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  • SECUESTRO Y EXTORSIÓN, ENEMIGOS DE TODOS Y ENTRE TODOS VAMOS A DERROTARLOS

    COLOMBIANOS:

    Gracias a un acto de solidaridad sin precedentes en el país, en el que se unieron la familia afectada, los medios de comunicación, las fuerzas del Estado que combaten el delito del secuestro y las voces de todos los colombianos de bien,  que repudiaron y repudian este atentado contra los principios de la vida y la libertad, hoy, después de 70 días de secuestro, la niña Luisa Fernanda Cano está de nuevo en su casa, con sus padres y su hermana.

    Sin lugar a dudas se trata de una excelente noticia, pero esto no basta. No podemos permanecer como simples espectadores ante actos absurdos como el cometido por la guerrilla contra Vicente Morales, un anciano del municipio de El Zulia, a quien sacaron de su parcela y mantuvieron por más de un mes enterrado en una “tumba de tierra húmeda” hasta que finalmente fue rescatado por el Gaula, más muerto que vivo.

    Tenemos que multiplicar esta voz y esta solidaridad sin límites para que niños como Andrés Felipe Navas en Bogotá, o Dagoberto Ospina y Carlos Alberto Bernal en Cali, o Juan José Martínez y Diego Cruz en Villavicencio, vuelvan a sus hogares. Tenemos que unirnos más para que los cientos de colombianos secuestrados, incluyendo a los soldados y policías que siguen hoy sin libertad, regresen a sus familias, sanos y salvos. ¡Sanos y salvos! Tenemos que hacer un frente común y exigirle a la guerrilla, a las autodefensas y a los delincuentes comunes, a estos violadores de la libertad y de la vida, que acaben de una vez por todas con este delito.

    El secuestro y la extorsión son también un problema de todos y, como hemos visto, ataca a todos por igual: al campesino, al pequeño y al gran empresario, a las familias que viajan temerosas por las carreteras, al tendero del barrio, al transportador, al vecino, al familiar, al amigo. Hoy, en nuestro país, se secuestran 9 personas al día –oígase bien: ¡nueve familias desbaratadas cada día!-, lo que nos ha convertido, y lo digo con vergüenza, en campeones mundiales en secuestros. ¡Tenemos que proponernos entre todos abandonar este primer puesto que sólo nos muestra ante el mundo como un país que no es solidario con sus secuestrados!

    Para tal fin, he ordenado la destinación, por lo que resta de este año, de unos fondos adicionales de dinero por más de 20.000 millones de pesos, que irán a fortalecer de una manera muy importante las instituciones del Estado, como el Ejército, la Policía Nacional, el DAS y, en general, los grupos Gaula que combaten sin pausa, día a día, contra el secuestro. Adicionalmente, crearemos en las principales capitales, con alcance regional, unas oficinas de prevención para capacitar y acompañar a las personas de más alto riesgo y enseñarlas a protegerse.

    También presentaré el próximo 20 de julio al Congreso un proyecto de ley que establezca una pena mínima de 25 años de cárcel para los secuestradores, sin posibilidad de rebaja, la cual puede llegar a doblarse en caso de que las víctimas sean niños. Y, además, expediré un decreto para facilitar el pago de recompensas a quienes denuncien a los secuestradores o colaboren con la libertad de un secuestrado.

    Y para acabar de una vez por todas con las organizaciones que hoy desde las cárceles manejan las redes de secuestro y extorsión, llevaremos a los secuestradores a unas cárceles especiales en Valledupar y en Acacías, Meta, en las que los mantendremos totalmente incomunicados y fuertemente custodiados.

    Además, informaremos al mundo entero sobre nuestra lucha y en este proceso denunciaremos a los secuestradores y a sus actos de crueldad ante los foros, las comisiones y las cortes internacionales. Vamos a exponerlos ante el mundo, vamos a devolverle el valor al respeto por la vida y la libertad, y vamos a presentar a estos pocos que torturan y le ponen precio a la vida de un ser humano como una vergüenza del país que tenemos que combatir y tenemos que acabar.

    Hoy quiero proponerle a los colombianos que abramos la discusión para volver a posibilitar el congelamiento de los bienes de las familias de las personas secuestradas, para cortar de un tajo el negocio del secuestro. En otros países esta medida ha tenido gran efectividad, incluso más que la de la imposición de la pena de muerte o la cadena perpetua. Por eso los invito a que volvamos a analizar entre todos esta posibilidad y a que, si nos ponemos de acuerdo en este tema, busquemos el mecanismo jurídico más adecuado para llevarlo a la práctica.

    También quiero dirigirme hoy especialmente a los secuestradores y hablarles al corazón, si es que tienen corazón, si es que tienen familiares, y son papás o mamás o hijos. Antes de meterlos los próximos 25 años o 50 años de su vida a las cárceles, quiero invitarlos a reflexionar sobre el respeto a la libertad y a la vida de sus hermanos colombianos; quiero invitarlos a que devuelvan a todos los secuestrados ya. La vida no tiene precio y a quienes pretenden vivir de esto, vamos a buscarlos y a encontrarlos y a castigarlos, estén donde estén y cuéstenos lo que nos cueste.

    Mientras no vivamos tranquilos y mientras no podamos movernos en libertad por nuestro país, todos estamos presos y de cierta forma secuestrados, ¡todos! Nadie como usted, como todos los colombianos de bien que somos la inmensa mayoría, tiene un arma más efectiva contra este delito: tiene su voz y la voz es la mejor arma, su mejor arma. Su voz para denunciar, para informar, para delatar; su voz para devolverle la vida y la libertad a personas que tal vez hoy no conoce, pero que son colombianos como usted. Y mañana puede ser usted mismo o alguien de su familia o su amigo o su vecino.

    Colombianos:

    El secuestro y la extorsión son enemigos de todos y entre todos vamos a derrotarlos. Con su compromiso y sus denuncias, sin miedo, de la mano de Dios, de su mano, de la de los medios de comunicación y de las fuerzas del Estado que combaten estos delitos, con el apoyo y la solidaridad de todos, vamos a derrotar a los violentos, para que nuestra Empresa Colombia vuelva a vivir tranquila, a crecer y a progresar con libertad.

    Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

    Buenas noches.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    30 de junio del 2000

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