Madrid, España
20 de marzo de 2018

Andrés Pastrana: «Rodríguez Zapatero ha mantenido la narcodictadura de Maduro en el poder»

Voz crítica tanto con el chavismo como con el castrismo, el expresidente colombiano cree que «ya se comienza a vislumbrar una fractura dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas»

Andrés Pastrana Arango (Bogotá, 1954) recibe este martes en Madrid el premio que la Fundación Villacisneros le ha otorgado, junto al también expresidente de Colombia Álvaro Uribe, «por su postura ante el proceso de paz con las FARC». El exgobernante (1998-2002) se considera «víctima» del terrorismo y de «los extraditables», un apéndice del cártel de Medellín que le secuestró el 18 de enero de 1988 cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá. Pastrana cree que en terrorismo «hay muchas similitudes» entre España y Colombia. «Un proceso por encima de la mesa en Colombia, aquí hay muchas concesiones a ETA. Los del “no” (en el referéndum sobre los acuerdos de paz) le hemos dicho al presidente Juan Manuel Santos que este y cualquier proceso de paz se debe basar en tres elementos: verdad, justicia y reparación». Como a su juicio no se han cumplido ninguno de los tres, Andrés Pastrana avisa que si el centroderecha gana las próximas presidenciales (27 de mayo y 17 de junio) «vamos a revisar los acuerdos».

¿Qué representa para usted recibir el premio anual de la Fundación Villacisneros?

Muy significativo y un honor para mí por ser víctima del terrorismo y de «los extraditables». En 2002, cuando salí de la presidencia, las FARC habían contratado a ETA para matar al vicepresidente Francisco Santos o la embajadora Noemí Sanín o a mí, que en ese momento vivía en España.

¿Los colombianos han pasado factura a la exguerrilla de las FARC (hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) por las más de cinco décadas de conflicto interno? En el Senado solo consiguieron algo más de 52.000 votos (0,34%).

Santos entregó al país por 50.000 votos. Entregó la Constitución, las instituciones y la justicia por un grupo que utilizó el terrorismo como arma política, como en España, y resulta que terminaron con 50.000 votos. Le han pasado factura a Santos, a su candidato y a las FARC. El partido de la U ha perdido 8 o 9 senadores, no tiene candidato propio. La factura se la han pasado a Santos las encuestas y los colombianos. Tiene entre un 10% y 15% de popularidad. Más del 70% de los colombianos le estamos diciendo que no nos gusta la implementación de los acuerdos de paz. Esto significa que algo quedó mal hecho. Cuando ganamos los del «no» en el referéndum le dijimos a Santos que queremos aportar para hacer un buen proceso de paz y nunca se tuvo en cuenta. El presidente Santos falta a la verdad cuando dice que asumió todo lo que le dijimos los del «no». Los temas fundamentales, verdad, justicia, reparación y narcotráfico no fueron incluidos.

Pero la FARC tienen garantizados cinco escaños en cada Cámara durante los próximos ocho años, en virtud de los acuerdos de paz. ¿Qué espera de su aportación en la Cámara Alta, donde se enfrentarán al senador más votado de la historia del país, Álvaro Uribe (con 866.000 votos)?

No es justo que quienes han cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad hoy estén participando en el Congreso sin haber pagado ni un segundo de cárcel. Eso no lo entienden ni los colombianos ni el mundo. Quedó demostrado que no tienen el respaldo popular, que si el Gobierno no les hubiera dado los escaños, no hubieran llegado al Congreso. Hay un gran escándalo porque a las FARC se les dio más de tres millones de dólares para hacer campaña electoral y dos días antes de la campaña retiraron dos millones de dólares en efectivo, supuestamente para pagar la campaña electoral. Vamos a ver si hay claridad en este tema. Ellos creyeron que la población les iba a recibir con flores y los recibieron con huevos, y no tuvieron el valor de enfrentar la democracia. A mí las FARC me amenazaron de muerte de forma permanente y nunca dejé de ir a una manifestación. Al señor «Timochenko» le tiraron dos huevos en Armenia y se retiró de la política.

