Madrid, España
20 de marzo de 2018

Andrés Pastrana: «Rodríguez Zapatero ha mantenido la narcodictadura de Maduro en el poder»

Voz crítica tanto con el chavismo como con el castrismo, el expresidente colombiano cree que «ya se comienza a vislumbrar una fractura dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas»

Andrés Pastrana Arango (Bogotá, 1954) recibe este martes en Madrid el premio que la Fundación Villacisneros le ha otorgado, junto al también expresidente de Colombia Álvaro Uribe, «por su postura ante el proceso de paz con las FARC». El exgobernante (1998-2002) se considera «víctima» del terrorismo y de «los extraditables», un apéndice del cártel de Medellín que le secuestró el 18 de enero de 1988 cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá. Pastrana cree que en terrorismo «hay muchas similitudes» entre España y Colombia. «Un proceso por encima de la mesa en Colombia, aquí hay muchas concesiones a ETA. Los del “no” (en el referéndum sobre los acuerdos de paz) le hemos dicho al presidente Juan Manuel Santos que este y cualquier proceso de paz se debe basar en tres elementos: verdad, justicia y reparación». Como a su juicio no se han cumplido ninguno de los tres, Andrés Pastrana avisa que si el centroderecha gana las próximas presidenciales (27 de mayo y 17 de junio) «vamos a revisar los acuerdos».

¿Qué representa para usted recibir el premio anual de la Fundación Villacisneros?

Muy significativo y un honor para mí por ser víctima del terrorismo y de «los extraditables». En 2002, cuando salí de la presidencia, las FARC habían contratado a ETA para matar al vicepresidente Francisco Santos o la embajadora Noemí Sanín o a mí, que en ese momento vivía en España.

¿Los colombianos han pasado factura a la exguerrilla de las FARC (hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) por las más de cinco décadas de conflicto interno? En el Senado solo consiguieron algo más de 52.000 votos (0,34%).

Santos entregó al país por 50.000 votos. Entregó la Constitución, las instituciones y la justicia por un grupo que utilizó el terrorismo como arma política, como en España, y resulta que terminaron con 50.000 votos. Le han pasado factura a Santos, a su candidato y a las FARC. El partido de la U ha perdido 8 o 9 senadores, no tiene candidato propio. La factura se la han pasado a Santos las encuestas y los colombianos. Tiene entre un 10% y 15% de popularidad. Más del 70% de los colombianos le estamos diciendo que no nos gusta la implementación de los acuerdos de paz. Esto significa que algo quedó mal hecho. Cuando ganamos los del «no» en el referéndum le dijimos a Santos que queremos aportar para hacer un buen proceso de paz y nunca se tuvo en cuenta. El presidente Santos falta a la verdad cuando dice que asumió todo lo que le dijimos los del «no». Los temas fundamentales, verdad, justicia, reparación y narcotráfico no fueron incluidos.

Pero la FARC tienen garantizados cinco escaños en cada Cámara durante los próximos ocho años, en virtud de los acuerdos de paz. ¿Qué espera de su aportación en la Cámara Alta, donde se enfrentarán al senador más votado de la historia del país, Álvaro Uribe (con 866.000 votos)?

No es justo que quienes han cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad hoy estén participando en el Congreso sin haber pagado ni un segundo de cárcel. Eso no lo entienden ni los colombianos ni el mundo. Quedó demostrado que no tienen el respaldo popular, que si el Gobierno no les hubiera dado los escaños, no hubieran llegado al Congreso. Hay un gran escándalo porque a las FARC se les dio más de tres millones de dólares para hacer campaña electoral y dos días antes de la campaña retiraron dos millones de dólares en efectivo, supuestamente para pagar la campaña electoral. Vamos a ver si hay claridad en este tema. Ellos creyeron que la población les iba a recibir con flores y los recibieron con huevos, y no tuvieron el valor de enfrentar la democracia. A mí las FARC me amenazaron de muerte de forma permanente y nunca dejé de ir a una manifestación. Al señor «Timochenko» le tiraron dos huevos en Armenia y se retiró de la política.

