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  • COSTA RICA Y COLOMBIA, DOS PUEBLOS QUE SE IDENTIFICAN TANTO EN SUS INTERESES COMO EN LOS PRINCIPIOS QUE RIGEN SUS MÁS ALTOS DESIGNIOS

    ¡Hoy es un día de júbilo en las relaciones siempre cordiales entre Costa Rica y Colombia! Porque hoy tenemos el honor y el gusto de contar como invitados a esta tierra de flores y café al excelentísimo señor Presidente de Costa Rica, el doctor Miguel Angel Rodríguez Echeverría, a su distinguida esposa, doña Lorena Clarke de Rodríguez, y a su selecta comitiva.

    Señor Presidente Rodríguez Echeverría: Hoy no sólo ha llegado a un país amigo y a un país hermano en las causas de la democracia y los derechos humanos, sino que ha regresado a la tierra de sus ancestros, a la que lo vinculan lazos de afecto y de sangre.

    Esta es la misma patria de sus abuelos, don Hermógenes Rodríguez y doña Ana Támara Herazo, quienes salieron un día de la cálida y alegre Sincelejo para encontrar, como muchos otros compatriotas, un segundo hogar en las amables tierras de Costa Rica. Usted, señor Presidente, lleva en su sangre el latido amoroso de Macondo, el eco de los porros y las cumbias sabaneras y el tropical bullicio de las corralejas. ¡Sea, pues, bienvenido a su casa!

    Hoy mismo, señor Presidente, usted y yo presenciamos como testigos de excepción un hecho trascendental en la historia de América y en la confirmación de la vigencia del Derecho Internacional, como lo fue el acto formal de entrega del Canal Interoceánico por parte de los Estados Unidos a nuestra vecina común, la República de Panamá.

    Este evento resulta altamente significativo porque es la manifestación más concreta de la efectividad y vigencia del Derecho Internacional y de la importancia del cumplimiento de la palabra empeñada en los tratados entre las naciones.

    Costa Rica y Colombia son y han sido siempre abanderadas del imperio del Derecho Internacional, como el medio más efectivo para regular pacíficamente la relación entre los pueblos. Nosotros defendemos con igual convicción los postulados de la igualdad soberana, la no intervención en asuntos internos, la solución pacífica de las controversias internacionales y el cumplimiento de buena fe de los tratados.

    El acto que hoy presenciamos en Panamá ratifica nuestra confianza absoluta en la primacía del Derecho sobre la fuerza ¡Pacta Sunt Servanda es más que un aforismo en latín: Es la garantía de la paz y la estabilidad mundial!

    Hace un cuarto de siglo, mi padre, el presidente Misael Pastrana Borrero tuvo la misma feliz oportunidad que hoy yo tengo de recibir a su homólogo costarricense, que era en ese tiempo el doctor José Figueres, el mismo que tuvo el valor histórico de disolver el ejército y convertir los cuarteles en museos.

    Entonces mi padre dijo: “El pueblo colombiano profesa un profundo afecto por Costa Rica, por lo que nos ha identificado en un pasado común y, además, porque sabemos que esa gran Nación fundamenta su nacionalidad y su personalidad sobre elevados valores morales y, especialmente, sobre su gran civismo democrático. Somos dos pueblos identificados en esa permanente lucha por la defensa de los derechos humanos, que constituyen las raíces mismas de nuestra organización civil y política”.

    Y así es: Costa Rica y Colombia son dos pueblos que se identifican no sólo en sus intereses sino también, y por sobre todo, en los principios que rigen sus más altos designios.

    Vemos en Costa Rica una tierra de paz y de progreso. Una nación comprometida, más que ninguna, con la democracia y con los derechos humanos.

    No por nada es Costa Rica, desde los tiempos del llamado Maestro de la Democracia, José María Castro, una de las democracias más sólidas del continente, con altos índices de desarrollo humano, de salubridad y de alfabetización.

    Recordemos que el mismo José María Castro fue quien nos enseñó que “la libertad sin educación es ilusoria y la idea de libertad sin poder o, lo que es lo mismo, sin ilustración o ciencia, parece un absurdo manifiesto”.

    No es gratuito tampoco que sea la Convención de San José, cuyos 30 años acabamos de celebrar, la Carta de Derechos Humanos de nuestro continente, y que sea Costa Rica la sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. ¡Su país, señor Presidente Rodríguez, se ha ganado con justicia un puesto en la historia de las mejores virtudes americanas!

    Llega usted, señor Presidente, a una nación que hoy está comprometida en la búsqueda de una paz interna, bajo el liderazgo que asumí en cumplimiento del mandato que me otorgaron millones de colombianos.

    El apoyo de países amigos y respetuosos como Costa Rica a este proceso es muy significativo para Colombia. Por eso quiero agradecerle a usted y a los demás presidentes de los países que componen el Sistema de la Integración Centroamericana –SICA- la declaración de respaldo al proceso de paz colombiano que produjeron hace poco más de un mes en Ciudad de Guatemala.