Los tres candidatos de la derecha reunieron casi seis millones de sufragios en la consulta interna que también se celebró el 11 de marzo, aunque no todos eran de sus simpatizantes. Cerca del mismo número de votos que dijeron «no» a los acuerdos de paz con las FARC en el referéndum del 2 de octubre de 2016. ¿Es posible un triunfo del ticket presidencial Iván Duque (candidato de Uribe)-Marta Lucía Ramírez (candidata de Pastrana) en la primera vuelta del 27 de mayo?

Difícil, no imposible. La coalición que hacemos con el presidente Uribe, la Gran Alianza por Colombia, busca recoger los 6,5 millones de votos del «no» y convertirlos en candidato a la presidencia. Logramos esa alianza entre Iván y Marta Lucía, en la que la gente no creía y nos criticaba, pero hoy está más fuerte que nunca. Hace tres semanas el centroderecha no estaba ni en primera vuelta. Solo estaban Fajardo y Petro, los dos de izquierda. Hoy existe la posibilidad de que los dos de centroderecha estén en primera vuelta. Hay que esperar a las primeras encuestas. Iván y Marta Lucía tienen más del 40%. Si ellos despuntan y los otros candidatos que se identifican con el centroderecha están débiles, hay que buscar una unión para ganar en primera vuelta a la izquierda y al socialismo del siglo XXI.

¿Qué futuro tendrán los acuerdos de paz firmados el 24 de noviembre de 2016 si el candidato de la Gran Alianza por Colombia llega a la presidencia? ¿Podrá modificar los aspectos más polémicos?

Claro que sí. Es una de las propuestas que hemos hecho, en los temas de justicia, narcotráfico y reparación vamos a revisar los acuerdos. Los presidentes Uribe y Pastrana no somos enemigos de la paz, pero queremos una paz bien hecha. A los primeros que debería interesarles que esos acuerdos en materia de justicia quedaran bien hechos es a las FARC, porque si no son juzgados en Colombia lo hará la Corte Penal Internacional. Cuando la justicia no actúa en un país, la CPI entra a actuar. Si las víctimas no son recompensadas y reparadas en Colombia, van a terminar en la CPI.

¿Existe un riesgo real de que el «castrochavismo» llegue a Colombia o de que se convierta en una segunda Venezuela si gana el candidato populista de izquierdas Gustavo Petro (recibió 2,8 millones de votos en las internas)?

Totalmente. Nosotros sacamos el doble de votos. Petro se cortó. Nunca se imaginó que lo dobláramos en la votación del 11 de marzo. Eso fue lo más importante, que el centroderecha, que 15 días antes no estábamos en la segunda vuelta, hoy tenemos la oportunidad de ganar en la primera ronda. Petro es Chávez, su íntimo amigo fue Hugo Chávez. La política que interpreta Petro está diciendo desde ya que es el absoluto chavismo. Y por eso si hay una posibilidad de ganar en la primera vuelta, debemos unirnos todos para evitar cualquier riesgo en esa segunda vuelta.

El vicepresidente de Colombia, el general Oscar Naranjo, declaró la semana pasada en Madrid que «el proceso de paz en Colombia es un hecho irreversible».

