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    Discurso de posesión de Andrés Pastrana Arango como Presidente de la República

    Este no es mi día sino el de todos nosotros los colombianos. El juramento solemne que he prestado hoy ante Dios todopoderoso y ante ustedes es un sacramento de nuestra democracia. Un juramento pronunciado a lo largo de nuestra historia, pero que en este caso adquiere una mayor dimensión pues nos exige a la vez acertar en el cumplimiento de nuestras obligaciones y no repetir los errores del pasado. Orgullosos de nuestro patrimonio vamos a buscar ahora lo mejor de nuestro futuro.

    No sólo estamos hoy invistiendo a un nuevo Presidente sino inaugurando la nueva era de una Colombia, orientada hacia el camino correcto. Me comprometo conmigo mismo y ante ustedes a gobernar sin privilegios ni discriminaciones para todos los colombianos. Quienes ocupen las más altas posiciones del gobierno tendrán las más grandes obligaciones frente a la ley, y no gobernarán los que crean que el poder otorga licencia para quebrantarla. Dicho de un modo más sencillo: en mi administración no habrá espacio para la corrupción, y no será tolerada ni perdonada. Quiero -y no transijo por menos- que éste pase a la historia como el más limpio de los gobiernos.

    Dentro del inmenso margen de nuestros retos arriesguémonos a enfrentar los grandes cambios que necesitamos. Volvamos a confiar en que nuestras ciudades y nuestros campos recobrarán su seguridad y la paz. Creamos una vez más que nuestra industria y nuestra agricultura prosperarán; que nuestros hijos recibirán una buena educación, que su salud estará protegida y sus padres estarán a salvo del flagelo del desempleo.

    Realizar estas esperanzas implica serios y sostenidos esfuerzos, una causa común y el poco común coraje de recoger nuevas ideas y estar dispuestos a nunca renunciar ni darnos por vencidos.

    Porque el cambio no se realiza en una semana, en un mes o en un año. Quizás ni siquiera se haya complementado al término de esta administración. Estamos en el amanecer de una nueva era, todavía no en su esplendor. Pero el cambio comienza hoy.

    Poseemos vastos recursos naturales, pero aún más importante: un gran talento humano. Si nos preparamos a conciencia no debemos tener miedo a la globalización de la economía. Por el contrario, le daremos la bienvenida y competiremos y prosperaremos dentro de ella.

    Yo veo a una Colombia reconocida orgullosamente en nuestro hemisferio y en el mundo entero por transitar en los prodigios de la informática, y no en los paraísos artificiales de la cocaína. Yo veo a una Colombia orgullosa y con autoridad suficiente para retar a otras naciones a que controlen su demanda de drogas, porque fuimos capaces de combatir la oferta y también la demanda dentro de nuestro propio país.

    Como Presidente no entregaré ni un ápice de nuestra soberanía, pero apelaré a toda ella para hacer cumplir la ley y para construir una prosperidad que haga de Colombia, con una economía moderna, un imán para la inversión.

    No solo buscaremos la prosperidad en la industria y en las empresas, sino también en la agricultura, a la que hemos exprimido durante muchos años sin pagarle lo que le debemos. Vamos a invertir más en el campo. No olvidemos que la tierra es el alma de Colombia y que quienes la cultivan son el alma de la tierra.

    Colombianos:

    Durante mi campaña propuse los diez grandes cambios. Cada uno de ellos es igualmente importante y todos ellos serán promovidos. Debemos intentar de nuevo, y confiar una vez más en que podemos cambiar y lograr un país mejor. Les pido que me ayuden, pues son sus manos, más que las decisiones de un Presidente, las que moldearán la materia final de nuestros esfuerzos.

    Al pueblo de Colombia le debo el privilegio de ser el gobernante que ha de cerrar las puertas del siglo XX y ha de abrir las del siglo XXI hacia el vasto horizonte del tercer milenio. Se me ha encomendado la responsabilidad de continuar y mejorar lo mejorable que ha sido hecho por otros gobernantes. Pero más de seis millones de colombianos y el consenso más amplio de la Nación, me han señalado para descubrir el camino de esa tierra presentida y prometida que debe ser Colombia.

    UNA COLOMBIA EN PAZ

    El muy sabio refranero español lo dijo: “Sin paz no hay pan”. Por eso, ante todo, quiero la paz, que es paz y pan. Y es la tierra prometida que anhelamos: una Colombia en paz.

    Pero la reconciliación demanda un Gobierno capaz de organizar un liderazgo colectivo por la paz, que implica sacrificios, exige renuncias y demanda compromisos graves que han de ser estériles mientras Caín siga .matando a Abel.

    El Presidente de la República asume elliderazgo irrenunciable de construir la paz. No esperen de mí que construya una burocracia de la paz. Desde ahora convoco a todos los colombianos a seguir y trabajar dentro de la “Agenda de paz” que voy a dirigir.

    Para todos debe ser claro que recuperaré para el Estado el monopolio de la fuerza para la paz, la justicia social y la felicidad de los colombianos. Cada minuto que ahorremos en la guerra es una inversión en la vida. La cooperación internacional en nuestros procesos de paz no debe verse como la incapacidad de construirla solos, sino como una nueva manera de hacer la paz.

    El llamamiento a la paz como condición necesaria para un proyecto de país, es evidente. Pero la paz exige transformar la energía humana del rencor, propia de las guerras, en energía vital para la reconstrucción de una nueva Colombia.

    Es precisamente esa energía vital la que nos debe permitir que no se sigan repitiendo los actos de violencia como los de los últimos días, que al igual que a sus familias ya todos mis compatriotas, me han llenado de dolor. Estos actos no contribuyen al clima de entendimiento que personalmente, al igual que todo mi Gobierno, estamos dispuestos a propiciar empeñando para ellos todos nuestros esfuerzos.

    La primera cuestión es de identidad. ¿Qué es Colombia y que queremos que sea? Históricamente la Nación buscaba su identidad en la homogeneidad excluyente, que despreciaba la diversidad o la anulaba. Una Patria exigía una religión, una lengua, incluso una etnia dominante. Desde posiciones dictatoriales o desde pactos republicanos se iban imponiendo estas condiciones de identidad durante tiempo indefinido para configurar otros sistemas de poder. La evolución posterior, en particular la actual, demuestra que los excluidos de cualquier tipo, suelen reclamar con gran violencia el reconocimiento de su existencia y de su derecho a participar. La gracia es que la identidad de la nueva Colombia que encare los desafíos del siglo XXI y se ofrezca a las nuevas generaciones, tiene que ser incluyente de la diversidad colombiana, y no excluyente, como ha sido hasta hora para una parte importante de los colombianos. Mantener la unidad de la Nación tiene que estar en el origen y la finalidad de esta determinación histórica a favor de la paz.

    UN MODELO DE DESARROLLO POR LA VIDA Y LA JUSTICIA SOCIAL

    Recibo un país con sus indicadores económicos gravemente averiados, y con sus finanzas públicas destrozadas. Por esto me propongo ahora hacer un estado de cuenta y razón de las condiciones en que las he recibido. Pero también presentaremos sin tardanza, en las semanas venideras, los grandes lineamientos de las medidas que vamos a tomar para sacar a Colombia de la postración en que la encontramos.

    Pieza fundamental en este programa de recuperación será el ajuste fiscal. Nuestro país no puede seguir gastando alegremente mas allá de sus posibilidades. Si así lo hiciéramos, la ya gravísima situación de desempleo que heredamos se haría aún más agobiante. Y los desequilibrios de todo orden harían inmanejable la economía y comprometerían el desarrollo del país por mucho tiempo. Por eso nos empeñaremos con rigor desde los primeros días de la Administración, a poner en orden la casa fiscal.

    Pero no solamente nos ocuparemos de ordenar las finanzas públicas. También tenemos que reactivar el crecimiento económico equitativo. El plan de desarrollo que la administración debe presentar a consideración de las cámaras dentro de los primeros seis meses, tal como lo dispone la Constitución, será la oportunidad para trazar la carta de navegación que nos permita abrir las puertas del siglo XXI a una sociedad con un crecimiento mejor e igualitario. Dentro de este propósito la búsqueda de la paz no es sólo un anhelo colectivo sino también una estrategia inteligente de desarrollo económico. La paz es la tarea más urgente en la agenda de nuestro país y el mejor contrato social que podemos hacer hacia el futuro.

    NARCOTRÁFICO

    Debemos aprovechar el fin de siglo para hacer un corte de cuentas de los profundos daños que le ha causado a nuestra sociedad el fenómeno del narcotráfico. En lo ecológico, no queda duda de que es el principal depredador de grandes zonas del territorio colombiano, apreciado en el mundo por la diversidad de sus tesoros ambientales.

    Qué no decir del fomento de la corrupción, cuyo efecto en las instituciones se ha convertido en uno de los agresores más funestos que ha enfrentado el Estado colombiano durante toda su historia. O el fomento de la violencia, por el dinero fácil para el logro de objetivos que antes eran frutos de años y años de trabajo limpio. O el incremento del consumo.

    Si Colombia sobrevive pese a tantas desgracias es sólo por la fortaleza moral de un pueblo que ha sabido afrontarlas. Pero no le pidamos más milagros.

    “EL FONDO DE LA PAZ” CON APORTES TRIPARTITOS

    Para lograr este propósito nacional, además de las iniciativas políticas que ya estamos poniendo en marcha, la paz será el hilo conductor del próximo plan de desarrollo. Ello implicará inversiones sociales y de infraestructura de gran magnitud en las zonas de conflicto.

    Con este objetivo vamos a crear el gran “Fondo de la Paz” que será administrado en urna de cristal y cuyos programas harán parte integral del plan de desarrollo. Se nutrirá de aportes tripartitos provenientes de tres fuentes distintas. En primer lugar del propio Gobierno, el cual, como consecuencia del programa de austeridad que va a emprenderse, liberará recursos importantes que podrá destinar a inversiones estratégicas para la paz. En segundo lugar, de aportes provenientes de la comunidad internacional que ha mostrado su interés en colaborar económicamente para aclimatar la paz en Colombia. Y en tercer lugar, de dineros que habrán de aportar los colombianos prósperos, a través de un “Bono de Paz de Obligatoria Suscripción”,cuya autorización solicitaremos al Congreso Nacional, y a través del cual podrán concretarse las valiosas manifestaciones de tantos colombianos de buena voluntad.

    Tal como lo dije en la campaña, presentaremos ante el Congreso Nacional el proyecto de ley que permita realizar una disminución gradual del IVA combatiendo simultáneamente y con energía la evasión que hoy se produce. Así mismo se presentará, una vez que el programa de ajuste fiscal fructifique, se propondrá una reducción de la tarifa del impuesto a la renta para aquellas empresas que generen nuevos empleos.

