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  • EL EJÉRCITO DE COLOMBIA HA DEMOSTRADO CON CRECES SU DECISIÓN DE APORTAR A LA PAZ DE NUESTRO PAÍS

    CEREMONIA DE ASCENSOS DE OFICIALES DEL EJÉRCITO NACIONAL

    “Hemos llegado a la Presidencia de la República con la más firme decisión de lograr la paz y la reconciliación entre los colombianos. Sé que nadie quiere la paz con más ímpetu que el soldado, que ese héroe anónimo que sufre en carne propia las consecuencias terribles de la confrontación, que en las noches de peligro, soledad y angustia sueña ilusionado con el regreso al cariño y el calor de los seres que ama. Por eso, tengo la más firme convicción y la fe más absoluta en que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, desde sus comandantes hasta el más modesto de sus hombres, respaldarán con nobleza y lealtad a su Jefe Supremo en el duro camino que Colombia habrá de recorrer para alcanzar la paz”.

    Hoy, 7 de diciembre de 2001, cuando se cumplen 40 meses desde aquella tarde de esperanza en que asumí ante Dios y ante Colombia la responsabilidad de dirigir sus destinos hacia el cambio, siento la tentación de hacer balance, y recuerdo, por ello, las palabras que acabo de citar, que fueron aquellas que pronuncié el 13 de agosto de 1998, en mi primer discurso ante las Fuerzas Armadas de Colombia.

    Lo que entonces dije ante los comandantes, los oficiales, suboficiales y soldados de mi patria fue la visión anticipada de un comportamiento que, por suerte, ha sido la constante en la actitud de las Fuerzas Armadas frente a la democracia y frente a la búsqueda de la paz en nuestro país.

    El Ejército de Colombia, así como las demás fuerzas que componen la Fuerza Pública del país, ha demostrado, con creces, su decisión de aportar a la paz de Colombia y ha respaldado, “con nobleza y lealtad”, mi labor como Presidente de la República en este arduo y tantas veces incomprendido camino de la reconciliación.

    Nadie quiere la paz más que un soldado de Colombia. ¡Qué absurdo pretender que nuestro Ejército es un actor más del conflicto armado y, peor aún, que lo fomenta y estimula! ¡Nadie sufre más la crueldad y la dureza de la guerra que un soldado de Colombia! ¡Nadie es tan sensible al dolor de sus compatriotas como aquel que lo arriesga todo por defender sus vidas e integridad!

    El Ejército de Colombia, hoy más fuerte, moderno y profesional, que nunca antes en su historia, es un Ejército preparado como pocos para enfrentar la guerra que han declarado los violentos a la sociedad colombiana, pero no es un Ejército que quiera la guerra. Todo lo contrario: Aquí están el General Tapias, el General Mora, los Comandantes de la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional, y tengo la convicción y la tranquilidad de que todos comulgan con este principio.

    ¡Qué más quisiéramos todos nosotros que poder liderar unas Fuerzas Armadas que cumplieran su misión constitucional en medio de un país que progrese y crezca en paz y armonía! ¡Qué más quisiéramos que solamente vigilar las fronteras, estar prestos a colaborar en la acción social y comunitaria, y salvaguardar la seguridad nacional de las eventuales amenazas externas y de la delincuencia común! ¡Qué más quisiéramos, soldados de Colombia, que vivir, prosperar y soñar en una nación en paz y sin miedo!

    El poeta Carlos Castro Saavedra lo resumió en un hermoso verso: “No hay un solo soldado que quiera disparar sobre las flores”.

    Hace unos días tuve oportunidad de hacer una disertación en la Escuela Superior de Guerra y allí expuse el compromiso que tienen y deben tener nuestras Fuerzas Armadas con la preservación de la vida humana y su dignidad, como el norte que debe guiar sus acciones.

    Entonces dije: “Nuestras Fuerzas no son unas Fuerzas creadas ni preparadas para usar la violencia contra sus semejantes, para imponer regímenes totalitarios ni para atentar contra el bienestar, la dignidad o la integridad de sus compatriotas ni de ningún otro ser humano.