Clarísima equivocación porque él estuvo sentado en la mesa (de negociaciones) y por eso es muy curioso que Naranjo, que había sido reconocido como uno de los grandes luchadores contra el narcotráfico, hoy sea el gran defensor del narcotráfico. Digo esto porque en mi gobierno recibo 180.000 hectáreas de coca de Ernesto Samper, elegido con recursos del narcotráfico. Inicio el Plan Colombia en el año 2000 y dejo 90.000 hectáreas. Uribe continuó el Plan Colombia y le entrega a Santos 40.000 hectáreas. Lo primero que piden las FARC cuando se sientan en la mesa es acabar con la fumigación aérea y en tres años pasamos de 40.000 a 250.000 hectáreas. Nunca antes en la historia de Colombia se había llegado a esa cifra. El gran legado del Nobel de la Paz al mundo es que deja a Colombia como el mayor productor de cocaína del mundo, con las mayores plantaciones en su historia. Un Nobel de la Paz entregando lo que es violencia. Es ese narcotráfico el que está financiando la violencia. Los frentes de las FARC encargados del narcotráfico son los que hoy se llaman las disidencias. Una parte de las FARC entra en el proceso de paz y la encargada del narcotráfico se queda fuera. Por eso no coincido con la aclaración del vicepresidente, claro que son modificables los acuerdos, eso es lo que han propuesto Iván y Marta Lucía, vamos a hacer los ajustes a los acuerdos.

Después del intento de diálogo en el Caguán ¿le hubiera gustado ser el presidente que firmó la paz con las FARC?

Siempre, sí, con las FARC y con el ELN. Curiosamente con el ELN ya habíamos firmado un acuerdo y posteriormente se echaron atrás, según lo comentábamos con Fidel Castro. Pero dimos un paso más. La paz en Colombia se ha ido construyendo, hay otros presidentes que han aportado. Nosotros abrimos una puerta muy importante que fue desenmascarar a las FARC ante el mundo, se dieron cuenta de que no tenían voluntad de paz. Tristemente no la firmamos y cuántos muertos y secuestros nos hubiéramos evitado. Uribe y yo somos amigos de la paz, pero de esa buena paz. La paz no la hace un hombre, la hacemos el país entero, que es el que se va a beneficiar, y por eso la importancia de que el presidente hubiera unido a los colombianos.

¿Respalda la decisión de los opositores venezolanos de no participar en las presidenciales del 20 de mayo en las actuales condiciones?

Totalmente, son unas elecciones ilegítimas. En las elecciones legislativas, 7,5 millones de venezolanos le dieron un mandato a la Asamblea Nacional y no lo cumplió. La Asamblea Nacional era «no» a la Constituyente, se crea una Constituyente que convoca unas elecciones ilegítimas y no dicen nada. Quedaron en nombrar los poderes, entre ellos el Consejo Nacional Electoral, y no lo hicieron. Yo he sido un gran crítico de la posición del presidente José Luis Rodríguez Zapatero porque lo único que ha hecho es mantener a Nicolás Maduro en el poder y darle plazos para que esa narcodictadura se mantenga. Muchos de los muertos pesan sobre Rodríguez Zapatero. El gran líder aquí es el secretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos), Luis Almagro. Ha hecho cuatro informes sobre Venezuela, ha pedido la aplicación de la Carta Democrática y tristemente los presidentes de América Latina abandonaron al pueblo de Venezuela. Solo ahora que entraron Mauricio Macri y Sebastián Piñera se ha levantado la voz contra Venezuela.

¿A qué cree que obedecen las últimas detenciones de militares en Venezuela por parte de quien usted llama su «paisano» Nicolás Maduro?

Hay dos eventos. Uno es que ya se comienza a vislumbrar una fractura en el interior de las Fuerzas Armadas. Y segundo, ya empezamos a ver que hay militares que están levantando su voz para defender las instituciones y la democracia, y por eso la persecución. Hay un temor absoluto. El problema no es que Maduro sea colombiano, como lo establece hoy la Constitución de Colombia y la de Venezuela, el problema es que Maduro no sea venezolano. Por lo tanto hay una ruptura institucional de base. En cualquier país, lo primero que se le exige al presidente es que sea nacional de nacimiento y Maduro no lo es. Hace unos días escribí en Twitter si no será que Maduro está muy angustiado de que los militares saben no es venezolano y por eso los está persiguiendo.

En Twitter también ha dicho que la madre de Nicolás Maduro nació en Cúcuta (Colombia).