    NUESTRA POLÍTICA INTERNACIONAL

    El mandato transparente y categórico que he recibido de los colombianos deberá transformar también nuestra posición internacional para adelantar una política exterior de amplio consenso, coherente y sistemática, que supere cualquier exclusivismo de grupo, de región o de partido. Nuestra diplomacia será eficaz, apta para obrar sin desventajas, respetuosa de compromisos y consciente de su irrenunciable dignidad y de sus derechos bien ganados.

    Estoy convencido de que el irreversible propósito de globabilización exige un orden internacional más equitativo. No queremos ser espectadores simples sino protagonistas diligentes de ese nuevo compromiso mundial.

    No ignoro que nuestra agenda internacional demanda un modo diferente de concebirla. No rehuimos la responsabilidad, la asumimos. Nuestra política exterior estará encaminada a fortalecer nuestro poder de negociación en torno a temas primordiales de la agenda global. Reafirmaremos con hechos y acciones efectivas nuestro compromiso con la promoción y defensa de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

    Como Presidente de la República ejerceré a plenitud la obligación constitucional de dirigir las relaciones exteriores, consciente de que en un régimen como el nuestro el liderazgo del Jefe del Estado es irremplazable.

    Nuestra política exterior estará guiada por la protección de los derechos esenciales de Colombia. Compartimos los grandes principios que están incorporados en la carta de las Naciones Unidas y en los instrumentos del sistema interamericano. La palabra internacional de Colombia es sagrada para nosotros.
    Somos abanderados de la santidad de los tratados y de la buena fe en las relaciones entre los Estados. Siempre hemos sustentado la solución pacífica y negociada de los conflictos. La heredad nacional es el producto del derecho, nunca de la fuerza o de la imposición arbitraria. Creemos en la vigencia del multilateralismo, en la acción colectiva organizada para enfrentar los problemas y prevenir y resolver las divergencias y conflictos.

    Venezuela es el país con el cual Colombia ha avanzado más en materia de integración económica. Los estrechos vínculos históricos y culturales que nos unen nos permitirán impulsar el entendimiento en todos los campos a fin de continuar avanzando en el proceso de integración binacional y en la consolidación de la Comunidad Andina de Naciones para proyectarla al continente.

    Estados Unidos, en su condición de potencia hemisférica y por ser la economía más grande y avanzada del mundo, es un país fundamental para las relaciones internacionales de Colombia. Comenzamos también con ellos una nueva era de entendimiento y de confianza que nos ha de permitir la diversificación de la agenda de nuestras relaciones, para avanzar por la senda de una verdadera cooperación, más de hermanos que de buenos vecinos.

    En lo que hace relación con Europa y los países de la Cuenca del Pacífico, continuaremos estrechando nuestras relaciones económicas y culturales, así como los vínculos entre los distintos bloques de integración que hoy existen. Para este efecto otorgaremos particular importancia a la Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe que se realizará el año entrante como fruto del diálogo entre la Unión Europea y el Grupo de Río.

    Colombia sale hoya la búsqueda de la comunidad internacional para reasumir el liderazgo que le corresponde en el diseño del “Nuevo Mundo”.

    JUSTICIA SOCIAL

    Es claro: tampoco la paz es posible sin justicia social. Colombia es una sociedad desgarrada por las distancias sociales. Urge por lo tanto a través de la  educación, de la salud y el empleo mejorar la redistribución de la riqueza material, cohesionar la sociedad y conducirla hacia la paz.

    El mundo está cambiando a pasos agigantados. La sociedad ha descubierto que su gran fuente de riqueza ya no es mineral sino humana. Invertir tanto en ella como en nuestros recursos naturales es el cambio que nos hará fuertes. Y esto a su vez nos obliga a reflexionar sobre el significado de seguir peleando por unos recursos materiales escasos, en lugar de fortalecer la democracia y desarrollar nuestra industria y nuestro comercio con base en el recurso humano, en la educación la tecnología y la ciencia.

    Por eso es hora de romper con la historia y cambiar nuestro curso. Y por eso el modelo de desarrollo que les propongo no está supeditado a las negociaciones de paz sino que él mismo• sienta las bases para que esa paz sea diáfana, fértil y duradera.

    LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO

    El esfuerzo macroeconómico estará dirigido a la urgente generación de empleo.Generar empleo -buen empleo- es indispensable si queremos tener futuro real. El empleo no es solo el nuevo nombre de la paz sino también nuestra expresión primera de solidaridad.

    Para lograr estas metas de mejoramiento colectivo es preciso construir la economía fuerte y solidaria que hoy no tenemos. Corregir los desequilibrios y encauzar de nuevo la economía hacia el desarrollo y el pleno empleo, demandará inicialmente la adopción de medidas severas pero indispensables.

    La economía y la educación deben ir de la mano para cimentar el progreso. El Tercer Milenio que se avecina necesita de un nuevo aprendizaje. Vamos a cambiar la educación en Colombia, para que sea una puerta abierta en donde no se pregunte cuánto dinero tiene la familia sino cuánto talento tiene el estudiante. Despertar a los jóvenes al conocimiento es la única manera de encarar con éxito el futuro.

    LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

    Mi Gobierno hace y reitera la opción preferencial por los pobres. No queremos una Colombia de excluidos. Nuestra tarea desde el Gobierno es impulsar y cimentar un crecimiento económico que disminuya injusticias de la pobreza y muestre, con sus resultados, que vale la pena ser justos.

    Para mi Gobierno, los pobres son un compromiso moral, un compromiso político, un compromiso económico, un compromiso cultural y no tan solo un índice estadístico. Un Plan para la superación de la pobreza convoca, encauza y abre nuevas dimensiones a la cooperación internacional y debe evitar que la pobreza sea el peligroso aliado de quienes intentan con el narcotráfico socavar los fundamentos de la Nación y de la comunidad internacional.

    Ser solidario con Colombia consiste en ayudar a generar empleo, en invertir para generar empleo, en comprar a precio justo para generar y cimentar la calidad del empleo. Cuando pienso en la globalización, pienso en la faceta más urgente de ella que es la globalización de la solidaridad.

    RECUPERAR LOS VALORES

    Es por ello que quiero con Gustavo Bell convocarlos a todos a recuperar los valores. Este país tiene que organizarse y fortalecerse contra la corrupción. no podemos seguir tolerando el robo sistemático de los bienes que pertenecen a la comunidad. Es preciso acabar con la corrupción y ya el pueblo dio el primer paso con su voto. El presidente y cada uno de sus funcionarios deben ser un modelo para los demás, sus palabras deben ser veraces y su ejemplo debe ser claro. No hay corrupción ni mentira mayor que un buen consejo cuando es seguido de una mal ejemplo.

    Que nadie se equivoque. Este Gobierno perseguirá a los corruptos, los pondrá en evidencia pública y rescatará las instituciones de las garras de los corruptos.

    LA NECESIDAD DE LA REFORMA POLÍTICA

    Por todo ello hay que emprender una reforma política a fondo: “No se puede echar vino nuevo en vasijas viejas”. La recuperación de la política para el bien común, para la justicia social, para la solidaridad, para el desarrollo requiere crear nuevas formas de gobernar, de controlar, de competir por el poder, de diseñar leyes, de crear el futuro.

    Agradezco a Dios por el privilegio de la presencia de mi madre y de mi familia, agradezco a la Providencia el don de la compañía y el liderazgo de Nohora y el desafiante futuro de Santiago, Laura y Valentina.

    y agradezco al Señor haberme dado en Misael Pastrana un ejemplo viviente de valores, de lealtad a la vida, de amor a la Patria, ese patriota que ante el destino y los interrogantes de Colombia afirmaba y advertía que estaba “comprometida la tierra prometida”. Es preciso que el “nuevo amanecer” nos traiga el optimismo, la fe, la verdad, la solidaridad y el compromiso que requerimos para cambiar la historia porque nadie hará por nosotros lo que nosotros mismos.

    Queridos amigos: Comienza ahora “Un Nuevo Amanecer”. Hoy no solamente se posesiona un Presidente sino que se abre una nueva era para la Nación. Con Gustavo Bell haremos verdad real todo aquello que a nombre de “La Gran Alianza por El Cambio” soñamos para Colombia.

    La gloria del gobernante consiste en establecer la paz, procurar el bienestar y aumentar la felicidad de los ciudadanos. Lograr esto será la única recompensa a la que aspire a llegar al final de mi mandato. No es hora de vacilaciones ni de dudas. Es el momento de las decisiones y del coraje. Largo y difícil es el camino que conduce a la Colombia que anhelamos. !Empecemos ya! Mañana será otro día.

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    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de agosto de 1998

    Colombia no puede sola. El reto ante el cual nos enfrentamos, como nación y como parte de la comunidad mundial, es, quizás, el mayor desafío de nuestra historia. Pero no estamos entregados a un destino fatal. Por el contrario, somos optimistas, porque sabemos de nuestras propias capacidades, de nuestra determinación y de la gran riqueza de nuestra tierra. Y porque sabemos también que contamos con el apoyo certero de muchos otros países en el mundo, que han entendido y valorado nuestra lucha como pueblo.

    En mi país se reúnen una gran cantidad de ventajas que estamos decididos a aprovechar. No sólo vivimos en él más de 40 millones de colombianos, caracterizados por un espíritu emprendedor y laborioso, sino que poseemos también inmensos recursos naturales. Estamos ubicados en la mejor esquina de América, con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico, un clima tropical, y un acceso privilegiado hacia los demás países de Suramérica, Centroamérica y el Caribe. Nuestro territorio tiene una de las mayores biodiversidades del planeta, y abarca parte de la cordillera de los Andes, y de las grandes reservas naturales de la Orinoquía y la Amazonía, que forman el mayor pulmón natural del mundo.

    Además, tenemos una economía que ha sido una de las más sólidas y estables del continente americano, y que, a pesar de la recesión que nos afectó en los últimos 2 años, está volviendo a crecer con paso firme y constante. Creemos en la democracia como en el mejor sistema de gobierno y hemos vivido en democracia  desde hace más de 180 años.

    Sin embargo, con todos estos puntos a favor, Colombia atraviesa hoy por su más difícil prueba y su futuro está en la cuerda floja por causa de la violencia y el narcotráfico. En Colombia vivimos un conflicto armado que nos desangra, pero no una guerra civil. Unos pocos guerrilleros y grupos de justicia privada, que no cuentan con respaldo popular y cuyos miembros no alcanzan ni siquiera a las 40.000 personas (o sea, el uno por mil de la población colombiana) continúan levantados en armas, en el marco de un conflicto armado que ya lleva casi 40 años. Pero, lo que es más grave, estos grupos subversivos se financian en muy buena parte con dineros provenientes de los narcotraficantes, que son otra plaga que ha incidido negativamente en la realidad colombiana.

