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  • TRADICIÓN ARTÍSTICA ITALIANA EN COLOMBIA

    Inauguración del auditorio «Leonardo Foyer Oreste Sindici».

    Santafé de Bogotá, 30 de noviembre de 1998.

     Apreciados amigos:

     Desde que Cristóbal Colón, el genial y empecinado almirante genovés al servicio de la Corona Española descubrió América, y le abrió a la humanidad entera un horizonte luminoso de riqueza y de progreso, son muchos los aportes que la admirable cultura italiana le ha hecho a nuestro país. Italia ha sido siempre, a través de los siglos, uno de los núcleos fundamentales de la cultura occidental.

    Ninguna otra Nación, con excepción tal vez de Grecia, puede exhibir con orgullo una galería de genios que dejaron su impronta en el enriquecimiento de la mente humana y lograron que el pensamiento y la estética alcanzaran niveles cada vez más altos, como debe ser el destino de una especie creada por Dios para trascender lo simplemente material.

    Dante Alighieri, par de Cervantes y de Shakespeare, en la literatura; Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael Boticelli y tantos otros en la pintura y la escultura; Copérnico y Galileo, los pioneros de una pléyade de científicos que tantos beneficios le han aportado a la humanidad; estadistas, como Lorenzo el magnífico; filósofos, humanistas, tratadistas en todos los cam- pos del saber humano, bien podemos decir con admiración que el aporte de Italia a la historia universal, y sobre todo a la historia de la cultura occidental, colocan a esta gran Nación en un lugar de privilegio entre los pueblos del mundo.

    Naturalmente, como decía al principio, la cultura y la economía colombianas se han beneficiado en gran medida con el aporte italiano. Generaciones enteras de abogados nuestros, por ejemplo, bebieron en las fuentes del derecho penal italiano y de sus grandes maestros, como Carrara y Ferri, cuyo influjo estuvo y aún está presente en nuestra legislación penal, como lo está en el Procedimiento Civil el de tratadistas de fama universal, como Carnelutti.

    El más grande y universal de nuestros artistas, Fernando Botero tiene su estudio precisamente en Italia. Y en la música, en la poesía, en la ciencia, mucho hemos recibido de esa cultura extraordinaria que el mundo entero admira.

    Personalmente, debo recordar que mi padre, en su juventud, trabajó y estudió en Roma, en donde su mente inquieta y despierta encontró nuevos horizontes y se pulió bajo el influjo espiritual de la intelectualidad italiana. Guardo, pues, un cariño y un respeto especiales por esa gran Nación, y por eso me complace sobremanera estar hoy con ustedes, acompañándolos en la inauguración de este nuevo aporte que el Colegio Leonardo Da Vinci le hace a la formación cultural de la juventud bogotana, con un auditorio que lleva el nombre del compositor que escribiera la hermosa y marcial música de nuestro himno nacional, don Orestes Sindici..

    Y a propósito del señor Sindici, quiero aprovechar esta oportunidad para contarles una anécdota que me ha causado particular satisfacción. En mis épocas de periodista, actividad que añoro y recuerdo con emoción y cariño, cuando era director del «Noticiero TV Hoy», supimos que en la Casa Parroquial del municipio de Nilo, en Cundinamarca, estaba abandonado y carcomido por el paso de los años y el abandono del armonio en el cual don Orestes, en sus horas de inspiración y de reposo, compuso esas notas marciales que nos inflaman el pecho de orgullo nacionalista a los colombianos.

    Como es sabido, el señor Sindici nació en Roma y los avatares de la vida lo trajeron hasta estas tierras con el propósito de dedicarse al cultivo de la quina, que era nuestro más importante producto agropecuario de exportación por entonces. Entre Melgar y Girardot fundó la hacienda «ElPrado» y allí se dedicó a su propósito de plantador, hasta que los azares de los mercados internacionales y las circunstancias propias de la política de entonces lo llevaron a la quiebra. Se refugió entonces en Nilo, en donde fue maestro en la escuela local, y allí, en ese ambiente pacífico y bucólico, brotó su inspiración dándole ritmo y vida musical al poema escrito por el Presidente Rafael Núñez. Fue con sus modestos alumnos de una escuela de pueblo con los que don Orestes ensayó la obra que lo habría de consagrar para siempre en la memoria agradecida de los colombianos.

    Cuando supe que ese armonio estaba abandonado, gestioné de inmediato su restauración, que se logró plenamente, de lo cual me siento satisfecho y orgulloso, por haber tenido la oportunidad de rescatar un instrumento que forma parte de nuestro patrimonio histórico, cultural y artístico.

    Al inaugurar este auditorio debemos hacer especial mención a quienes con tanto esfuerzo y dedicación lograron llevar hasta su culminación esta importante obra. En especial quiero mencionar a Camilo y Graciela Osario. Gracias a ellos, a su dedicación y a su liderazgo, el Colegio cuenta hoy con estas nuevas instalaciones.

    Felicitaciones, pues, al colegio Leonardo Da Vinci, a sus directivos, a sus alumnos. Gracias, en nombre de los colombianos, por este nuevo aporte a la educación y a la formación intelectual de nuestros jóvenes. Gracias a todos ustedes, por creer en nuestro país, en esta Nación buena y generosa que sabrá superar sus dificultades y marchar hacia el futuro con dignidad y grandeza.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    30 de noviembre de 1998

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