Hay dos temas. ¿Quién es colombiano de nacimiento? El artículo 96 de la Constitución dice que son los hijos de padre o madre colombianos. En la fe de bautismo de la madre de Maduro está claramente demostrado que nació en Cúcuta y, por tanto, era colombiana. De forma contradictoria Maduro, cuando muere su madre, saca un registro que dice que nació en Rubio, en la frontera entre Táchira y Norte Santander. Aquí estamos demostrando que Maduro es colombiano porque es hijo de madre colombiana.

Pero si él nació en Venezuela, será venezolano.

No, porque tendría la doble nacionalidad que es la que le prohíbe ser presidente de Venezuela. El nunca renunció y mintió cuando muere su madre y dice que nació en Rubio, cuando nació en Colombia. Para ser presidente tiene que ser venezolano de nacimiento y no tener doble nacionalidad.

El régimen cubano vetó su entrada y la del expresidente boliviano Jorge Quiroga cuando se disponían a recibir el premio Oswaldo Payá en representación del grupo Idea hace dos semanas. ¿Pudo hacerse una idea de cómo trata la Seguridad del Estado cubana a quienes disienten?

Totalmente, además yo he sido el único presidente de Colombia que fue en visita de Estado a Cuba en 1999 y mantuve una estrecha relación con Fidel Castro porque en el único proceso de paz en que él se involucró directamente fue el de Colombia con el ELN, no con las FARC. El ELN es castrista, las FARC marxistas-leninistas. Cuando fuimos ahora, nunca me llamó el embajador cubano a la oficina para decirme que no iba a ser recibido. Lo que hicieron es enviar mensajes de que posiblemente no nos iban a dejar entrar en la isla. Nosotros íbamos a recibir un premio en vísperas de unas supuestas elecciones. Lo que hubo el 11 de marzo en Cuba fueron selecciones, no elecciones. Lo más contradictorio es lo que sucedió en mi país, donde la propia canciller, en el comunicado más vergonzoso de la diplomacia colombiana, defiende la dictadura y no a un expresidente elegido democráticamente. El hecho no es por qué no pude entrar sino por qué me lo prohibieron cuando no necesitamos visado con Cuba. Lo que quedó al descubierto y se desenmascaró fue la dictadura cubana. Unos días antes el presidente Raúl Castro pide a la Cumbre de las Américas que en Lima tienen que darle voz a un narcodictador como Nicolás Maduro. Pero luego Raúl Castro le prohíbe la entrada a dos expresidentes elegidos democráticamente. Ahora nos tenemos que preguntar por qué una dictadura como la de Raúl Castro está invitada a una cumbre democrática. Se nos prohibió la entrada porque íbamos a recibir un premio de un líder opositor. La pregunta que nos tenemos que hacer los demócratas de la región no es si Maduro habla o no, sino por qué está invitado Raúl Castro.

Fuente: ABC de España

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Madrid, España
20 de marzo de 2018

 

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Madrid, España
7 de noviembre de 2017

El expresidente colombiano Andrés Pastrana (1998-2002) insta a la oposición venezolana a entonar un mea culpa para recuperar la credibilidad y la confianza perdidas, sobre todo tras su derrota en las regionales del pasado 15 de octubre, que ha acentuado su división. Después de ensalzar el protagonismo de la sociedad civil de Venezuela, que «lleva veinte años marchando pero hoy está decepcionada», Pastrana asegura que los opositores «tienen que recuperar la confianza y la credibilidad, y lo primero es aceptando sus errores, un mea culpa, en qué hemos fallado y cómo podemos corregirlo». A su juicio, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, «logró dividir a la oposición con todas sus estrategias».

Durante su conferencia en el Club Siglo XXI, «Venezuela y la encrucijada de América Latina», en la que fue presentado por Ramón Pérez-Maura, adjunto al director de ABC, Andrés Pastrana mencionó entre los errores de la oposición que no actuara rápido tras su contundente triunfo en las legislativas de 2015, cuando había instituciones por nombrar, o que «validara» al Consejo Nacional Electoral (CNE, chavista) al inscribirse en las últimas legislativas. Tras las dudas sobre la participación en las municipales del próximo 10 de diciembre, al final boicoteadas por la mayor parte de la oposición, el expresidente de Colombia ironizó que «si yo fuera Maduro, convoco generales en marzo y se reelige». «Va a tener la Constituyente, todos los gobernadores y todos los alcaldes, la oposición va dos o tres pasos por detrás del Gobierno», apostilló Pastrana, quien recordó que fue declarado persona non grata por Maduro en su última incursión en el país.

