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  • RECOMENDACIONES CONCRETAS QUE ABREN NUEVAS POSIBILIDADES DE PAZ

    Colombianas y colombianos:

    Hoy quiero hablarles de un hecho de gran importancia para el proceso de paz. El pasado mes de febrero, en la reunión que sostuve con Manuel Marulanda, acordamos la creación de una comisión que presentara recomendaciones a la mesa de negociación para la disminución del conflicto y la lucha contra el paramilitarismo. Esa tarea está cumplida y sobre la mesa está un conjunto de recomendaciones concretas que abren nuevas posibilidades a la paz.

    Todos en nuestra patria tenemos el mismo anhelo: vivir en una Colombia en paz. Sin secuestros, sin extorsión, sin ataques a los pueblos, sin masacres, sin violencia, venga de donde venga.

    En 1997, 10 millones de colombianos le dieron al Gobierno y a los actores armados un mandato por la paz, la vida y la libertad. Los colombianos entendimos que para vivir en esa Colombia que todos anhelamos teníamos que comenzar por reconstruir las relaciones entre sus ciudadanos. Mi Gobierno entendió este mandato e inició un proceso de negociación con los actores armados a los que se les reconoció su carácter político. Un proceso que, estoy seguro, va a llegar a buen puerto.

    Desde luego, para realizar este sueño se requiere de muchos esfuerzos, de mucha paciencia, de mucha persistencia y, sobre, todo se requiere que veamos pronto la concreción de verdaderas posibilidades de paz.

    Para llegar a esto, todos debemos creer y aportar. Los empresarios, los sindicatos, los profesionales, los empleados, las mujeres, la Iglesia, los militares, todos debemos aportar para que la paz se concrete y la violencia termine. La guerrilla tiene mucho que aportar y tiene la responsabilidad y la obligación patriótica de hacerlo. Así lo esperan los colombianos y así lo espera el mundo.

    Hoy la violencia se genera por la confrontación con los grupos guerrilleros y por sus acciones en contra de los colombianos y de nuestra infraestructura. También se genera por el accionar violento e indiscriminado de los llamados grupos paramilitares o de autodefensa.

    A ambos tipos de organizaciones las combatimos porque nuestra obligación es la de proteger a todos los colombianos de su accionar violento. Pero, adicionalmente, con la guerrilla hemos iniciado un camino orientado a encontrar soluciones por la vía política mediante el proceso de paz que estamos adelantando.

    El proceso de paz no ha significado en ningún momento que nuestra fuerza pública deje de cumplir con su deber de proteger a los ciudadanos y enfrentar a todos los grupos ilegales. Por el contrario, y como lo he dicho en otras oportunidades, hemos fortalecido nuestras fuerzas armadas y hoy nadie pone en duda que son mucho más eficientes y sus resultados son mucho mejores.

    Pero quiero ser enfático: a los grupos de autodefensa o paramilitares los combatimos por convicción. Se equivocan quienes tienen la falsa idea de que los combatimos para proteger a la guerrilla. No. Las instrucciones que como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas he dado desde el inicio de mi mandato son claras y precisas: nuestra fuerza pública debe perseguir por igual a todos los que están por fuera de la ley.

    Lo anterior no se opone en ningún momento a la continuidad en la búsqueda de una solución política, tal como lo estamos haciendo con las FARC. Creo, al igual que la mayoría de nuestros compatriotas, que la salida negociada del conflicto es la adecuada, más aun en las actuales circunstancias por las que atraviesa el mundo.

    Precisamente en el marco de este proceso, en la reunión con Manuel Marulanda para definir si éste continuaba o no, acordamos la creación de una comisión que le diera recomendaciones a la mesa sobre dos temas: la disminución del conflicto y la lucha contra el paramilitarismo.

    Sin duda estas dos materias conforman el corazón del proceso de paz.  Todos los colombianos queremos que en nuestro país no se secuestre más, no se extorsione más, no se usen más minas antipersonales, no se recluten más menores, es decir, que no se ataque más a la población civil. Éste es el deseo de todos y se logra construyendo acuerdos.

    Hoy, en el proceso de negociación con las FARC, están abiertas las posibilidades de lograr acuerdos que permitan reducir y acabar el conflicto. No obstante, el camino por recorrer no es corto y las dificultades no han sido pocas.

    Todos creemos que mantener la negociación bajo el marco de la confrontación presenta enormes dificultades, pero también para todos es claro que es necesario avanzar en la negociación para acabar con el conflicto.

    Por eso hemos dicho que es fundamental que el proceso de negociación le muestre resultados a los colombianos y que estos resultados sean  producto del compromiso de las partes de llegar a acuerdos que le pongan fin a esta confrontación que tanto sufrimiento ha causado.