    Estos dos fenómenos: violencia y narcotráfico, que se alimentan y degradan entre sí, como un círculo vicioso, son hoy los grandes generadores de pobreza, de desempleo y de inseguridad para una gran parte de la población colombiana, que sólo quiere trabajar y progresar en paz y por medios lícitos.

    Mi gobierno ha entendido la necesidad urgente de escapar de este círculo fatal, con medidas audaces y procesos que involucren la voluntad de toda la nación, y desde hace cerca de dos años ha venido trabajando, de la mano de todos los colombianos y de la comunidad internacional, en solucionar estos graves problemas.

    Con este fin, diseñamos una estrategia integral que permita a nuestro país salir adelante y caminar con decisión hacia las promesas y los desafíos del siglo XXI. A esta estrategia la he denominado el Plan Colombia, y es un plan que nos permitirá fortalecer la democracia, mejorar la participación ciudadana, alcanzar la paz, luchar efectivamente contra el narcotráfico, modernizar y ampliar el acceso a la justicia, promover aún más la protección de los derechos humanos y realizar programas sociales que produzcan efectos positivos en la población más necesitada y más golpeada por la violencia y la miseria.

    Dentro de las estrategias para recuperar nuestra viabilidad como nación está la de adelantar un amplio proceso de paz con las organizaciones guerrilleras, para alcanzar la conciliación por la vía del diálogo y no por el penoso camino de las armas. Yo mismo he visitado a los líderes guerrilleros en sus campamentos en las montañas y he asumido el liderazgo de un proceso que avanza lento pero seguro.

    Hoy por hoy, con las FARC, la guerrilla más grande del país, hemos acordado una zona destinada exclusivamente a los diálogos de paz, hemos convenido en una agenda de los temas a discutir y estamos realizando audiencias públicas para que todos los colombianos tengan oportunidad de dar a conocer sus opiniones sobre los puntos de la agenda que se está debatiendo. Incluso, varios miembros de las FARC, acompañados por negociadores del gobierno colombiano, realizaron a principios de año una gira por varios países de Europa para conocer sobre el terreno las distintas alternativas de manejo económico, político y social. También esta misma semana se realizó en la Zona de Despeje, en Colombia, una audiencia internacional, en la que participaron 21 países, incluida Alemania, para tratar sobre el tema de la sustitución de cultivos ilícitos y sus efectos sobre el medio ambiente.

    Con la guerrilla del ELN, por su parte, estamos también en conversaciones con miras a iniciar próximamente un proceso de diálogos en un territorio de Colombia, que conduzca a la realización de una Gran Convención Nacional, donde se alcancen los acuerdos que permitan la finalización del conflicto con este grupo.

    En cuanto al narcotráfico, la comunidad internacional ha entendido que éste es un problema mundial: un problema de todos que tenemos que solucionar entre todos. Nuestro país ha realizado y continúa realizando grandes esfuerzos para eliminar la producción y el tráfico de estupefacientes de nuestra tierra, pero tenemos que entender que nos enfrentamos contra un enemigo poderoso que tiene tentáculos en muchísimos países y un inmenso poder de corrupción e intimidación.

    En Colombia, durante nuestra lucha solitaria, murieron nuestros mejores líderes políticos, nuestros mejores jueces y nuestros mejores periodistas bajo las balas del narcotráfico. Pero seguimos en la lucha, no por que nadie nos lo exija, sino por una profunda convicción ética y porque sentimos que tenemos un compromiso para con nuestros hijos y para con las nuevas generaciones de todo el mundo.

    Pero, ya lo he dicho, el problema es de todos. Por eso hemos acudido a la comunidad internacional para que, bajo el concepto de la responsabilidad compartida, nos ayude a erradicar este flagelo de la faz de la tierra. Los países productores, los países consumidores, los que producen los precursores químicos para fabricar la droga, los de tránsito y aquellos donde se lavan los dineros provenientes del delito, todos tenemos que unirnos en un frente común. ¡Es por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos!

    Entendiendo esto, Estados Unidos ha aprobado ya una importante ayuda económica y en equipo técnico para colaborar en la lucha contra el narcotráfico y en programas de sustitución de cultivos ilícitos y de fortalecimiento institucional. El próximo 7 de julio, Europa toda, incluida Alemania, junto con varios países de América Latina, Canadá y Japón, se reunirán en Madrid para estudiar la mejor manera de cooperar con el éxito del Plan Colombia. Yo sé que la ayuda de Europa será fundamental en temas como la atención humanitaria y la protección de los derechos humanos, y en los programas de capacitación, de generación de empleo y de sustitución de cultivos, que permitan a los campesinos colombianos escapar del destino de la droga y volver al camino de la agricultura legal, con seguridad y buenas condiciones de vida.

    Todo lo que queremos en Colombia es una mano del mundo para salir de la pesadilla del narcotráfico y la violencia, y dar a nuestra gente oportunidades de vivir al fin una vida digna y sin sobresaltos.

    Todo lo que queremos en Colombia, como decía Gabriel García Márquez, es una segunda oportunidad sobre la tierra. Este es el momento de la verdad y yo sé que, con el apoyo solidario de Alemania, de Europa y de la comunidad mundial, vamos a lograrlo.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2000

    NUESTRA RELACION DE CONFIANZA Y COOPERACION MAS FORTALECIDA QUE NUNCA

    ENCUENTRO DE EMPRESARIOS COSTARRICENSES Y COLOMBIANOS CELEBRADO CON OCASIÓN DE SU VISITA OFICIAL A LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

    ¡Qué bueno volver a encontrarme con los empresarios de Costa Rica y de Colombia, como lo hice en diciembre pasado en Santa Fe de Bogotá! La dinámica amistad que existe entre nuestras naciones se ve reflejada en estas reuniones cada vez más frecuentes y más fructíferas, que generan ideas y proyectos en beneficio de nuestro desarrollo común.

    En los últimos doce meses hemos recibido en Colombia la grata visita de tres misiones de empresarios de este querido país, y, asimismo, empresarios colombianos han tenido contactos continuos con Costa Rica, para analizar y avanzar sobre nuevas perspectivas de negocios.

    Nada distinto se puede esperar de los hijos de dos países hermanos y cercanos como los nuestros, con tanta historia y tanta cultura en común, que comparten la misma visión democrática y el más grande respeto por los derechos humanos, la juridicidad y la vigencia del derecho internacional.

    Costa Rica y Colombia, desde sus primeros años de independencia, cultivaron una relación de confianza y cooperación que hoy está más fortalecida que nunca.

    La Convención de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre las Provincias Unidas del Centro de América y la República de Colombia, de 1825, establecía ya una alianza entre nuestras naciones para “asegurar de esta manera su mutua prosperidad, mejor armonía y buena inteligencia, así entre sus pueblos y ciudadanos, como con las demás potencias con quienes deben entrar en relaciones”.

    Y así ha sido, desde entonces hasta nuestros días, cuando el nuevo milenio nos encuentra unidos en el propósito de acrecentar nuestro comercio, nuestras inversiones y nuestras relaciones en todo sentido.

    Los países de América Latina estamos haciendo un esfuerzo conjunto para mejorar cada vez más nuestra presencia en el mercado internacional, para lo cual debemos buscar la forma de aprovechar nuestra complementariedad y de potenciar nuestros recursos y oportunidades.

    Procesos de integración, como el que inició el Mercado Común Centroamericano en los primeros años de la década del sesenta, y el de la Comunidad Andina, son el eje del crecimiento del sector externo dentro de los mismos grupos, pero también son un paso adelante hacia la internacionalización de los mercados, primero a través de las relaciones entre bloques y luego en forma abierta, como será el Area de Libre Comercio de las Américas.

    Costa Rica y Colombia somos parte de estos procesos y los entendemos dentro del concepto de “regionalismo abierto”, que conjuga la integración subregional con una mayor inserción de nuestras economías en el mercado mundial.

    Nuestras mutuas coincidencias nos permiten defender posiciones conjuntas en foros globales como la Organización Mundial del Comercio, continentales como la Cumbre de las Américas, y en todo otro escenario internacional.

    Compartimos la clara visión de Costa Rica sobre la necesidad de que el Orden Económico Internacional permita y estimule el desarrollo de los países más pobres como una condición necesaria para el mantenimiento de la paz y la seguridad mundiales. En este sentido, hemos visto con interés y simpatía su propuesta para la creación de un Fondo Precautorio, como un mecanismo para proteger a las economías más vulnerables de los efectos perversos de las crisis financieras globales.

    En la difícil situación por la que hemos pasado en los años recientes la gran mayoría de las economías latinoamericanas, es reconfortante constatar el buen comportamiento de la economía costarricense, que tuvo el año pasado un crecimiento verdaderamente destacado del 8.3%, el mayor de toda la región.

    Costa Rica, con su excelente nivel educativo y de salubridad y su compromiso indeclinable con la protección del medio ambiente, se ha convertido en un país con inmenso potencial para la inversión extranjera, y así lo demuestran la gran cantidad de firmas extranjeras que están invirtiendo en sectores como la alta tecnología, las comunicaciones y los productos para la salud.

    Aquí, en el campo de las inversiones recíprocas, tenemos mucho que adelantar entre nuestros países y por eso es tan importante el contacto que hoy están retomando nuestros empresarios, el cual está además estimulado por la información oportuna y la labor de promoción de las Cámaras de Comercio binacionales.

    Nuestras inversiones recíprocas han estado sobre todo enfocadas en las industrias manufactureras, si bien los empresarios colombianos están empezando a invertir también con decisión en el área de la construcción. Por parte de Costa Rica, debo manifestar con satisfacción que el año pasado registró una inversión récord en nuestro país, superior a los 20 millones de dólares, particularmente en el sector del acero.

    Sobre el tema de la vivienda hoy tenemos una especial expectativa, pues, gracias a las gestiones de nuestros empresarios y al apoyo de nuestros gobiernos, estamos concretando un importante negocio de exportación de soluciones de vivienda desarrolladas por constructores colombianos, bajo estándares de máxima calidad y sismorresistencia, las cuales contribuirán a aliviar la demanda de vivienda en Costa Rica, utilizando a su vez mano de obra y materiales de construcción básicos costarricenses.

    Este es un ejemplo específico de cómo podemos complementar nuestras ventajas y necesidades para generar desarrollo social en nuestros países, bajo condiciones económicas favorables y equitativas para ambas partes. Como este caso de la vivienda, confío en que el talento de nuestros empresarios siga encontrando otros campos propicios para la cooperación, la inversión y el comercio.

