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  • PRESERVAR LA PAZ, FORTALECER LA DEMOCRACIA E IMPULSAR EL DESARROLLO DE NUESTROS PAÍSES, ESENCIA DEL GRUPO DE RIO

    INAUGURACIÓN DE LA XIV CUMBRE DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DEL GRUPO DE RÍO

    “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días”.

    Con estas palabras de esperanza y de humanidad, que hoy hago mías en este grato encuentro con los mandatarios de los países miembros del Grupo de Río, el escritor argentino Ernesto Sábato da inicio a su más reciente libro, “La Resistencia”, un libro que salió a la luz hace muy pocos días, pero que ya se conoce en todo el planeta, gracias a que es el primer texto de un gran autor latinoamericano que se publica en la Internet.

    Es un signo de los tiempos actuales: un símbolo claro de este año 2000 que marca el salto histórico a un nuevo siglo y a un nuevo milenio para la humanidad. Hoy en día, es posible conocer primero un libro en la pantalla de un computador, antes de que se plasme en tinta y papel. Hoy en día, una idea viaja por el espacio a la misma velocidad del pensamiento, y lo que decimos o escribimos en este momento puede ser escuchado o leído simultáneamente al otro lado de la esfera terrestre. Esta es una manifestación más de la globalización en la cual vivimos, de la cual hablamos constantemente y de cuyos efectos –buenos o perversos- no nos es dable escapar, aunque sí podemos aprender a convivir con ellos y a utilizarlos para el provecho de nuestros pueblos.

    Tal como ha dicho Carlos Fuentes, “los vicios de la globalización están a la vista. Pero sus virtudes, también. Seamos lo más justos posible. La globalización tiene, como Jano, dos caras: Una es la cara de una prosperidad deseable. La otra, la cara de una exclusión indeseable”.

    En esto estamos todos de acuerdo. Los procesos históricos de la humanidad, -como las revoluciones antimonárquicas, las guerras de independencia, la revolución industrial, el imperio de las ideologías, la era informática y, ahora, la globalización-, no encierran en sí mismos atributos de bien o de mal. Todo depende de la forma en que nosotros, los seres humanos, hagamos uso de esos procesos. Como dice el mismo Fuentes: “Si la globalización es inevitable, ello no significa que sea fatal”.

    Por eso hoy los invito, señores Presidentes y Jefes de Gobierno, a que estudiemos juntos el momento histórico en el cual nos ha correspondido liderar el destino de nuestras naciones y forjemos, dentro de un marco de principios y valores comunes, un compromiso de América Latina y el Caribe para el Nuevo Milenio.

    Somos los representantes de una comunidad de 500 millones de personas que ocupan más de 20 millones de kilómetros cuadrados del planeta, y hoy, cuando nos reunimos en este escenario propicio de Cartagena de Indias, -la ciudad que por tantos siglos fue un centro principal de comunión entre el Nuevo y el Viejo Mundo-, tenemos la obligación de construir entre todos un futuro en el que tengan cabida la esperanza y la solidaridad.

    El papa Juan Pablo II lo ha expresado con bellas palabras: “El siglo que comienza debe ser el de la solidaridad. Hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos nunca felices y en paz los unos sin los otros, y aún menos, los unos contra los otros”.

    No, señores Presidentes y Jefes de Gobierno: la única forma de estar “felices y en paz” es estando los unos con los otros. Y este postulado se aplica con mayor razón a nuestros países, los pueblos de América Latina y el Caribe, que compartimos una cultura, una historia y unas tradiciones comunes, que somos cercanos en la geografía y el sentimiento, y que podemos mostrar al mundo entero, con orgullo, una trayectoria de unidad que nació en el mismo sueño bolivariano, que se volvió un pacto de solidaridad en el Congreso de Panamá de 1826, que se consolidó en el sistema de la Organización de Estados Americanos y que actualmente encuentra muchos escenarios de acción conjunta, el más importante de los cuales, en materia de concertación política, es este Grupo de Río que hoy nos reúne.

    Solidaridad… Manos unidas detrás de un objetivo común, apoyo y ayuda a quienes pasan por circunstancias difíciles, compromiso con el futuro y con las nuevas generaciones. Así concibo yo la raíz moral de nuestro Grupo, que, no por nada, nació de la acción solidaria de ocho Estados, -México, Panamá, Venezuela y Colombia, dentro del Grupo de Contadora, y Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, como Grupo de Apoyo-, para contribuir a alcanzar una solución de paz, desde nuestra misma región, al conflicto que vivían nuestros hermanos centroamericanos.

