Se nos pide dar una “mirada hacia el futuro” en este tema crucial del financiamiento para el desarrollo, pero esa “mirada” depende, obviamente, de lo que hagamos en esta Conferencia y de cómo llevemos sus conclusiones a la práctica

Hace unos minutos recordé en la Plenaria una frase del Presidente Kennedy: “Nadie puede ser rico si sus vecinos son pobres”.

Más recientemente, James Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial, dijo otra frase contundente: “La pobreza en un lugar es pobreza en todos lados”.

Bien lo ha dicho Wolfensohn: Ya no se puede decir que haya dos mundos: uno de países desarrollados y otro de países en vías de desarrollo.

La globalización nos ha unido en las causas y las consecuencias, y hoy somos un solo mundo, con ciudadanos globales, tan interdependiente que la pobreza en otro continente puede significar, incluso, la muerte de los que viven en países desarrollados, por estallidos de violencia o terrorismo.

Pensemos en la situación interna de nuestros propios países. Nadie piensa, ni por un momento, que el bienestar de una minoría la exima de  preocuparse y de actuar para aliviar las inmensas carencias de la población más pobre.

La justicia social es un imperativo para la convivencia en las sociedades nacionales.

Lo que tenemos que concluir en este Foro es que, hoy por hoy, vivimos en una sola sociedad internacional, independientemente de las distancias, las fronteras y los Estados nacionales, y que esto tiene consecuencias.

Si vivimos en una única sociedad, no es posible que los que más tienen se despreocupen de la gravísima situación de quienes están aún luchando por su desarrollo.

No se trata de simple solidaridad o caridad. Es por la supervivencia de un mundo pacífico y seguro para todos.

¿Y cómo lograr este desarrollo? Aquí hay dos niveles para trabajar: doméstico e internacional.

Por una parte, a nivel interno, los mismos países con bajo nivel de desarrollo o en vías de desarrollo tenemos la obligación de trabajar por aliviar la pobreza y mejorar la calidad de vida en nuestras naciones.

Para ello debemos poner como prioridad absoluta el desarrollo -es decir el logro de una mayor justicia social- en nuestras agendas de gobierno; debemos combatir frontalmente a la corrupción, que roba a los pobres los recursos para su desarrollo, y manejar con responsabilidad y eficiencia las finanzas públicas.

Para mí -y así lo he aplicado en mi país- el éxito de un Gobierno radica en saber equilibrar las urgencias del presente con las necesidades del porvenir.

En el presente, es urgente aliviar la situación social de los más pobres y vulnerables de la población, y ello requiere medidas sociales de choque.

Por ejemplo, en Colombia hemos destinado cerca de medio billón de dólares a los programas de inversión social del Plan Colombia, que llega con aportes directos para la educación y la nutrición de los niños de las familias más pobres, que construye obras de infraestructura comunitaria, que da empleo en los municipios más alejados y construye carreteras en las zonas más remotas o afectadas por nuestro conflicto interno.

Pero no se puede caer en el engaño de creer que la única necesidad es la del alivio e las necesidades presentes, porque esto puede convertirse en simple populismo irresponsable.

Por eso, al tiempo que aliviamos la situación actual de los más pobres, trabajamos, con visión de futuro, en la realización de reformas estructurales de ajuste fiscal para garantizar el futuro de las próximas generaciones.

A eso llamo yo “responsabilidad en tiempos de transición”.

Todo esto tenemos que hacerlo a nivel interno, pero también hay que trabajar a nivel internacional. La sociedad internacional, el mundo globalizado, también tiene una responsabilidad frente al desarrollo de los países con menores recursos, y ese es el motivo de esta Conferencia.

Para ello, se requiere de un compromiso firme que haga realidad los postulados del Consenso de Monterrey.

Siguiendo con el tema de conciliar presente con futuro, no sólo se trata de ayudar con recursos a las naciones empobrecidas -lo cual es loable y necesario- sino de apoyarlas con financiación, comercio e inversión -es decir, darles las herramientas para salir adelante por sí solas y consolidar su desarrollo hacia el futuro-.

En medio de la situación difícil que vive mi país, en gran parte causada por el problema mundial de las drogas ilícitas, del cual somos una de las principales víctimas, hemos recibido el respaldo y la cooperación internacional

Pero en los foros internacionales en que he tenido oportunidad de hablar les he dicho a nuestros interlocutores: “Colombia, más que ayuda, necesita comercio. Más que recursos donados, -los cuales agradecemos-, necesitamos inversión. Lo que queremos son herramientas para salir adelante”.

Nada más sabio que el viejo aforismo chino que dice: “No le des un pescado al hambriento, ¡mejor enséñale a pescar!”.

Yo diría más, siguiendo el mismo ejemplo: “Los países en vía de desarrollo no queremos pescado, sino cañas y redes para pescar con nuestras propias manos”.

Para obtener estas herramientas de desarrollo, aquí, en esta Conferencia, se están creando y fortaleciendo importantes alianzas:

Entre los países en desarrollo y los países desarrollados; entre los países, la sociedad civil y el sector privado; entre los organismos multilaterales, las instituciones de Bretton Woods y los organismos financieros internacionales.

¿Y para qué deben ser estas alianzas?

Para hacer realidad la justicia social entre las naciones.

Para que el comercio sea equitativo y libre, sin proteccionismos abiertos o camuflados, y tenga en cuenta las particulares circunstancias de los países menos desarrollados.

Para que las promesas de aportes al desarrollo se hagan realidad.

Para que la financiación a nuestros países se realice también con criterio social, entendiendo que el desarrollo del pueblo es el primer requisito para el crecimiento económico, la paz y la estabilidad regional y mundial.

Para que se promueva una inversión directa en los países menos desarrollados que redunde en empleo, en transferencia tecnológica y mejores condiciones de vida para sus habitantes.

Apreciados amigos:

El 80% de la población del planeta vive con el 20% del ingreso. Ésta es una realidad que tiene que movernos a actuar con responsabilidad y a superar el discurso, para pasar a los hechos.

Únicamente si entendemos que somos una sola sociedad, un solo grupo de países interrelacionados para bien o para mal, podremos dejar a nuestros hijos un mundo digno para vivir.

Muchas gracias


Lugar y fecha

Monterrey, México
21 de marzo del 2002
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