    En materia del comercio bilateral, es de resaltar que éste, en los últimos 5 años, ha estado por encima de los 100 millones de dólares, alcanzando el año pasado la suma de 130 millones de dólares, casi el doble de lo que era en 1991.

    Se consolida así Costa Rica como nuestro socio comercial más importante dentro de los países que conforman el Mercado Común Centroamericano, con una participación del 46% dentro de nuestro comercio con el mismo.

    Estas cifras son significativas, pero yo creo que no son suficientes, porque todos sabemos que nuestro comercio bilateral tiene potencialidad para ser muchísimo mayor. De ahí la necesidad de que nuestros empresarios conozcan más los mercados del otro país e identifiquen más productos para el intercambio.

    Colombia, junto con la Comunidad Andina, está negociando un acuerdo comercial con Guatemala, Honduras y El Salvador, y, en cuanto a Costa Rica, sigue considerando de la mayor conveniencia para ambas naciones la actualización y ampliación del Acuerdo Parcial No. 7 que nos vincula desde 1984, en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración –Aladi-, con el fin de incluir la reciprocidad y un mayor número de productos dentro del régimen de preferencias arancelarias.

    Una mayor libertad comercial entre nuestros países, pactada bajo parámetros de equidad y complementariedad, sólo puede ser beneficiosa, y yo sé que nuestros respectivos sectores privados entienden las bondades de un acuerdo de esta naturaleza.

    La experiencia nos ha demostrado que el mejor “mecanismo disparador” de las corrientes comerciales lo constituye la eliminación de los aranceles y otras barreras. El comercio entre Costa Rica y Colombia está esperando que le demos esa oportunidad y esto solo lo lograremos a través de  la ampliación de nuestras preferencias comerciales en un nuevo y más dinámico Acuerdo Comercial.

    Amigos costarricenses:

    Los destinos de Costa Rica y de Colombia están entrelazados, no sólo por la historia y la cultura, no sólo por ser ambas productoras principales de bienes tan tradicionales como el café, el banano y el azúcar, sino sobre todo por su vocación de progreso y modernización, una vocación que se multiplica con la unión y se debilita con el aislamiento.

    Hoy, después de año y medio de trabajo continuo, hemos creado en Colombia las condiciones para la reactivación económica y estamos recogiendo los frutos de una nueva política de ajuste fiscal, saneamiento del sector financiero y estímulo al sector exterior, como jalonador del desarrollo.

    Todavía hay mucho por hacer y lo estamos haciendo. Pero hoy ya podemos mostrar ante la comunidad internacional una economía con tasas de interés cercanas al 10%, con una inflación de un solo dígito y con una tasa de cambio libre y competitiva. Y gracias a estas medidas, vemos ya los resultados: La economía creció en el primer trimestre de este año un 2.6% y la industria y las ventas se incrementaron a niveles cercanos al 10%, comparado con el mismo periodo del año pasado. Nuestra meta es que la economía crezca el 3% o más durante el año 2000.

    Colombia, por otra parte, sigue siendo un país tradicionalmente cumplidor de sus compromisos internacionales y cuenta con una legislación que protege y estimula la inversión extranjera.

    Por eso los invitamos a creer en Colombia y a apostarle a su futuro, como le estamos apostando 40 millones de seres humanos trabajadores y comprometidos con la búsqueda de la paz, el desarrollo y la justicia social.

    Amigos empresarios costarricenses y colombianos:

    Su presencia en este recinto, donde se respira el clima de la amistad y de la cooperación, es la prueba fehaciente de su interés por incrementar el intercambio comercial y la inversión entre nuestros países.

    Los gobiernos de Costa Rica y de Colombia, a través de sus presidentes, de sus ministros y de las entidades encargadas de promover estos temas, estamos haciendo todo cuanto está en nuestras manos para que ese interés genuino se traduzca en negocios concretos y en mayor bienestar para nuestras naciones.

    Unidos en el concierto de la economía mundial, Costa Rica y Colombia, como el verso de Mario Benedetti, “somos mucho más que dos”. Los aliento a continuar estos diálogos de integración y a insistir, con vocación latinoamericana, en el camino del progreso y el desarrollo.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    San José, Costa Rica
    29 de mayo del 2000

    Tanto para el bienestar de nuestro planeta como para el de sus habitantes, el agua es un recurso invaluable. No sólo es un elemento esencial en todas las células vivas conocidas, sino que estuvo en el origen de todas las civilizaciones humanas. Ella es parte imprescindible de nuestro entorno vital. Sin embargo su uso, desde la antigua Roma hasta el descubrimiento del sistema de bombeo en Londres, hacia el siglo XVI, ha requerido el desarrollo del ingenio de los hombres. El mismo que fue preciso desarrollar cuando comenzamos a vivir en grandes sociedades industriales, donde son tantos los productos elaborados como los residuos generados antes y después de su consumo. Sin una adecuada organización y sin unos adecuados instrumentos técnicos, quedaríamos sepultados bajo  nuestros propios desechos.

    Por eso, porque la supervivencia biológica y social necesita una constante evolución de sus sistemas hídricos y de manejo de desperdicios, todo esfuerzo para perfeccionarlos es útil y meritorio. En esa medida, aunque lamentablemente me es imposible asistir al evento que hoy los reúne, no puedo sino celebrar el lanzamiento del nuevo Nuevo Marco Regulatorio de Agua Potable y Saneamiento Básico. Al fin y al cabo, fuera de lo necesario de estas tareas, las bases del marco que hoy oficializamos concuerdan perfectamente con los objetivos de mi gobierno: son, sin duda alguna, el comienzo de una política del tercer milenio para el sector en cuestión y una muestra de mi compromiso con los ideales de desarrollo sostenido y justicia social.

    Estos también son hechos de paz. Precisamente, en tanto la paz es uno de los ejes centrales de mi política de gobierno y en tanto considero a los servicios públicos como medios eficaces para generar bienestar, solidaridad y crecimiento económico, acontecimientos como el que hoy los convoca realizan valiosos aportes a la creación de una sociedad pacífica y productiva. Tales esfuerzos deben repetirse.

    Ya en el Plan Nacional de Desarrollo se destaca por eso la modernización empresarial y el logro de niveles de eficiencia en la gestión del sector de agua potable y saneamiento básico como unos objetivos fundamentales. Una de las medidas para el logro de estas metas, cuyo trámite exige serios procesos de reflexión, es el fortalecimiento de los mecanismos de regulación y control para que los prestadores cuenten con unas reglas claras y con  incentivos que devuelvan la confianza en el sector. La presentación de las bases del nuevo marco regulatorio es una respuesta a este propósito.

    El Nuevo Marco, para decirlo a grandes rasgos, introduce mecanismos de mercado en los diferentes procesos que conforman los servicios y desarrolla la regulación en los aspectos concernientes a la promoción de la competencia, la calidad y la regulación tarifaria, con base en los principios de viabilidad financiera, solidaridad y eficiencia económica.

    De ese modo, aparte de realizar aportes tan fundamentales en el campo ecológico como los relativos al cumplimiento de estándares mínimos de salubridad,  o, en el terreno económico, los incentivos a la eficiencia económica, a la creación de empresas y a la generación de empleo por la ampliación de las coberturas, busca combinar la recuperación de la totalidad de los costos de la prestación de un buen servicio no sólo con la ausencia de imperdonables ineficiencias sino con el establecimiento de tarifas susceptibles de ser subsidiadas a través de los Fondos de Solidaridad y diseñadas además para tener un bajo impacto sobre el ingreso de las familias menos favorecidas.

    Hoy estamos proponiendo, con el Nuevo Marco Regulatorio, un cambio muy positivo para el desarrollo de una mejor infraestructura social. Con la ayuda de todos los sectores implicados, su implementación traerá grandes beneficios para el desarrollo de nuestra empresa común: la empresa que llamamos Colombia. A su creación, a la creación de un país sostenible, con igualdad de condiciones para todos y dotado de la mayor productividad, es que, en últimas, estamos todos apuntando.

    Les envío mis mejores deseos.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    8 de septiembre del 2000

    Aunque infortunadamente no me ha sido posible encontrarme personalmente con mis buenos amigos, representantes de los diversos partidos políticos que forman parte de la UPLA, una organización a la que estuve vinculado desde su fundación y que me ha concedido, ahora que estoy ejerciendo el primer cargo de mi nación, la Presidencia Honoraria, es bueno poder dirigirme a ustedes, así sea a través del tiempo y la distancia, para compartir unos minutos sobre la situación de mi país y la verdadera realidad del Plan Colombia.

    Yo estoy seguro de que la UPLA, bajo la acertada Presidencia de mi buen amigo Marco Antonio Solares y con el apoyo en la Vicepresidencia del representante colombiano Manuel Ramiro Velásquez Arroyave, fiel exponente de los mejores valores de la dirigencia política de mi país, continuará siendo un foro iluminador para el devenir de nuestra querida región.
    Apreciado Marco Antonio:

    A su labor de consolidación de esta entidad, que hoy reúne a 23 partidos del continente, dando dinámica continuidad al propósito que, con humildad y dedicación, desarrollé durante mi tiempo como Secretario General, quiero hacer un especial reconocimiento. Su presencia al frente del UPLA es garantía de solidez y crecimiento para esta organización.

    Estimados amigos:

    El reto ante el cual estamos enfrentados hoy los colombianos, como nación y como parte de la comunidad mundial, es, quizás, el mayor desafío de nuestra historia. Pero tengan la seguridad de que no estamos entregados a un destino fatal. Por el contrario, somos optimistas, porque sabemos de nuestras propias capacidades, de nuestra determinación y de la gran riqueza de nuestra tierra. Y porque sabemos también que contamos con el apoyo certero de muchos otros países en el mundo, que han entendido y valorado nuestra lucha como pueblo.

    Colombia atraviesa su más difícil prueba y su futuro está en la cuerda floja por causa de la violencia y el narcotráfico. Unos pocos guerrilleros y grupos de justicia privada, que no cuentan con respaldo popular y cuyos miembros no alcanzan ni siquiera a las 40.000 personas (o sea, el uno por mil de la población colombiana) continúan levantados en armas, en el marco de un conflicto armado que ya lleva casi 40 años. Pero, lo que es más grave, estos grupos subversivos se financian en muy buena parte con dineros provenientes de los narcotraficantes, que son otra plaga que ha incidido negativamente en la realidad colombiana.

    Estos dos fenómenos: violencia y narcotráfico, que se alimentan y degradan entre sí, como un círculo vicioso, son hoy los grandes generadores de pobreza, de desempleo y de inseguridad para una gran parte de la población colombiana, que sólo quiere trabajar y progresar en paz y por medios lícitos.

