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  • SUS MAJESTADES LOS REYES DE ESPAÑA FORMAN PARTE ESENCIAL DE LO MÁS ENTRAÑABLE DE NUESTROS AFECTOS

    HONORES MILITARES DE BIENVENIDA A SUS MAJESTADES LOS REYES DE ESPAÑA

     ¡Todo el corazón de Colombia ha salido emocionado a dar una bienvenida cálida y festiva a los Reyes de España!

    No se trata, no, de un saludo protocolario, de esos que indican las pomposas circunstancias y los manuales de diplomacia.

    No se trata tan sólo del recibimiento formal a un Jefe de Estado, su dignísima esposa y su comitiva de amistad.

    Cuando digo que Colombia entera se brinda de corazón en esta bienvenida es porque Sus Majestades, el Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, y la Reina Sofía, forman parte esencial de lo más entrañable de nuestros afectos.

    Esto no constituye una sorpresa sino una reiteración, porque este cariño sincero lo han podido vivir ya Sus Majestades en las distintas oportunidades en que han visitado esta tierra colombiana mágica y soñadora, verde y fértil, vital y generosa como pocas.

    Hace ya cuatro décadas, Su Majestad, cuando Usted arribó al puerto de Cartagena de Indias, en su calidad de Guardiamarina del buque escuela “Juan Sebastián Elcano”, pudo apreciar, sin duda, que en Colombia la gente siempre tiene una sonrisa para regalar, que la música es una cascada de ritmos vibrantes y contagiosos y que el aire es un cálido abrazo que nunca nos abandona, donde se mezcla la brisa del mar con el aroma sensual de los frutos de la tierra, ese “olor de la guayaba” que tanto añora y quiere nuestro admirado Gabo.

    Nuevamente tuvimos la alegría de su visita, esta vez como Soberano del Reino de España y en la feliz compañía de la Reina Sofía, cuando vinieron a Cartagena y Bogotá en 1976, en un nuevo aniversario del Descubrimiento de América, y luego, en 1994, cuando asistieron, como cada año desde hace una década, a una reunión de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en la histórica ciudad amurallada.

    También nos han acompañado, con fraternidad y solidaridad sin límites, en los momentos difíciles de nuestra Patria. La visita de Su Majestad, la Reina Sofía, en 1985, con ocasión de la dolorosa tragedia del Nevado del Ruiz, que sepultó un pueblo entero, y el viaje reciente del Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, para acompañarnos en el difícil trance del terremoto que asoló el Eje Cafetero, son dos hitos de afecto y presencia oportuna que los colombianos jamás olvidaremos.

    Valga resaltar que no fue ésta la primera visita del Príncipe de Asturias, quien ya había venido a Cartagena, siendo aún muy joven, en 1983, para la celebración de sus 450 años de fundación, en lo que constituyó su primer viaje oficial a un país extranjero. Y recuerdo también, con gratitud, que su presencia dio prestancia singular a mi acto de posesión como Presidente de la República, el 7 de agosto de 1998.

    ¡Esa es España, la “Madre Patria” de Colombia y de toda Hispanoamérica, y ese es el talante generoso y humano de sus soberanos!

    ¡Cómo vamos, entonces, a asombrarnos de que en estas tierras se les admire y quiera con corazón sincero y desprendido!

    Majestades:

    Tenerlos con nosotros, en esta renovada y dinámica ciudad de Bogotá, admirando la imponencia de los cerros tutelares de Monserrate y Guadalupe, es como apreciar en un momento la más simbólica síntesis de nuestra historia, enmarcada por la palpable realidad de una amistad duradera.

    Para ustedes, Majestades, que acaban de hacer un corto recorrido desde la llamada “Casa del Florero”, donde se comenzó a gestar una independencia política que nunca llegó a ser una independencia de los afectos; que han contemplado la Catedral Primada de Colombia y la amplia y serena Plaza de Bolívar, y que han visto a su paso las calles encumbradas y pintorescas de este tradicional barrio de La Candelaria, venir a Bogotá es como reconocer, allende el mar, otro retazo de su entrañable España.

    Aquí no hay extranjeros. No puede un español sentirse en tierra ajena cuando viene a Colombia, un país que preserva y admira como pocos su legado hispánico, un país que defiende a capa y espada el buen uso del castellano, un país que abre sus brazos ante un pueblo hermano y amigo, al que nos une, más que nos separa, el beso húmedo y cristalino del Atlántico.

    Cuarenta millones de colombianos con la sangre de España corriendo por sus venas, hoy, por mi intermedio, saludan en Sus Majestades, con un afecto solidario y perdurable, a la querida España de nuestro corazón:

    a la España que arribó en las carabelas de Colón;

    a la España hecha verso, flamenco y cante jondo;

    a la España del Quijote, de torres medioevales, de paisajes de ensueño, de corridas de toros, de tapas y tablaos;

    a la España moderna y democrática que hoy y siempre deja su impronta en Europa, en América y el mundo;

    a nuestra España viva e inmemorial, que nos sale del alma, viril y apasionada, gentil y generosa, que tanto queremos.

    ¡Sean bienvenidos, Sus Majestades, a la que ha sido siempre su casa y la de todos los españoles!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    28 de noviembre del 2001

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