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  • SIN PRESIONES EL GOBIERNO DEFINIRÁ PANORAMA LABORAL

    Como Presidente de la República les he dicho a ustedes que les iba a hablar con franqueza y claridad sobre el estado de la nación. Por eso hoy quiero informarles sobre los sucesos de los últimos días que han merecido la atención del gobierno e interesan a la opinión pública.

    Como muchos de ustedes lo saben el paro estatal que la dirigencia sindical  decretó la semana pasada ha sido declarado ilegal. Esta declaratoria se dio porque el paro atenta contra las normas jurídicas, afecta servicios públicos esenciales y, en muchos casos, desborda la institucionalidad de nuestro país. Pero, por sobre todo, porque obliga a entregar cosas que no se pueden entregar.

    Mientras la inmensa mayoría de los colombianos queremos trabajar, un grupo de sindicalistas estatales permanecen en un paro injustificado e inaceptable. Este supera además, las características propias de un conflicto laboral para convertirse en un paro político cuyas demandas exceden la capacidad de un gobierno frente a la sociedad. No es posible sentarse a negociar con un grupo minoritario la reforma de todo el Estado.

    Estos han dado, también, una demostración de intransigencia y de falta de comprensión frente a la real situación de las finanzas de la Nación. Y es que, para poder satisfacer todas las demandas sindicales, tendríamos que poner cuatro veces más impuestos de los que hay en la actualidad.

    Tengo sí que hacer un reconocimiento a todos de los trabajadores públicos que han continuado en sus labores por su actitud patriótica y de servicio al país. Un gobierno no puede permitir que un grupo de personas, por importantes que ellas sean, se tomen edificios, fábricas e instalaciones poniendo como muralla humana a mujeres embarazadas y niños para impedir el despeje del acceso a los lugares de trabajo a aquellas personas que desean trabajar.

    Hemos dado instrucciones precisas a los directivos de las entidades afectadas para que descuenten los días no trabajados a las personas que se mantengan en su empeño de no trabajar.

    La semana pasada nada más, la Caja Agraria afectada por el paro, pasó por un momento financiero crítico cuando algunos trabajadores no dejaron entrar al público que llevaba consignaciones. Mientras tanto, las personas que tenían cuentas giraron sus cheques lo que provocó una disminución en la cantidad de dinero disponible en la Caja Agraria. Un hecho como el descrito no puede ser aceptado.

    El gobierno va respaldar a la Caja Agraria. Para salvarla, se tomaron medidas drásticas desalojando las oficinas de la institución, tomadas por sindicalistas.

    Aún así, las pérdidas estimadas por la imposibilidad de operar el canje bancario alcanzan volúmenes muy cuantiosos.

    Otra de las peticiones de los sindicatos es la relativa al aumento de salarios. En ese campo la decisión de mi gobierno es firme. Ha dicho que se aumentarán los salarios de los trabajadores al servicio del Estado en una cifra promedio del catorce por ciento.

    Esto significa que ese aumento será repartido de manera proporcional entre los empleados con bajos salarios y aquellos funcionarios de ingresos más altos. Mediante esta fórmula, más del 70%de los trabajadores recibirán un aumento de más del 17%, entiéndase un aumento por encima de la inflación presupuestada por el Banco de la República para 1999 quees del 15%.

    Por ello quiero pedirle a quienes tienen un empleo que nos permitan, aceptando esos incrementos salariales, crear oportunidades de trabajo a quienes no las tienen y las merecen. En eso estamos porque nos duele –de verdad-la creciente situación de los desempleados. Situación, además, que va a crecer aún más hacia el final del año. Esa es la cuota de sacrificio que les invito a poner a los trabajadores colombianos que no padecen el desespero del desempleado.

    El gobierno central ha cumplido con sus compromisos fiscales hacia las regiones que están encargadas de administrar la salud y la educación. Así lo ordena el proceso de descentralización que la Constitución del 91 le dio al país. Para respetar esa Constitución, recibí un mandato de más de seis millones de votos. Por eso quiero insistirle a los jefes sindicales que, dentro de sus peticiones, hay demandas que no son del resorte del Presidente sino de los gobernadores y los alcaldes como aquellas que tienen que ver con la educación pública y la salud. La alternativa no puede ser, pues, regresar a un pasado centralista.

    Miremos, sin embargo, algunos indicadores en educación y salud que nos preocupan.

