Tras 15 años de su puesta en marcha, el expresidente y Juan Manuel Santos analizan sus resultados.

Las tres últimas administraciones son las responsables de la ejecución y del cumplimiento de las metas que se gestaron con el Plan Colombia, puesto que bajo su mando estuvieron la destinación de recursos y la ejecución de las políticas públicas establecidas para recuperar a un país que –por poco– es considerado como un Estado fallido.

Es por eso por lo que EL TIEMPO les pidió a dos de sus protagonistas –al presidente Juan Manuel Santos y al exmandatario Andrés Pastrana– que analicen en retrospectiva y, al mismo tiempo, hacia el futuro los resultados que se han visto desde que se puso en marcha el Plan Colombia.

Santos, quien asegura que este programa se debe reenfocar por cuenta de la paz, y Pastrana, más crítico con lo que se ha hecho durante el último lustro, estarán esta semana en Washington como invitados especiales de la Casa Blanca para conmemorar los 15 años de la implementación de este programa.

Un plan que cambió a Colombia: Juan Manuel Santos

El 30 de agosto del 2000, el presidente Clinton vino a Cartagena para lanzar, junto al presidente Pastrana, el Plan Colombia. Al terminar la ceremonia, el mandatario norteamericano preguntó si alguien quería hacer algún comentario. Yo, que entonces era ministro de Hacienda, alcé la mano y le dije: “¿Usted se acuerda del lema de su campaña?”. Me refería a aquella frase que hizo carrera sobre lo que realmente importa a la gente: “¡Es la economía, estúpido!”. Clinton captó de inmediato y me respondió, sonriendo: “¿Me está llamando estúpido?”. “Ni más faltaba –le dije–. Solo quería recordarle que Colombia está en una situación muy delicada. Venimos de la peor recesión en más de 70 años, y necesitamos el apoyo de Estados Unidos para que el Banco Mundial nos dé una garantía que nos permita vender nuestros bonos e impedir una cesación de pagos. Si esto llega a ocurrir, el Plan Colombia nace muerto”.

Como resultado de esta pregunta Clinton me citó en Washington, donde tuvimos todo el apoyo de su gobierno y logramos los recursos para comenzar la recuperación económica. Eso salvó al Plan Colombia y a la economía colombiana. Y ahí comenzaron a llegar los fondos para fortalecer nuestra Fuerza Pública.

Posteriormente, como ministro de Defensa del presidente Uribe, con el apoyo del Plan Colombia, tuve la oportunidad de hacer una reingeniería de la inteligencia de nuestras Fuerzas Armadas y fortalecer su capacidad operacional, lo que permitió cambiar la correlación de fuerzas con la guerrilla, allanando el camino hacia la paz.

Ya como Presidente, he liderado el último lustro de cooperación con Estados Unidos a través del Plan Colombia, una cooperación que, si bien sigue teniendo un componente de seguridad, cada vez destina más recursos a otros aspectos, como el desarrollo social y rural.

La Colombia de hoy, esta Colombia que se acerca a la paz, que lidera el crecimiento económico en América Latina, que ve disminuir cada vez más el desempleo y la pobreza, y que tiene la tasa de homicidios más baja en 35 años, tiene muchos motivos de gratitud con los gobiernos de los presidentes Clinton, Bush y Obama, y con el Congreso de Estados Unidos, por haber mantenido su apoyo a este plan. Un apoyo cercano a los 10.000 millones de dólares.

Ahora tenemos que avanzar sobre nuevos retos: la consolidación de la paz en las regiones; la sustitución de cultivos ilícitos y el apoyo a proyectos productivos alternativos, sin descuidar la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado; el desminado; el fortalecimiento de la justicia; la protección de los recursos naturales; el estímulo al emprendimiento y la innovación, y la promoción de una cultura de tolerancia y convivencia en el país.

En estas y otras tareas –que se proyectan por otros 15 años–, estoy seguro de que Estados Unidos y Colombia seguiremos siendo los mejores socios por el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos.

