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  • COLOMBIA ABRE SUS PUERTAS AL COMERCIO

    Inauguración de la XXII Feria Internacional de Bogotá

    Quiero ante todo empezar manifestando mi complacencia por estar aquí, con ustedes, empresarios y comerciantes de Colombia y del mundo, en la inauguración de la vigésima segunda Feria Internacional de Bogotá. Agradecer al doctor Hernando Restrepo Londoño su amable invitación y sus palabras de fe y confianza en el país, palabras que, por supuesto, hago mías por compartirlas en su totalidad.

    Es verdaderamente estimulante constatar una vez más la tenacidad de nuestros compatriotas, y su indoblegable voluntad de sacar a Colombia adelante. Las inversiones hechas por Corfererias en sus instalaciones, y los diferentes eventos programados en ellas, son la muestra más contundente del deseo y decisión de sus directivas y accionistas de seguir trabajando por el progreso e nuestra Nación.

    De la misma manera interpreto la presencia de los miles de expositores de más de treinta países que aquí se han dado cita, como una demostración fehaciente de la confianza que sobre nuestro futuro se tiene en el exterior. A todos ellos les presento un cordial saludo de bienvenida y hago votos porque su estadía en Colombia no sólo sea lo más grata posible, sino también provechosa y útil.

    Es este escenario de la Feria Internacional el más propicio para reiterar la importancia que mi Gobierno le da al Comercio Exterior, y por consiguiente al sector externo, en la estrategia de reactivación de nuestra economía. El intercambio de bienes y servicios en el mundo contemporáneo es, sin duda, el principal jalonador del crecimiento de los países. Las cifras sobre su desempeño en los últimos años muestran de manera excepcional su contribución al desarrollo y productividad de la economía global.

    En la segunda mitad de este siglo el volumen del intercambio mundial se multiplicó por catorce, mientras que el de la producción sólo por 5.5. Hoy en día el 25 % de los bienes producidos en todo el mundo son exportados a lo largo y ancho de los cinco continentes. Porcentaje realmente considerable si tenemos en cuenta que cuando el sistema multilateral de comercio se creó esa cifra sólo llegaba al 7%. Ello no es más que la afirmación que la interdependencia entre las diferentes economías es un hecho indiscutible. Basta con  observar el éxito de esta feria para constatarlo, así como apreciar que países recién surgidos a la vida independiente como Ucrania y Bielorusa ya están presentes en esta gran vitrina mundial.

    Esta globalización, de la cual es prácticamente imposible sustraerse, genera unas oportunidades inmensas para los países en desarrollo, pero también implica grandes retos y desafíos. Sería un error subestimar las dificultades que actualmente están gravitando sobre la economía mundial. La turbulencia de los mercados financieros que se ha experimentado en el último año, aún no amaina.

    En América Latina, y en Colombia, los efectos de esta crisis ya se han comenzado a sentir en forma por lo demás preocupante. No obstante, deben tener la certeza que nuestras autoridades tienen la capacidad de responder de una manera adecuada a este fenómeno, como de hecho ya han respondido recibiendo por ello en forma el respaldo y aprobación de los más exigentes organismos internacionales.

    Prueba de lo anterior es la reciente reintención de la calificación otorgada a nuestro país por Standard and Porrs que ratifica la confianza de las agencias internacionales en el programa de ajuste que hemos emprendido para sanear nuestra economía.

    En esta época de turbulencia y de nubarrones grises se comienzan a oír voces que piden volver a una economía cerrada, a erigir nuevamente murallas arancelarias en nuestras fronteras. Eso sería un error grave. En este mundo globalizado, pretender que un país puede cerrarse a los productos importados y al mismo tiempo mantener esos mercados para sus bienes, es simplemente  un error de cálculo. Por eso no vamos a caer en esa ilusión, pero ello no significa que de ser necesario, se apliquen los correctivos que sean del caso, siempre de conformidad con nuestros compromisos internacionales, para garantizarle a nuestros productores y empresarios que van a desempeñarse en condiciones de sana competencia.

    Los dirigentes de los principales países del mundo han hecho pronunciamientos similares en el mismo sentido. El sentimiento generalizado es que no es el momento de volver a aplicar prácticas restrictivas al comercio. La solución de fondo a la actual crisis económica es establecer mecanismos de coordinación internacional para hacer un seguimiento a las políticas macroeconómicas, y para analizar con detenimiento el comportamiento del capital especulativo. El presidente Clinton hizo recientemente un pronunciamiento al respecto, lo que me complace sobremanera.