Pero considera que, aparte de las elecciones, hay más salidas a la crisis política en Venezuela. «Se puede aplicar el artículo 350 de la Constitución, que habla clarísimamente del desconocimiento de poderes ilegítimos», como la Asamblea Nacional Constituyente chavista, denunciada por opositores y la comunidad internacional.

Luis Almagro

Pastrana, que es uno de los 36 exgobernantes que forman parte del grupo IDEA (Iniciativa Democrática de España y las Américas), cree que los presidentes de la región «han dejado sola a Venezuela», a excepción del secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, que fue «muy duro» cuando los opositores «legitimaron las últimas elecciones» y «se la ha jugado» con sus informes sobre el país y el seguimiento de los delitos de lesa Humanidad.

Entre los retos de la comunidad internacional respecto a esta crisis que puede convertirse en regional -recordó que hay 4 o 5 millones de colombianos viviendo en ese país-, Pastrana mencionó la necesidad de presiona r a Maduro para que «abra el canal humanitario y entren alimentos y medicinas en Venezuela». El expresidente colombiano mencionó cifras dramáticas: 15 millones de venezolanos viven en la «pobreza absoluta»; 2,5 millones «comen de la basura» o 11.466 niños menores de un año murieron el año pasado en el país vecino. El otro reto de la región es, a su juicio, llamar la atención sobre el terrorismo y el narcotráfico en Venezuela. «Sabemos que el vicepresidente Tareck El Aissami es cercano a Hizbolá y se calcula que le han dado más de 17 pasaportes» a miembros de esa milicia libanesa y de Daesh, dijo Pastrana, que además relacionó al llamado Cartel de los Soles venezolano con las FARC, «el mayor cartel de la droga del mundo».

Candidatura de «Timochenko»

En ese momento el expresidente miró a su país y criticó la «apertura política» otorgada a la otrora guerrilla y hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), al anunciarse el pasado día 1 la candidatura a la presidencia de Rodrigo Londoño, alias «Timochenko», cuando el presidente Juan Manuel Santos dijo que «no iba a haber tal candidatura». Pastrana recordó que sobre el líder de las FARC «pesan 450 años de cárcel» y, según la Corte Penal Internacional (CPI), tiene 16 condenas pendientes por asesinato, secuestro, reclutamiento de menores, desplazamiento forzoso… Andrés Pastrana lamentó que la antigua guerrilla, «billonaria en dólares» por la droga, «con esos recursos se va a financiar las próximas elecciones».

Los padres de Leopoldo López

A la conferencia de Andrés Pastrana el lunes en el Club Siglo XXI asistieron, entre otros, los padres del preso político bajo arresto domiciliario, Leopoldo López, Antonieta Mendoza y Leopoldo López Gil; Jaime Mayor Oreja, María San Gil, Mercedes Baptista y Santiago Ybarra.

Fuente: Diario ABC

Madrid, España
22 de junio de 2015

«En Venezuela hay una crisis política, pero también humanitaria»

Junto con Felipe González y otros líderes, el exmandatario ha convertido la causa de los opositores encarcelados en la suya propia.

