Posesión del director del ICBF  doctor Juan Manuel Urrutia Valenzuela

Nada más bello que la sonrisa de un niño sano, bien nutrido y bien tratado. Nada que me produzca más frustración que ver a los niños abandonados a su suerte en las calles, limitados en su desarrollo por causa de deficiencias en su nutrición, víctimas de la violencia y del maltrato.

Con Nohra nos comprometimos a poner el Gobierno al servicio de los niños. Desde hoy, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar encabeza una gran cruzada nacional contra el maltrato. Desde hoy buscamos que todos los niños puedan tener acceso a los alimentos necesarios para su desarrollo integral, físico e intelectual. Desde hoy, el Instituto se concentra en las acciones necesarias para prevenir y erradicar la drogadicción, sobretodo entre la población infantil. Así construiremos una política que tenga como sujeto fundamental al niño y a la familia que lo rodea, como receptores de la justicia social que merecen todos los colombianos.

La paz de Colombia es mi gran compromiso. Encabezo personalmente los esfuerzos para lograr un diálogo constructivo con los actores de la violencia. Pero la paz también se construye en el seno de las familias colombianas; como dice Nohra, la paz empieza por casa. Colombia construirá la verdadera paz cuando las familias resuelvan sus conflictos sin apelar a la violencia, cuando sus niños y sus mujeres ya no sean víctimas del maltrato ni del abuso sexual. Colombia comenzará a encontrar paz cuando sus niños no tengan que trabajar y puedan dedicar sus energías a crecer y a aprender.

La doctrina social de la Iglesia nos ha enseñado que la familia es el auténtico núcleo de la sociedad civil y por tanto ella es el mejor antídoto contra la cultura de la muerte que se ha establecido entre nosotros. La muerte solo puede ser derrotada con la cooperación de la familia ya que es en ella, donde surge irrevocable el amor y la defensa a la vida.

Una Nación sin valores es una Nación sin valor. Hoy empezamos a trabajar por la recuperación y el fortalecimiento de la familia, pero de nada nos sirve declarar nuestro aprecio por esta institución que funda y da origen a la sociedad si no hay consecuencias prácticas que la promuevan.

La familia colombiana no se puede destruir a causa de la violencia y la drogadicción. Los niños de la calle y los niños que están en la calle son víctimas potenciales de la drogadicción. Los niños que sufren los abusos y la violencia son más propensos al consumo de sustancias nocivas. El Instituto los atenderá en forma eficiente, para alejarlos de este flagelo y adelantará el más ambicioso plan de prevención para que ningún otro niño caiga en el infierno de la droga.

Junto con un incansable equipo de trabajadores y de trabajadoras, Nohra ha venido capacitando a las comunidades sobre las propiedades nutricionales de la Soya. Este programa complementa los ya existentes en el Instituto, para llevar a los niños una alimentación balanceada. El Instituto seguirá la misma metodología para ampliar e institucionalizar otras iniciativas igualmente importantes de la comunidad.

La devoción y dedicación de quienes protegen a los niños deben estar  apoyados  por una administración transparente y eficiente que esté al servicio de los niños y de sus familias.

 Los recursos del Instituto son sagrados y les pertenecen. Es deber de la administración convertirlos en servicios de calidad.

Espero señor director, que usted se comprometa a dedicar sus conocimientos y sus capacidades para poner al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar al servicio de la comunidad, de las familias y de los niños de Colombia.

Que el Dios de Colombia nos bendiga.


Lugar y fecha

Bogotá, Colombia
13 de agosto de 1998
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