evitar una verdadera masacre social.

Pero, para sortear esos despidos masivos, era consciente de que los trabajadores y los funcionarios del gobierno tenían que hacer un esfuerzo aceptando las austeras circunstancias del presupuesto. Se trata, pues, de que todos hagamos un pequeño sacrificio para que el esfuerzo doloroso no recaiga sobre unos pocos y para que los que están empleados le ayuden a los que no tienen trabajo.

También hay que tener en cuenta que los trabajadores han recibido aumentos en los dos años pasados que están por encima de la inflación. En 1998, el salario mínimo subió 21% mientras la inflación fue del 17%. Mientras tanto, el año pasado subimos el salario mínimo el 18% y un 15% ponderado y la inflación a junio de este año está por debajo del 9%. Estos incrementos ofrecieron unos reajustes reales que significaron mejores ingresos para los trabajadores colombianos.

Nada es más atractivo para un gobernante que continuar ofreciendo aumentos similares, pero estoy convencido que si lo hacemos no podremos crear nuevos empleos. Sin embargo, los funcionarios públicos que ganan hasta dos salarios mínimos, que son casi el 40% del total, van a tener un aumento de salario del 9% para el año entrante.

Mientras tanto el Presidente, los ministros, los gerentes y los demás funcionarios del Estado deberán contribuir con una congelación de sus aumentos salariales. No se les va a subir el sueldo. Ese es el sacrificio que vamos a hacer desde el gobierno para ayudar a quienes no tienen empleo.

Un esfuerzo similar se hizo cuando Colombia, en 1984, vivía una situación de crisis. Las medidas tomadas funcionaron con gran éxito pues pronto vino la reactivación y los colombianos pudimos ver una mejora significativa de la economía en los años siguientes.

Ha sido este un año de prueba, de crisis pero también de oportunidades. Mi deber como Presidente ha sido y será el de hablar con franqueza. Enfrentar los hechos que describen nuestra situación no significa desesperar del futuro. Nuestro mayor activo debe ser la voluntad de encarar los problemas y los riesgos sin miedo y con grandeza.

Por último quiero darle una buena noticia a las madres comunitarias. Porque este gobierno cumple con sus compromisos, mañana sancionaré la ley con que se les otorgan los beneficios de salud y pensiones, es decir seguridad social en forma definitiva y permanente, a más de 81.000 madres comunitarias. Es este un justo reconocimiento a la abnegación y dedicación de estas mujeres que diariamente se ocupan del cuidado de más de un millón de niños y niñas de los sectores más humildes de nuestra sociedad.

Tengo razones para ser optimista. El camino que recorremos no es todavía fácil. Habrá, desde luego, más tropiezos antes de que cambie la marea. Pero si seguimos como vamos, si nos mantenemos en nuestra estrategia y además nos unimos alrededor de propósitos comunes, cambiaremos el curso de nuestro destino hacia un milenio de prosperidad, justicia social y paz.

Cuento para ello con la voz solidaria de mis compatriotas y con la ayuda del buen Dios de Colombia.

Que Dios me bendiga. Que Dios los bendiga.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
29 de julio de 1999