    Debemos entender que el narcotráfico y sus obscenas utilidades han cambiando la naturaleza del conflicto en Colombia. Mi opinión, compartida por la mayoría de los colombianos, es que ya seríamos una nación en paz si no fuera por la violencia y corrupción que ha fomentado el negocio de las drogas ilícitas.

    Mi gobierno ha entendido la necesidad urgente de escapar de este círculo fatal, con medidas audaces y procesos que involucren la voluntad de toda la nación, y desde hace cerca de dos años ha venido trabajando, de la mano de todos los colombianos y de la comunidad internacional, en solucionar estos graves problemas.

    Con este fin, diseñamos una estrategia integral que permita a nuestro país salir adelante y caminar con decisión hacia las promesas y los desafíos del siglo XXI. A esta estrategia la he denominado el Plan Colombia, y es un plan que está encaminado a fortalecer la democracia, mejorar la participación ciudadana, alcanzar la paz, luchar efectivamente contra el narcotráfico, modernizar y ampliar el acceso a la justicia, promover aún más la protección de los derechos humanos y realizar programas sociales que produzcan efectos positivos en la población más necesitada y más golpeada por la violencia y la miseria.

    Dentro de las estrategias para recuperar nuestra viabilidad como nación está la de adelantar un amplio proceso de paz con las organizaciones guerrilleras, para alcanzar la conciliación por la vía del diálogo y no por el penoso camino de las armas. Yo mismo he visitado a los líderes guerrilleros en sus campamentos en las montañas y he asumido el liderazgo de un proceso que avanza lento pero seguro.

    Hoy por hoy, con las FARC, la guerrilla más grande del país, hemos acordado una zona destinada exclusivamente a los diálogos de paz, hemos convenido en una agenda de los temas a discutir y estamos realizando audiencias públicas para que todos los colombianos tengan oportunidad de dar a conocer sus opiniones sobre los puntos de la agenda que se está debatiendo.

    Con la guerrilla del ELN, por su parte, estamos también en conversaciones con miras a iniciar un proceso de diálogos, que conduzca a la realización de una Gran Convención Nacional, donde se alcancen los acuerdos que permitan la finalización del conflicto con este grupo.

    La paz requiere paciencia, más de la que muchos están dispuestos a concederle. Pero yo he decidido ser paciente, sin dejar de ser firme, porque los beneficios de la paz bien valen el esfuerzo. Por eso puedo decirles hoy que vamos avanzando en el camino de la paz de Colombia, despacio, superando muchos y muy grandes obstáculos, pero con una voluntad indoblegable.

    En cuanto al narcotráfico, la comunidad internacional ha entendido que éste es un problema mundial: un problema de todos que tenemos que solucionar entre todos. Nuestro país ha realizado y continúa realizando grandes esfuerzos para eliminar la producción y el tráfico de estupefacientes de nuestra tierra, pero tenemos que entender que nos enfrentamos contra un enemigo poderoso que tiene tentáculos en muchísimos países y un inmenso poder de corrupción e intimidación.

    En Colombia, durante nuestra lucha solitaria, murieron nuestros mejores líderes políticos, nuestros mejores jueces y nuestros mejores periodistas bajo las balas del narcotráfico. Y seguimos en la lucha, no por que nadie nos lo exija, sino por una profunda convicción ética y porque sentimos que tenemos un compromiso para con nuestros hijos y para con las nuevas generaciones de todo el mundo.

    Pero, ya lo he dicho, el problema es de todos. Por eso hemos acudido a la comunidad internacional para que, bajo el concepto de la responsabilidad compartida, nos ayude a erradicar este flagelo de la faz de la tierra. Los países productores, los países consumidores, los que producen los precursores químicos para fabricar la droga, los de tránsito y aquellos donde se lavan los dineros provenientes del delito, todos tenemos que unirnos en un frente común. ¡Es por nuestros hijos y por los hijos de nuestros hijos!

    Entendiendo esto, Estados Unidos aprobó una importante ayuda económica y en equipo técnico para colaborar en la lucha contra el narcotráfico y en programas de sustitución de cultivos ilícitos y de fortalecimiento institucional. Otras naciones, como España, Noruega y Japón han anunciado también su decisión de aportar a este esfuerzo común, así como contamos con el apoyo de las entidades financieras multilaterales. Y en los próximos días se definirán los programas en los que colaborarán otros países de la Unión Europea y de América.

    Pero es importante hacer una precisión fundamental: el Plan Colombia es un plan colombiano que goza de respaldo internacional, y no una imposición desde el exterior. Es más: la mayor parte de su financiación correrá por cuenta de nuestro país, que colocará 4.500 de los 7.500 millones de dólares que implica su realización.

    Por otra parte, los medios y analistas le han dado demasiado énfasis al componente militar del Plan, cuando éste no llega siquiera a la cuarta parte del mismo. Quizás esto ocurre porque el 68% de la ayuda norteamericana, que es la que más se conoce y se difunde, está destinada a actividades militares o de policía contra el narcotráfico. Pero tenemos que ser claros: El paquete de asistencia de los Estados Unidos apenas si financia el 17% de la totalidad del Plan Colombia y no lo podemos confundir o equiparar con él. ¡El Plan Colombia es mucho más que helicópteros!

    En efecto, más del 75% del Plan Colombia se refiere a aspectos sociales y políticos. Se trata de ofrecer desarrollo alternativo al agricultor de subsistencia, de la modernización y reforma de la rama judicial, de la protección del medio ambiente y del amparo a los derechos humanos.

    Para darles un ejemplo concreto, dentro del Plan Colombia tenemos prevista una Red de Apoyo Social por un valor de 900 millones de dólares, recursos que se destinarán a tres programas fundamentales:

    En primer lugar, para construir proyectos de infraestructura, carreteras, escuelas, hospitales, acueductos, que requieran las comunidades más pobres del país, utilizando la mano de obra surgida de ellas mismas, de forma que al tiempo se genere empleo no calificado. Este programa se llama “Manos a la Obra”.

    El segundo Programa de la Red de Apoyo Social será la entrega de subsidios directos a las familias de menores recursos, especialmente a aquellas donde las madres sean cabeza de hogar, bajo la única condición de que estén velando porque sus hijos reciban la atención de salud y la educación que les proporciona el Estado. Será un estímulo para los buenos padres, y una apuesta por el futuro de nuestros niños.

    Y el tercer programa de este componente del Plan Colombia será uno destinado a la capacitación de los jóvenes desempleados. Vamos a entrenar, con el subsidio del gobierno, a los desocupados entre los 18 y los 25 años que pertenezcan a los estratos más bajos, para que puedan acceder al mercado laboral.

    Otra estrategia eminentemente social del Plan Colombia es la de Democratización y Desarrollo Social, al que destinaremos un valor superior a los 2.000 millones de dólares.

    Está estrategia está conformada por dos componentes principales: por un lado, el Desarrollo Alternativo y, por otro, los derechos humanos y la atención humanitaria.

    En cuanto a la estrategia de Desarrollo Alternativo es muy importante aclarar que no se trata, como se ha tendido a pensar, de una simple sustitución de cultivos ilícitos.  Por el contrario, lo que se busca es promover un desarrollo regional integral que genere verdaderas alternativas de ingreso en el mediano y largo plazo.

    Para esto, se dará apoyo a proyectos productivos participativos, rentables y sostenibles en las regiones. Este desarrollo productivo será complementado por inversiones en infraestructura física y social dirigidas a garantizar la competitividad y el acceso a los mercados nacional e internacional. Y todo esto estará a su vez acompañado por programas para el fortalecimiento del capital social, la promoción de la sostenibilidad ambiental y el desarrollo institucional de las regiones.

    Por su parte, el componente de derechos humanos y atención humanitaria busca reconocer y atender a la población víctima de la violencia y fomentar el desarrollo de su potencial como individuos y comunidad, para  estimularla económica y socialmente.

    En este sentido, los programas implican inversiones para auxiliar a la población desplazada, a los niños y a las mujeres víctimas del conflicto, a la población afectada por minas antipersonales –concentrando especial atención en la población infantil- y una campaña de difusión del Derecho Internacional Humanitario.

    Como ven, apreciados amigos, es cierto que nuestros esfuerzos son contra el narcotráfico, pero al mismo tiempo son esfuerzos a favor de la paz, del desarrollo y de las mejores condiciones de vida de los colombianos más pobres.

    Además, quiero hacer énfasis en que el Plan Colombia es un plan abierto, que no oculta nada ni guarda ningún secreto o intención clandestina. Sus programas y planteamientos han sido conocidos y publicados desde el año pasado. Es un plan transparente que busca la paz y el desarrollo de Colombia, y, por consiguiente, la mejoría de condiciones de toda la región suramericana.

    ¿Y qué pueden esperar nuestros vecinos y los demás países de América Latina de la aplicación de este Plan? Lo que pueden esperar es que la mayor presencia del Estado colombiano en todo el territorio bajo su jurisdicción derive también en mayor seguridad y mejor comercio para ellos.

    Para entender la importancia regional del Plan basta que miremos el horizonte sin su aplicación: ¿Cuál sería el destino de Colombia si no se hace algo a tiempo y se dejan algunas zonas abandonadas al imperio del narcotráfico? ¿Cuánto no crecería la delincuencia? ¿Cuánto dinero seguiría destinándose para financiar la violencia y promover la muerte?

    ¡Ahí sí que todos tendrían motivos para temer, ante una verdadera amenaza regional! Pero aumentar la seguridad, la inversión social y la presencia estatal son objetivos que consultan los intereses comunes y que se cumplirán mejor aún si contamos con la cooperación y comprensión de los gobiernos, de los dirigentes y del pueblo de las naciones de América Latina.

    En el pasado Colombia apoyó los esfuerzos de Bolivia y el Perú para luchar contra la producción y el tráfico de estupefacientes en sus territorios. Hoy esperamos la misma solidaridad de nuestros vecinos, que, con seguridad, entienden los beneficios de contar al fin con una Colombia en paz, próspera y estable.

    Apreciados amigos de la UPLA:

    Los representantes de los países que conforman el Grupo de Río –con cuya dinámica se ha comprometido Colombia a fondo durante este año en que ha ejercido su Secretaría Protémpore-, y, más recientemente, los mandatarios suramericanos reunidos en la Cumbre de Brasilia, han expresado su apoyo al proceso de paz en Colombia y a una aproximación regional frente a la lucha contra el narcotráfico.

    Claramente, una Colombia estable, una nación en paz, es un interés común para el hemisferio. No hay lugar para ejércitos ilegales en una Latinoamérica democrática e integrada económicamente.

    Igualmente importante, tal como se destacó en la Declaración de Brasilia, es nuestro entendimiento de que el narcotráfico y las actividades criminales que se relacionan con el mismo constituyen amenazas serias contra la integridad de las estructuras políticas, económicas y sociales del continente.