El Plan Colombia descansa en paz: Andrés Pastrana

Las nuevas generaciones están descubriendo la existencia del Plan Colombia y el contexto histórico de una iniciativa que salvó a Colombia del abismo y la enrumbó por el camino de la paz. Son pocos los jóvenes que saben hasta dónde llegó la mafia al comprarse la Presidencia del país. No muchos conocen, por ejemplo, un aviso de recompensa del Departamento de Estado estadounidense que ofrece cinco millones de dólares por un capo de la droga:

“Él (Rodrigo Londoño, alias Timochenko) fijaba las políticas de cocaína de las Farc dirigiendo y controlando i) la producción, manufactura y distribución de cientos de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y el mundo; ii) la ‘tributación’ del tráfico de drogas en Colombia para conseguir fondos para las Farc, y iii) el asesinato de cientos de personas que violaban o interferían las políticas coqueras de las Farc. En el 2000, junto con Pastor Alape, ordenó al bloque Magdalena Medio retomar zonas coqueras, derribar avionetas de fumigación, aumentar la producción de coca, secuestrar ciudadanos de Estados Unidos y matar campesinos que vendieran pasta de coca a compradores distintos de las Farc.

El plan resucitó las Fuerzas Armadas y la Policía mientras montaba el más ambicioso plan social –Familias en Acción, sustitución de cultivos, etc.– contra el narcotráfico. Enfrentó integralmente al negocio sin condicionarse a un posconflicto. Introdujo la tesis de corresponsabilidad de Estados Unidos como país consumidor. Las Farc, entusiasmadas por su éxito como cartel de la droga, envalentonadas por sus éxitos militares y el ascenso al poder de su amigo Hugo Chávez, no quisieron ver lo que venía.

Sin embargo, doblegadas militarmente y llevadas a sentarse a la mesa de diálogo, las Farc consiguieron lo imposible. En La Habana pactaron con el Gobierno el lavado de su negocio. Lograron el cese de acciones militares y el fin de la erradicación de sus cultivos. Y coronaron con la declaratoria de su narcotráfico como indultable delito político. Las consecuencias fueron inmediatas: la ONU reportó aumentos de 42 % anual en coca y cocaína. En el lapso de los diálogos de La Habana se retornó a los niveles iniciales del plan, en los que Colombia predominaba globalmente en el mercado de la droga.

Los acuerdos de La Habana han desembocado en una nueva bonanza coquera que marca el entierro del Plan Colombia. Las Farc no han enfrentado con franqueza el problema. Al no confesar la verdad de su negocio ni cooperar en su desmantelamiento, dejan una estela de duda sobre el rumbo del llamado posconflicto. Las consecuencias de la vista gorda del Gobierno en este respecto son algo sobre lo que los colombianos debemos reflexionar. La preservación intocable del negocio y las utilidades del narcotráfico de las Farc, terroristas reconocidos globalmente, no pueden ser condición de la paz de Colombia.

Fuente: El Tiempo

La visión de Andrés Pastrana 15 años después

“Este aniversario marca el entierro del Plan Colombia”: Andrés Pastrana

Como “padre” de la iniciativa, el exmandatario asegura que el presidente Santos desvió el rumbo y que las Farc ganaron en la mesa de diálogo de La Habana el lavado de su cartel. Y dice que lo que pretende es apagar un incendio encendiendo otro.

Fue Andrés Pastrana, en la campaña presidencial de 1998, que terminó ganando, quien habló de que la coca era un problema cuya solución debía incluir la resolución del conflicto armado y los países desarrollados debían ayudar para generar una revitalización social y económica en todo el territorio nacional. La estrategia fue llamada Plan Colombia; contó con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, en cabeza de Bill Clinton, y de los partidos Demócrata y Republicano, e incluyó un amplio componente de ayuda militar.

El próximo jueves 4 de febrero, como su gestor, Pastrana estará presente en la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia en la Casa Blanca en Washington. Su postura hoy es extremadamente crítica, como se desprende de esta entrevista vía correo electrónico con El Espectador. Para él, dicha celebración marca el entierro de la iniciativa, pues, según dice, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos se arrodilló ante las Farc con las concesiones que les ha otorgado en los diálogos de paz de La Habana (Cuba).

Quince años después, ¿qué balance hace de la implementación del Plan?

Lo más importante para recordar es que se trató de un esfuerzo social (quiero enfatizar lo social) y militar conjunto entre Colombia y Estados Unidos para combatir el narcotráfico y sus secuelas en todos los órdenes de la vida nacional. Diseñamos el Plan cuando la droga era el elemento que más incidía sobre un Estado fallido tras una presidencia comprada por el narcotráfico. La droga era combustible de una subversión terrorista, enriquecida, desafiante y victoriosa.