    La de hoy es la más amplia Cumbre de Presidentes y Jefes de Gobierno del Grupo de Río que se haya realizado jamás, pues cuenta, por primera vez, con la presencia, en forma individual, de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y  Nicaragua, además de la de República Dominicana. De alguna forma, este día estamos presenciando cómo el Grupo de Río se reencuentra con sus orígenes y, además, consolida su representatividad regional ante los mayores foros internacionales y los terceros Estados.

    Amigos Mandatarios del Grupo de Río:

    Son tres los postulados que forman la razón esencial de nuestra existencia como Grupo: Preservar la paz, fortalecer la democracia e impulsar el desarrollo de nuestros países. Yo los invito a que reflexionemos sobre estos tópicos fundamentales.

    “La paz”, como decía San Agustín, “es tal bien, que no se puede desear otro mejor, ni poseer uno más útil”. En paz construimos democracia e impulsamos progreso. Sin paz, los caminos del futuro se vuelven laberintos. He aquí la primera razón de ser de nuestro Grupo y su compromiso solidario: Preservar la paz.

    Señores Presidentes: Colombia vive hoy una etapa definitiva de su historia, enmarcada por su decisión de alcanzar una paz integral que allane los caminos del desarrollo. Parafraseando a nuestro gran Gabo, no estamos condenados a cien años de soledad, sino que estamos alcanzando con decisión y persistencia una nueva oportunidad sobre la tierra para los colombianos del presente y del futuro. Desde mi gobierno he liderado un proceso de paz que actualmente avanza a pasos firmes y promisorios con las FARC y el ELN, las dos organizaciones subversivas más grandes del país, y hemos hecho una apuesta patriótica por alcanzar una salida política al conflicto armado.

    En este tema, ha sido fundamental la solidaridad regional, cuya manifestación más reciente se presentó en el comunicado de respaldo al proceso de paz expedido por los cancilleres del Grupo en su última reunión de Bogotá el pasado 5 de mayo. Con el apoyo de los países amigos estoy seguro de que pronto podremos sumarnos a la ancha avenida de la paz en Latinoamérica.

    Y ahora hablemos de democracia. Yo creo que la democracia política fue la gran conquista de nuestros países en las últimas décadas del siglo XX, gracias a la cual hoy, en toda nuestra región, podemos afirmar que hemos alcanzado la primera meta de elegir nuestros gobernantes y representantes y manejar nuestras instituciones dentro de los principios de la democracia, que es el sistema de gobierno cuyas premisas todos compartimos, por ser el que mejor consulta los verdaderos intereses de nuestros pueblos.

    Pero, más allá del logro generalizado de la democracia, nuestro compromiso hoy debe ser con su fortalecimiento y profundización, para que sus postulados se conviertan en letra viva y posibiliten una real participación ciudadana, y también un control ciudadano, en las decisiones de poder.

    Por eso yo los invito hoy, señores Presidentes y Jefes de Gobierno, a reafirmar nuestro compromiso regional con la democracia, entendida desde una perspectiva latinoamericana y caribeña, y asumida como la garantía fundamental para la libertad ciudadana, la convivencia pacífica y el logro de un desarrollo social y económico que sea justo y equilibrado.

    Es una convicción íntima del Grupo de Río que la plena vigencia de las instituciones democráticas y del estado de derecho es una condición necesaria para asegurar el desarrollo humano de nuestros pueblos, afianzar los procesos de integración y posibilitar la cooperación.

    Pero debemos ir más allá: el proceso de avance en la democratización política de la región, del que hoy damos cuenta, tenemos que convertirlo también en una democratización económica y social que extienda en forma equitativa los beneficios del desarrollo y permita la adecuada satisfacción de las necesidades básicas de nuestra gente.

    La tendencia histórica a la estabilidad democrática debe estar acompañada por una respuesta eficaz a las demandas sociales del desarrollo. Y esto me lleva al tercer gran objetivo de nuestro grupo: Impulsar el desarrollo de nuestros países.

    ¿Y cómo hacerlo desde una óptica latinoamericana y caribeña? A través de la unión de nuestros esfuerzos; a través del logro de una mayor apertura entre nuestros mercados y del estímulo de nuestras inversiones recíprocas; a través, también, de la concertación de posiciones regionales en foros multilaterales económicos, como la Organización Mundial del Comercio o la Cumbre de las Américas.

    Al principio de mi intervención hablaba de los efectos de la globalización, una realidad mundial que tenemos, entre todos, que volver más humana y solidaria. Necesitamos la globalización, pero no para que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, sino para que lo que resulte de ella tenga un destinatario principal: las gentes más necesitadas y marginadas de nuestros países.