    Así como la globalización está llevándonos rápidamente hacia una mayor integración y oportunidades económicas, la naturaleza cada vez más global del tráfico de drogas se ha convertido en el más grande obstáculo para el desarrollo, la paz y la prosperidad en nuestro hemisferio.

    Obviamente, la mejor solución para Colombia y los países Andinos sería un mundo libre del consumo de drogas. Entonces no necesitaríamos el respaldo de los Estados Unidos y de Europa en las dimensiones que lo requerimos hoy, y volveríamos al escenario anterior a la explosión del consumo de drogas en la década de los 80.

    Por supuesto que a nosotros nos gustaría y propugnamos por un incremento de los recursos destinados a la prevención de la drogadicción y a la educación en este campo.

    Pero tenemos que ser prácticos y enfrentar la realidad de un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, donde todos debemos compartir las responsabilidades derivadas de una nefasta actividad, que es mundial y no nacional. Por ello, en lo que a nosotros corresponde, seguiremos luchando contra la producción y tráfico de drogas, con el apoyo de la comunidad internacional, pero haciéndolo, por supuesto, con un criterio social y ambiental.

    No vamos a caer en el peligro de que el remedio resulte peor que la enfermedad. Así que todos los planes de erradicación de cultivos estarán acompañados de un proceso de apoyo social y económico a las regiones afectadas para posibilitar su retorno sin traumatismo a la economía legal. Además, en los casos en que sea indispensable la fumigación, ésta se realizará buscando respetar ante todo el entorno ecológico y humano.

    Quiero ser claro: Dado el fuerte componente social del Plan Colombia, yo estoy determinado a implementar este aspecto antes que los componentes militares o policiales de nuestras operaciones anti-narcóticos.

    Esto es particularmente válido en la región del Putumayo, en la cual se ha presentado recientemente el mayor aumento en cultivos de coca y amapola. Mi gobierno buscará llegar a los agricultores de subsistencia en esta región y ofrecerles opciones reales de desarrollo alternativo.

    Aquí tenemos una ventana de oportunidad para demostrar la sinceridad de nuestro plan y para restaurar la confianza en el gobierno colombiano en una región donde nuestra presencia ha sido débil.

    Adicionalmente, mi gobierno está comprometido en velar por que los fondos involucrados en el Plan, comenzando, obviamente, por aquellos aportados por la comunidad internacional, sean utilizados adecuadamente y de una forma transparente.

    Queridos amigos:

    No concibo auditorio mejor para exponer la verdadera realidad del Plan Colombia, tal como lo he hecho hoy, que el de la UPLA, la organización más importante de partidos de América Latina y, sobre todo, una entidad a la que quiero y considero como mi propia casa en el ámbito político internacional.

    Reciban mi saludo complacido y los mejores augurios por el éxito de esta nueva Asamblea, y tengan la seguridad de que en Colombia cuentan con un amigo incondicional y que mi gobierno está haciendo todo lo que está a su alcance para que los postulados de democracia, de justicia social, de seguridad humana, que presiden el espíritu de la UPLA se hagan realidad para bien de mi gente y de todo el continente.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Tegucigalpa, Honduras
    5 de octubre del 2000

    IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ A LA DEPORTISTA MARÍA ISABEL URRUTIA OCORÓ

    Eran las doce en punto de la noche y el martes 19 de septiembre del año 2000 llegaba a su fin. Media Colombia dormía y media Colombia se estremecía porque había contemplado, pocos minutos antes, cómo una compatriota fuerte y valiente realizaba una hazaña en las antípodas de nuestro país: en Sidney, Australia, donde todavía eran las 4 de la tarde.

    La confusión era total, pero la expectativa crecía. María Isabel Urrutia estaba a punto de convertirse en la “Negra de Oro de Colombia”. Apenas unos momentos antes había alzado, como si fuera fácil, 110 kilos de peso en la modalidad de arranque y luego, para nuestro asombro, con una determinación inolvidable, había levantado sobre su cabeza, en envión, nada menos que 135 kilos, algo así como el peso de dos hombres promedio o de tres bultos de cemento. En total, eran 245 kilos que la tenían al borde de la gloria y a nosotros al límite de los nervios.

    Pero el destino jugaba en nuestro favor. Ya era un signo positivo y una premonitoria casualidad que esta competencia fuera la primera en transmitirse en directo desde Sidney, gracias a las gestiones de la Presidencia y de Inravisión. ¡Por algo sería!, y ese “algo” estaba a punto de suceder.

    Era la medianoche en Colombia y los locutores no atinaban a descifrar quién se llevaba la medalla de oro, frente a los últimos buenos resultados de las competidoras de Nigeria y de Taipei. Hasta que todo se aclaro: ¡María Isabel Urrutia sí era la Negra de Oro de Colombia! ¡Colombia tenía por fin la primera medalla dorada en su historia olímpica!

    ¿Qué más podíamos pedir a esta mujer prodigiosa, a esta vallecaucana de acero, que tiene tanta fuerza en su corazón como en sus piernas y sus brazos?

    Y sea ésta la oportunidad, María Isabel, para ofrecerle disculpas por haberla despertado del más justo sueño que haya dormido colombiano alguno en los últimos días. Pero ¿cómo podía esperar para decirle, como Presidente y en nombre de 40 millones de compatriotas, que estábamos tan orgullosos de su triunfo y que su alegría era la alegría de toda la nación?

    ¡Gracias, María Isabel! Usted no levantó sólo unas pesas, sino el país entero. Usted, como leí en una frase afortunada, le demostró a Colombia cómo se usa la fuerza.

    Ya tenía 24 medallas y 4 títulos mundiales. Ya había sido declarada la segunda mejor levantadora de pesas del mundo en el siglo XX. Sólo faltaba algo, y usted se preparó a conciencia, hizo todos los sacrificios, trabajó y entrenó sin descanso, rebajó 20 kilos en 4 meses, y lo logró: Ahora usted, María Isabel, no sólo ha traído la primera medalla de oro olímpica a Colombia, sino que es también la primera mujer, en su categoría, que se alza con la presea dorada en el deporte de levantamiento de pesas en la historia de los Juegos Olímpicos.

    Todos esperábamos lo mejor de usted y no nos falló: Su mamá, doña Nelly, se lo había dicho: “Nada de traerme una medalla de bronce o de plata. Aquí me llega con una de oro”. Su entrenador, Gantcho Karouchrov, también le dijo: “María, tranquila que usted se trae una medalla”. Sus amigos y vecinos del barrio Mariano Ramos de Cali seguro que también esperaban lo mejor de su querida “Chava”, como siempre los ha tenido acostumbrados. Y yo mismo, cuando despedí hace mes y medio a la delegación colombiana, también dije: “Pronto veremos las medallas en pesas de la campeona mundial María Isabel Urrutia”.

    ¡Qué bueno saber hoy que todos nuestros deseos, pero, sobre todo, el anhelo de una colombiana buena, humilde y corajuda, como usted, María Isabel, se han hecho realidad!

    Pero no ha sido un camino fácil y eso hace más meritorio su triunfo. Usted lo ha dicho, María Isabel: esta medalla no fue casualidad ni fue esporádica; es el fruto de 22 años de trabajo continuo y esforzado en el mundo del deporte; es el resultado de la disciplina y el trabajo, del tesón y la perseverancia. ¡Por eso, María Isabel, usted es hoy el mejor ejemplo para las nuevas generaciones de colombianos que aprenden que todo se puede lograr, si se busca con trabajo honesto y voluntad de hierro!

    Gandhi tenía razón cuando dijo que “la fuerza no proviene de la capacidad corporal sino de una voluntad férrea”. Yo sé, María Isabel, que, de todos sus fuertes músculos, el más fuerte y el más grande, el que le dio la medalla, ¡es el corazón!

    En usted, María Isabel, siempre hay una sonrisa amable, un toque de alegría, para todos los que la rodean. Usted  no olvida que viene de un origen humilde y que la mayor cualidad de los verdaderamente grandes es la humildad.

    Por eso hoy celebramos que hace 35 años haya nacido en Candelaria  una mujer destinada a grandes metas. Era la hija de Pedro Juan y de Nelly; la que jugaba “yermis” y corría como gacela para esquivar la pelota de caucho; la hermana de Carmen Tulia, de Luz Marina, de Edison, de Róbinson y de otros niños que la suerte y la pobreza no permitieron que llegaran a grandes, y que hoy deben ser sus ángeles, María Isabel, unos bellos “angelitos negros”, como dice la canción, que aligeran las pesas con sus alas.

    Y también hay que agradecer a esos hombres que creyeron en usted, que le dedicaron tiempo y vida a forjar su carrera: a su primer entrenador Daniel Balanta, a Wilson Rosero, a Celso Arango, y, por supuesto, a Gantcho Karouchrov, este hombre de la lejana Bulgaria que se comprometió a hacer de usted la mejor levantadora de pesas del mundo ¡y lo logró!

    También hay que resaltar la importante labor llevada a cabo por el Comité Olímpico Colombiano, a través de su programa Altius, apoyado decididamente por Bavaria, y con la colaboración de Coldeportes. Gracias a este programa, María Isabel y otros ocho deportistas colombianos pudieron prepararse en debida forma para lograr la excelencia. Otra levantadora de pesas beneficiada por este programa, Carmenza Delgado, estuvo a punto de regalar otra medalla al país, al quedar de cuarta en su categoría. Por eso sabemos que esta iniciativa tiene que seguir. ¡Nuestra meta,  a partir de hoy, debe ser Atenas!

    Pero si a alguien le debemos este motivo de orgullo para Colombia es a su madre, doña Nelly Ocoró, una mujer excepcional, fuerte y alegre, a quien conocí y con quien tuve el privilegio de compartir un almuerzo hace dos semanas.

    Ella, que se ganó la vida con sus manos, tiernamente bañadas de agua jabonosa, le enseñó a no desfallecer. Ella le decía, y le dice, María Isabel: “Siempre para adelante, porque ¡hacia atrás asustan!”. Ella le dio el ejemplo del valor del trabajo, y por eso usted jamás le ha temido a la adversidad, y ha buscado recursos vendiendo rifas, chance o lotería, y se ha convertido, sin duda, en la más famosa telefonista de Cali.

    Doña Nelly:

    Hoy, en usted, quiero hacer un homenaje a tantas madres de Colombia que con dignidad y honestidad sacan a sus hijos adelante, con cariño y, -cuando es necesario-, con algunos “planazos” correctores.

    No por nada lo último que hizo su “morocha” de oro antes de iniciar la competencia fue llamarla para que la encomendara en sus oraciones y lo primero que hizo cuando bajó del avión fue colgarle a usted, a su “madre coraje”, la medalla que con tanto esfuerzo había conseguido.

