ENTREVISTA DE LA REVISTA SEMANA CON EL EX PRESIDENTE ANDRÉS PASTRANA

El Partido Conservador ha sido el protagonista de los mayores escándalos de corrupción recientes: Carimagua, Agro Ingreso Seguro, Notarias, Yidispolítica…. ¿Qué opina de esta coyuntura?

El Partido Conservador, al empeñar sus principios con Uribe a cambio de prebendas y saqueo clientelista, cambió siglo y medio de sello social y fiscalización moral por el estigma de la corrupción de Agro Ingreso Seguro.

Su renovación debe comenzar con un candidato comprometido a retomar las banderas de la moral y a saldar la deuda social de la Seguridad Democrática. Debe convencerse, además, de que la seguridad y la justicia social no son incompatibles. Al contrario, que son necesariamente complementarias.

Pero Fernando Araujo dijo que el Partido permitiría la entrada a sus listas de familiares de parapolíticos…

Puede haber excepciones, pero la única credencial que tienen estas personas es su relación con personajes seriamente cuestionados. No es descabellado presumir para dónde van estos sujetos y con ellos el Partido. El doctor Araujo haría bien en corregir de raíz semejante inmoralidad.

¿Es legítimo que una candidata como Noemí Sanín, de la coalición de gobierno, sea quien pide las garantías para las elecciones de 2010?

Es sorprendente que alguien tan cercano al Presidente sea quien señale el desequilibrio que implica un mandatario-candidato que pretende forzar su reelección, en contravía de la Constitución, con todo el presupuesto, los bienes y la maquinaria del Estado a su disposición.

¿Andrés Felipe Arias es renovación?

Cuando vino a mi oficina a visitarme en plan de pre candidato me planteó un apoyo a las realizaciones de mi gobierno, postura que cambió tras las revelaciones de Agro Ingreso Seguro. El escándalo indudablemente lo ha marcado y esto lo ha llevado a buscar un refugio monotemático en la oposición al Caguán creyendo que para 2010 puede repetir la campaña de 2002.

Su campaña se ha volcado hacia veteranos como Enrique Gómez Hurtado y Fernando Londoño Hoyos, aún cuando este último ya expresa serias reservas frente la conveniencia de una nueva reelección y el manejo internacional de lo que asegura son al menos dos mil víctimas de los mal llamados Falsos Positivos.

¿Quién, entonces, es la renovación?

Desde hace ya 160 años los conservadores tenemos como mandato rector en nuestro decálogo el seguir a los principios, no a los hombres, y a la legalidad sobre las vías de hecho. Paradójica y conservadoramente, ahí está la renovación.

¿Está apoyando la campaña de Noemí?

Noemí ha entendido el mensaje de los grandes líderes conservadores en cuanto a la necesidad esencial de un partido unido y con voluntad real de poder de cara a unas elecciones. La unidad, por supuesto, comienza por bajar las lanzas y sanar heridas.

En estos siete años y medio me he marginado de las decisiones de mi partido, expresando ocasionalmente y por escrito opiniones diametralmente opuestas a unas directivas cuestionadas con frecuencia tanto desde el ángulo judicial como el político. Por ahora me abstengo de dar apoyos, sin que ello me impida expresar coincidencias.

De Noemí me gusta ante todo su convicción de que puede llevar al Partido Conservador al poder con la dignidad y grandeza de un candidato nacional, no con el cálculo mezquino de una llanta de repuesto del régimen.

Otro eventual candidato consentido del Gobierno es Juan Manuel Santos. ¿Cree que su discurso también se centre en el Caguán?

Conozco a Santos y sé que es un hombre que no se queda en el pasado y se proyecta al futuro.

Juan Manuel Santos ha vivido en carne propia la parábola completa frente a las Farc que culmina con la Operación Jaque. En mi gobierno propuso, con Álvaro Leyva y otros del grupo asesor de paz de Naciones Unidas, la zona de distensión. Siendo uno de los padres del experimento del Caguán, paralelamente a los diálogos le correspondió pelear como ministro de Hacienda por las partidas de fortalecimiento de las Fuerzas Armadas.

Como ex presidente y miembro de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, ¿cómo ve el manejo de la política exterior colombiana en estos momentos tan difíciles?

Ahí faltan la mano de un timonel y la brújula de una política. Aún en las crisis, el Presidente se ha empeñado en no tener Canciller, cuando es evidente que las relaciones internacionales no son su fuerte. Desde el nombramiento de su amigo Ernesto Samper como embajador en París, Uribe optó por asumir una política unipersonal, de confrontación en lo internacional, a la medida de su carácter. La consecuencia es que hoy podemos tener muchos amigos, pero no tenemos un solo aliado.

¿Y la Asesora?