Los tres candidatos de la derecha reunieron casi seis millones de sufragios en la consulta interna que también se celebró el 11 de marzo, aunque no todos eran de sus simpatizantes. Cerca del mismo número de votos que dijeron «no» a los acuerdos de paz con las FARC en el referéndum del 2 de octubre de 2016. ¿Es posible un triunfo del ticket presidencial Iván Duque (candidato de Uribe)-Marta Lucía Ramírez (candidata de Pastrana) en la primera vuelta del 27 de mayo?

Difícil, no imposible. La coalición que hacemos con el presidente Uribe, la Gran Alianza por Colombia, busca recoger los 6,5 millones de votos del «no» y convertirlos en candidato a la presidencia. Logramos esa alianza entre Iván y Marta Lucía, en la que la gente no creía y nos criticaba, pero hoy está más fuerte que nunca. Hace tres semanas el centroderecha no estaba ni en primera vuelta. Solo estaban Fajardo y Petro, los dos de izquierda. Hoy existe la posibilidad de que los dos de centroderecha estén en primera vuelta. Hay que esperar a las primeras encuestas. Iván y Marta Lucía tienen más del 40%. Si ellos despuntan y los otros candidatos que se identifican con el centroderecha están débiles, hay que buscar una unión para ganar en primera vuelta a la izquierda y al socialismo del siglo XXI.

¿Qué futuro tendrán los acuerdos de paz firmados el 24 de noviembre de 2016 si el candidato de la Gran Alianza por Colombia llega a la presidencia? ¿Podrá modificar los aspectos más polémicos?

Claro que sí. Es una de las propuestas que hemos hecho, en los temas de justicia, narcotráfico y reparación vamos a revisar los acuerdos. Los presidentes Uribe y Pastrana no somos enemigos de la paz, pero queremos una paz bien hecha. A los primeros que debería interesarles que esos acuerdos en materia de justicia quedaran bien hechos es a las FARC, porque si no son juzgados en Colombia lo hará la Corte Penal Internacional. Cuando la justicia no actúa en un país, la CPI entra a actuar. Si las víctimas no son recompensadas y reparadas en Colombia, van a terminar en la CPI.

¿Existe un riesgo real de que el «castrochavismo» llegue a Colombia o de que se convierta en una segunda Venezuela si gana el candidato populista de izquierdas Gustavo Petro (recibió 2,8 millones de votos en las internas)?

Totalmente. Nosotros sacamos el doble de votos. Petro se cortó. Nunca se imaginó que lo dobláramos en la votación del 11 de marzo. Eso fue lo más importante, que el centroderecha, que 15 días antes no estábamos en la segunda vuelta, hoy tenemos la oportunidad de ganar en la primera ronda. Petro es Chávez, su íntimo amigo fue Hugo Chávez. La política que interpreta Petro está diciendo desde ya que es el absoluto chavismo. Y por eso si hay una posibilidad de ganar en la primera vuelta, debemos unirnos todos para evitar cualquier riesgo en esa segunda vuelta.

El vicepresidente de Colombia, el general Oscar Naranjo, declaró la semana pasada en Madrid que «el proceso de paz en Colombia es un hecho irreversible».

Clarísima equivocación porque él estuvo sentado en la mesa (de negociaciones) y por eso es muy curioso que Naranjo, que había sido reconocido como uno de los grandes luchadores contra el narcotráfico, hoy sea el gran defensor del narcotráfico. Digo esto porque en mi gobierno recibo 180.000 hectáreas de coca de Ernesto Samper, elegido con recursos del narcotráfico. Inicio el Plan Colombia en el año 2000 y dejo 90.000 hectáreas. Uribe continuó el Plan Colombia y le entrega a Santos 40.000 hectáreas. Lo primero que piden las FARC cuando se sientan en la mesa es acabar con la fumigación aérea y en tres años pasamos de 40.000 a 250.000 hectáreas. Nunca antes en la historia de Colombia se había llegado a esa cifra. El gran legado del Nobel de la Paz al mundo es que deja a Colombia como el mayor productor de cocaína del mundo, con las mayores plantaciones en su historia. Un Nobel de la Paz entregando lo que es violencia. Es ese narcotráfico el que está financiando la violencia. Los frentes de las FARC encargados del narcotráfico son los que hoy se llaman las disidencias. Una parte de las FARC entra en el proceso de paz y la encargada del narcotráfico se queda fuera. Por eso no coincido con la aclaración del vicepresidente, claro que son modificables los acuerdos, eso es lo que han propuesto Iván y Marta Lucía, vamos a hacer los ajustes a los acuerdos.