    Usted es la madre de la más grande campeona de Colombia y también de Róbinson, quien tiene el récord nacional de los 100 metros. Y verá pronto cómo Johana, su espigada nieta, seguirá la carrera de éxitos de la familia.

    Pueda ser, doña Nelly, que cuando nos volvamos a ver tenga yo el placer de probar alguno de sus deliciosos tamales, esos que prepara con tanto amor y que son la debilidad de María Isabel. Y que nos sentemos, así sea unos momentos, a escuchar la voz gangosa del “Jefe” Daniel Santos, cantando eso que dice: “vengo a decirle adiós a los muchachos”.

    Y no crea, doña Nelly,  que he echado en saco roto sus palabras cuando me pidió, basada en su propia experiencia, más ayuda para nuestros deportistas. Tenga la seguridad de que desde el Gobierno haremos todo lo posible para que casos como el de María Isabel se repitan y para que aquellos que dan gloria a Colombia en el deporte reciban también todo el apoyo de Colombia.

    Su querida “Marisa” ya se ha hecho acreedora, por parte del Gobierno Nacional, a un premio en efectivo y a una pensión vitalicia a partir de los 50 años, según manda la ley. Y vamos a trabajar con las pesas como un deporte prioritario. Por eso, como lo merece el Valle del Cauca, cuna de campeonas, estamos construyendo en Cali, con una inversión de 140 millones de pesos, un Centro de Alto Rendimiento de Pesas.

    Querida María Isabel:

    ¿De dónde nace su fuerza? Algunos dicen que la heredó de su padre, que podía pasar días enteros trasteando bultos de azúcar de un lugar a otro. Doña Nelly dice que se debe a que cuando era pequeñita le envolvía las piernas muy fuerte con las cobijas. Otros podrían pensar que nace del buen entrenamiento que adquirió batiendo ese delicioso “manjar blanco” que preparaban con su mamá. Yo insisto en que su fuerza es la fuerza del corazón, pero también digo que es la fuerza de 40 millones de colombianos a quienes usted representa, un pueblo pujante y trabajador que merece el mejor de los destinos.

    Ese mismo pueblo que le dice: “María Isabel, Colombia te quiere”. Ese mismo pueblo que la esperó en Eldorado, que la aclamó en Cali y que sigue festejando el triunfo inolvidable de uno de los suyos.

    En nombre de ellos, en nombre de la Patria, hoy le he impuesto la más grande condecoración de Colombia, la que lleva el nombre de nuestra libertad, porque nadie, como usted, la merece tanto.

    Doña Nelly lo ha dicho: “Ojalá con este pedacito de oro se empiece a construir la paz de Colombia”. Y usted también lo ha dicho, María Isabel: “Sólo entregaré la medalla de oro por la paz de Colombia”.

    Ese es mi compromiso y el compromiso de todos nosotros: luchar incansablemente por la paz hasta que al fin logremos nuestro anhelo: Vivir en una Colombia con progreso y justicia social, donde florezcan muchas María Isabeles, donde las madres reciban el premio de una vida dedicada a la familia, donde los deportistas alcancen las más altas metas, donde todos festejemos al ritmo de “Cali pachanguero” y no lloremos más las víctimas inútiles de la violencia.

    María Isabel:

    Cuando usted subió al más alto lugar del podio de premiación en Sidney y escuchamos por primera vez en la historia de las Olimpiadas las notas del himno de Colombia, usted lloró de emoción y muchos lloramos con usted. Porque encima de ese podio no estaba solamente una mujer, una gran mujer de nuestra tierra, sino que estaba toda Colombia.

    Gracias, ¡muchas gracias!, María Isabel, por este momento. ¡Y que Dios la bendiga siempre!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    3 de octubre del 2011

    INAUGURACIÓN DE LA OBRA DE RECUPERACIÓN DE LA CIÉNAGA DE LA VIRGEN

    El secuestro nos duele en el corazón, pero no hemos venido acá a hablar de dolor. El secuestro lastima los sentimientos de Colombia y nos agobia como un mal sueño, pero no hemos venido a hablar de heridas ni de pesadillas.

    Hoy estamos aquí, junto con su esposa Mónica y sus hijos Luis Ernesto, Fernando Nicolás, Sergio Alejandro y Manuel Santiago, sus amigos y familiares y la gente buena y solidaria de Cartagena para hablar de esperanza, para reafirmar nuestra confianza en un mejor mañana, para decirle a Fernando Araújo, a ese cartagenero bueno y alegre a quien todos apreciamos, que, en la distancia, estamos con él y que queremos, hoy más que nada, su regreso.

    Hoy estamos aquí, en esta multitudinaria reunión de espíritus, con la luz de la fe encendida no sólo en la antorcha del parque María Mulata, no sólo en las velas que simbolizan nuestra vigilia, sino también en nuestros corazones.

    Hoy estamos aquí, como un solo cuerpo y una sola alma, para pedirle a sus captores que escuchen nuestra clamor silencioso, que escuchen en lo más profundo de su propio ser, y que liberen

    Permítanme, antes de iniciar estas palabras, hacer un justo homenaje a una persona excepcional, cuya ausencia hoy nos pesa como un fardo de incertidumbre. Si alguien tuviera derecho a estar hoy con nosotros, celebrando la buena noticia para Cartagena y la región atlántica, de la recuperación de la Ciénaga de la Virgen, ese es el exministro Fernando Araújo Perdomo.

    Hoy, cuando Colombia se levanta como un solo cuerpo frente al atroz crimen del secuestro y contra aquellos que violan cada día la dignidad y la libertad de los colombianos, exigimos más que nunca el regreso a los suyos de este buen cartagenero, de este gran amigo, que sólo ha querido hacer lo mejor para su tierra y su gente.

    Con las fuerzas del Estado y la solidaridad de todos los colombianos de bien vamos a derrotar, ¡tenemos que derrotar!, a los infames secuestradores. A la esposa, los hijos y los familiares de Fernando los acompañamos de corazón, así como estamos también con las familias de todos los secuestrados de Colombia.

    A Fernando, como ya dije, más que a nadie le hubiera gustado presenciar la realización de esta buena noticia para la ciudad heroica.

    Como gobernante, me siento muy satisfecho al ser testigo de obras concretas de desarrollo encaminadas a la protección de un medio ambiente sano. Obras con las que nos comprometimos en mi gobierno y con las que estamos cumpliéndole a los colombianos.

    Hoy nos encontramos reunidos para entregar a los cartageneros una obra única en nuestro continente como sistema de autoregeneración de agua, que permitirá la recuperación de la Ciénaga de la Virgen.

    Esta obra la iniciamos en el mes de marzo de 1999, con una inversión total de  50.000 millones de pesos, de los cuales el 55%  fue aportado por el gobierno colombiano, y el  45%  por el gobierno de los Países Bajos.

    Esta transcendental obra de ingeniería, realizada con tecnología holandesa,  mejorará las condiciones ambientales de más de 350.000 habitantes que viven en la zona sur de este cuerpo de agua y traerá beneficios directos al ecosistema de la Ciénaga, ayudando a preservar las condiciones turísticas de  Cartagena.

    En esta región, el recurso hídrico está seriamente deteriorado por el aumento de los vertimientos de aguas negras sin tratamiento previo alguno. El objetivo del proyecto de la Bocana Estabilizadora de Marea de la Ciénaga de la Virgen es el de recuperar su capacidad de autoregeneración sin contaminar otro cuerpo de agua

    La Ciénaga de la Virgen recibe aproximadamente el 60% de las aguas negras de la ciudad. Con el crecimiento de la población hasta su nivel actual de 800.000 habitantes, la capacidad de autoregeneración de la Ciénaga era totalmente insuficiente para absorber las aguas negras vertidas en ella.

    La bocana, como tal, que hoy inauguramos, está controlada por compuertas que funcionan por acción de la marea, induciendo un flujo de agua dentro de la Ciénaga. Parte de las compuertas servirán para hacer entrar el agua del mar a la Ciénaga y otra parte para evacuar el agua de la Ciénaga hacia el mar.

    Se trata de una obra de grandes proporciones, que incluye como elementos principales dos espolones, el canal de la bocana, un complejo de esclusas, una pantalla direccional, la esclusa de Chambacú, la adecuación del caño Juan Angola y un moderno centro de información, operación y mantenimiento.

    El agua es el principal recurso natural para la existencia del ser humano, pero en los últimos tiempos se ha utilizado como sumidero final de los residuos de las actividades productivas y de los asentamiento humanos, lo cual afecta de manera grave el desarrollo y el potencial productivo de la zona, sin contar la degradación de la calidad de vida de quienes están en sus cercanías.

    El 95% de las aguas residuales municipales se vierten a los ríos sin tratamiento alguno, con impactos negativos sobre la salud publica y daños a los ecosistemas, y su recuperación demanda altos costos. ¡Desde hoy esto será diferente para los cartageneros!

    Quiero hacer un especial reconocimiento al gobierno holandés por su aporte, no sólo de conocimientos y tecnología en la ejecución y desarrollo de esta obra, sino también por los importantes recursos invertidos en este proyecto que hoy es ya una realidad.

    Hemos hecho posible un anhelo que han tenido por mucho tiempo los habitantes ubicados en las orillas de la Ciénaga de la Virgen, que vivían en condiciones de riesgo permanente. ¡Holanda ocupa ya, sin lugar a dudas, un lugar privilegiado en el corazón de pueblo cartagenero!.

    Queridos amigos:

    La protección del medio ambiente contribuye al engrandecimiento de nuestro país. Tenemos la responsabilidad histórica de dejar un ambiente sano y con fuentes de riqueza a nuestras futuras generaciones.

    Desde el comienzo de mi mandato, decidí apoyar y sacar adelante este proyecto vital. Hoy, con orgullo y una gran satisfacción, lo estamos entregando a ustedes y al mundo, porque Cartagena no es sólo de Colombia, sino –como todos sabemos- ¡es patrimonio de la humanidad!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    8 de diciembre del 2000

    INICIACION DE OBRAS DE LA  MALLA VIAL DEL CAUCA Y VALLE DEL CAUCA Y LA  CONCESIÓN DE LA  RED  FÉRREA DEL PACÍFICO

    “Oh tierra del trabajo, levántate, despierta (…). Su cabellera de humo que se despeina al viento, anuncia ya la hora de luz y advenimiento. (…) Loor a los que tienden sobre la tierra rieles, a los que trazan surcos, (…), a los que siembran paz”

    Con estas palabras de exaltación del poeta palmirano Ricardo Nieto, un 8 de agosto de 1917 quedó grabada en la tradición de la región occidental del país la llegada de la primera locomotora a Palmira.

