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  • REUNIÓN OFRECIDA POR EL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FRANCESA, JACQUES CHIRAC

    Señor Presidente:

    Es un privilegio para mí ser el primer mandatario colombiano en realizar una visita oficial a esta querida República Francesa en el tercer milenio de nuestra era. Hemos cruzado el Atlántico para traer desde Colombia el afecto y el calor de América del Sur, como embajadores de una cultura que se renueva cada día y que ha bebido en las fuentes inagotables del espíritu de Francia.

    En este momento simbólico, cuando acabo de tener la oportunidad de imponerle, en nombre del pueblo colombiano, el Gran Collar de la Orden de Boyacá, y he recibido de usted, con honor y agradecimiento, la más grande condecoración que otorga el pueblo francés, la histórica y reconocida Orden de la Legión de Honor, siento que en nuestro afecto y reconocimiento se unen los corazones de nuestras gentes: casi 100 millones de seres humanos que, por encima de la distancia, contemplamos nuestros destinos con esperanza, nos interesamos los unos en los otros, nos comunicamos a través del arte y la cultura, y compartimos los valores fundamentales de la libertad y de la democracia.

    Nuestro papel, señor Presidente Chirac, como gobernantes en estos tiempos de transición, cuando la globalización y los conflictos conviven en un mismo escenario, es particularmente complejo e implica múltiples desafíos, el primero de los cuales es consolidar en nuestros pueblos las más grandes  conquistas del espíritu humano, como lo son el imperio de los derechos humanos, la libertad de pensamiento, la tolerancia y el progreso con justicia social.

    Georges Clemenceau decía que el poder es la más completa de las servidumbres, y así lo hemos entendido usted y yo: como una forma de servir y no de ser servidos.

    Celebro compartir con usted el hecho coincidente de haber sido, antes que Presidentes, alcaldes de nuestras capitales. Allí aprendimos, en las zonas y los barrios de París y de Bogotá, en sus calles y sus parques, viviendo el día a día de nuestros conciudadanos, sus preocupaciones por la seguridad, por el transporte, por el empleo, que el país no es un concepto abstracto, sino el conjunto de las necesidades y los anhelos de sus habitantes. Partiendo de lo local hacia lo nacional hemos construido una vocación de servicio público que desde hace unos años se enfrenta al reto de dirigir nuestras naciones, con la tremenda responsabilidad que ello implica. No olvidemos que, como dijo Francois Mauriac: “los hombres de Estado son como los cirujanos: sus errores son mortales”. De ahí que nuestra misión sea más un apostolado que un privilegio.

    Colombia reconoce en usted, Presidente Chirac, un gobernante íntegro, que ha llevado a la República Francesa a jugar un papel fundamental dentro del devenir de la Unión Europea y del mundo, que no ha dudado en acompañar y apoyar el proceso de paz que venimos adelantando en el país y que, desde el Grupo de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, ha propugnado por cooperar, dentro del consenso europeo, con los programas sociales, ambientales y de fortalecimiento institucional que estamos adelantando.

    Por ello, así como yo llevaré orgulloso la Orden de la Legión de Honor que hoy recibo, con genuina emoción, de la República Francesa, quiero que usted conserve junto a su corazón la Orden de Boyacá, instituida por el mismo Libertador Simón Bolívar, al día siguiente de la batalla que dio la libertad a Colombia, para enaltecer a quienes le sirvieren con gloria y honor.

    ¡Que sea ésta un recuerdo permanente del afecto y el agradecimiento de mi país a su espíritu de amistad!

    Señor Presidente Jacques Chirac:

    Usted lo ha dicho: “La evolución del mundo hace indispensable nuevas solidaridades”. En desarrollo de este postulado, hemos confiado siempre en el respaldo firme de Francia ante las difíciles circunstancias que vive Colombia y que estamos enfrentando con decisión.

    Por eso quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerle muy especialmente, señor Presidente, el papel destacado que ha jugado su país en el Proceso de Paz colombiano: Francia sirvió hace un año como anfitrión en el recorrido que realizaron por Europa negociadores del gobierno y del grupo insurgente de las FARC; participó en la Audiencia Internacional sobre Cultivos Ilícitos y Medio Ambiente que se llevó a cabo en junio del año pasado en San Vicente del Caguán, dentro del proceso de enriquecimiento de la agenda temática con esa agrupación; asimismo, forma parte del Grupo de Países Amigos que están acompañando el proceso de acercamiento con el ELN, el cual esperamos que muy pronto se concrete en negociaciones efectivas, y, por último, como ya dije, integra también el Grupo de Apoyo al Proceso de Paz, a través del cual se está canalizando la cooperación de la Unión Europea y otros países con los diversos programas que conforman la Estrategia de Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social que hemos propuesto para sentar las bases de la paz en nuestro país.

    Por la generosidad y comprensión de Francia con el crucial momento que vive Colombia, señor Presidente Chirac, y por su cordial invitación a visitar este querido país, para dialogar con franqueza con su gobierno, con los miembros del legislativo, con los académicos, con los empresarios y con los medios de comunicación de Francia, quiero manifestarle nuestro más sincero agradecimiento.

    Apreciado Señor Presidente:

    El General Charles de Gaulle, que tantos recuerdos dejó en los colombianos durante su visita a nuestro país a mediados de la década del sesenta, y a quien la historia reconoce como el héroe de la resistencia francesa, lo ha dicho con palabras concisas: “El carácter es la virtud de los tiempos difíciles”.

    Colombia, enfrentada hoy a los vientos tormentosos de la violencia y el problema mundial de las drogas, ha hecho al mundo un pedido para que la respalde en esta compleja situación, poniendo en práctica el principio de la responsabilidad compartida que atañe a todos los países productores o consumidores de drogas.

    Lo hemos hecho, ante todo, con dignidad, manteniendo ese “carácter” del que hablara De Gaulle, porque somos conscientes de que hemos entregado ya demasiado y de que seguimos haciendo mucho por superar nuestros problemas y por colaborar con el mundo en la erradicación de este flagelo universal.

    Quiero, señor Presidente, para terminar, recordar las palabras que pronunció en Bogotá, hace ya 36 años, el recordado General, sobre la visión común que comparten nuestras dos naciones:

    “Existe entre ustedes y nosotros, en todo lo que concierne al alma y el espíritu, y, en consecuencia, en la manera de considerar el destino del hombre y del mundo, una comunión elemental que nos pone instintivamente de acuerdo y nos dispone a actuar concertadamente”.

    Así es, señor Presidente Chirac: esa es la positiva realidad que preside nuestras relaciones, y por eso hoy, en los albores del siglo XXI, usted sigue haciendo honor a esa comunidad del alma y el espíritu que existe entre nuestros pueblos.

    Permítame, por ello, que, en homenaje al don maravilloso de la amistad que nos congrega, levante mi copa, como un símbolo que celebra nuestro destino común, y brinde a su salud, señor Presidente, y por la prosperidad y felicidad del querido pueblo francés.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    París, Francia
    22 de enero del 2001

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