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  • APOYO GUBERNAMENTAL A LA AGROINDUSTRIA

    Celebración de los cincuenta años de fundación del Ingenio San Carlos

    Constituye verdadero motivo de satisfacción hacerme presente en este singular acto de celebración de los cincuenta años de fundación del Ingenio San Carlos, hacer entrega de la Orden de Boyacá en el grado Cruz de Plata que le otorga el gobierno nacional, así como la presentación del libro «Sembrando Bienandanza» del historiador Oscar Gerardo Ramos, que relata el devenir de esta importante empresa agroindustrial.

    Es esta una oportunidad para reconocer el esfuerzo, el tesón, la capacidad visionaria y el sentido de lucha de don Carlos Sarmiento Lora y doña María Cristina Palau de Sarmiento.

    Cuenta el relato que por allá, a comienzos de 1945, cuando caminaban por las calles de Nueva York, don Carlos y doña María Cristina determinaron cambiar la molienda panel era por molienda azucarera. Así daban el primer paso para insertarse en esa tendencia que iba perfilando el azúcar como el producto de punta definitivo para la economía del Valle del Cauca, que transformó las haciendas en ingenios.

    Pocos minutos antes de la cinco de la tarde del 28 de octubre de 1948, salió el primer quintal de azúcar de la nueva planta azucarera. 90 hombres en fábrica y 130 en el campo, hicieron posible la realización de ese sueño.

    La vinculación de los trabajadores del campo y de sus obreros de industria al pueblo y la estrecha relación entre este y el ingenio, permitieron el florecimiento de un sector de servicios para el ingenio y las actividades concomitantes, generando nuevas fuentes de trabajo, especialmente en la mecánica, los transportes y el comercio.

    Esta nueva situación, contribuyó de manera decidida, sin ninguna duda, a impulsar a Tuluá para que se convirtiera en un centro del comercio que absorbe la mayor parte de mercancías en el norte del Valle.

    No es gratuito que con ocasión de los veinte años del ingenio, se inaugurara el plan de vivienda de la empresa para sus colaboradores, en Tuluá, y que se estableciera en forma definitiva la Fundación Sarmiento Palau, importante accionista de San Carlos S.A., que determinó como objeto prestar asistencia y protección a la vejez, la infancia, a fines de caridad y beneficencia y a ejecutar actividades que fomentan el adelanto científico, educacional y deportivo. Esto corresponde al mejor estilo de una pareja que supo construir con singular entereza, vigor y generosidad, una empresa que hoyes ejemplo para los colombianos.

    Hoy, el ingenio San Carlos, ubicado en el corazón del Valle del Cauca, es uno de los de mayor rendimiento en Colombia y uno de los de mayor molienda continua en el mundo, gracias a la privilegiada situación geográfica en el departamento. Su proyección empresarial le ha llevado a importantes mejoras tecnológicas, ambientales y sociales.

    Han sido cincuenta años que demuestran que en nuestro país, a pesar de  las inmensas dificultades, de los vaivenes y sobresaltos del sector agropecuario, sí ha sido posible, gracias a la decisión, a la persistencia, a la fe en Colombia y en su futuro, hacer empresa, hacer agroindustria, construir futuro.

    Por eso estoy hoy aquí, como Presidente de los Colombianos, para ser testigo de este irrepetible momento y para dar fe de nuestra absoluta convicción de que Colombia es una tierra de futuro, de progreso y de prosperidad.

    Que somos una nación de empresarios, de luchadores, de gentes que muchas veces en el anonimato, en la cotidianidad, escribimos heroicas gestas por crear y mantener empresa, por construir nuestro porvenir, por garantizar a nuestros hijos y a nuestra patria un futuro con grandeza.

    Durante mi reciente visita a los Estados Unidos, al dirigirme a la Cámara de Comercio norteamericana les contaba que días atrás un importante ejecutivo  de la industria petrolera me había dicho que «Colombia es el secreto mejor guardado del mundo».

    Pues bien, no sólo en materia de hidrocarburos y recursos naturales, somos una enorme reserva. Somos el secreto mejor guardado porque tenemos una gente maravillosa, unos hombres emprendedores y en nuestras mujeres verdaderas heroínas. Tenemos, además, unas tierras inmejorables.