    Hoy, 83 años después, el penetrante silbato de las máquinas y el crepitar de los ferrocarriles seguirán marcando, a más velocidad y con una mayor eficiencia, las líneas del progreso social en la tierra que abarca la mano fundadora de Sebastián de Belalcázar.

    Desde ese gran sistema circulatorio de vías que confluirán en ciudades y municipios, el Occidente del país estará alimentado  por la dinámica del movimiento y por la coyuntura tecnológica, que lo harán percibir más verde y productivo.

    En este sentido, los departamentos del Valle del Cauca y del Cauca se convertirán en los pioneros de toda una  infraestructura férrea, carretera y  aérea que los consolidará como el principal eje comercial nacional, de mayor contacto con la zona pacífica de Norteamérica, Suramérica y el Oriente.

    Por eso, con entusiasmo y dedicación, el Gobierno Nacional ha venido trabajando en la ejecución de un ambicioso programa de concesiones en el sector transporte, que incluye carreteras, ríos, ferrocarriles, aeropuertos y puertos.

    Desde el 8 de febrero de 1999, cuando vine a Palmira a protocolizar el contrato de la Malla Vial y el acta de iniciación de la concesión de la Red Férrea del Pacífico, se han surtido los procesos para llegar a las fases de construcción cuyos avances hoy atestiguamos.

    Siendo la Malla Vial del Cauca y del Valle del Cauca uno de los proyectos bandera de mi gobierno, decidí venir a atestiguar este proceso cuando me enteré de que el pasado 14 de agosto se inició la etapa de construcción de la misma, comenzando así la realización de las obras, que conforman más de 400 kilómetros de carreteras de magníficas especificaciones.

    En el corto plazo se realizará la rehabilitación y mantenimiento de 287 kilómetros de vías y se garantizará el mantenimiento de 470 kilómetros, de los cuales 144 corresponden a construcción nueva.

    Igualmente, se contará con un número importante de puentes vehiculares y peatonales y un manejo de intersecciones a nivel y a desnivel.

    Con la realización de estas obras, se generarán 1.500 empleos directos y 10.000 indirectos para la gente del Occidente colombiano.

    Ampliar, mantener, operar y construir las carreteras para disminuir costos de transporte, elevar la seguridad y la calidad del servicio, serán  las acciones más estimulantes de mi Gobierno  para echar a andar uno de los mejores motores de la paz: la conservación del patrimonio vial nacional.

    Prueba de ello lo constituyen 2.000 millones de pesos invertidos en gestión social y 5.000 millones en gestión ambiental, cifras nunca antes contempladas en un proyecto de infraestructura.

    Las obras que hoy empezamos a construir serán, por otra parte, un complemento estratégico para los corredores viales de alto impacto exportador.

    Pero nuestro proyecto de transporte para el Valle es algo más que carreteras. Hoy también presenciamos el desarrollo de nuestra red férrea.

    “El ferrocarril del Pacífico, de trocha angosta y de fuertes pendientes, ya cumplió su cometido de promover el desarrollo de las departamentos occidentales y el de encauzar la mayor parte del tráfico internacional de importación y exportación del interior del país por esta ruta; pero una vez obtenido este desarrollo y con las nuevas perspectivas que ahora se le han abierto a esta rica y privilegiada región, se impone la necesidad de reconstruir una línea férrea de verdad capaz de transportar los nuevos volúmenes de cargamentos que le permitan al país usufructuar las favorables condiciones que se le han presentado…”

    Las anteriores palabras no son mías, sino de don Eduardo Cuéllar, un visionario de las comunicaciones terrestres, quien las pronunció hace medio siglo, pero a través de ellas podemos darnos cuenta cómo la red férrea del Pacífico ha sido desde hace mucho tiempo una necesidad y un símbolo de progreso para la región.

    ¡Cómo le gustaría a don Eduardo saber que hace un mes se iniciaron las obras de rehabilitación de esta Red! A la fecha, se han entregado los corredores férreos de acuerdo a los cronogramas estipulados: 174 Km en el tramo Buenaventura-Palmira y el tramo Palmira– Zarzal–La Tebaida.

    Adicionalmente a la entrega del corredor, en agosto pasado se iniciaron las obras de rehabilitación en la zona de Palmira–Buenaventura, con lo cual comienza una nueva era para el transporte ferroviario en el Occidente colombiano.

    El cronograma que se está desarrollando para la rehabilitación de la Red está dirigido a atender las áreas prioritarias de mayor impacto, iniciando desde La Tebaida hacia Cartago, Buga y Palmira hasta culminar en Buenaventura. De este forma, se apoyarán los trabajos de reconstrucción del Eje Cafetero, permitiendo movilizar a menor costo y en gran volumen los materiales requeridos para los mismos.

    Estas obras implican una inversión aproximada de 300 millones de dólares, de los cuales la nación aportará 120 millones durante el período de concesión. Sin embargo, el riesgo de la operación de transporte corre totalmente por cuenta de los inversionistas y operadores privados, entre los cuales se encuentran socios extranjeros.

    Sin lugar a dudas, le estamos cumpliendo a los departamentos del Valle del Cauca y del Cauca con el desarrollo y la promoción del transporte multimodal, como una alternativa de conexión ante las disímiles condiciones geográficas de miles y miles de kilómetros, que recorren los escenarios históricos de nuestra Nación.

    Con la realización de estas obras y con la puesta en operación del ferrocarril, no solamente el tren volverá a pasar junto al aroma de los cañaduzales, dinamizando a todo vapor los sectores industriales del país, sino que, además, generará 1.500 empleos directos,  durante los 5 años que dura la etapa de rehabilitación; 400 empleos directos durante la etapa de operación y 4.500 empleos indirectos al mes.

    A partir de la fecha, seguiremos trabajando arduamente para que cada vez más pasajeros puedan transportarse por las líneas de acero que marcan el progreso del país entre los principales municipios y la capital del Valle del Cauca.

    La rehabilitación de 499 Kilómetros de red férrea, además, permitirá movilizar de manera más económica 2.1 millones de toneladas al año de azúcar, madera, café, graneles y láminas, productos que han impulsado el desarrollo agroindustrial de la zona.

    En muy corto tiempo, la región del occidente contará de nuevo con el ferrocarril, como en épocas pasadas. Sin embargo, éste será un ferrocarril con una visión mas ambiciosa de lo que puede llegar a ser el transporte de pasajeros por este medio.

    Con los 499 Kilómetros de red férrea rehabilitada entre Cali y Buenaventura se reducirán los costos de nuestros exportadores, aumentando la competitividad de nuestros productos en el exterior, y se ampliará la capacidad transportadora de la región.

    Con estos proyectos, se consolidará y se brindará el apoyo logístico a la recuperación económica de la zona. Atrás quedaron los malos caminos de siglos pasados, donde la región caucana salía al Río Dagua y por allí al Puerto de Buenaventura.

    Estamos construyendo, amigos del Valle, sobre el legado de  la primera ley expedida para la construcción de ferrocarriles en nuestro país, durante la Presidencia de Santander; sobre los esfuerzos de la compañía Cisneros en 1878 para abrir un camino carreteable de Buenaventura a Cali, y con el reto de buscar soluciones a las necesidades económicas más urgentes de los colombianos, en una de las empresas más grandes que se hayan llevado a cabo en el territorio nacional.

    Parte del gran macroproyecto que es el corredor vial Bogotá-Buenaventura será el Túnel de La Línea, cuya licitación se abrirá en el curso de este año y de la cual se obtendrán ahorros en costos de operación del orden de 40 millones de dólares al año. Esta obra  reducirá en 80 minutos el trayecto para vehículos pesados entre el interior del país y la zona pacífica.

    Estamos trabajando con empeño por un país con mejores vías,  lo cual redundará en una mayor calidad de vida para todos los colombianos. En esta dirección se han realizado las gestiones convenientes para poder entregar en concesión la totalidad del Corredor Bogotá–Buenaventura.
    Igualmente, esta obra se verá complementada con una serie de viaductos y túneles cortos en el corredor, que serán licitados dentro de los próximos meses, con un costo cercano a los 42.000 millones de pesos, los cuales tendrán un alto impacto dentro de la operación y el nivel de servicio del tramo Ibagué-Armenia.

    Por último, es importante destacar la exitosa concesión del aeropuerto de Cali,  adjudicada en mayo pasado, en la que, a través de un proceso altamente competitivo, se logró atraer a inversionistas y operadores extranjeros en un esquema favorable para la Nación, lo que implicará una inversión de 70 millones de dólares, durante el periodo de la concesión.

    Igualmente, el pasado 2 de septiembre, y como culminación de un proceso licitatorio, se entregó en concesión el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Palmira, para que en los próximos 20 años la firma Aerocali S.A., de acuerdo a estándares nternacionales, aumente la eficiencia en la operación y la administración del aeropuerto.

    Amigos del Occidente del país:

    Yo sé que el progreso necesita de la seguridad y de la tranquilidad. Por eso, quiero decirles que el Gobierno Nacional y los organismos de seguridad del Estado estamos y estaremos atentos a preservar el orden en esta región del país, tan azotada por los intolerantes de todas las vertientes.

    Las buenas vías son sinónimo de paz, pero también la paz es sinónimo de vías, porque de nada nos sirve tener carreteras y ferrocarriles si algunos violentos se empeñan en acosar, secuestrar y obstaculizar el camino de los colombianos.

    Trabajar por la paz es también trabajar por que nuestras vías vuelvan a transitarse, por que dejen de ser límites para convertirse en umbrales, por que pronto todos los colombianos podamos transportarnos sin miedo por nuestra tierra,

    Por eso, hoy le decimos con obras a los que se empeñan en destruir y en sembrar incertidumbre que queremos un país comunicado y en paz, donde las carreteras no sean trincheras de guerra sino puentes del desarrollo y el progreso.

    Hoy, con la más alta tecnología, estamos cumpliendo el sueño frustrado de nuestros antepasados, quienes pasaron de los peligrosos y estrechos senderos de la colonización al dificultoso andar de las antiguas máquinas de vapor; las alucinaciones de todos aquellos que quedaban retenidos, detrás del acecho de las piedras de los ríos.

    Hoy estamos liderando el cambio en la historia vial de Colombia, desde esta ciudad a la que vine el año pasado para iniciar un proceso que hoy está plasmándose en obras concretas. Tenemos la misión de abrir paso en una tierra de paz y de progreso. Hoy  estamos acortando la distancia hacia el desarrollo económico y social, para que en el 2002 encontremos a nuestro futuro andando a toda máquina.

    Muchas gracias.

    Lugar y fecha

    Valle del Cuca, Colombia
    27 de septiembre del 2000
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