Como presidente de Colombia (1998-2002) Andrés Pastrana destacó por su resolución en la lucha contra el narcotráfico endémico en el país. Ahora, pese a la incomprensión entre algunos líderes de la región de la que procede, ha sumado su voz a la de exmandatarios como el español Felipe González o el boliviano Jorge Quiroga para denunciar los excesos del Gobierno de Nicolás Maduro y reclamar la libertad de los opositores encarcelados. A sus 60 años ha sido casi de todo. Como periodista, obtuvo en dos ocasiones el Premio Rey de España, fue el primer alcalde elegido democráticamente de la ciudad de Bogotá y, finalmente, siguiendo los pasos de su padre, alcanzó la presidencia colombiana al frente de una fuerza política que él mismo fundó como escisión del Partido Conservador. Ahora, apartado de la primera línea, se ha convertido en azote del poschavismo y en uno de los pocos motivos para la esperanza que encuentran las familias de Leopoldo López, Daniel Ceballos y Antonio Ledezma.

—Usted lo ha intentado varias veces sin éxito. ¿Han servido de algo sus intentos de visitar a los opositores presos?

—La primera visita que hicimos el presidente Piñera, el presidente Calderón y yo fue fundamental, porque hasta ese momento siempre se habían negado a aceptar que hay presos políticos en Venezuela. Por primera vez el vicepresidente Arreaza reconoció que hay presos políticos y que Leopoldo López y Daniel Ceballos lo son. Y hubo otro asunto interesante. Nos encontramos con los estudiantes y nos comentaron el tema de «la tumba», que hasta ese momento no se conocía y que es este lugar donde están los estudiantes presos, tres pisos bajo tierra, en cuartos de 2×2, sin luz y donde solo saben si es de día o de noche porque dejan de sentir que pasa el metro. Pudimos sacar a la luz pública a esos estudiantes que están sufriendo torturas simplemente por haber levantado su voz contra el Gobierno de Maduro.

—Sigue trabajando por la libertad de los disidentes. ¿Cuáles serán sus siguientes pasos?

—Seguimos trabajando y seguimos en contacto con las familias de los tres, ahora muy preocupados con Leopoldo, porque hoy cumple 26 días en huelga de hambre. El otro día hacía memoria y me daba cuenta de que la huelga más larga de la historia había sido la de Gandhi, que duró 21 días. Por eso ahora lo que nos preocupa ya es su salud. Leopoldo insiste, pero yo creo que lo que él pretendía se ha conseguido ya en un 95 por ciento y el presidente Quiroga y yo le enviamos una carta pidiéndole que abandone ya su ayuno.

—Se comentó que tenían planeada una visita al Parlamento Europeo en la que participaría también José María Aznar.

—Íbamos a ir la próxima semana, pero se presentaron algunos imprevistos y lo hemos aplazado. Pero seguimos trabajando. Esta semana hubo una noticia fundamental, que es la llegada de Aécio Neves (líder del Partido de la Social Democracia Brasileña) a Venezuela. Él ha sido muy claro y muy categórico y los brasileños han pensado incluso en presentar resoluciones para sacar a Venezuela de Mercosur. La visita de esa delegación brasileña es muy importante.

—¿Cómo valora la respuesta de la comunidad internacional sobre Venezuela?

—Ha habido un silencio cómplice. No puede ser que exista una carta interamericana de defensa de la democracia, que haya violaciones diariamente a esa carta y no pase nada. ¿Para qué la hicimos entonces? Hemos oído a las presidentas de Brasil y Chile, contar que estuvieron presas y fueron víctimas de los vejámenes de las dictaduras. Y ahora las esposas de estos hombres que están en la cárcel en Venezuela ni siquiera encuentran una solidaridad de género en ellas.

—Quizá Rousseff y Bachelet no aceptan eso que usted ha denunciado, que Venezuela es una dictadura.

—Venezuela es un dictadura. ¿Dónde está la libertad de prensa? Se persigue a los periodistas. Simplemente porque «El Nacional» se hace eco de una información publicada por un medio internacional como ABC su director sufre medidas cautelares y no puede salir del país. A Teodoro Petkoff, solo por opinar contra el Gobierno, le cierran su diario «Tal Cual». Y no le hablo ya de blogueros y tuiteros… Uno no puede ni expresarse. Eso es claramente una dictadura.

—¿Ve un compromiso suficiente en la Unión Europea?