    Durante la última década los patrones de desarrollo y las oportunidades abiertas a los habitantes de nuestras naciones se han visto influidos por los fenómenos económicos, sociales y culturales de carácter mundial que resultan del proceso de globalización de las economías.

    Como consecuencia de esta realidad, que nos afectó a todos en los últimos años, hemos entendido la necesidad de diseñar una nueva arquitectura financiera internacional que genere unos sistemas de alarma adecuados e impida que el costo de las eventuales crisis financieras recaiga en los países más vulnerables, y, dentro de ellos, en las clases menos favorecidas. Aquí hay un campo propicio para nuestra acción conjunta, el cual ya está suficientemente diagnosticado, y sobre cuyas soluciones tenemos que trabajar sin demoras.

    Como dijo el presidente Kennedy en simples y contundentes palabras: “Nadie puede ser verdaderamente rico si sus vecinos son pobres”. Parte de nuestra tarea como Grupo es hacer entender a los países desarrollados y a las entidades financieras internacionales que el crecimiento económico y el desarrollo social de las naciones latinoamericanas y caribeñas sólo pueden lograrse si se les garantizan condiciones de equidad dentro del comercio internacional y se les posibilita el acceso a recursos sin condicionamientos excesivos.

    Nuestros esfuerzos han demostrado ser insuficientes para financiar simultáneamente las redes de protección social, necesarias para garantizar la paz en democracia, y la inversión en capital humano y en infraestructura para ganar competitividad y crecer en un mundo globalizado. Por eso debemos hacer lo que esté en nuestras manos, ante los foros y organismos financieros internacionales, para obtener un adecuado flujo de recursos para el desarrollo, pero al tiempo tenemos que generar a nivel interno un compromiso inequívoco en nuestros gobiernos para optimizar el uso de los mismos, destinándolos a nuestra población más vulnerable, eliminando la corrupción e incrementando la eficiencia.

    Señores Presidentes y Jefes de Gobierno:

    En esta Cumbre de Cartagena los países miembros del Grupo de Río vamos a fijar una posición concertada sobre muchos de los temas fundamentales que serán tratados en septiembre de este año en la Cumbre y la Asamblea del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas.

    Esta es una excelente oportunidad para hacer valer ante la más grande e importante reunión de Estados la visión latinoamericana y del Caribe sobre los temas de la agenda del nuevo siglo. Allí podremos ser la voz de una región comprometida con la democracia y la vigencia de los derechos humanos, consciente de su responsabilidad en la protección del medio ambiente y con vocación de paz y de solidaridad humana. Allí seremos la voz de 18 Estados de América Latina y del Caribe y también la voz de los 15 Estados de la Comunidad del Caribe, hoy representados con altura en nuestro grupo por la República de Guyana. En total, somos 33 Estados de América que tenemos mucho que aportar y que decir en el concierto mundial.

    De esta trascendental reunión que hoy estamos inaugurando saldrán definidos y fortalecidos los consensos de nuestra región para el mundo sobre temas tan diversos y tan importantes como el papel de las Naciones Unidas en el Siglo XXI, el desarme, los derechos humanos, el desarrollo y la erradicación de la pobreza, la lucha contra el problema mundial de las drogas, la corrupción y el medio ambiente.

    Es una gran tarea la que nos espera, pero estamos parados sobre los hombros de nuestra propia historia, sentimos con un solo corazón latinoamericano y caribeño, y tenemos la fortaleza de la unión y la convicción de la esperanza.

    Apreciados amigos:

    Sean bienvenidos a esta bella Cartagena de Indias, desde donde Bolívar, ese gigante de la libertad que siempre afirmó que “la Patria es América”, lanzó, en 1812, el Manifiesto que incendió los corazones de los héroes de la independencia.

    Y sean bienvenidos a Colombia: A esta tierra mágica donde las flores tapizan de arcoiris el suelo; donde flota en el aire el aroma evocativo del café; donde la vida crece y se aferra como hiedra y se resiste a la desesperanza; donde los artistas geniales producen las mayores fantasías del universo, como esa voluminosa musa de Botero que hoy descansa sensual en la Plaza Santo Domingo de esta misma ciudad o ese Macondo alucinado que contagió los ideales de varias generaciones; donde los jóvenes sueñan con inventar vacunas, como Patarroyo, con descifrar los secretos del cerebro, como Rodolfo Llinás, con triunfar en las canchas del mundo, como la promisoria Fabiola Zuluaga, o con pulverizar cronómetros, como Montoya en Indianápolis.

    Esta Colombia de sueños y realidades, de esperanzas y de trabajo, los acoge desde ahora y para siempre, señores Presidentes, en las redes invisibles de su afecto.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    15 de junio del 2000

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