He venido con verdadero entusiasmo ante esta Asamblea de Asocolflores, porque quiero hacer un justo homenaje a un sector económico del país que se ha convertido en un símbolo de prosperidad, de compromiso social, de protección al medio ambiente, de capacidad exportadora y de espíritu empresarial.

La aventura que emprendieron algunos visionarios hace más de treinta años al empacar unos pocos ramos de flores y despacharlos a los Estados Unidos es hoy en día una apasionante realidad que nos llena de orgullo.

La floricultura colombiana es sin duda alguna un ejemplo admirado por muchos en todo el mundo. Hemos demostrado que un país en vía de desarrollo puede, con un producto específico, llegar con éxito a los mercados de las economías desarrolladas y convertirse en una potencia, como lo es hoy Colombia en el mercado de las flores, al consolidarse como la segunda exportadora mundial de flores frescas cortadas.
Ustedes han sabido sacar provecho de las condiciones naturales de las distintas regiones del país para producir y exportar esas hermosas embajadoras de nuestra tierra, que son uno de los símbolos más reconocidos de Colombia en el exterior.

Pero los floricultores son también un ejemplo a nivel interno para otros sectores productivos nacionales que han dudado en incorporarse a los grandes circuitos del comercio internacional. El éxito obtenido por las más de doscientas empresas que hoy exportan sus flores al mundo es la prueba palpable de que la internacionalización es, ante todo, un conjunto de magníficas oportunidades para quienes asumen el reto de competir con calidad.

Para ustedes, amigos floricultores, el concepto de productividad no es extraño. Todos los días deben enfrentar la feroz lucha por la participación en los mercados mundiales. Los 550 millones de dólares exportados en 1999 son el resultado de la aguerrida estrategia comercial de este sector, que tiene la más alta tasa de apertura exportadora de toda la economía colombiana.

Por ello hoy puedo decir con certeza que la floricultura es la confirmación evidente de que es posible cumplir el ambicioso objetivo que se ha trazado mi gobierno de duplicar las exportaciones colombianas para finales del año 2002.

Pero la floricultura es mucho más que la producción y exportación de flores. También es empleo, ecología y buena imagen internacional.

Los 75.000 colombianos que derivan su sustento de la producción de flores y los miles que trabajan indirectamente para el sector son la contribución social más importante que hace la floricultura al progreso nacional. Y lo que es aún más valioso es el impacto que tiene esta actividad sobre el empleo femenino: Dos de cada tres trabajadores de las flores son mujeres, muchas de ellas cabezas de hogar. A estas colombianas de los municipios de la Sabana de Bogotá o del Valle de Rionegro la floricultura les ha permitido criar y educar a sus hijos y acceder a los niveles de bienestar que se derivan de contar con un empleo estable y una remuneración justa.

Así mismo, es de resaltar el compromiso del gremio floricultor en materia ambiental. Probablemente fue este sector el primero que debió aceptar que la protección del medio ambiente es indispensable para conservar la buena posición de su producto en los mercados de los países desarrollados.

La sostenibilidad de esta actividad es su mejor garantía para mantener abierto el acceso a los compradores. Por ello merece especial reconocimiento el esfuerzo de Asocolflores por desarrollar una conciencia ambiental en todos sus asociados a través del Programa “Florverde”, que busca implementar prácticas para mitigar el impacto de la actividad sobre los recursos naturales. En este campo siempre se presentarán nuevos retos. Por lo mismo, es indispensable seguir trabajando en desarrollar una estrategia integral que permita conciliar el mínimo impacto ambiental con los criterios de eficiencia y rentabilidad.

Tengo que mencionar igualmente el esfuerzo realizado por el sector en la promoción de su imagen internacional. Conozco el grado de reconocimiento que los floricultores colombianos han alcanzado en las esferas de decisión de los Estados Unidos. La promoción activa desarrollada por la Asociación le ha permitido comunicar con éxito a las diferentes autoridades internacionales los aspectos que son determinantes para su futuro. Han sido ustedes eficientes en la defensa de sus intereses. También en este campo tienen  una útil experiencia para transmitirle a otros sectores productivos nacionales.

Finalmente, quisiera resaltar la importancia que ha tenido en la evolución del sector la aplicación de los conocimientos y experiencias adquiridos durante más de 30 años. Si se analizan las diversas áreas en las que se puede clasificar el proceso de la floricultura, como el proceso técnico y de creación de un cultivo y producción de flores, la comercialización de las mismas, y la utilización de los conocimientos, encontramos que a nivel interno es precisamente la utilización de los conocimientos lo que explica en gran parte el desarrollo actual del sector.

Desde el punto de vista externo se han producido cambios radicales en los esquemas de comercialización de las flores, en los que se han presentado fusiones y consolidaciones que atienden a las tendencias internacionales. Pero realmente, a nivel interno, es interesante resaltar que lo que explica en gran parte el grado de desarrollo del sector –más que cambios en los terrenos, las flores, los invernaderos o los sistemas de apoyo- es la utilización del conocimiento asociado a la actividad del gremio a lo largo de su historia.

Se han conformado equipos de trabajo en las empresas. Se han creado grupos de alianzas entre varias compañías que se unen para obtener beneficios comunes. En fin,  se ha implementado la gerencia del conocimiento que permite a los integrantes de un equipo, con experiencias y conocimientos diversos, aportar puntos de vista y soluciones desde diferentes ángulos.

