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  • COLOMBIA TRABAJA PARA RECUPERAR SU POSICIÓN COMO UNA DE LAS ECONOMÍAS MÁS RESPETADA, ESTABLE, Y PROSPERA DE LATINOAMÉRICA

    SOCIEDAD DE LAS AMÉRICAS

    Señoras y Señores:

    Para mí es un gran honor que se me haya pedido hablar aquí hoy en la Sociedad de Las Américas, la cual, desde su creación hace cerca de 50 años, se ha consolidado, junto con su organización hermana, el Consejo de las Américas, como la primera organización interamericana en los Estados Unidos.

    Gracias a la visión y a la perseverancia de su fundador David Rockefeller, y al liderazgo de su Presidente, Tom McNamara, esta Sociedad juega un papel fundamental para impulsar las relaciones entre los Estados Unidos y Latinoamérica,  determinar la dirección de las relaciones políticas y comerciales en nuestro hemisferio y ofrecer un foro único para líderes de la región, como lo soy yo ahora.

    Esta oportunidad es bien acogida, especialmente ahora, considerando el grado al que se han ampliado las relaciones colombo-estadounidenses en los últimos 2 años, así como los rápidos cambios creados por la globalización.  Estos cambios económicos y sociales requieren de esfuerzos audaces y concertados por parte de todas las naciones latinoamericanas.

    Esto tiene una realidad especial en el despertar que hoy vivimos después de la primera crisis de la economía globalizada, cuando estamos acabando de salir del dominio de la recesión. El crecimiento que se había reducido a escasamente un 0.2% en 1999 se recuperará a un promedio regional de 3.9%, a la par con las cifras de la Unión Europea.

    Como ustedes saben, en esta semana se reúnen jefes de Estado de todo el mundo para inaugurar la primera Asamblea General de las Naciones Unidas del nuevo milenio. Bajo cualquier circunstancia un evento como éste genera conversaciones de nuevos comienzos, conversaciones de cambios, de nuevas esperanzas y de oportunidades. Escucharemos igualmente de nuevos y viejos peligros.

    Esto tiene especial relevancia hoy y no sólo por ser el año 2000.  Este tipo de conversaciones tiene mayor peso porque, como sabemos, el mundo ha cambiado en algunas partes de manera sorprendente y en otras sólo comienza a hacerlo.

    Me refiero a algo más que a la caída de la Unión Soviética y al fin de un mundo bipolar, ideológicamente dividido. También hay algo más que la generalización de la democracia y los mercados libres en toda Latinoamérica y en todas partes.

    Lo que hizo de los años ´90 una profunda década en la historia del mundo es, sin lugar a dudas, la revolución en las tecnologías de la información.  Más importante que en la forma en que se hacen los negocios, el mundo ha cambiado en la forma en que dirigimos nuestras vidas. Latinoamérica está trabajando arduamente para alcanzar los enormes y sin duda revolucionarios avances que se han hecho en los Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental y Japón.

    Quizás el mayor desafío global que enfrentamos es asegurar que la “brecha digital” no se convierta en nada más que un eslogan pasado de moda. En lugar de dividir, debemos cerciorarnos de que todas las naciones ven ésta como una oportunidad digital, y aprovechar el momento.  Este fue uno de los aspectos principales que los líderes de Sur América tratamos en la cumbre de Brasilia la semana pasada.

    Allí hablamos de la necesidad de integrar mejor la infraestructura de las telecomunicaciones en nuestro continente, además de nuestras carreteras, puentes y rutas fluviales.

    Igualmente, tal como se resume en el comunicado de Brasilia, entendemos que el narcotráfico y delitos relacionados con el mismo amenazan la integridad de las estructuras políticas, económicas y sociales de todos los países latinoamericanos. Nuestro comunicado exige una responsabilidad compartida entre las naciones productoras, consumidoras y las que sirven de tránsito.

    Al tiempo que la globalización nos dirige rápidamente hacia una mayor integración y mejores oportunidad, el narcotráfico representa en nuestro hemisferio el mayor obstáculo para el desarrollo, la prosperidad y la paz.