    El martes pasado la Mesa de Negociación recibió el informe de la Comisión de Personalidades que contiene una serie de recomendaciones sobre los mecanismos para disminuir el conflicto y acabar con el paramilitarismo.

    En cualquier proceso de paz, y más aun en el nuestro, éste es, sin duda un hecho de enorme importancia que abre nuevas posibilidades para llegar a  concretar la paz.

    Esta comisión estuvo conformada por un grupo de personas designadas por cada una de las partes a las cuales se les encomendó la misión de elaborar sugerencias y alternativas sobre los dos temas propuestos.

    Debo resaltar que dicho informe se presentó de manera conjunta por los tres miembros que patrióticamente terminaron la misión encomendada. Esto es importante pues demuestra que, a pesar de tener posiciones y enfoques diferentes sobre los temas que se discutían, fue posible llegar a un consenso.

    Éste es un informe serio y valioso que los colombianos deben analizar y debatir, pues las recomendaciones que en él se contemplan abren caminos para llegar a la paz.

    Las sugerencias presentadas permiten ver cómo puede ser la paz, en concreto. Se trata de una serie de alternativas que le dan un contenido específico a lo que es una solución política.

    Quiero hacer énfasis en que las recomendaciones que contiene el informe se formulan a la Mesa de Negociación para que sea allí en donde se adopten las determinaciones que considere convenientes. En ningún momento la Comisión reemplazó a los negociadores ni les impuso determinación alguna.

    Este documento es valioso porque muestra un horizonte de paz, un horizonte de las etapas que necesariamente debe cursar el proceso de negociación para llegar a un feliz término.  Este informe es una carta de navegación que ayuda a la construcción del proceso de paz e invita a la concreción de acuerdos entre las partes. Su valor al dibujar el horizonte es que integra los temas de atender la confrontación actual con la negociación de la agenda.

    Con relación al silencio de los fusiles, el informe reconoce que la negociación en medio de la guerra es insostenible y plantea que se avance en la construcción de un clima de paz. Seguir negociando en medio de los rigores del conflicto armado sólo puede causar mas pérdidas humanas, materiales y económicas para Colombia.

    En su última carta dirigida al Comisionado de Paz, el comandante de las FARC, Manuel Marulanda, manifiesta su preocupación porque la gente se ha alejado del proceso de paz. Sin embargo, yo le respondo a Marulanda que el proceso también se ha alejado de la gente y por eso tenemos la responsabilidad conjunta de avanzar en  la construcción de los acuerdos que generen un clima apropiado para adelantar las negociaciones y que excluya a la población civil del conflicto.

    Es posible que muchos formulen descalificaciones prematuras sobre las recomendaciones que allí se consignan. Con seguridad los críticos destructivos y pesimistas de costumbre se quedarán viendo el árbol y no podrán ver el bosque. Sé que muchos piensan que la paz no es posible. Sé que otros, sin importar qué alternativas existan, siempre le dirán que no a la solución política. También hay otros que, sin siquiera conocer las propuestas, las desechan .

    Pero es el momento de ver con grandeza y sin egoísmos las posibilidades de paz para Colombia.

    Invito a los colombianos a que analicen con detenimiento este informe, a que hagan sus aportes constructivos y, sobre todo, a que vean que la paz sí puede llegar y que alcanzar acuerdos que disminuyan la violencia sí es posible.

    Aquí tenemos unas recomendaciones que es preciso estudiar con juicio, pues representan una propuesta para superar definitivamente el conflicto armado en Colombia y construir la paz firme y duradera que todos anhelamos.

    Éste es un buen trabajo. Quiero agradecer, de manera muy especial, a los miembros de la comisión: a los doctores Vladimiro Naranjo, Carlos Lozano Guillén y Alberto Pinzón, su dedicación y esfuerzo patriótico para presentarle a la Mesa de Negociación un trabajo serio y juicioso sobre los temas encomendados, un trabajo que plantea un nuevo horizonte en el proceso de paz colombiano.

    Éste es un informe de recomendaciones y, como tal, debe ser analizado en detalle no sólo por la Mesa de Negociación, sino también por todos los colombianos. Invito a los diferentes sectores del país para que reflexionen sobre el texto completo de las recomendaciones y ofrezcan sus aportes para contribuir a dar un paso adelante y definitivo en la reconciliación nacional.

    Hoy hay un nuevo horizonte para la paz. Avancemos con optimismo.

    Que Dios los bendiga y que Dios me bendiga.

    Buenas noches.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    27 de septiembre del 2001

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