    A finales de la década de los ochenta nuestro país decidió adoptar un modelo de internacionalización de la economía. Esa decisión se tomó porque de esa forma se estaría garantizando un mayor desarrollo para Colombia. Infortunadamente el proceso de adopción quedó en cierta forma trunco, y en los años recientes sólo se adelantó una política de una sola vía, abriendo nuestros mercados a la competencia internacional. Mi Gobierno tiene la firme intención y voluntad política de darle un giro a ese modelo.

    En ese sentido la administración que presido se ha colocado la meta de duplicar las exportaciones del país en estos cuatro años. Y este aumento de las exportaciones estará dado básicamente por aquellos productos de mayor valor agregado, que generará mayores fuentes de empleo.

     Para cumplir con esta meta, ambiciosa pero factible, trabajaremos muy de cerca con el Ministerio de Comercio Exterior para atraer inversión extranjera en sectores de especial interés para el país. Con ese objetivo lanzaremos una política agresiva que identifique las principales empresas exportadoras en el mundo, y las invitaremos a establecerse en Colombia, para que asociadas con nuestros empresarios, produzcan bienes de alto valor agregado, y aprovechen las preferencias comerciales que gozamos en la actualidad en mercados tan atractivos como el de los Estados Unidos, la Unión Europea, la Comunidad Andina y América Latina en general. Así se lo expresamos recientemente a un grupo muy importante de empresarios norteamericanos en Nueva York teniendo una gran acogida.

    El Comercio Exterior en Colombia representa cerca del 30% de nuestro Producto Interno Bruto. Es fácil comprender la importancia del mismo para nuestra economía y para el futuro del país. Si queremos crear un marco económico estable, que nos permita acercarnos a la paz que tanto necesitamos, no podemos empezar a cambiar las reglas del juego al vaivén de las fluctuaciones propias de los ciclos económicos. Debemos, por el contrario, trabajar conjuntamente con el sector privado para mejorar sus condiciones de competitividad, una de las cuales es el mantener unas reglas de juego claras y de largo plazo.

    Lo importante es que podamos responder a los retos que nos plantea la globalización y aprovechar las grandes oportunidades que esta nos brinda. Y en ese esfuerzo debemos trabajar todos juntos. Colombia sigue siendo, a pesar de los problemas que hemos tenido en los últimos años en el escenario internacional, uno de los países más privilegiados en cuanto al acceso a los mercados externos se refiere. Sacar el máximo beneficio de ellos es un reto hacia el cual dirigiremos todas nuestras fuerzas y energías.

    He regresado apenas ayer de una corta visita a los Estados Unidos, en donde tuve oportunidad de asistir a la instalación de la sesión plenaria de las Naciones Unidas. Allí insistí en la necesidad de que la comunidad internacional nos acompañe en el camino hacia la paz, no sólo por razones de solidaridad, sino porque lográndola estaremos haciendo un significativo aporte para la liberación de la humanidad de uno de los peores males del siglo XX: el problema mundial de las drogas ilícitas.

    Cimentada la convivencia pacífica entre los colombianos, y puesta al servicio del progreso la inmensa capacidad creativa de nuestros ciudadanos, estoy seguro que el país se colocará rápidamente a la vanguardia de Latinoamérica irrigando a todo el subcontinente progreso y crecimiento económico. Si hoy, en medio de tantas crisis, una vitrina como esta Feria Internacional sirve como lugar de encuentro de miles de empresarios de más de treinta países, imaginémonos cómo será cuando todas nuestras energías estén concentradas en el progreso, en la productividad y en el intercambio de bienes y servicios en esta parte del continente. A ese ideal nos estamos encaminando y a él los invito.

    Señores empresarios, quiero que mi presencia en este recinto se interprete como una muestra del interés que mi Gobierno le otorga a este evento y a lo que él significa. La Feria Internacional de Bogotá, es efectivamente la vitrina más vendedora de América Latina, pero es también en estos momentos la demostración más categórica de la fe de nuestros empresarios en el futuro de Colombia. Les agradezco a todos su confianza y que estos próximos días sean tan sólo el pretexto para una próxima reunión.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    25 de septiembre de 1998

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