    Otro resultado positivo de la cumbre fue garantizar el respaldo regional esencial para el proceso de paz en Colombia, junto con el reconocimiento de que una Colombia sólida y estable será  beneficiosa para los mejores intereses de todos a largo plazo.

    Estos aspectos también fueron tratados con insistencia durante la visita del Presidente Clinton a Cartagena poco antes de la cumbre de Brasilia.  Al final de nuestra rueda de prensa el Presidente hizo un llamado a las demás naciones en la región que han expresado su preocupación de un efecto indirecto del negocio de la droga  a sus países.

    Por una parte, les aseguró que los Estados Unidos cuenta con los recursos y la voluntad de tratar cualquier problema que se pueda presentar a medida que agilizamos el restablecimiento del control del Estado en el sur de Colombia.

    De otro lado, el Presidente hizo énfasis en que no es correcto que un país lleve sobre sus hombros toda la carga y asuma todo el peso de la guerra de la droga.  En Brasilia presenté un argumento similar, como lo he hecho durante dos años, y seguiré pidiendo una mayor solidaridad a nivel regional.

    La visita que nos hizo el Presidente Clinton, junto con el Moderador de la Casa Blanca Dennis Hastert y otros líderes Republicanos, marcó también la culminación de dos años de intenso trabajo por parte de nuestras dos naciones, como puede comprobarse por el fuerte respaldo bipartidista de los Estados Unidos al Plan Colombia, concretado en un paquete de asistencia de 1.300 millones de dólares en el curso de dos años.

    Como ustedes recordarán, el Plan Colombia es la estrategia de tres años de mi gobierno para la paz, prosperidad y fortalecimiento del Estado colombiano, que implica el uso de recursos por 7.500 millones de dólares. El Plan ofrece un enfoque integrado de los diversos retos que enfrenta nuestra nación, en particular de nuestra necesidad de perseguir a los narcotraficantes con mayor vigilancia, de ofrecer al mismo tiempo un desarrollo alternativo para el sustento de los campesinos, y de trabajar para modernizar nuestro sistema judicial y nuestras Fuerzas Armadas.

    Un Estado colombiano fuerte es esencial si queremos avanzar como nación, en términos de ofrecer una mejor seguridad y mayor protección a los derechos humanos de nuestros ciudadanos, así como de cosechar enormes beneficios de la nueva economía mundial.

    La visita del Presidente Clinton también nos dio la oportunidad de tratar en detalle el aspecto económico de nuestras relaciones bilaterales. El gobierno de los Estados Unidos reconoce que el respaldo al Plan Colombia es sólo un aspecto de una agenda bilateral más amplia. Ninguna ecuación es completa si no incluye comercio e inversión extranjera. No es ningún secreto que la economía más dinámica de la región es también el motor más grande para el crecimiento y el desarrollo. Sin ellos, sin la oportunidad ni la expansión, nuestro progreso en otros lugares estaría limitado, en el mejor de los casos.

    Hicimos énfasis en el sentido de que mi gobierno está dispuesto a ampliar y profundizar las relaciones económicas de Colombia con nuestro socio comercial más grande.  Después de todo, el 48% de las exportaciones colombianas van a Estados Unidos, mientras que el 40% de nuestras importaciones son de origen estadounidense. En total, el comercio bilateral  representó 9.800 millones de dólares el año pasado, sin mencionar 3.400 millones de dólares en inversión extranjera directa.

    En este aspecto una amplia gama de recursos se abren ante nosotros, algunos más inmediatos que otros. Nuestro primer orden de actividades es garantizar para finales del año la paridad de la Iniciativa para el Caribe para la industria de las confecciones. De lo contrario, corremos el riesgo de perder hasta 200.000 empleos.

    Los Senadores Bob Graham y Mike DeWine han promovido la Ley del Comercio del Plan Colombia que nos garantizaría igualdad de condiciones durante un año.  Esto daría a nuestra industria de las confecciones algún alivio inmediato mientras entramos en negociaciones para ampliar la Ley de Preferencias Andinas que vence en el año 2001 y tendría dos propósitos importantes: la continuidad de empleo a corto plazo y darnos el tiempo necesario para abordar otros aspectos del comercio.