    En 1996, por cada peso que se daba en servicios hospitalarios, se gastaba el mismo peso. Hoy por cada peso que se da en estos servicios, se gastan 1,50, porque, en lugar de aumentar el número de camas lo que se ha hecho es contratar más gente.

    En lo que respecta a las dificultades que enfrenta la educación quiero hacer referencia a algunos datos que ilustran la situación. Padres de familia nos han transmitido en los últimos días, datos como los siguientes: entre 1991 y 1998 se han realizado en el país alrededor de 350 ceses de actividades docentes de maestros distritales, municipales y nacionales. Los estudiantes colombianos no pueden seguir faltando a clase viendo reducidas sus oportunidades de aprendizaje por culpa de unos maestros que no quieren trabajar.

    Debemos, como Gobierno, proteger los derechos y las garantías de los colombianos que quieren tener servicios de salud y educación. No podemos permitir que las escuelas, los hospitales y las entidades del estado vean la atención al público desmejorada por la voluntad de unos pocos. Y es que produce estupor y rabia saber que un alumno promedio de escuela pública ha perdido, por culpa de los paros de maestros y otras suspensiones, la mitad de las clases que debería atender en un año escolar.

    Estas cifras significan que los estudiantes colombianos no asisten a seiscientas horas de clase al año, en contraste con el promedio de otros países. En el caso de los países como Japón y la China, el promedio está entre 1.800 Y2000 horas de clase, mientras que en los Estados Unidos alcanzan las 1.500 horas de clase anuales.

    El gobierno interpreta el clamor de los padres de familia en el sentido de garantizar y proteger la asistencia a clases de los alumnos. Sin educación no hay paz ni progreso.

    Quiero reiterarles algo sobre la situación fiscal. Encontramos un déficit del Gobierno Central de 4.8% del PIB, el cual podría llegar a la exorbitante cifra de 12% en el año 2005 si no se aplican con rigor las medidas que estamos tomando. Adicionalmente el servicio de la deuda, es decir la plata que hay que pagar para que nos sigan prestando para construir las vías, los centros de salud y las escuelas que el país tanto necesita, se ha cuadruplicado en cuatro años y ahora representa casi una tercera parte del Presupuesto General de la Nación.

    Si no hubieran echado a la hoguera del gasto tanta leña hasta hacer detonar  las finanzas públicas, hoy no estaríamos curando las quemaduras causadas por el voraz incendio fiscal. Si no hubieran abandonado a las cooperativas y a las entidades del sistema financiero a su propia suerte, hoy no estaríamos destinando preciosos recursos de la sociedad a evitar el colapso de dicho sistema. Si no hubieran dejado a un lado toda preocupación por la corrupción y el desgreño con que se hace el gasto público, hoy no tendríamos que aplicar tan cuidadosa cirugía a las finanzas nacionales.

    Mi visión de Colombia se basa en el compromiso de todos para solucionar nuestros problemas. Y en la participación en la búsqueda de estas soluciones dentro de los canales que garantiza la Constitución, incluido el derecho a la protesta social. Porque soy un demócrata convencido, estoy dispuesto a dialogar sobre todos estos temas pero no a negociar los principios constitucionales que rigen nuestro estado. Pero quiero ser enfático en afirmar que no está dentro de mis planes suscribir, como en el pasado, acuerdos que comprometan seriamente la estabilidad de la Nación.

    Por ello, me niego a creer que, en las presiones sindicales de hoy, existe el ánimo revanchista por parte de quienes añoran épocas de favoritismos, desgobierno y falta de claridad sobre el destino de Colombia. El manejo laxo, sin mandato distinto al de la supervivencia en el poder, llevó a pactar condiciones inaceptables que no consultaban el mejor interés de la nación sino que se preocupaban por hacer gestos a la galería, apagando incendios y aplazando soluciones de fondo.

    En el tema de la paz hemos avanzado.

    La iniciación de diálogos entre el Gobierno y el Eln constituye un hecho que debemos registrar con entusiasmo. Igualmente lo es, el que, a partir de este diálogo, el Gobierno haya recibido para su consideración un acuerdo logrado entre esta organización guerrillera y personas representativas de la sociedad.

    Este avance y la inminente zona de distensión que tendremos en cinco municipios de Colombia para iniciar los diálogos francos con los voceros de las Farc demuestran que los hechos de paz son más contundentes que la retórica de paz. Paso a paso con seriedad y eficacia estamos haciendo bien la tarea que nos encomendó la Nación.