¿Ese enfoque inicial persiste hoy?

Lo que se planteó en ese entonces, bajo el nuevo enfoque de la corresponsabilidad social y militar, era considerado un imposible político. Trabajamos voto por voto hasta lograr un unánime apoyo bipartidista, sin antecedentes en el Congreso norteamericano. Convencimos diplomática y persistentemente a los entonces reacios gobiernos latinoamericanos y europeos. El Plan tuvo un éxito sorprendente en un plazo muy corto. Tanto que Estados Unidos replica hoy el modelo —especialmente en su contenido social— en conflictos en los que la fusión de narcotráfico y terrorismo amenaza la paz mundial. Sin embargo, hoy se da una nueva bonanza coquera gracias a las exigencias de las Farc y las concesiones del Gobierno. Esto marca el fin del Plan. Al mundo le costará reconocer esta nueva Colombia, tan indulgente con el delito que tanta gente buena le costó.

¿Qué argumentos tiene para hacer esa aseveración?

En los pactos de La Habana, el narcotráfico es apenas un indultable y accesorio delito político. Para efectos prácticos, menos que una contravención. Es el reconocimiento de este Gobierno a la funesta doctrina comunista de la combinación de todas las formas de lucha (terrorismo, secuestro, extorsión, droga, etc.) que desangraron al país por medio siglo. Lo que el presidente Santos no quiere entender es que de esta manera pretende apagar un incendio encendiendo otro.

¿Qué incidencia tuvo el Plan Colombia en el conflicto interno?

A estas alturas, el reconocimiento del éxito militar del Plan Colombia es prácticamente unánime, desde todo el espectro político. Aún las Farc lo admiten a regañadientes. Lo social: Familias en Acción, sustitución de cultivos, etc., es modelo reconocido y replicado por el mundo en desarrollo. Definitivamente fue el punto de inflexión del conflicto. Partió su historia en dos al devolverle la fe a un país sometido por narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo. Le demostró que podía recuperar su Fuerza Pública, el control del Estado y sus instituciones.

O sea, más allá del componente social, gran parte de sus recursos ayudaron fue a arreciar la lucha contra las guerrillas…

La guerrilla estaba advertida. A Tirofijo le dije textualmente: “Nos vamos a armar para la guerra o para la paz, usted decide”. En ese entonces la guerrilla estaba muy envalentonada y pienso que la victoria de Hugo Chávez en Venezuela los envalentonó aún más. Así fue que ellos tomaron la decisión de no hacer la paz en el Caguán. Les faltó visión para entender que el Plan Colombia cambiaría en forma definitiva la relación de fuerzas a favor del Ejército y de las instituciones, y que la derrota militar de la guerrilla sería apenas cuestión de tiempo.

Es claro que el Plan involucró al Ejército en la lucha contra el narcotráfico y que ello derivó en golpes a la guerrilla. ¿Sirvió entonces para develar ese vínculo entre Farc y narcotráfico?

La guerrilla cambió El diario del Che por El Padrino. Se montó sobre el negocio de la droga y, como tal, el Estado la combatió con nuevo ímpetu hasta el punto de doblegarla y llevarla de nuevo a la mesa de negociaciones. Como cartel de droga y con sus prácticas mafiosas de secuestro y extorsión, aumentaron su poder tanto en armas como en gente. Ese poderío lo utilizaron para asestar fuertes golpes al Ejército. Crecieron gracias a su preponderancia en el narcotráfico por el cual competían con los paramilitares. No, como creían entonces en Europa, por apoyo popular. El fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas y su profesionalización fueron la respuesta lógica y digna del Estado de derecho al narcotráfico, que pretendía imponer un narco-estado en Colombia.

Entonces, para usted, es gracias al Plan Colombia que las Farc están sentadas negociando hoy en Cuba…

Un análisis que cito con frecuencia, por provenir de quien proviene, es el de Antonio Caballero en Semana. Dice textualmente: “… las Farc ya no son las Farc arrolladoras de hace unos cuantos años. Han sido duramente golpeadas por el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas debido al Plan Colombia de Clinton y Pastrana, en cuya eficacia muchos no creímos al principio, pero cuyos resultados han sido notables. Y como consecuencia se han vuelto más realistas: ya no piden la revolución, sino apenas unas cuantas reformas”. El Plan le dio la vuelta al elemento militar del conflicto, hasta el punto de llevar a la guerrilla a la mesa a pedir reformas. Lo triste es que, una vez en la mesa, la guerrilla logró arrodillar al Gobierno por la insólita vía de las concesiones del fuerte al débil.