Después del intento de diálogo en el Caguán ¿le hubiera gustado ser el presidente que firmó la paz con las FARC?

Siempre, sí, con las FARC y con el ELN. Curiosamente con el ELN ya habíamos firmado un acuerdo y posteriormente se echaron atrás, según lo comentábamos con Fidel Castro. Pero dimos un paso más. La paz en Colombia se ha ido construyendo, hay otros presidentes que han aportado. Nosotros abrimos una puerta muy importante que fue desenmascarar a las FARC ante el mundo, se dieron cuenta de que no tenían voluntad de paz. Tristemente no la firmamos y cuántos muertos y secuestros nos hubiéramos evitado. Uribe y yo somos amigos de la paz, pero de esa buena paz. La paz no la hace un hombre, la hacemos el país entero, que es el que se va a beneficiar, y por eso la importancia de que el presidente hubiera unido a los colombianos.

¿Respalda la decisión de los opositores venezolanos de no participar en las presidenciales del 20 de mayo en las actuales condiciones?

Totalmente, son unas elecciones ilegítimas. En las elecciones legislativas, 7,5 millones de venezolanos le dieron un mandato a la Asamblea Nacional y no lo cumplió. La Asamblea Nacional era «no» a la Constituyente, se crea una Constituyente que convoca unas elecciones ilegítimas y no dicen nada. Quedaron en nombrar los poderes, entre ellos el Consejo Nacional Electoral, y no lo hicieron. Yo he sido un gran crítico de la posición del presidente José Luis Rodríguez Zapatero porque lo único que ha hecho es mantener a Nicolás Maduro en el poder y darle plazos para que esa narcodictadura se mantenga. Muchos de los muertos pesan sobre Rodríguez Zapatero. El gran líder aquí es el secretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos), Luis Almagro. Ha hecho cuatro informes sobre Venezuela, ha pedido la aplicación de la Carta Democrática y tristemente los presidentes de América Latina abandonaron al pueblo de Venezuela. Solo ahora que entraron Mauricio Macri y Sebastián Piñera se ha levantado la voz contra Venezuela.

¿A qué cree que obedecen las últimas detenciones de militares en Venezuela por parte de quien usted llama su «paisano» Nicolás Maduro?

Hay dos eventos. Uno es que ya se comienza a vislumbrar una fractura en el interior de las Fuerzas Armadas. Y segundo, ya empezamos a ver que hay militares que están levantando su voz para defender las instituciones y la democracia, y por eso la persecución. Hay un temor absoluto. El problema no es que Maduro sea colombiano, como lo establece hoy la Constitución de Colombia y la de Venezuela, el problema es que Maduro no sea venezolano. Por lo tanto hay una ruptura institucional de base. En cualquier país, lo primero que se le exige al presidente es que sea nacional de nacimiento y Maduro no lo es. Hace unos días escribí en Twitter si no será que Maduro está muy angustiado de que los militares saben no es venezolano y por eso los está persiguiendo.

En Twitter también ha dicho que la madre de Nicolás Maduro nació en Cúcuta (Colombia).