    Colombia y Centroamérica han sido siempre aliadas en el tema de la paz. En la década del ochenta, el Grupo de Contadora, liderado con entusiasmo por nuestro presidente Belisario Betancur, jugó un papel preponderante en la búsqueda de una solución pacífica para la América Central.  Oscar Arias Trujillo, el entonces presidente de Costa Rica, habría de recoger las banderas de Contadora y de lograr finalmente un consenso de pacificación entre los mismos países centroamericanos, que culminó felizmente en el Acuerdo de Esquipulas.

    Son esos desafíos de la paz los que hoy estamos afrontando con decisión y vocación de Patria, y con el apoyo fraternal de Costa Rica. Su logro es un objetivo nacional y también un compromiso mundial.

    Para llevar a cabo este cometido, Colombia está postulando para ocupar un escaño, en calidad de miembro no permanente, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Por ello quiero agradecer muy especialmente el apoyo que nos ha ofrecido Costa Rica a esta candidatura. ¡Tenga usted la seguridad, señor Presidente, de que mantendremos en alto los principios e intereses de la América Latina, tal como lo hizo su país cuando ocupó esta misma dignidad en el periodo 1996-1997!

    Costa Rica, que hace 50 años disolvió sus Fuerzas Armadas, es hoy un adalid del Desarme y de la Desmilitarización, promoviendo la creación de un Fondo Para la Desmilitarización de Centroamérica y ratificando su confianza en la acción multilateral, como medio idóneo de promover la seguridad regional y global. Desde Colombia observamos con interés y optimismo estos esfuerzos, que cuentan con toda nuestra solidaridad.

    En el campo multilateral, Costa Rica y Colombia tenemos muchos frentes donde trabajar en armoniosa cooperación.

    Somos ambos países miembros de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos; coincidimos en las Cumbres Iberoamericanas y Hemisféricas; somos socios en el Banco Centroamericano de Integración Económica, y hoy, además, compartimos un propósito común en la Asociación de Estados del Caribe y en el Grupo de Río, al cual hace poco se vincularon individualmente los principales países centroamericanos, por lo cual me congratulo.

    Cuente, Señor Presidente, con el compromiso colombiano de hacer más eficaz y positiva la acción de este Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política, ahora que nos aprestamos a asumir su Secretaría Pro-Témpore en el año 2.000.

    Tenemos muchas materias que tratar y sobre los cuales avanzar en esta propicia visita suya, señor Presidente Rodríguez:

    Usted y yo hemos declarado una guerra sin cuartel contra las drogas ilícitas y la corrupción en nuestros países, en la cual es fundamental la cooperación internacional y binacional, tanto en el campo de la interdicción como en el campo del control del lavado de activos y del tráfico de insumos para la producción.

    Costa Rica es un país comprometido como ninguno con el medio ambiente y en esa lucha también somos aliados. Por ello, debemos incrementar nuestros esfuerzos de cooperación tendientes a la investigación científica y a la preservación y explotación racional de los recursos naturales existentes en las áreas marítimas colindantes entre nuestros Estados.

    En el campo del turismo, por otro lado, tenemos mucho que trabajar conjuntamente, para incrementar el flujo de viajeros entre nuestros países, incluyendo programas de ecoturismo. El reciente Memorando de Entendimiento en materia aeronáutica es un paso adelante en el propósito de unir cada vez más nuestros pueblos y nuestros productos.

    Son varios, pues, los temas que nos unen y ninguno el que nos separa, como ocurre con los buenos amigos. Por eso convocaremos para el primer semestre del año próximo la Segunda Reunión de la Comisión Binacional y la Primera Reunión de la Comisión Mixta prevista en el Convenio de Cooperación Técnica y Científica que nos vincula.

    ¡Así seguiremos avanzando juntos por la senda del progreso, la democracia, la juridicidad, la cooperación y el respeto a los derechos humanos!

    Señor Presidente Rodríguez Echeverría:

    Usted representa con altura un pueblo muy querido por los colombianos, por su hospitalidad con los extranjeros y su ejemplo de convivencia.

    Costa Rica se precia, con razón, de ser un país donde hay más maestros que soldados, donde las armas se cambiaron por los libros, donde predomina un acendrado civismo y una sociedad pluralista y participativa, y donde la vida florece cada día en sus parques naturales, en sus bellas playas y en sus imponentes volcanes.

    Porfirio Barba Jacob, ese gran poeta colombiano de la primera mitad del siglo XX, quien fue siempre un enamorado de la América Central, donde vivió y terminó sus días, tuvo su primer encuentro con esa tierra amistosa en Costa Rica, un país que lo sorprendió gratamente por su índole pacífica.

    Por ello, quiero terminar esta intervención saludando en usted, en su digna esposa y en todos los amigos costarricenses que nos acompañan, a un pueblo hermano y solidario; brindando por nuestra amistad y por la felicidad de Costa Rica, y recordando las palabras inspiradas del poeta:

    “Nuestro ideal hispanoamericano es el de una comunión con el destino continental para el esfuerzo hondo y puro de la vida; el de una dilatación augusta del espíritu; el de un ritmo humano nuevo; el de un nuevo coro de la más profunda tonalidad que haya resonado en la historia”.

    ¡Salud y muchas gracias!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de diciembre de 1999

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