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  • TENEMOS MUCHOS MOTIVOS PARA SEGUIR CREYENDO EN COLOMBIA

    Colombianas y colombianos:

    Nada como este tiempo de Navidad para enviarle a cada uno de los colombianos un afectuoso saludo: a las mujeres que con su amor mantienen viva la ilusión de un buen futuro para sus familias, a los trabajadores que con su esfuerzo diario hacen progresar el país y a los empresarios que son motores del progreso con su confianza y apoyo.

    Saludo a los secuestrados: mi corazón los acompaña. A todos los que se encuentran en la guerra y a sus familias: ellos también tienen papá, mamá, hermanos, hijos y amigos que los esperan en casa.

    Saludo a los colaboradores del Estado, porque ellos trabajan por el bienestar de todos. También a las congregaciones religiosas, a los gremios, a la prensa, a los artistas, a los deportistas y a los extranjeros que adoptan a Colombia como patria.

    Saludo con inmensa gratitud y especial consideración a las Fuerzas Militares, de Policía y a sus familias. Es gracias a estos héroes de la patria que ustedes pueden estar tranquilos en sus casas esta noche.

    Ofrezco un abrazo especial de Navidad para todos los niños: quiero decirles que contamos con ustedes y que por ustedes trabajamos sin descanso para establecer bases sólidas para el progreso y la paz de nuestra nación, de nuestra querida Empresa Colombia.

    El hombre debe tener en la vida tres amores básicos: su Dios, su familia y su país. Y es precisamente nuestra nación la que nos preocupa a todos y la Navidad es la mejor ocasión para que cada uno haga su examen final del año.

    Llegó la hora de los balances y las decisiones. Retomando las trascendentales palabras de Kennedy en el día de su posesión como Presidente de los Estados Unidos, quiero repetirlas para todos nosotros, los colombianos: “La pregunta no es qué va a hacer el país por mí. La pregunta es: ¿qué voy a hacer yo por mi país?”

    Hoy los invito a que cada uno en su conciencia se pregunte: ¿Qué hice este año por mi país, por mi Colombia? ¿Qué voy a hacer y con qué me voy a comprometer el año que viene?

    Quiero insistir hoy en la importancia de encontrar un sueño colectivo, una meta común, de entender el valor de un abrazo, de una sonrisa, del perdón y de un gesto de amistad, pues no sólo son los mejores aguinaldos sino que tienen un inmenso significado para Colombia.

    Estoy seguro de que si todos pensamos como un solo equipo, si tenemos un propósito común y un ideal compartido en el sentimiento de patria que nos convoca alrededor de Colombia, podremos alcanzarlo. Es el momento de tomar parte, de dejar de ser simples espectadores, de defender nuestro derecho a la paz -como lo han hecho con música y coraje los habitantes de Caldono, de Bolívar y de Coconuco, en Cauca-, es el momento de asumir un papel, de tomar decisiones y de pasar a la acción.

    Estamos cansados de la violencia y la intimidación. No queremos más muertos, ni secuestrados. Queremos recorrer de nuevo y con confianza las carreteras del país y poder descansar  tranquilos y en paz.

    No entendemos ni queremos más atentados ni ataques contra las estaciones de policía o personas indefensas en poblaciones, contra la infraestructura energética y contra el transporte, que significan altísimos costos económicos, anímicos y emocionales para todos.

    ¡Nos abruma el secuestro! y nos ha quitado completamente la tranquilidad. Ese es un temor compartido por la comunidad internacional, que observa con gran inquietud la repetida violación por parte de los violentos de los principios fundamentales del derecho internacional humanitario, la falta elemental de respeto por la vida humana, la restricción abusiva de la libertad de todos los colombianos.

    Me quita el sueño el dolor por aquellos que viven sujetos a continuos desplazamientos. ¡Qué tristeza! Miles de personas valiosas, trabajadores humildes con sus familias que repentinamente son forzados a abandonar sus casas y sus pocas pertenencias en busca de una seguridad que las ciudades no les ofrecen. La violencia genera más pobreza, acompañada de miedo, de desesperanza y de más violencia que se traslada a las ciudades.

    Todo el pesimismo que a veces podemos sentir por la difícil situación del país tenemos que convertirlo en el estímulo y en la claridad que precisamos para salir adelante. Estoy seguro de que en el corazón de cada colombiano habita un anhelo y un profundo deseo de conseguir la reconciliación y la paz.

    Reitero mi invitación a que todos reflexionemos acerca del aporte de cada uno a nuestro país: al gran industrial, al independiente, al informal. A la mujer de hogar, al campesino, al desempleado. Todos los colombianos, en la medida de las posibilidades de cada uno, tenemos mucho para ofrecer y por hacer por nuestra comunidad, por nuestra patria.

    El sector privado es factor decisivo en el bienestar social: es el momento de pensar con generosidad y gran imaginación para crear nuevos puestos de trabajo, en mecanismos para mejorar la calidad de vida de los empleados, en nuevos sistemas que modernicen y optimicen las ventas y en vivir abierto al universo de oportunidades que ofrece el gran supermercado mundial.