—Ha comenzado a tomarse conciencia ahora. Antes de la visita del expresidente González, hubo una declaración del Club de Madrid respaldándole en su defensa de los principios democráticos y la justicia en Venezuela. Con Aznar y el Grupo Idea sacamos una declaración que han firmado más de 37 expresidentes de la región. Tenemos también la declaración de hace dos semanas en Gales de más de 40 presidentes del mundo. Sin embargo, fue triste ver que la declaración final de la cumbre UE-Celac no mencionara una palabra de Venezuela porque el Gobierno de Caracas influyó para que no se tocara el tema. Quiero llamar la atención sobre algo. Hoy estamos hablando no solamente de una crisis política, sino de una crisis humanitaria. No hay alimentos.

—¿Y qué me dice de España? El Gobierno ha decidido enviar a Caracas al secretario de Estado para Iberoamérica.

—He podido hablar esta semana con el presidente Rajoy. Él recibió a las mujeres de los presos políticos. Eso es muy importante porque muchos presidentes no lo han hecho. Valoro especialmente aquello. Porque lo que uno no se puede permitir como demócrata es que otros países nos impongan con quién podemos hablar y con quién no. Usted menciona el viaje de un secretario de Estado. También es muy importante, porque la presencia de España es para nosotros la presencia de Europa.

—Se lo tengo que preguntar. ¿Forma usted parte de alguna conspiración internacional contra Venezuela?

—(Ríe) Cuando fuimos con el presidente Calderón, el presidente Maduro nos dijo que éramos parte de esa supuesta conspiración financiada por el narcotráfico. Yo le dije, «mire, entre paisanos no nos tratamos así» (Diversas informaciones han señalado que Nicolás Maduro podría ser en realidad colombiano de nacimiento). Es importante que Maduro conozca la historia de Colombia, porque si alguien ha combatido el narcotráfico he sido yo, que fui secuestrado por Pablo Escobar y que extradité más de 120 capos del narco a Estados Unidos.

—¿Por qué Maduro se resiste a fijar una fecha para las elecciones?

—Le obliga la Constitución. Maduro ya aceptó las elecciones, porque retó a la oposición a que aceptara el resultado de las legislativas. Ahora la responsabilidad es del Consejo Nacional Electoral y no entendemos por qué no hay ya fecha. La segunda petición es que haya misiones de observación. Ya está la OEA y la UE ha dicho que estaría dispuesta. Y la tercera es la libertad de los presos políticos para que puedan participar. Nada que no pueda aceptar el Gobierno del presidente Maduro.

—¿Escuchará alguna vez Maduro el clamor de voces críticas?

—Yo creo que ya ha empezado a escuchar, porque ya aceptó las elecciones.

—Otros líderes no muestran tanta implicación como usted en este asunto. ¿Por qué le importa tanto Venezuela?

—El objetivo de un expresidente y de todos esos clubes de los que forma parte debe ser el fortalecimiento y defensa de la democracia. En su artículo de hace dos semanas en ABC, Ramón Pérez-Maura planteaba la tesis de la injerencia debida. Al contrario de lo que dice Maduro, la nuestra es una injerencia debida, porque estamos respaldados por los principios y valores que defendemos.

—En España hay una fuerza radical emergente que es Podemos. ¿Puede darse en España una deriva como la de la Venezuela chavista?

—Bueno, es cierto que hay una total identificación de Podemos con la revolución bolivariana. La asesoraron y acompañaron. Pero en lo que hay que fijarse es en lo que está sucediendo en el interior de nuestras democracias. Yo llevo años diciendo que los partidos tradicionales tenían que renovarse porque se han apartado de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, a los que estamos perdiendo para la política. El gran tema que explica esto, también en Latinoamérica, es la corrupción. Mire lo que está pasando en Argentina, en Ecuador, en Brasil, incluso en Chile donde esto no ocurría. Es necesaria una autocrítica dentro de los propios partidos para que podamos recuperar a los jóvenes.

«La violencia de las FARC está dejando sin espacio a Santos»

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