El presidente Misael Pastrana es, sin duda, el pensador político más importante en Hispanoamérica en ocuparse del tema de la Ecología. Sus intuiciones sobre la sanidad del Medio Ambiente iniciadas en la década de los años sesentas lo llevarían a diseñar no sólo el primer “Código de Recursos Naturales” en Hispanoamérica sino a convertirse en el líder de la protección y promoción del Medio Ambiente en este mundo global como presidente que fue del Premio del Medio Ambiente creado por Naciones Unidas, que sería más tarde realzado con la participación de la Fundación Sasakawa.

Era un defensor de la “Ecología profunda”, es decir, de quienes piensan que es preciso “Salvar la Tierra”, lo que significa ante todo desarrollar una “cultura de la especie humana”, tener un convencimiento de que “la cantidad de la vida no se opone a la calidad de la vida”, alimentar la certeza de que la biodiversidad debe mantenerse y enriquecer la sabiduría de descubrir que el bienestar y el florecimiento de la vida tienen un valor en sí mismos y deben ser el fundamento de la decisión política por establecer “la justicia medioambiental”.

La ecología fue la clave de su concepción humanística, de su tarea como pensador y de su gestión política. Tenía la convicción de que la pobreza es enemiga del ambiente así como también lo es el consumo desbocado; sabía que “ecología” (que significa el cuidado de la casa) no se opone a la “economía” (que es su administración) y entendía muy bien, como gran admirador de Mac Luhan, que la primera “globalización” efectiva la crea la naturaleza misma, que nos ha ubicado a todos en este mismo planeta y que nuestro gran desafío es descubrir y enriquecer la convicción de que tenemos un “destino común”.

Por eso saludó con emoción cada uno de los grandes momentos en donde sus “interlocutores” iban dando pasos acertados en la dirección correcta.  Rachel Carlson con su libro “Silent Spring”, el “Club de Roma” con sus reflexiones sobre los límites del crecimiento, la comisión Brundtland con sus magníficas elaboraciones sobre el “desarrollo sostenible” y “duradero” –decía Pastrana-, así como sus coloquios con Mauricio Strong, Haran Asmaz, Gilbert White, Sir Peter Scott y el inolvidable Capitán Cousteau a quienes honró y se honró entregándoles el Premio Mundial de la Ecología.

Acostumbraba decir que era preciso evitar “el Nuevo Holocausto” de la humanidad y en esa perspectiva y en esa misión analizaba y pensaba los diagnósticos y compromisos consignados en la llamada “Agenda 21” que surgió luego de la Reunión de Río de Janeiro sobre “Medio Ambiente y Desarrollo” en 1992.

Como político el Presidente Pastrana era consciente de que estaba hablando desde un escenario privilegiado del mundo, desde esa región de Hispanoamérica que tiene el 23% de tierra arable, el 12% de suelos cultivados, el 17% de tierras de crianza; el 23% de bosques; el 46% de selvas tropicales; el 31% de agua superficial utilizable, el 19% del potencial hidroeléctrico del Planeta Tierra y desde la certeza de vivir en un país –Colombia- que con Ecuador, Perú, Brasil y México hacen parte de los 10 líderes de la Biodiversidad del Mundo.

Era entonces cuando, desde este escenario privilegiado y propio, su voz y su personalidad se acrecentaban advirtiendo que si se continuaba con la polución se corría el riesgo de que la bioesfera no fuera capaz de sostener la vida;  desde ese escenario se unió al reclamo de quienes prefieren “mejores leyes” a “más leyes” en el terreno de la protección ambiental;  propuso entonces “crear la conciencia de la propiedad comunitaria del ambiente”, ya que ella era la única manera de responder con eficacia a la maldición cultural que hace que “lo que es de todos no es de nadie”.

Se anticipó así al planteamiento ecológico de “los bienes comunales” (global commons) que expresan una “nueva ética de la vida” y sorprendió a sus conciudadanos planteando –y logrando establecer en la Carta Magna de su país- “el principio constitucional de la Función Ecológica de la propiedad”.

Fue entonces cuando dedicó sus mayores esfuerzos a escribir y difundir ideas sobre el cuidado ecológico; afirmaba que más que la pobreza son la indiferencia y la ignorancia las responsables de los desastres ambientales.