Hay dos temas. ¿Quién es colombiano de nacimiento? El artículo 96 de la Constitución dice que son los hijos de padre o madre colombianos. En la fe de bautismo de la madre de Maduro está claramente demostrado que nació en Cúcuta y, por tanto, era colombiana. De forma contradictoria Maduro, cuando muere su madre, saca un registro que dice que nació en Rubio, en la frontera entre Táchira y Norte Santander. Aquí estamos demostrando que Maduro es colombiano porque es hijo de madre colombiana.

Pero si él nació en Venezuela, será venezolano.

No, porque tendría la doble nacionalidad que es la que le prohíbe ser presidente de Venezuela. El nunca renunció y mintió cuando muere su madre y dice que nació en Rubio, cuando nació en Colombia. Para ser presidente tiene que ser venezolano de nacimiento y no tener doble nacionalidad.

El régimen cubano vetó su entrada y la del expresidente boliviano Jorge Quiroga cuando se disponían a recibir el premio Oswaldo Payá en representación del grupo Idea hace dos semanas. ¿Pudo hacerse una idea de cómo trata la Seguridad del Estado cubana a quienes disienten?

Totalmente, además yo he sido el único presidente de Colombia que fue en visita de Estado a Cuba en 1999 y mantuve una estrecha relación con Fidel Castro porque en el único proceso de paz en que él se involucró directamente fue el de Colombia con el ELN, no con las FARC. El ELN es castrista, las FARC marxistas-leninistas. Cuando fuimos ahora, nunca me llamó el embajador cubano a la oficina para decirme que no iba a ser recibido. Lo que hicieron es enviar mensajes de que posiblemente no nos iban a dejar entrar en la isla. Nosotros íbamos a recibir un premio en vísperas de unas supuestas elecciones. Lo que hubo el 11 de marzo en Cuba fueron selecciones, no elecciones. Lo más contradictorio es lo que sucedió en mi país, donde la propia canciller, en el comunicado más vergonzoso de la diplomacia colombiana, defiende la dictadura y no a un expresidente elegido democráticamente. El hecho no es por qué no pude entrar sino por qué me lo prohibieron cuando no necesitamos visado con Cuba. Lo que quedó al descubierto y se desenmascaró fue la dictadura cubana. Unos días antes el presidente Raúl Castro pide a la Cumbre de las Américas que en Lima tienen que darle voz a un narcodictador como Nicolás Maduro. Pero luego Raúl Castro le prohíbe la entrada a dos expresidentes elegidos democráticamente. Ahora nos tenemos que preguntar por qué una dictadura como la de Raúl Castro está invitada a una cumbre democrática. Se nos prohibió la entrada porque íbamos a recibir un premio de un líder opositor. La pregunta que nos tenemos que hacer los demócratas de la región no es si Maduro habla o no, sino por qué está invitado Raúl Castro.

Fuente: ABC de España

23 de julio de 2017

«Después del 30 de julio, Nicolás Maduro sería decorativo o prescindible para Diosdado Cabello, quien tendría el poder eterno y dictatorial de Stalin, con el control del negocio de la cocaína que tenía Escobar, con todo un Estado petrolero a su disposición»

Neomar Lander, joven venezolano, diecisiete años, delgado, mirada decidida, impetuoso. Marchaba por las calles con un casco en la cabeza, una camiseta raída que rezaba «Yo soy libertador», máscara antigás colgando del cuello, guante en la mano derecha para devolver las calientes bombas lacrimógenas, flor en la otra para entregarla a los represores.

El 7 de junio un proyectil que se desplazaba a 270 km./hora, disparado a quemarropa, le partió el pecho y acabó con su vida. Como Neomar, muchos jóvenes libertadores están dando la vida por su Venezuela.

Leer esto es posible, pero escucharlo de su madre, sentada frente a uno, es imposible. Las lágrimas afloran, el corazón siente el impacto y se quiebra como se partió el de ese joven que se fue al cielo. El 15 de julio en Caracas escuchamos este relato y varios otros igualmente desgarradores y dolorosos. Ese día también conversamos con las mujeres de los militares presos y con el liderazgo emergente de Venezuela, jóvenes treintañeros, alcaldes, diputados y activistas. Los llaman los 2007, porque fueron los dirigentes universitarios que se movilizaron cuando el régimen cerró RCTV, el canal de televisión con el que crecieron. Nacieron a la vida política cuando el iPhone llegó a las nuestras, aprendieron a hacer política luchando en las calles y en las redes sociales, con celular inteligente en mano, filmando, tuiteando y en Facebook.

