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  • TODO LO QUE QUEREMOS ES UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD SOBRE LA TIERRA -ALEMANIA-

    Colombia no puede sola. El reto ante el cual nos enfrentamos, como nación y como parte de la comunidad mundial, es, quizás, el mayor desafío de nuestra historia. Pero no estamos entregados a un destino fatal. Por el contrario, somos optimistas, porque sabemos de nuestras propias capacidades, de nuestra determinación y de la gran riqueza de nuestra tierra. Y porque sabemos también que contamos con el apoyo certero de muchos otros países en el mundo, que han entendido y valorado nuestra lucha como pueblo.

    En mi país se reúnen una gran cantidad de ventajas que estamos decididos a aprovechar. No sólo vivimos en él más de 40 millones de colombianos, caracterizados por un espíritu emprendedor y laborioso, sino que poseemos también inmensos recursos naturales. Estamos ubicados en la mejor esquina de América, con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico, un clima tropical, y un acceso privilegiado hacia los demás países de Suramérica, Centroamérica y el Caribe. Nuestro territorio tiene una de las mayores biodiversidades del planeta, y abarca parte de la cordillera de los Andes, y de las grandes reservas naturales de la Orinoquía y la Amazonía, que forman el mayor pulmón natural del mundo.

    Además, tenemos una economía que ha sido una de las más sólidas y estables del continente americano, y que, a pesar de la recesión que nos afectó en los últimos 2 años, está volviendo a crecer con paso firme y constante. Creemos en la democracia como en el mejor sistema de gobierno y hemos vivido en democracia  desde hace más de 180 años.

    Sin embargo, con todos estos puntos a favor, Colombia atraviesa hoy por su más difícil prueba y su futuro está en la cuerda floja por causa de la violencia y el narcotráfico. En Colombia vivimos un conflicto armado que nos desangra, pero no una guerra civil. Unos pocos guerrilleros y grupos de justicia privada, que no cuentan con respaldo popular y cuyos miembros no alcanzan ni siquiera a las 40.000 personas (o sea, el uno por mil de la población colombiana) continúan levantados en armas, en el marco de un conflicto armado que ya lleva casi 40 años. Pero, lo que es más grave, estos grupos subversivos se financian en muy buena parte con dineros provenientes de los narcotraficantes, que son otra plaga que ha incidido negativamente en la realidad colombiana.

    Estos dos fenómenos: violencia y narcotráfico, que se alimentan y degradan entre sí, como un círculo vicioso, son hoy los grandes generadores de pobreza, de desempleo y de inseguridad para una gran parte de la población colombiana, que sólo quiere trabajar y progresar en paz y por medios lícitos.

    Mi gobierno ha entendido la necesidad urgente de escapar de este círculo fatal, con medidas audaces y procesos que involucren la voluntad de toda la nación, y desde hace cerca de dos años ha venido trabajando, de la mano de todos los colombianos y de la comunidad internacional, en solucionar estos graves problemas.

    Con este fin, diseñamos una estrategia integral que permita a nuestro país salir adelante y caminar con decisión hacia las promesas y los desafíos del siglo XXI. A esta estrategia la he denominado el Plan Colombia, y es un plan que nos permitirá fortalecer la democracia, mejorar la participación ciudadana, alcanzar la paz, luchar efectivamente contra el narcotráfico, modernizar y ampliar el acceso a la justicia, promover aún más la protección de los derechos humanos y realizar programas sociales que produzcan efectos positivos en la población más necesitada y más golpeada por la violencia y la miseria.

    Dentro de las estrategias para recuperar nuestra viabilidad como nación está la de adelantar un amplio proceso de paz con las organizaciones guerrilleras, para alcanzar la conciliación por la vía del diálogo y no por el penoso camino de las armas. Yo mismo he visitado a los líderes guerrilleros en sus campamentos en las montañas y he asumido el liderazgo de un proceso que avanza lento pero seguro.

    Hoy por hoy, con las FARC, la guerrilla más grande del país, hemos acordado una zona destinada exclusivamente a los diálogos de paz, hemos convenido en una agenda de los temas a discutir y estamos realizando audiencias públicas para que todos los colombianos tengan oportunidad de dar a conocer sus opiniones sobre los puntos de la agenda que se está debatiendo. Incluso, varios miembros de las FARC, acompañados por negociadores del gobierno colombiano, realizaron a principios de año una gira por varios países de Europa para conocer sobre el terreno las distintas alternativas de manejo económico, político y social. También esta misma semana se realizó en la Zona de Despeje, en Colombia, una audiencia internacional, en la que participaron 21 países, incluida Alemania, para tratar sobre el tema de la sustitución de cultivos ilícitos y sus efectos sobre el medio ambiente.

    Con la guerrilla del ELN, por su parte, estamos también en conversaciones con miras a iniciar próximamente un proceso de diálogos en un territorio de Colombia, que conduzca a la realización de una Gran Convención Nacional, donde se alcancen los acuerdos que permitan la finalización del conflicto con este grupo.

    En cuanto al narcotráfico, la comunidad internacional ha entendido que éste es un problema mundial: un problema de todos que tenemos que solucionar entre todos. Nuestro país ha realizado y continúa realizando grandes esfuerzos para eliminar la producción y el tráfico de estupefacientes de nuestra tierra, pero tenemos que entender que nos enfrentamos contra un enemigo poderoso que tiene tentáculos en muchísimos países y un inmenso poder de corrupción e intimidación.

    En Colombia, durante nuestra lucha solitaria, murieron nuestros mejores líderes políticos, nuestros mejores jueces y nuestros mejores periodistas bajo las balas del narcotráfico. Pero seguimos en la lucha, no por que nadie nos lo exija, sino por una profunda convicción ética y porque sentimos que tenemos un compromiso para con nuestros hijos y para con las nuevas generaciones de todo el mundo.

    Pero, ya lo he dicho, el problema es de todos. Por eso hemos acudido a la comunidad internacional para que, bajo el concepto de la responsabilidad compartida, nos ayude a erradicar este flagelo de la faz de la tierra. Los países productores, los países consumidores, los que producen los precursores químicos para fabricar la droga, los de tránsito y aquellos donde se lavan los dineros provenientes del delito, todos tenemos que unirnos en un frente común. ¡Es por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos!

    Entendiendo esto, Estados Unidos ha aprobado ya una importante ayuda económica y en equipo técnico para colaborar en la lucha contra el narcotráfico y en programas de sustitución de cultivos ilícitos y de fortalecimiento institucional. El próximo 7 de julio, Europa toda, incluida Alemania, junto con varios países de América Latina, Canadá y Japón, se reunirán en Madrid para estudiar la mejor manera de cooperar con el éxito del Plan Colombia. Yo sé que la ayuda de Europa será fundamental en temas como la atención humanitaria y la protección de los derechos humanos, y en los programas de capacitación, de generación de empleo y de sustitución de cultivos, que permitan a los campesinos colombianos escapar del destino de la droga y volver al camino de la agricultura legal, con seguridad y buenas condiciones de vida.

    Todo lo que queremos en Colombia es una mano del mundo para salir de la pesadilla del narcotráfico y la violencia, y dar a nuestra gente oportunidades de vivir al fin una vida digna y sin sobresaltos.

    Todo lo que queremos en Colombia, como decía Gabriel García Márquez, es una segunda oportunidad sobre la tierra. Este es el momento de la verdad y yo sé que, con el apoyo solidario de Alemania, de Europa y de la comunidad mundial, vamos a lograrlo.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2000

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