La Asesora ya no es consultada sino notificada de hechos cumplidos. El ejercicio de proyección de una política no está en la Cancillería, que está hoy en “outsourcing” a un grupo que incluye ciudadanos extranjeros –caso único en el mundo- que manejan inexplicablemente nuestros secretos de Estado. Como ex jefe del estado colombiano, me resulta inadmisible y peligrosa esta delegación de lo que debe ser un ejercicio soberano. Aún tengo mis dudas sobre su legalidad.

La Comisión Asesora es el grupo más leal, brillante y monolítico en torno al Presidente en materia de política exterior. Su cúmulo de experiencias y el espectro de sus mentes están hoy seriamente subutilizados. A la Comisión hay que aprovecharla más en las crisis y ponerle tareas de más largo y profundo aliento que la de una reunión trimestral en la que apenas alcanzan quince minutos de exposición por asistente.

De los ex presidentes, usted es el que probablemente más contactos tiene con los organismos multilaterales, académicos y miembros de organizaciones internacionales. ¿Cuál es la percepción internacional de lo que pasa en Colombia y de una eventual segunda reelección?

No faltará quien diga desde el gobierno que por fuera no nos entienden. Pero la verdad es que hechos como los más de dos mil muertos que aquí son falsos positivos, en cualquier país civilizado constituyen prácticamente un genocidio. Las “chuzadas” a la oposición y las cortes son un Watergate en otras latitudes. El enfrentamiento con la Corte por un Presidente en trance de perpetuarse en el poder y un ministro con un hermano sub júdice no se entiende en países fundados sobre la independencia de la justicia. Y que las mayorías del Congreso que eligieron al Presidente estén vinculadas con el paramilitarismo o que el primo asesor de Pablo Escobar sea el asesor del Presidente es algo inexplicable para la opinión pública americana o europea.

En cuanto a la reelección, el mundo ya nos pone en el mismo canasto con Chávez, Correa, Evo, Ortega. Con todos los que acomodan las Constituciones para perpetuarse en el poder.

¿Cuál es la percepción de la manera como el gobierno ha manejado el tema de las ‘chuzadas’ del DAS?

Mal, muy mal, porque el país no conoce toda la verdad, pero la presume. Y lo que presume es gravísimo.

¿Quién podría estar, según su buena intuición de ex presidente, detrás de estas ‘chuzadas’?

El DAS depende del Presidente de la República, quien es el indicado para responderle al país esta pregunta más allá del tristemente famoso “a mis espaldas”.

¿Cuál es su balance de la política de seguridad democrática?

El Presidente Uribe ha dejado muy en claro que la Seguridad Democrática es la gran carpa de su gobierno y ella cubre todo lo que reclama como éxitos. Pero la Seguridad Democrática también ha resultado ser el gran tapete bajo el cual se barre todo lo feo y todos los fracasos.

El día en que el país deslinde estas dos perspectivas, nos vamos a dar cuenta de que la Seguridad Democrática no puede ser justificación de todo. Por ejemplo, en un lado de la balanza de la Historia vamos a tener la reducción de asesinatos. Mientras del otro, dos mil y más muertes de civiles inocentes a manos de miembros de las Fuerzas Armadas en los mal llamados falsos positivos. Vamos a ver como consecuencia de la Seguridad Democrática el aumento de la inversión mientras el desempleo, el hambre y la miseria se compensan supuestamente con seguridad. Buenas utilidades en las cifras pero malos dividendos sociales.

Se puede decir que una cara de la Seguridad Democrática es el éxito en lo militar, con todo lo positivo que ello conlleva. Pero la otra cara de la moneda es el fracaso rotundo en lo social.

En una época de bonanza global se ha debido hacer una política de Seguridad Democrática simultáneamente con la gran política social que debe ser el cimiento de una paz duradera. Uribe optó, durante dos mandatos, por lo militar y solo lo militar pensando que lo social vendría por añadidura. Se equivocó. Si le hubiera dedicado a la cuestión social una décima parte del tiempo que le dedicó a trabajar, trabajar y trabajar por sus reelecciones, otro sería el panorama social. Mire lo que han avanzado en lo social en esta década la China, Brasil, la India, mientras aquí ya van dos y vamos para tres mandatos de inacción en lo social. Tras ocho años, Uribe nos deja una bomba de tiempo social.

¿Que cosas positivas del país actual se deben a su gestión y qué de lo que pasa es responsabilidad de mandatarios anteriores a Uribe?

Por el tono de su discurso contra mi gobierno a lo largo de estos siete años y medio, cualquiera diría que Uribe no me puede perdonar que le haya heredado unas Fuerzas Armadas fortalecidas y una economía saneada. Eso es muy colombiano. Se preguntaba don Miguel Antonio Caro: “¿Por qué estará hablando mal de mí esa persona, si no le hecho ningún favor?”.

