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  • PRÓLOGO DEL LIBRO “COLOMBIA, PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL”

    Por: Andrés Pastrana Arango

    ¡Colombia es vida! Esta es la conclusión que surge espontánea de las páginas bellamente ilustradas y de los interesantes textos que componen este maravilloso libro que en buena hora ha patrocinado el Grupo Gas Natural.

    Colombia es vida: Una vida exuberante, fecunda, natural, diversa y apasionante. Una vida que es ella misma generadora de más vida y patrimonio del futuro.

    A veces no damos crédito a lo que ven los ojos, que se asombran ante la belleza increíble de las imágenes. Tanto verde esmeralda como el que deslumbra en las selvas del Parque Nacional Natural de los Katíos o en el Parque Nacional Natural de Amacayacú parece más una creación de algún pintor impresionista que un trozo del paisaje colombiano. Nos parece imposible que haya azules tan intensos como las plumas de la guacamaya, amarillos tan puros como los de los peces de nuestros dos océanos o rojos tan vivaces como los de nuestras flores. El paisaje colombiano, en todo su verdor y su grandeza, es el mayor testimonio de la riqueza natural del país y es a la vez un compromiso frente al mundo.

    Mi padre, Misael Pastrana Borrero, quien fue un pionero de la defensa del medio ambiente, escribió lo siguiente: “Colombia tiene inmensas responsabilidades, precisamente por ser depositaria de una alta proporción de los recursos de flora y fauna que constituyen el patrimonio natural de la humanidad. Ya no se trata de un compromiso con nuestro propio destino sino con el del Orbe entero, y ello nos coloca en un primer plano positivo en las inquietudes de la comunidad internacional”.

    Así lo entendemos en Colombia, y por eso mi gobierno ha dado prioridad a la gestión ambiental, impulsándola como un eje fundamental para la construcción de la paz, logrando acuerdos participativos sobre el ordenamiento ambiental y promoviendo proyectos de restauración de ecorregiones estratégicas que generen empleo.

    Pero este magnífico libro va más allá del inmenso y rico patrimonio natural colombiano, para adentrarse en sus más auténticas manifestaciones culturales, donde los pueblos indígenas y de origen africano se funden con el legado hispánico, en una amalgama que respeta los componentes originales, pero que a la vez ha producido una orgullosa raza mestiza que constituyen hoy la mayor parte de los colombianos.

    Valiosos testimonios precolombinos, como las estatuas de San Agustín, los hipogeos de Tierradentro, la Ciudad Perdida y el Pueblito en la Sierra Nevada de Santa Marta y los miles de objetos de oro que conforman la colección más grande del mundo entero, adquieren verdadera dimensión cuando contemplamos los rostros actuales de los indígenas emberás, de los páez, de los guambianos, de los kogi o de los payés, que preservan con dignidad y orgullo su cultura ancestral y enriquecen con sus tradiciones y sabiduría el espíritu de la nacionalidad colombiana.

    Pero también hacen parte de este libro las ciudades y pueblos que hoy conservan, como un tesoro histórico, las construcciones y calles de la época de la Colonia, con todo su acento español, tales como Cartagena de Indias, Villa de Leyva, Santa Cruz de Mompox y Popayán. Sus caminos empedrados, sus balcones, sus bellos patios interiores, sus antiguas iglesias, nos transportan a un tiempo de hidalguía y recogimiento, que es parte esencial del patrimonio cultural de Colombia.

    Además, se resalta la impresionante construcción que constituye la Catedral de Sal de Zipaquirá, en la que las inmensas columnas y paredes de las minas de sal, -cuya imponencia quita el aliento a los visitantes-, dan también testimonio de un hondo sentimiento religioso.

    Y así es Colombia: Como su tierra, como sus frutos, como sus paisajes, como su historia y como su gente. Colombia es vida: una vida inagotable y llena de sorpresas, que se descubren en este bello libro que asombra y maravilla.

    Por eso quiero agradecer muy especialmente al Grupo Gas Natural, que, desde España, ha extendido el campo de sus intereses y de sus afectos a la tierra colombiana.

    Con la edición de un libro de la calidad de “Colombia, Patrimonio Cultural y Natural” están ayudando a mostrar al mundo entero la verdadera y más auténtica cara de este hermoso y vital país que hoy está comprometido con la búsqueda de un futuro mejor para sus hijos.

    Porque Colombia es riqueza natural, patrimonio histórico y cultural y, sobre todo, gente amable y emprendedora.

    Por ello podemos hacer nuestras, para describirla, las palabras que el cronista y versificador del siglo XVI, don Juan de Castellanos, colocó en boca de los conquistadores cuando estos llegaron a la sabana en la que hoy se erige la ciudad de Santa Fe de Bogotá: ¡Tierra buena, tierra buena! ¡Tierra que pone fin a nuestra pena!

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