    Ha sido un año en el que todos hemos tenido que esforzarnos mucho y poner mucho de nuestra parte para salir adelante. Hemos tenido que hacer sacrificios y obrar con una gran responsabilidad. ¡Pero lo estamos logrando!

    Hoy tenemos razones para sentirnos razonablemente optimistas. La economía nacional, a pesar de la situación internacional y del conflicto interno, crecerá este año el doble que el promedio de las economías de América Latina. Vamos a tener por tercer año consecutivo un aumento del costo de vida de un solo dígito, inferior al 8 por ciento. Nuestra moneda está fuerte y estable y sectores que antes estaban deprimidos, como el de vivienda, hoy están repuntando y vuelven a crecer con gran dinamismo.

    Además, el desempleo sigue bajando. Mientras el desempleo nacional en enero estaba en una tasa del 17.1%, el pasado mes de octubre estaba en el 14.4%. Y algo más: entre junio y octubre de este año, en sólo cinco meses, ¡cerca de un millón de colombianos que no estaban ocupados encontraron ocupación, sobre todo en las zonas rurales y las poblaciones pequeñas e intermedias!

    Todo esto es efecto, entre otras razones, de la nueva dinámica del sector de la construcción y de la aplicación del Plan Colombia, que está extendiendo sus obras y sus recursos por los municipios más pobres del país.

    Los hospitales públicos y los millones de colombianos que los utilizan tienen también razones para celebrar, pues el mes pasado les entregamos 300 mil millones de pesos para salvarlos, aliviando su situación financiera.

    También las diversas regiones de Colombia y sus habitantes respiran hoy con más tranquilidad ya que en este segundo semestre transferimos a más de 30 departamentos y 1.000 municipios, por primera vez en la historia del país, 420 mil millones de pesos de recursos provenientes de las regalías petroleras, para que los usen en inversión social.

    Por otro lado, los colombianos de los estratos 1, 2 y 3 pudieron tener la seguridad hace dos semanas de que tendrán un mejor servicio de energía y seguirán contando con sus tarifas subsidiadas, gracias a que entregamos 148 mil millones de pesos a las empresas electrificadoras.

    Asimismo, cerca de 55 mil maestros jubilados, los docentes de los departamentos y distritos especiales y las universidades públicas terminan el año con buenas noticias, pues se destinarán 700 mil millones de pesos del presupuesto para poner al día las mesadas y salarios de los trabajadores o ex-trabajadores de la educación.

    En fin, no me quiero alargar en recuentos de logros o inversiones sociales para mejorar la vida de los colombianos, pero lo cierto es que, si aprovechamos estos días para mirar las cosas de una manera más objetiva y constructiva, veremos que estamos mejorando y que, todos unidos, tenemos muchos motivos para seguir creyendo en Colombia.

    Colombianas y colombianos:

    En el recogimiento espiritual de la Navidad los invito a que reflexionemos sobre los valores fundamentales de la convivencia social: el amor a sí mismo y a los demás, el respeto por el derecho ajeno, la tolerancia hacia el pensamiento diferente y el trabajo incansable y honesto.

    Los invito a invocar la paz en todo el mundo. Colombia es solidaria con la cruzada internacional contra el terrorismo. Los atentados contra los Estados Unidos el 11 de septiembre, convocan a una mirada colectiva diferente hacia los grupos que atentan contra la sociedad civil; no podemos guardar más silencio y tenemos que actuar con firmeza y rapidez frente a los terroristas y rechazar sus actos cobardes.

    Sufrimos y lloramos por las crueles acciones de los violentos. Nos duele en el alma la partida de Andrés Felipe, un niño que sólo pedía volver a ver a su padre antes de morir y cuyos ruegos fueron ignorados por los oídos sordos y la insensibilidad de las FARC.

    ¡En una sola voz los colombianos y el mundo entero tan sólo pedíamos un gesto mínimo de humanidad, y la respuesta fue cinismo, dureza y frialdad absurdas e incompresibles!

    ¡Qué diferencia la de esta guerrilla sin corazón a tantos colombianos que rodearon con su afecto a Andrés Felipe e, incluso, en un gesto sin precedentes, ofrecieron canjearse y perder su libertad a cambio de la de su padre!

    De forma desafiante y llena de arrogancia responden las FARC a la buena voluntad de un Gobierno y de un pueblo que insistimos en trabajar por la paz y la solución negociada al conflicto.

    Hoy, en la antesala de la Navidad, invito a todos los grupos armados al margen de la ley, no sólo a que reflexionen, sino a que escuchen el clamor de Colombia y el mundo que ya no soporta ni quiere más sangre y destrucción entre hermanos, y necesita alcanzar de una vez por todas la paz.

    Por mi parte, continúo con la inquebrantable convicción de lograr la solución del conflicto armado mediante la negociación política. Es mi propósito entregar la Presidencia el próximo 7 de agosto con el camino despejado hacia la reconciliación nacional.

    Que la Navidad nos una en la fe, en la esperanza, en el optimismo de que cada día tendremos una Colombia más justa y ¡mejor para todos!

    En nombre de Nohra, Santiago, Laura y Valentina, les envío un caluroso saludo navideño y mis mejores deseos para el nuevo año que llega.

    Que Dios los bendiga y que Dios me bendiga.

    Buenas noches.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    23 de diciembre del 2001

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