Desde aquel primer “Aviso del Terremoto” publicado en la imprenta de los jesuitas en 1.785 y la aparición periódica de los ejemplares de “La Bagatela” que dirigió y escribió el Precursor Antonio Nariño entre 1.811 y 1.812, el papel de los medios de comunicación en Colombia ha sido determinante en el devenir de la vida nacional.

Para entender el poder de la palabra escrita, baste recordar la tremenda ampolla que levantó entre las autoridades coloniales la publicación en 1.894 por parte de Nariño de la traducción de los “Derechos del Hombre y del Ciudadano”, que habrían de inspirar nada menos que la gesta libertadora y el espíritu democrático y humanista de nuestro pueblo.

En su tiempo, esta audacia le costó a Nariño una condena a 10 años de cárcel, el exilio y la confiscación de sus bienes. Pero dicha represalia desproporcionada desde todo punto de vista no era más que la constatación de la influencia determinante que tienen los medios de comunicación sobre el destino de los gobiernos y de los hombres en general.

Hoy los medios de comunicación son un anticipo del futuro y han hecho realidad –más allá de las más fantasiosas previsiones- la conversión de todo el orbe en la “aldea global” de que hablara McLuhan.

Lo que sucede en China, la Patagonia o Escandinavia llega a nosotros con la inmediatez del satélite o las micro-ondas. Los antiguos correos a caballo o por barco, han dado paso a inventos fabulosos como el fax y la internet. Desde la comodidad de nuestras casas podemos “navegar” por los diarios y revistas que circulan en ese mismo momento en los lugares más remotos del planeta y enterarnos simultáneamente de las mismas noticias.

Como periodista, siempre he mirado con sumo interés todo aporte que se realice al estudio de los medios de comunicación y a la evaluación de su papel en las sociedades contemporáneas.

Hay que destacar que los medios tienen una inmensa responsabilidad histórica, que va mucho más allá de la simple comunicación de ideas y noticias. Son, finalmente, verdaderos “constructores de realidad”. Y como dice Jorge Orlando Melo, “al lado de este poder de configurar la realidad, los medios tienen, y esto es más complicado, una evidente capacidad para transformarla, para convertirse en actores y sujetos del cambio mismo”.

En momentos cruciales, como los que vive hoy Colombia, es más necesario que nunca que los medios de comunicación, en todas sus manifestaciones, se muestren responsables y conscientes en el uso del poder que detentan al llegar en forma masiva a millones de personas.

Como dijo la Corte Constitucional en su sentencia C-333 de 1.992, que acertadamente cita el autor de este libro, la libertad de información es “un derecho-deber, esto es, un derecho no absoluto sino que tiene una carga que condiciona su realización”.

Y esa carga no es otra que la misma que llevamos todos los que asumimos de alguna manera la responsabilidad de conductores de la sociedad: procurar siempre la consecución del bien común, dentro de un marco de respeto a los derechos del otro.

Cuando los medios son conscientes de esta obligación social, el afán por la “chiva” y el “rating” cede sus intereses a imperativos mayores, como lo son la consecución de la paz, el logro del desarrollo económico y la justicia social.

Dentro de este panorama general, resulta bienvenida la llegada de un libro como el que ahora publica Jairo Antonio Sandoval Carranza, el cual aparece, en buena hora, para hacer un aporte fundamental en el campo del estudio sistemático de la normatividad que rige los medios de comunicación.

El autor, que ha estado por 17 años vinculado al área informativa de la Presidencia de la República, tiene experiencia de sobra para escribir sobre esta materia y se ha preocupado por hacer un balance completo histórico, axiológico y normativo sobre tan importante tema, que con seguridad será un apoyo valioso para quienes trabajan o estudian sobre áreas relacionadas con los medios de comunicación.

Justamente la larga trayectoria de Jairo Antonio Sandoval en la Secretaría de Prensa de la Presidencia posibilita que su libro contemple de una manera muy detallada, desde el punto de vista normativo, el interesante tema de las relaciones entre los medios y el poder.

Como gobernante he vivido los riesgos y las ventajas que implica el continuo contacto con los medios. Por eso puedo hacer mías –para finalizar esta presentación- las palabras del maestro Darío Echandía, cuando se refirió con su natural lucidez al imperio de la libertad de prensa en nuestra vida democrática:

“Entre los males y abusos que de tal libertad puedan resultar (y de los cuales tradicionalmente han sido víctimas los mandatarios colombianos, aún los más rectos) y el daño que causaría la represión o censura a la expresión del pensamiento o la crítica a las actividades del gobierno, es preferible como mal menor el extremo de la libertad aun cuando ponga a prueba hasta el máximo límite la paciencia de los funcionarios (…)”.

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