Derrotaron a Chávez en el apogeo de su poder hace diez años, el líder que explicaba y cosechaba aplausos, que tocaba corazones y brotaban lágrimas, que bromeaba y sacaba risas. Hoy enfrentan al sucesor que habla con pajaritos, arenga vacas y saca risas; que reprime y deja a madres llenas de lágrimas; que no puede ni comprar aplausos; que reemplaza con botas represivas los votos perdidos.

La Asamblea Nacional, en una jugada magistral, canalizó todas estas fuerzas de calle y convocó una consulta popular organizada por la ciudadanía, en quince días, sin recursos, sin apoyo estatal -más bien en contra del sabotaje estatal. Las limitaciones eran enormes, la oposición logró instalar solo una tercera parte de las mesas electorales que se tiene en comicios normales; por cada siete puntos de votación, con múltiples mesas, que se tenía en diciembre 2015, ahora sólo se tenía uno. No se podía cubrir toda la geografía nacional y fue imposible llegar a muchas áreas semiurbanas y rurales.

El 16 de julio el pueblo venezolano rechazó masivamente la constituyente madurista que busca establecer un soviet cubano; exigieron que los militares bajen sus armas y controlen a los paramilitares asesinos; votaron exigiendo que se respete el Congreso castrado por el régimen y se recuperen las instituciones judiciales y electorales independientes. Las colas eran impresionantes, la fuerza y pasión popular simplemente incontenibles. Vimos la movilización ciudadana más grande de la historia. Las mujeres eran mayoría abrumadora en el manejo de las mesas y las más apasionadas en las calles. Era como ver a María Corina Machado clonada y multiplicada por miles. La mujer venezolana que Alfredo Romero, el jurista incansable que dirige el Foro Penal Venezolano, describe en su canción como: «aquellas que sueñan, que golpean con el corazón el vil despotismo… que luchan, que aman y gritan Libertad… Mi mujer, toma tu bandera, mi patria y tu belleza, mi mujer Venezuela». Contra el régimen autoritario, la victoria llevará nombre de mujer.

Los demócratas venezolanos sobrepasaron los 7,5 millones de votos, prácticamente el mismo aplastante resultado que permitió en diciembre de 2015 obtener dos tercios del Parlamento. Fueron dos goleadas consecutivas de los venezolanos al narco-régimen. Y no sólo participaron los jugadores de la cancha; también lo hizo -y en qué número- la diáspora venezolana regada por el mundo, a la que une también el afán de salvar a su país.

¿Y ahora qué? La presión popular en la calle redoblará: tiene la legitimidad democrática demostrada en la consulta del 16 de julio y la presión institucional del Congreso.

La comunidad internacional exige anular la constituyente fraudulenta. Los tres irrefutables, irrebatibles y devastadores informes del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en 267 páginas, desnudaron a la narcodictadura ante el mundo.

Las Fuerzas Armadas deberán acatar la voz del pueblo que el 16 de julio les exigió que bajen las armas, cesen la represión y cumplan la Constitución.

El Santo Padre siempre pide «recen por mí». En esta coyuntura crítica, rezamos por él; que se pronuncie con su voz y su firma para exigir a Maduro que anule el paso final de su golpe continuado: la tramposa constituyente. Así se puede negociar la transición definitiva que permita redemocratizar Venezuela con elecciones generales este 2017.

