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  • PRESENTACIÓN DEL PREMIO MADANJEET SINGH PARA LA PROMOCIÓN DE LA TOLERANCIA Y LA NO VIOLENCIA

    Estamos aquí para celebrar a seres humanos que han elegido hacer de la paz la forma de dejar constancia de su presencia en el mundo.

    Quien opta por trabajar bajo el signo de la paz tiene necesidad de una doble valentía porque, por una parte, debe vencer la marca cultural que hace de la violencia el instrumento mágico de la historia y, por otra, debe tener el carácter de ser firme frente a aquellos que consideran una “cobardía”, una “debilidad”, no unirse al clamor de quienes proclaman que sólo la violencia vence a la violencia.

    En el ascenso del ser humano que evoluciona, con dificultades, es cierto, aparecen la paz, el diálogo, la solidaridad y la justicia como los 4 puntos cardinales de una nueva época.

    Vivimos un momento decisivo en el que vuelve a aflorar la guerra como “opción civilizatoria”. Si seguimos por ese camino llegará el momento en el que se eliminará del todo la “alegría de vivir”.

    Por eso es preciso que los seres humanos que pensamos la paz hablemos y alcemos la voz; la audiencia debe creer porque está en juego la supervivencia de todos y de las generaciones por venir.

    Es urgente que al lado de cada estatua levantada para glorificar a los guerreros del pasado se levanten otras de quienes, asumiendo todas las amarguras, hicieron de la paz su propósito.

    Es fácil ser violento: basta dejar que la inteligencia sea sustituida por los instintos. Una estrategia de guerra hoy día significa convocar la muerte contra los inocentes. Hay datos ciertos e inciertos que demuestran que toda acción política centrada en la violencia produce enormes “daños colaterales” como se llaman hoy, con desvergüenza, a las víctimas inocentes de la población civil.

    Por ello este es un día grande, porque la UNESCO ha entendido -y entendido bien- que ahora la paz tiene, debe tener, la palabra y no puede menos que sentir la alegría de ciudadano, no del mundo, con la designación del señor Anadasangaree, miembro del parlamento de Sri Lanka, para recibir el premio de la promoción y de la tolerancia Madanjeet Singh.

    Maestro y abogado, ha sabido siempre decir su mensaje de concordia y de respeto a la opinión y la razón ajena, pero, sobre todo, ha sido capaz, en los momentos decisivos, de decir “no” cuando otros desfallecieron y cambiaron la orilla de la paz y la reconciliación para reforzar la “guerra interminable”.

    Este hombre habla con su vida, no tan sólo con su palabra. Su vida respalda el valor de lo que dice y en eso está el secreto. Palabras de paz hay muchas. Pero muchas veces los que más las dicen son quienes promueven las guerras. “Hechos de paz” hay pocos porque producirlos es entender hacia dónde se mueve la historia.

    Junto al señor Anadasangaree quiero rendir homenaje a otras maravillosas expresiones de la paz, de la no-violencia y la tolerancia. Se trata de un grupo musical de afro-reggae del Brasil que ha recuperado la vieja verdad de que cuando la palabra se une a la música se dimensiona y abre puertas insospechadas en el ser humano. Estos juglares de hoy llegan con su mensaje allá donde nadie ha sido capaz de llegar.

    Y felicito igualmente a la ciudad de Derbent, en Rusia, porque llama la atención que cuando el mensaje de la tolerancia se hace “comunidad”, los ciudadanos todos la viven. Es antigua la tradición de los “pueblos que hablan” porque se indica con ello que los valores de la concordia no se asumen tan sólo en la individualidad sino que es la ciudadanía toda la que respalda el propósito de la paz.

    Quiero dedicar también unas palabras especiales al profesor Kelman de los Estados Unidos. Como él y junto a él crecen muchos que garantizan los grandes ideales de la democracia norteamericana que debería nuevamente abrir caminos ciertos a la no-violencia y a la tolerancia.

    Y no puedo menos que manifestar mi gozo porque del mundo del periodismo -del cual yo provengo y que fue mi profesión durante años-, de ese mundo de la información y de la noticia, se premie al periódico Israelita-Palestino de Jerusalén. Tengo la convicción de que los malos periodistas alimentan la criminalidad y la guerra y son responsables al menos en igual medida que aquellos que las realizan. Pero también -lo digo con convicción y con optimismo- un buen periodista construye caminos de paz, abre alternativas, crea en la opinión publica razón para la esperanza. No habrá paz en el mundo mientras los medios de comunicación no se comprometan a fondo con la paz.

    Esta reunión de cada dos años deja sentir al espíritu de los grandes seres humanos que han hecho de la paz, de la no-violencia y del respeto a la opinión y a la opción ajena, su camino de vida. Francisco de Asís, Gandhi, Lanza del Vasto, Madanjeet Singh y tantos otros que han dedicado su vivir a crear el camino de una humanidad capaz de convivir.

    Estoy convencido de que la paz es un derecho fundamental que permite que los demás derechos (la libertad, la justicia…) crezcan vigorosos. Como Presidente que fui de un país que busca afanosamente la paz creo que ese derecho que tantos intentan negar es indispensable y sé muy bien -como lo saben todos ustedes- que los “trabajadores de la paz” tenemos la mirada puesta en el cercano porvenir. Quien trabaja por la paz no lo hace en su propio provecho sino por amor irrenunciable a la vida y al prójimo. Nunca la violencia generó paz. Toda muerte de un ser humano es inútil y el día de la reconciliación se escuchara el lamento de quienes murieron inútilmente.

    Felicito, finalmente, a todos los nominados del mundo. Esa nominación es ya una recompensa para ellos y una certeza mutua de que “no estamos solos los constructores de la paz”.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    París, Francia
    16 de noviembre del 2006

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