Al comienzo del primer gobierno de Uribe, Juan Manuel Santos fue el gran defensor de las realizaciones de mi mandato, lo que le agradezco infinitamente. Por esos días acuñó políticamente el término “adanismo”, o complejo de Adán, en referencia a la convicción de Álvaro Uribe –que aún mantiene- de que el siete de agosto de 2002 es el primer día de la Creación.

El Plan Colombia y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas tuvieron su continuidad en la Seguridad Democrática. El salvamento de la banca con el sudor y las lágrimas de los colombianos, al contrario, no ha sido correspondido con respuestas a las necesidades sociales y al enfrentamiento de la recesión universal. La banca tiene una deuda social por saldar con los colombianos que la rescataron. Todos los colombianos.

Me circunscribo a estos dos temas porque sin ellos la Seguridad Democrática no hubiese sido posible. Con un ejército desarmado y una economía en ruinas no es fácil enfrentar a las Farc y sacar a un país adelante.

Uribe ha insistido en el Caguán como punto de referencia.

Uribe mira el árbol del Caguán pero no quiere ver el bosque de las poderosas Fuerzas Armadas y el Plan Colombia simultáneos al diálogo porque eso no le da dividendos políticos. Critica unos diálogos transparentes tras los cuales no se pactó y de los cuales los protagonistas son hoy sus más cercanos y amnésicos asesores y amigos.

Tras la ruptura de los diálogos, la guerrilla salió sin nada entre manos, a internarse en la selva y alistarse para enfrentar la poderosa máquina de guerra que armamos mientras les dábamos la oportunidad de negociar la paz.

En Ralito, Uribe despejó y pactó en secreto, no negoció. Y luego extraditó en masa, con lo cual quedó demostrado que con quienes pactó no eran paramilitares sino mafiosos, la última reencarnación del Cartel de Medellín.

Pero Uribe alega que acabó con el paramilitarismo…

Las cifras de los cercanos al gobierno indican que hoy por lo menos 12 mil paramilitares están activos –cifra comparable a los niveles de 2002 antes de la supuesta desmovilización- aún cuando sus tácticas y prácticas de control no revisten la misma crueldad de antes. El paramilitarismo está agazapado, pero vivito y coleando.

¿Cómo enfrentar el problema institucional que genera el enfrentamiento entre el Ejecutivo y la Corte Suprema de Justicia? ¿Es un enfrentamiento entre uribismo-antiutribismo?

El Presidente Uribe ha tenido confrontaciones directas con los últimos Presidentes de la Corte Suprema. Tal vez esto puede comenzar a entenderse dentro del marco de la actuación de la Corte frente a los delitos y las acusaciones a las mayorías de su bancada. Pero desprestigiar a la Corte con un enfrentamiento institucional no es el camino para cambiar esta huella suya en la historia de Colombia.

Al contrario, si el Presidente quiere mostrar su transparencia en vez de enfrentarla debería apoyarla y apoyar sus fallos. Gracias las actuaciones de la Corte Suprema se ha evitado que la Corte Penal Internacional tome cartas en el asunto. Si nuestra Corte no actuara, la CPI podría ser llamada a actuar en Colombia.

Ni la Corte quiere tumbar a Uribe, ni Uribe debe estar pensando en acabar con las facultades de la Corte. Por eso hay que encontrar pronto la forma de acercarlos y creo que hay que hacer todo lo posible para que cese el enfrentamiento.

¿Qué posibilidades ve de llevar a la práctica las propuestas de la Corte Suprema de Justicia de crear una Comisión Internacional de la Verdad? ¿Por qué el gobierno no le ha dado ningún tipo de resonancia a esta propuesta?.

Colombia no puede seguir sin conocer toda la verdad sobre lo que sucedió con el paramilitarismo. El país tiene el derecho a conocer toda la verdad sobre las masacres, los asesinatos, el desplazamiento, los secuestros y la infiltración política, sobre todos los horrores cometidos por los paramilitares. No se trata solamente de conocer la verdad judicial de todos estos crímenes sino que para superar totalmente este desafortunado capítulo, el país debe conocer la “verdad verdadera” y, sobre todo, debe saber quiénes son los que han estado detrás y quienes han apoyado este fenómeno criminal llamado paramilitarismo. Yo estoy de acuerdo con esta comisión y por lo que se ha dicho en los medios de comunicación, varias instancias internacionales también la apoyan. Ojalá el gobierno viera su importancia y sin temores, apoyara esta iniciativa.

¿Qué solución le ve a la encrucijada que existe entre la ausencia de una ley de garantías vigente (o una vigente, pero con un calendario que ponía el 30 de noviembre como fecha límite para que el presidente anunciara su intención de lanzarse nuevamente) y la posible aprobación del referendo

El país lleva casi un año haciendo cálculos y los términos legales ya están desbordados. El Presidente alega con cierta ironía que la única solución es cumplir la Constitución y la ley. Por tercera vez, yo le creo.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
Diciembre de 2009