Finalmente, Maduro deberá analizar si está dispuesto a seguir asesinando para instaurar el primer narco-soviet en la historia. La constituyente fraudulenta sería dirigida por el tenebroso Diosdado Cabello, una despreciable mezcla de Stalin y Pablo Escobar. Él anunció que después del 30 de julio va a defenestrar a la fiscal y a los gobernadores opositores, encarcelar a todos los opositores, cerrar el Congreso para que nunca más se vote en Venezuela. Maduro sería decorativo o prescindible para Cabello, quien tendría el poder eterno y dictatorial de Stalin, con el control del negocio de la cocaína que tenía Escobar, con todo un Estado petrolero a su disposición. Muchos dicen que Maduro no es tan tonto como parece, pero si persiste en instalar este narco-soviet el 30 de julio para otro, mientras él queda como un represor sanguinario, terminará demostrando que es mucho más idiota de lo que parece.

Pero la dictadura no podrá contra todo un pueblo movilizado.

No podrá contra el sacrificio de Neomar Lander, quien se hubiese graduado de Bachiller el pasado 19 de julio. Su madre, Sugei, nos dijo que su hijo no conoció otro gobierno que esta dictadura que le reventó el pecho. Llorando, pero firme, prometió que honrarán el sacrifico de Neomar luchando para que Paola -su pequeña hija de trece años, cuya cara tomó entre sus manos mientras hablaba- viva en una Venezuela libre y democrática. Paola Lander, la niña que un día será mujer, Patria y belleza. Paola será Venezuela.

Andrés Pastrana Arango fue presidente de Colombia y Jorge Quiroga lo fue de Bolivia

Fuente: ABC.es

«Después del 30 de julio, Nicolás Maduro sería decorativo o prescindible para Diosdado Cabello, quien tendría el poder eterno y dictatorial de Stalin, con el control del negocio de la cocaína que tenía Escobar, con todo un Estado petrolero a su disposición»

Neomar Lander, joven venezolano, diecisiete años, delgado, mirada decidida, impetuoso. Marchaba por las calles con un casco en la cabeza, una camiseta raída que rezaba «Yo soy libertador», máscara antigás colgando del cuello, guante en la mano derecha para devolver las calientes bombas lacrimógenas, flor en la otra para entregarla a los represores.

El 7 de junio un proyectil que se desplazaba a 270 km./hora, disparado a quemarropa, le partió el pecho y acabó con su vida. Como Neomar, muchos jóvenes libertadores están dando la vida por su Venezuela.

Leer esto es posible, pero escucharlo de su madre, sentada frente a uno, es imposible. Las lágrimas afloran, el corazón siente el impacto y se quiebra como se partió el de ese joven que se fue al cielo. El 15 de julio en Caracas escuchamos este relato y varios otros igualmente desgarradores y dolorosos. Ese día también conversamos con las mujeres de los militares presos y con el liderazgo emergente de Venezuela, jóvenes treintañeros, alcaldes, diputados y activistas. Los llaman los 2007, porque fueron los dirigentes universitarios que se movilizaron cuando el régimen cerró RCTV, el canal de televisión con el que crecieron. Nacieron a la vida política cuando el iPhone llegó a las nuestras, aprendieron a hacer política luchando en las calles y en las redes sociales, con celular inteligente en mano, filmando, tuiteando y en Facebook.

Derrotaron a Chávez en el apogeo de su poder hace diez años, el líder que explicaba y cosechaba aplausos, que tocaba corazones y brotaban lágrimas, que bromeaba y sacaba risas. Hoy enfrentan al sucesor que habla con pajaritos, arenga vacas y saca risas; que reprime y deja a madres llenas de lágrimas; que no puede ni comprar aplausos; que reemplaza con botas represivas los votos perdidos.

La Asamblea Nacional, en una jugada magistral, canalizó todas estas fuerzas de calle y convocó una consulta popular organizada por la ciudadanía, en quince días, sin recursos, sin apoyo estatal -más bien en contra del sabotaje estatal. Las limitaciones eran enormes, la oposición logró instalar solo una tercera parte de las mesas electorales que se tiene en comicios normales; por cada siete puntos de votación, con múltiples mesas, que se tenía en diciembre 2015, ahora sólo se tenía uno. No se podía cubrir toda la geografía nacional y fue imposible llegar a muchas áreas semiurbanas y rurales.