Claro que críticos, como la Oficina de Washington para América Latina (Wola), afirman que el exceso de poder en las Fuerzas Armadas se ha cristalizado en violaciones a los derechos humanos…

Todo lo contrario. Las Fuerzas Armadas colombianas ganaron en profesionalismo y en respeto a los derechos humanos. En las dictaduras, el exceso de poder de los ejércitos lleva a estas violaciones. Los críticos nunca creyeron que en Colombia podríamos fortalecer democráticamente a las Fuerzas Armadas. Eso no quiere decir que no existan problemas. Lo que quiere decir es que una violación a los derechos humanos es investigada y castigada.

Hay expertos que coinciden en que el Plan terminó siendo un fracaso, pues la producción de droga no sólo se trasladó a otros países de la región, sino que además en la actualidad es más barata, pura y fácil de conseguir…

Fracaso sería que no se mantuviesen Familias en Acción y otros componentes sociales. Fracaso sería que las Farc, como cartel preponderante, resultasen victoriosas al pactar con el Gobierno el silencio sobre la verdad de sus negocios de narcotráfico, sus dineros, las rutas, sus socios, etc. Fracaso grande es mantener su cartel intacto sin que Naciones Unidas ni nadie en la comunidad internacional se moleste por señalar semejante despropósito.

El presidente Barack Obama ha dicho varias veces que Estados Unidos continuará apoyando a Colombia, ¿pero realmente el país sigue siendo una prioridad para el gobierno norteamericano teniendo en cuenta que los ojos en este momento están fijos en la situación de México?

El presidente Obama enfrenta en este año electoral la decisión de convalidar o no el acta de defunción del Plan Colombia para apoyar nuevas políticas que triplicaron la producción de coca enviada a Estados Unidos, por razón de las exigencias del mismo cartel que las produce y comercializa: las Farc. Que Estados Unidos avalara, sin contraprestación alguna, la amnistía a un grupo terrorista, supercartel de drogas, socio de Al Qaeda y Chapo Guzmán, sería un hito.

¿Pero no cree que la firma de la paz con las Farc implicará una disminución del narcotráfico?

No hay una sola línea en los acuerdos que indique eso. Al contrario, todo favorecerá a las Farc como cartel y a sus socios del narcotráfico, amparados bajo un cese al fuego y un estatus político. No son meras especulaciones. La mala fe de las Farc es evidente al exigir la verdad como eje de una paz duradera, mientras calla todo lo pasado y presente de su estructura mafiosa. Lo que ganó la guerrilla en la mesa es el lavado de su cartel.

¿Debería replantearse el Plan Colombia con miras al posconflicto, en aras de una consolidación de la presencia del Estado en las regiones, más allá de lo militar?

Replantear es un nuevo eufemismo para expresar la muerte del Plan Colombia y el surgimiento de otra cosa completamente distinta. El Plan no esperó un posconflicto para dar respuestas sociales como Familias en Acción. Tras cancelar de hecho el Plan, el presidente Santos ha tomado un nuevo rumbo en el cual el tema de la droga no interesa más al Gobierno colombiano. Esto habrá que llevarlo ante el Congreso de Estados Unidos como un proyecto enteramente nuevo. Habrá que vender entonces al pueblo americano la tesis de la transformación de las Farc, sin que ellas hayan entregado ni confesado la mínima parte de sus actividades y ganancias del narcotráfico. Todo esto, en un año electoral particularmente turbulento para el presidente Obama e Hillary Clinton.

¿Definitivamente va a estar en la conmemoración de los 15 años este 4 de febrero en Washington? ¿Qué le dirá al presidente Juan Manuel Santos cuando se lo encuentre cara a cara?

Aunque este aniversario marque el entierro del Plan Colombia es una cita que, como padre de la exitosa iniciativa social y militar, debo atender. Voy a la Casa Blanca a una feliz celebración, pero también a una triste despedida. Cuando me encuentre en Washington con el presidente Santos tal vez le puedo decir: “Señor presidente, ¿leyó mi entrevista en El Espectador?”

Fuente: El Espectador

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