Creía en una educación en donde el amor a la vida se manifestara en el amor a la tierra, que nos salvará si la cuidamos con eficiencia; creía en que los medios de información harán mucho por la supervivencia el día en que se decidan a “estar del lado de la tierra”;  creía que la clave de la economía real es reconciliarse sin demora con la ecología:  creía que la paz era el estar en armonía entre nosotros y nosotros con la naturaleza y se llenaba de gozo cuando escuchaba decir que la globalización traería consigo esa “ciudadanía ambiental” que será el testimonio de que nuestras generaciones no vivieron inútilmente, de que nosotros no vivimos inútilmente.

Consciente ya de la cercanía del final de sus pasos por el mundo su último viaje a Europa lo hizo semanas antes para cumplir con la misión de entregar el “Premio Mundial del Medio Ambiente” porque sabía que tenía que ser fiel a ese “Mundo nuevo” que fue la razón de su vida y de sus esfuerzos.

President Misael Pastrana is, no doubt, the most important political thinker in Spanish America to take up the subject of the Ecology. His intuitions on Environmental Awareness led him to design the first “Code of Natural Resources” in Spanish America. He later became a champion of global world environmental protection and promotion during his term as President of the UN World Environmental Award, which was in turn heightened by the participation of the Sasakawa Foundation.

He was an advocate of “deep Ecology”, that is, of all those who believe they must “Save the Earth”, which means, above all, developing a “culture of the human species”, being convinced that “no amount of life can oppose the quality of life”, nurturing the certainty that biodiversity must be preserved, and enriching wisdom by discovering that the well-being and blooming of life is of great value in itself and it must lie at the heart of the political will to establish “environmental justice”.

Ecology was the key to his humanistic conception, to his work as a thinker and to his government policy. He was convinced that poverty and uncontrolled consumption are the environment’s biggest enemies; he knew that “ecology” (that means caring for the house) does not oppose “economy” (that means the administration of the house) and he understood very well, as a great admirer of Mac Luhan, that the first effective “globalization” was created by nature itself, by placing us all on the same planet and that our biggest challenge is to discover and enrich the conviction that we have a “common destiny”.

That is why he welcomed each great moment when his “interlocutors” took important steps in the right direction. Rachel Carlson with her book “Silent Spring”, the “Club of Rome” with its reflections on the limits to growth, the Brundtland Commission with its magnificent writings on “sustainable” and “lasting development” –said Pastrana-, as well as during his conversations with Mauricio Strong, Haran Asmaz, Gilbert White, Sir Peter Scott and the unforgettable Capitan Cousteau whom he honored and had the honor of awarding the World Environmental Award.

He used to say it was necessary to prevent mankind’s “New Holocaust” and it was under such perspective and mission that he analyzed and thought about the diagnosis and commitments enshrined in the so-called “Agenda 21” that emerged from the Conference on the Environment and Development held in Rio de Janeiro in 1992.

As a politician, President Pastrana was aware that he spoke from a privileged part of the world, from Spanish America, that region that holds 23% of arable land, 12% of croplands, 17% of cattle-grazing lands; 23% of forestlands; 46% of tropical jungle lands; 31% of surface waters eligible for consumption, 19% of Planet Earth’s hydroelectric potential, and from the certainty of living in a country –Colombia- that together with Ecuador, Peru, Brazil and Mexico are ranked among the world’s top 10 leaders in Biodiversity.

Back then, from this privileged and own scenario, his voice and personality rose warning that if pollution were to continue, then the biosphere risked loosing its ability to sustain life; from this scenario he echoed the voice of those who preferred “better laws” to “more laws” on environmental protection; back then he proposed “creating awareness around the community’s ownership of the environment”, for such is the only way to respond effectively to the cultural curse whereby “that which belongs to everyone belongs to no one”.

In so doing he anticipated the ecological concept that “global commons “ express a “new life ethics” and surprised his fellow countrymen by stating –and actually enshrining in his country’s political charter- “the constitutional principle of the Ecological Role of Ownership”.

It was back then that he devoted his greatest efforts to writing and disseminating ideas about ecological awareness; he further stated that it is not poverty but rather indifference and ignorance that are responsible for environmental disasters.

He believed in an education where love for life is expressed in love for the land that will save us if we take efficient care of it; he believed the Mass Media could do much for survival the day it decided to “side with the land”; he believed the key to a real economy is to reconcile with ecology without delay; he believed peace was people living in harmony with each other and with nature, and he would beam with pleasure whenever he heard someone say that globalization would bring with it the “environmental citizenry”, the testimony that our generations did not live in vain, that we did not live in vain.

Knowing that his stay on earth was coming to an end, he nonetheless traveled to Europe just a few weeks before passing away to fulfill the mission of delivering the “World Environmental Award” because he knew he had to be true to the “New World”, that “New World” to which he devoted his life and efforts.

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