    Aún queda el hecho de que la inversión y el comercio deben estar apoyados por los pilares firmes de una economía sólida y estable, que no era el caso hace dos años.  Cuando asumí el cargo, Colombia agonizaba en la peor crisis de años y aún de décadas. La recesión que comenzó en el Este de Asia y traspasó Rusia y Latinoamérica tuvo un impacto devastador en Colombia, hecho agravado por un sistema fiscal que se encontraba fuera de control.

    Mi administración ha dedicado bastante energía en sacar al país de la recesión y en sanear la solvencia fiscal y nuestra dignidad económica.  Los signos de recuperación son fuertes.  Por ejemplo, luego de un año de un crecimiento negativo de 4.5% -nuestras peores cifras del siglo XX– Colombia está segura de proyectar para el año 2000 más del 3% de crecimiento en el PIB, un vuelco rápido.  El crecimiento para el segundo trimestre de este año alcanzó el 3.8%.  La industria manufacturera también ha repuntado, hasta el 12% desde junio del año anterior.

    Una moneda continuamente competitiva y bajas tasas de interés seguirán teniendo un efecto positivo en el crecimiento de exportaciones no petroleras, y, para finales del 2000, un aumento en la inversión privada y en la demanda del consumidor comenzará a sumar el estímulo de la demanda a nivel doméstico.

    Una modernización total de nuestra legislación ha garantizado un escenario competitivo para inversión en exploración petrolera con más de 21 contratos suscritos en lo que va del año, un número récord de contratos que no habíamos visto desde 1985.

    También pudimos cumplir con nuestros objetivos fiscales acordados con el Fondo Monetario Internacional para el año 2000.  Admito que no es el mejor año, pero sí experimentamos enormes mejoras desde 1999, levantándonos de la recesión y recuperando la confianza tanto en casa como en el exterior.

    Igualmente esencial para nuestra recuperación ha sido el creciente comercio intrarregional que a la vez ha llevado a una mayor diversificación en toda Latinoamérica, una tendencia que los líderes del continente seguiremos apoyando. Otro resultado importante de la cumbre de Brasilia fue el compromiso de los líderes de las naciones de Mercosur y del Pacto Andino para llegar a un acuerdo integral de libre comercio antes de enero del año 2002. El comercio colombiano con Mercosur subió 88% en comparación con el año anterior.

    Estos avances también refuerzan el hecho de por qué es esencial continuar hacia el principal objetivo económico de nuestro hemisferio, tal como fue proclamado en la primera Cumbre de Las Américas, en Miami en 1994, y confirmado luego en Santiago de Chile en 1998.  Me refiero, obviamente, a la necesidad de contar con una Ley de Comercio Libre de las Américas para el año 2005.

    Cuando reunimos una economía bien manejada junto con los esfuerzos para una mayor liberalización del comercio e  integración regional, Colombia establece un curso sólido y continuo para su futuro. Trabajamos para recuperar nuestra posición como una de las economías más respetadas de Lationamérica, estable y próspera.

    Estamos decididos a hacer los que aún quede por hacer, tanto inmediatamente como a largo plazo, para ver que se aprueben otras reformas vitales, que nuestros mercados permanezcan abiertos y competitivos, que podamos cerrar la “brecha digital” y hagamos los avances tecnológicos más extraordinarios que sigan determinando la manera en que el mundo hace los negocios. El futuro de Colombia como país actor en la comunidad mundial no exige menos.

    Si hay algún ingrediente que Colombia necesita recuperar en esta época es el optimismo.  Esto fue lo que nos hizo superar otros momentos difíciles: entender que somos gente honesta y trabajadora que puede construir y que construirá mejores futuros para nosotros, nuestras familias y para todos en Colombia.

    No dudo de que, si seguimos esa senda, Colombia estará en una posición más fuerte dentro de dos años, tal como estamos mucho mejor ahora que hace dos años.  Este es el resultado de estrategias fuertes y elecciones duras pero necesarias. Estoy entusiasmado por las posibilidades, animado por nuestros progresos y listo para lo que mis próximos dos años en la Presidencia puedan ofrecer.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Nueva York, Estados Unidos
    8 de septiembre del 2000

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