Tanto para el bienestar de nuestro planeta como para el de sus habitantes, el agua es un recurso invaluable. No sólo es un elemento esencial en todas las células vivas conocidas, sino que estuvo en el origen de todas las civilizaciones humanas. Ella es parte imprescindible de nuestro entorno vital. Sin embargo su uso, desde la antigua Roma hasta el descubrimiento del sistema de bombeo en Londres, hacia el siglo XVI, ha requerido el desarrollo del ingenio de los hombres. El mismo que fue preciso desarrollar cuando comenzamos a vivir en grandes sociedades industriales, donde son tantos los productos elaborados como los residuos generados antes y después de su consumo. Sin una adecuada organización y sin unos adecuados instrumentos técnicos, quedaríamos sepultados bajo  nuestros propios desechos.

Por eso, porque la supervivencia biológica y social necesita una constante evolución de sus sistemas hídricos y de manejo de desperdicios, todo esfuerzo para perfeccionarlos es útil y meritorio. En esa medida, aunque lamentablemente me es imposible asistir al evento que hoy los reúne, no puedo sino celebrar el lanzamiento del nuevo Nuevo Marco Regulatorio de Agua Potable y Saneamiento Básico. Al fin y al cabo, fuera de lo necesario de estas tareas, las bases del marco que hoy oficializamos concuerdan perfectamente con los objetivos de mi gobierno: son, sin duda alguna, el comienzo de una política del tercer milenio para el sector en cuestión y una muestra de mi compromiso con los ideales de desarrollo sostenido y justicia social.

Estos también son hechos de paz. Precisamente, en tanto la paz es uno de los ejes centrales de mi política de gobierno y en tanto considero a los servicios públicos como medios eficaces para generar bienestar, solidaridad y crecimiento económico, acontecimientos como el que hoy los convoca realizan valiosos aportes a la creación de una sociedad pacífica y productiva. Tales esfuerzos deben repetirse.

Ya en el Plan Nacional de Desarrollo se destaca por eso la modernización empresarial y el logro de niveles de eficiencia en la gestión del sector de agua potable y saneamiento básico como unos objetivos fundamentales. Una de las medidas para el logro de estas metas, cuyo trámite exige serios procesos de reflexión, es el fortalecimiento de los mecanismos de regulación y control para que los prestadores cuenten con unas reglas claras y con  incentivos que devuelvan la confianza en el sector. La presentación de las bases del nuevo marco regulatorio es una respuesta a este propósito.

El Nuevo Marco, para decirlo a grandes rasgos, introduce mecanismos de mercado en los diferentes procesos que conforman los servicios y desarrolla la regulación en los aspectos concernientes a la promoción de la competencia, la calidad y la regulación tarifaria, con base en los principios de viabilidad financiera, solidaridad y eficiencia económica.

De ese modo, aparte de realizar aportes tan fundamentales en el campo ecológico como los relativos al cumplimiento de estándares mínimos de salubridad,  o, en el terreno económico, los incentivos a la eficiencia económica, a la creación de empresas y a la generación de empleo por la ampliación de las coberturas, busca combinar la recuperación de la totalidad de los costos de la prestación de un buen servicio no sólo con la ausencia de imperdonables ineficiencias sino con el establecimiento de tarifas susceptibles de ser subsidiadas a través de los Fondos de Solidaridad y diseñadas además para tener un bajo impacto sobre el ingreso de las familias menos favorecidas.

Hoy estamos proponiendo, con el Nuevo Marco Regulatorio, un cambio muy positivo para el desarrollo de una mejor infraestructura social. Con la ayuda de todos los sectores implicados, su implementación traerá grandes beneficios para el desarrollo de nuestra empresa común: la empresa que llamamos Colombia. A su creación, a la creación de un país sostenible, con igualdad de condiciones para todos y dotado de la mayor productividad, es que, en últimas, estamos todos apuntando.

Les envío mis mejores deseos.


Lugar y fecha

Bogotá, Colombia
8 de septiembre del 2000
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