    Con estos bienes que Dios nos regalara, recursos naturales, tierras y gente, estamos destinados a convertirnos en la tierra del futuro, en una gran despensa de la humanidad. Para ello contamos, sin duda, con el apoyo y el esfuerzo de todos ustedes, de los vallecaucanos y de los colombianos en general.

    Para nadie es desconocido que heredamos un abultado déficit fiscal que se acerca a cinco puntos del Producto Interno Bruto. Todos los sectores económicos deben realizar su aporte a la solución.

    Específicamente en el caso azucarero, en la ponencia para primer debate de la reforma tributaria, el gobierno y los congresistas han llegado al acuerdo de excluir del IVA a la caña de azúcar, al azúcar de caña o de remolacha y a las melazas de extracción o del refinado del azúcar.

    Este tratamiento preferencial para un producto de primera necesidad, que forma parte de la canasta familiar, beneficiará ampliamente al consumidor, pues no se verá obligado a desembolsar ningún dinero adicional por concepto del Impuesto al Valor agregado cuando adquiera estos productos.

    Comparto la preocupación de los industriales vallecaucanos por el hecho de que algunos insumos como los abonos minerales o químicos, nitrogenados, fosfatados o potásicos se propongan como gravados en el proyecto de ley.

    Aunque a este tipo de insumos se está proponiendo gravarlos con una  tarifa diferencial del 10%, más beneficiosa que el gravamen general, no descartamos la revisión de este tema con los ponentes en el sentido de disminuir de la tarifa del 15 al 10%el impuesto de ventas que deben pagar las materias primas con que se fabrican este tipo de abonos. Esto sin duda, redundará en una disminución en los costos de producción y obviamente en el precio final al consumidor de azúcar y sus derivados.

    Con ocasión de la presentación de las Bases del Plan de Desarrollo «Un Cambio para construir la Paz», hemos definido la necesidad de establecer las condiciones para que la sociedad se vuelque sobre el campo, para invertir  en proyectos productivos, generar riqueza y empleo y demostrar a los violentos que aquí se construye una nueva Colombia explotando las ventajas competitivas, con tecnologías adecuadas, utilizando la mano de obra nacional y respetando el principio de sostenibilidad.

    Lo anterior implica el diseño de instrumentos claros y transparentes y del apoyo a las iniciativas empresariales y campesinas que busquen generar riqueza y bienestar. Se trata de otorgar subsidios o exenciones a quienes inviertan en el campo y generen empleo.

    Elobjetivo general del «Cambio para Construir la Paz», para el sector agrario, es integrar al sector rural mediante una política que busque promover condiciones para un desarrollo competitivo, equitativo y sostenible del campo en su diversidad y complejidad.

    Para el logro de todo esto estamos propugnando por la definición de un entorno macroeconómico favorable, la generación de condiciones de paz y convivencia, la definición de políticas acordes con las tendencias generales del mercado mundial agropecuario, el reconocimiento de que el liderazgo y la definición de la inversión recae en el sector privado. Y finalmente, que el gobierno actuará como impulsor y facilitador de proyectos sociales y económicos.

    Sólo si el campo vuelve a ser negocio, es posible aprovechar el universo de posibilidades que nos brinda nuestra rico Valle del Cauca. Retornando la importancia que el agro merece, allanaremos los caminos del Cambio para la construcción de la paz, que lleva de la mano una justicia económica y social para la población rural de nuestro país.

    Amigos del Ingenio San Carlos, así como don Carlos y doña María Cristina soñaron hace 50 años con ver progresar al Valle del Cauca y lo lograron, así también sueño yo con ver a Colombia al finalizar mi gobierno. Como dije ayer, quiero, cuando solo falten cien días para terminar mi mandato, recorrer el país y sentir la satisfacción de los colombianos que tienen empleo, de familias que tienen educación, vivienda y salud, de empresarios y trabajadores cuyas empresas tienen planes de expansión y crecimiento porque miran con esperanza y confianza el destino que les espera.

    Por esto los invito a seguir acompañándome en este empeño de construir un futuro lleno de paz y prosperidad para todos los colombianos.


    Lugar y fecha

    Cali, Colombia
    24 de noviembre de 1998

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