Estos desarrollos coinciden con la exposición que hizo en Bogotá la semana pasada Francis Fukuyama sobre las sociedades y economías que logran sostenerse e ir a la vanguardia en el mundo. La tendencia en la descentralización de las decisiones, la responsabilidad que se asume a este nivel descentralizado, la interacción de equipos de trabajo, la valoración de los mandos medios y la competencia abierta, son elementos comunes a industrias y países que avanzan permanentemente.

Entramos en una era en la que el conocimiento será la única ventaja competitiva o, por lo menos, la más importante, y sólo las empresas que pueden aprender más rápidamente que su competencia y aplicar este conocimiento en todas sus áreas, van a sobrevivir. Creo que tenemos los insumos para hacerlo. La experiencia reciente demuestra que el sector floricultor tiene esa capacidad y su gran reto es mantenerla y potencializarla.

Como resultado de este conjunto de elementos que he mencionado, la floricultura nacional ha recibido en los últimos años un fuerte respaldo en su proceso de globalización. El ingreso de la inversión extranjera es un reconocimiento a la gestión empresarial de los colombianos que iniciaron y desarrollaron este renglón. La presencia del capital extranjero se interpreta como un voto de confianza en el futuro de Colombia y ratifica que en el exterior se mira a nuestro país como una economía con inmejorables perspectivas para desarrollar nuevos negocios centrados en la competitividad de los empresarios colombianos.

Para respaldar el esfuerzo de sectores dinámicos y generadores de empleo, como el floricultor, la política económica del gobierno ha fijado una serie de estrategias que buscan restaurar el equilibrio de los principales indicadores económicos y trazar el sendero de un crecimiento sostenido de la producción.

Hemos definido como objetivo prioritario de la política macroeconómica el de recuperar las finanzas públicas. Ello nos permitió liberar la tasa de cambio y alcanzar los niveles estables y competitivos que hoy se mantienen. ¡Y creo que no tengo que recordarle a mis buenos amigos floricultores lo altamente positiva que ha sido esta política cambiaria para el sector!

Nuestra estrategia de ajuste fiscal nos ha permitido, además, ganar otras dos grandes batallas: Por un lado, bajamos la inflación a niveles de un dígito, lo cual resulta muy beneficioso para quienes no pueden asumir mayores costos de producción internos sin perder competitividad en los reñidos mercados internacionales. Y por otra parte, llevamos las tasas de interés a los niveles más bajos de las últimas décadas.

En resumen, el entorno económico es hoy mucho más favorable para propiciar una expansión de este sector. Y lo seguirá siendo, con la garantía de continuidad de la política macroeconómica de mi gobierno.
En el plano de la política de promoción de exportaciones hemos redefinido la estrategia de conquista de mercados que adelanta Proexport, buscando fortalecer el área de inteligencia de mercados. Bancóldex, por su parte, ha colocado más recursos de crédito a la exportación que nunca antes en su historia. Y revisamos el estatuto aduanero, que entrará en vigor a mediados de este año, para hacer más ágiles las operaciones de comercio exterior.

Además, creamos el Fondo Nacional de Productividad y Competitividad que operará desde Bancóldex. Este instrumento es ideal para financiar las mejoras en productividad y gestión al interior de las empresas. Porque nada, -ni la tasa de cambio-, es tan importante para asegurar la sostenibilidad y el éxito del sector en el futuro como elevar su productividad.

El Gobierno se compromete a lograr la sostenibilidad en el largo plazo de los programas promocionales, ambientales y sociales que hasta el momento han venido siendo financiados a través del mecanismo de apoyo fiscal o Fondo de la Floricultura. Para ello se utilizarán los recursos del nuevo Fondo Nacional de Productividad y Competitividad y del SENA, buscando que estos programas tengan, por supuesto, una incidencia en el incremento de la productividad y competitividad del sector.

Todo lo anterior se enmarca dentro del objetivo trazado por el gobierno de buscar el acceso de Colombia al Nafta. Nadie mejor que los floricultores entiende las virtudes de contar con acceso sin restricciones al principal mercado del planeta. En efecto, cuatro de cada cinco flores colombianas se venden en el mercado americano, aparte de que el sector floricultor ha sido el mayor beneficiado de las preferencias arancelarias contenidas en el ATPA. Por ello, resulta apenas natural que la mejor manera de proteger nuestros intereses sea negociar un acuerdo de libre comercio con nuestro principal socio comercial.

Los profetas del desastre, los que creen que Colombia no tiene con qué competir en la economía global, deberían analizar las lecciones que nos dan los floricultores colombianos. En este empeño, que no dudaría en calificar de histórico, necesitaremos aprovechar la experiencia de un sector como el de ustedes, que ha demostrado las enormes ventajas derivadas de la inserción en los mercados mundiales.

Amigos floricultores:

Como dije al inicio de mi intervención, hoy he querido hacer un homenaje a quienes han abierto el camino para que muchos otros empresarios nacionales asuman el reto exportador.

Gracias a la continua gestión de Asocolflores, a la adecuada orientación de directivos como Germán Botero y Felipe Ramírez y al trabajo incansable de todos y cada uno de los floricultores, las flores han generado bienestar y desarrollo para miles de colombianos, y lo seguirán haciendo, como las mejores emisarias de un país que renace y que busca brillar en el panorama universal con los colores del amor.

¡Las flores son hoy el símbolo de la nueva Colombia!

Rosas, claveles, pompones, crisantemos y muchas otras variedades de flores son los mejores emblemas de esa nación próspera, emprendedora y pacífica que todos estamos empeñados en construir: ¡Una tierra regada de pétalos, sembrada de esperanza y cargada de futuro!

Muchas gracias.


Lugar y fecha

Bogotá, Colombia
16 de marzo del 2000
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