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  • PRESENTACIÓN DEL INFORME AL CONGRESO 2001-2002

    Ha llegado el momento de hacer balance, de ver cuánto avanzamos, cuánto logramos y qué retos quedan hacia el porvenir.

    Fueron cuatro años de arduo trabajo, de esfuerzos solitarios o conjuntos, de superar dificultades y generar soluciones, todo con un único fin: consolidar una mejor Colombia, con una economía más estable, con más condiciones para lograr la paz y con una mejor calidad de vida para sus habitantes, sobre todo aquellos más vulnerables y necesitados.

    El último año fue, pues, el año de redondear la tarea, de recoger frutos de lo sembrado y de sentar las bases sólidas para que el país pueda seguir evolucionando bajo la nueva legislatura y el nuevo Gobierno sobre un terreno firme y con unas herramientas adecuadas.

    Creo que, en buena parte, lo hemos logrado. La Colombia que hoy vivimos, a mediados del año 2002, es una Colombia que está sentada sobre su realidad y no sobre falsas premisas, que conoce y tiene diagnosticados sus problemas, que sigue luchando por la paz pero que ejerce firmemente su defensa contra los violentos, que cree en su propia capacidad para crecer y progresar por encima de todas las dificultades.

    Sin duda, el último año estuvo marcado por la terminación del proceso de paz generada por la conducta terrorista de las FARC, que prefirieron las armas del terrorismo a las armas de la inteligencia y el diálogo. Ellas retaron a toda la nación, y la nación ha respondido de la única forma posible: con unión y con coraje, demostrándoles que no estamos dispuestos a entregar nuestra democracia ni a sacrificar nuestros más caros valores a manos de unos pocos violentos.

    El desarrollo tranquilo y la afluencia masiva de electores en los comicios parlamentarios de marzo de 2002 y en las elecciones presidenciales de mayo del mismo año demostraron, sin lugar a equívocos, que los colombianos de bien estamos dispuestos a defender nuestras instituciones y que no nos intimidamos por las amenazas de los enemigos de la democracia.

    En este último año, en trabajo conjunto con el Congreso de la República, continuamos consolidando los cambios estructurales que habíamos ido forjando en los tres años anteriores. Por ejemplo, con la Ley 715 de 2000 logramos generar, con base en la reforma constitucional al régimen de transferencias territoriales aprobada en la legislatura anterior, las reformas educativas y de salud necesarias para  garantizar estos servicios, con mayor calidad y cobertura, a todos los colombianos, en todas las regiones.

    De similar importancia es la Ley de Regalías que permite estructurar un nuevo sistema petrolero en el país y que da garantías tanto a los inversionistas extranjeros como a las zonas de explotación sobre la recepción de ingresos justos y proporcionados. La firma de más de 60 contratos de exploración petrolera durante los dos últimos años es la prueba contundente de las bondades de esta norma.

    También avanzamos en la lucha contra el delito, nacional e internacionalmente. Con la Ley Antisecuestro endurecimos el régimen penal para los autores de este delito atroz, y con la aprobación del Estatuto de Roma, que crea la Corte Penal Internacional, le estamos diciendo al mundo y a los violentos que los crímenes contra la humanidad no tienen fronteras y deben ser juzgados y castigados por encima de cualquier consideración nacional, para que quienes los cometan no conozcan un refugio tranquilo sobre el planeta.

    Hay proyectos de la mayor importancia cuyo trámite queda iniciado y debe ser continuado en la próxima legislatura, en cabeza del nuevo Congreso elegido el 10 de marzo. Por supuesto, en primer lugar se encuentra la reforma al régimen pensional, respecto de la cual mi Gobierno creó una conciencia colectiva sobre la urgencia de su aprobación para dar viabilidad a las finanzas del país.

    También dejamos presentados y avanzando los proyectos de Ley de Responsabilidad Fiscal, la Reforma Financiera, la Ley General de Telecomunicaciones, la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial y el acto legislativo de reforma a la Fiscalía General de la Nación, entre otras varias iniciativas.

    Como balance de estos cuatro años de trabajo conjunto con el Legislativo para consolidar reformas estructurales y responsables, debo decir que logramos mucho, en beneficio del futuro del país. Se aprobaron iniciativas muchas veces impopulares pero indispensables, que hoy nos permiten tener una economía estable, en medio del difícil orden público y de la compleja situación internacional, y adelantar, simultáneamente, importantes programas de acción social como los que forman parte del componente social del Plan Colombia.

    Hemos trabajado mirando hacia el futuro, pensando en la viabilidad a mediano y largo plazo del país, pero sin descuidar jamás las necesidades urgentes de los colombianos más pobres y más necesitados. Los resultados están a la vista y serán reconocidos como la gestión de un Gobierno y de un Congreso que prefirieron ser responsables a cobrar los dividendos políticos del populismo.

    No tengo ninguna duda de que optamos por el camino correcto.
    ANDRÉS PASTRANA ARANGO

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