El 16 de julio el pueblo venezolano rechazó masivamente la constituyente madurista que busca establecer un soviet cubano; exigieron que los militares bajen sus armas y controlen a los paramilitares asesinos; votaron exigiendo que se respete el Congreso castrado por el régimen y se recuperen las instituciones judiciales y electorales independientes. Las colas eran impresionantes, la fuerza y pasión popular simplemente incontenibles. Vimos la movilización ciudadana más grande de la historia. Las mujeres eran mayoría abrumadora en el manejo de las mesas y las más apasionadas en las calles. Era como ver a María Corina Machado clonada y multiplicada por miles. La mujer venezolana que Alfredo Romero, el jurista incansable que dirige el Foro Penal Venezolano, describe en su canción como: «aquellas que sueñan, que golpean con el corazón el vil despotismo… que luchan, que aman y gritan Libertad… Mi mujer, toma tu bandera, mi patria y tu belleza, mi mujer Venezuela». Contra el régimen autoritario, la victoria llevará nombre de mujer.

Los demócratas venezolanos sobrepasaron los 7,5 millones de votos, prácticamente el mismo aplastante resultado que permitió en diciembre de 2015 obtener dos tercios del Parlamento. Fueron dos goleadas consecutivas de los venezolanos al narco-régimen. Y no sólo participaron los jugadores de la cancha; también lo hizo -y en qué número- la diáspora venezolana regada por el mundo, a la que une también el afán de salvar a su país.

¿Y ahora qué? La presión popular en la calle redoblará: tiene la legitimidad democrática demostrada en la consulta del 16 de julio y la presión institucional del Congreso.

La comunidad internacional exige anular la constituyente fraudulenta. Los tres irrefutables, irrebatibles y devastadores informes del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en 267 páginas, desnudaron a la narcodictadura ante el mundo.

Las Fuerzas Armadas deberán acatar la voz del pueblo que el 16 de julio les exigió que bajen las armas, cesen la represión y cumplan la Constitución.

El Santo Padre siempre pide «recen por mí». En esta coyuntura crítica, rezamos por él; que se pronuncie con su voz y su firma para exigir a Maduro que anule el paso final de su golpe continuado: la tramposa constituyente. Así se puede negociar la transición definitiva que permita redemocratizar Venezuela con elecciones generales este 2017.

Finalmente, Maduro deberá analizar si está dispuesto a seguir asesinando para instaurar el primer narco-soviet en la historia. La constituyente fraudulenta sería dirigida por el tenebroso Diosdado Cabello, una despreciable mezcla de Stalin y Pablo Escobar. Él anunció que después del 30 de julio va a defenestrar a la fiscal y a los gobernadores opositores, encarcelar a todos los opositores, cerrar el Congreso para que nunca más se vote en Venezuela. Maduro sería decorativo o prescindible para Cabello, quien tendría el poder eterno y dictatorial de Stalin, con el control del negocio de la cocaína que tenía Escobar, con todo un Estado petrolero a su disposición. Muchos dicen que Maduro no es tan tonto como parece, pero si persiste en instalar este narco-soviet el 30 de julio para otro, mientras él queda como un represor sanguinario, terminará demostrando que es mucho más idiota de lo que parece.

Pero la dictadura no podrá contra todo un pueblo movilizado.

No podrá contra el sacrificio de Neomar Lander, quien se hubiese graduado de Bachiller el pasado 19 de julio. Su madre, Sugei, nos dijo que su hijo no conoció otro gobierno que esta dictadura que le reventó el pecho. Llorando, pero firme, prometió que honrarán el sacrifico de Neomar luchando para que Paola -su pequeña hija de trece años, cuya cara tomó entre sus manos mientras hablaba- viva en una Venezuela libre y democrática. Paola Lander, la niña que un día será mujer, Patria y belleza. Paola será Venezuela.

Andrés Pastrana Arango fue presidente de Colombia y Jorge Quiroga lo fue de Bolivia

Fuente: ABC.es

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