    Estoy seguro que todos los colombianos comparten conmigo la esperanza de que el compromiso de la paz es una gran alianza contra el delito del narcotráfico, del uso indebido de los recursos públicos, de la exclusión, de la injusticia social, del secuestro, del terrorismo y de la violencia.

    La comunidad internacional tiene claro que los enemigos de la paz son los protagonistas de estos delitos. Por eso está apoyando con entusiasmo el gran plan de reconstrucción nacional y de transformación en nuestras costumbres políticas, sin lo cual no será posible la verdadera democracia.

    Creo, como jefe de la nación colombiana, que la paz puede estar cerca si todos los protagonistas respetamos las reglas del juego; si apostamos con cartas limpias y ponemos por encima de los intereses de grupo o de personas los supremos intereses de una patria en la que podamos caber todos.

    Sé muy bien que es posible construir la paz en medio de la guerra o en medio de la paz. Preferiríamos hacerla en medio de la paz. Lenta pero firmemente estamos removiendo las razones, si es que puede haberlas, que nos han llevado a matarnos entre nosotros y romper todos los límites de la convivencia civilizada.

    A medida que avancen los diálogos cada colombiano amigo o enemigo del gobierno, de la guerrilla, de los paramilitares o de ninguno, entenderá que tiene algo que aportar para una paz seria, responsable y discreta que es la única posible y la única sostenible.

    Frente a quienes se niegan a aceptar esa nueva realidad y quieren atravesarse en el camino de la justicia social, yo tengo la obligación de asumir la defensa de los más pobres y de los desempleados. Cada medida que hemos tomado hasta el momento y las que tomaremos en el futuro tiene como objetivo reducir los efectos del desempleo. He dado órdenes a cada uno delos integrantes del alto Gobierno para que faciliten la generación de empleos en los distintos sectores de la economía.

    Por otra parte, soy consciente de las dificultades que han tenido que padecer algunos ahorrador es damnificados por el cierre de algunas entidades del sistema cooperativo. He dado instrucciones a la Superintendencia Bancaria para que diseñe mecanismos para aliviar, en parte, los daños provocados por el irresponsable manejo que, del sector, hizo la pasada administración. A pesar de la insuficiencia de recursos, la Superintendencia Bancaria busca los mecanismos para mitigar la pérdida de los que ahorran en las cooperativas.

    Por esto, en nombre de los ahorradores de las entidades financieras cuyos ahorros hemos protegido, de los desplazados del Magdalena Medio a quienes hemos tendido, con nuestros escasos recursos, una mano justa y generosa, de los desempleados que angustiosos ven desperdiciados sus largos años de estudio, ya quienes queremos dar la oportunidad de un empleo productivo, estoy haciendo hoy un llamado a todos los colombianos.

    Un llamado para que dirijamos nuestras inquietudes e insatisfacciones a la labor de construir una patria nueva y no a destruir lo más valioso que tenemos: la fe en Colombia, en su gente y en su gobierno.

    Se avecinan épocas difíciles que requerirán de esfuerzos, sacrificios y de tenacidad. No prometo soluciones mágicas ni milagros. Tengo un equipo que toma decisiones y propone alternativas. Encaramos los muy difíciles problemas de hoy con la seguridad de que, en un plazo razonable, van a traer bienestar y progreso a todos los colombianos, los del presente y los del futuro. Por eso repito que no vamos a ceder ante pretensiones inalcanzables que comprometen la integridad económica de la Nación.

    Hasta ahora estamos poniendo los cimientos de lo que será la transición definitiva hacia un país mejor. Ese fue mi compromiso con Ustedes cuando me eligieron y esa es la dimensión de mi responsabilidad. De la mano de nuestro buen Dios, que no nos ha olvidado, y con todos Ustedes lo vamos a lograr.[fusion_separator style_type=”none” top_margin=”10px” bottom_margin=”” sep_color=”” icon=”” width=”10px” class=”” id=””/][/fusion_builder_column][fusion_builder_column type=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_size=”” border_color=”” border_style=”solid” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”no” center_content=”no” min_height=”none”][fusion_title size=”2″ content_align=”left” style_type=”single solid” sep_color=”” class=”” id=””]

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    13 de noviembre de 1998

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