    “Los hombres y mujeres formados en las escuelas militares y policiales del país son ante todo profesionales de la seguridad, comprometidos con la defensa de la democracia y sus instituciones, con la protección de sus compatriotas y, por consiguiente, con la paz.

    “No son hombres y mujeres de guerra, aunque están capacitados como ninguno para afrontarla cuando no queda otra alternativa. Yo diría que son hombres y mujeres ‘de patria’.”

    ¡Éstas son las Fuerzas Armadas que enorgullecen a Colombia! ¡Fuerzas de vida y para la vida! ¡Fuerzas que trabajan por la paz y hacia la paz! ¡Fuerzas de la democracia, del Estado de Derecho y de la institucionalidad! ¡Fuerzas que respetan, como un hito sagrado, los derechos humanos y que aplican con todo su rigor las normas y principios del Derecho Internacional Humanitario!

    Sólo así podremos reivindicar el derecho y el deber de ser el brazo armado de una sociedad que nos ha encomendado su custodia y su seguridad. ¡Seguridad para la vida, no para la muerte! ¡Custodia para la tranquilidad, no para coartar la libertad!

    Soldados del Ejército de Colombia:

    Su compromiso ha sido firme y leal, y hoy presenta los mejores resultados en su propósito de proteger a sus compatriotas de los ataques de la intolerancia y de los embates del delito.

    Han luchado contra el narcotráfico, que es el principal financiador de la violencia en nuestro país y en el mundo. Han luchado contra agentes de violencia, como los subversivos y los miembros de grupos de autodefensa. Han atacado y capturado a secuestradores y extorsionistas que generan miedo y desolación por el territorio nacional, y en todas estas tareas siguen comprobando su eficiencia y su coraje.

    En la lucha frontal que adelantamos contra el narcotráfico, la tarea de las Fuerzas Militares ha sido un componente fundamental que cada vez golpea más a estos traficantes de la muerte. En los primeros 10 meses de este año capturaron a 845 personas vinculadas con esta actividad, incautaron 35 toneladas de cocaína, 373 toneladas de hoja de coca, 121 kilos de heroína, 731 toneladas de insumos sólidos y 527.000 galones de insumos líquidos. Y algo muy importante: en conjunto con la Policía Nacional, se han destruido entre enero y octubre 81.322 hectáreas sembradas con coca, lo que constituye un record de eficiencia en la lucha contra este flagelo mundial.

    En el combate contra quienes persisten en atacar la población colombiana también siguen los soldados de la Patria haciendo su aporte de valor. Igualmente en los 10 primeros meses del año, las Fuerzas Militares abatieron en combate a 885 subversivos y 84 miembros de grupos de autodefensa, y capturaron a 1.247 subversivos, a 524 miembros de grupos de autodefensa y a 2.176 delincuentes de alta peligrosidad.

    ¡Con acciones, y no con palabras, las Fuerzas Militares están demostrando su compromiso, no sólo en la lucha contra la subversión, sino también en el combate a los grupos de autodefensa, que siembran muerte y dolor a su paso!

    Entre el año pasado y el presente se incrementó en un 15% el número de autodefensas dados de baja y en un 272% el número de autodefensas capturados por las Fuerzas Militares, para un total de 608 miembros de estos grupos puestos fuera de combate. Si unimos a esto lo hecho por la Policía Nacional, estamos hablando de más de 1.000 integrantes de las autodefensas que han muerto o han sido capturados en los primeros 10 meses del año, ¡más del 10% de sus miembros!

    ¡Qué equivocados están aquellos que todavía pretenden manchar el buen nombre de las Fuerzas Armadas de Colombia, vinculándolas con la acción cruel y cobarde de estos criminales! Un soldado de Colombia no puede manchar sus manos de sangre hermana, no puede violar los derechos humanos ni acudir a la sevicia y la crueldad, como lo hacen los autodefensas. El que lo haga, el que los apoye así sea con su silencio u omisión, ¡que renuncie a su uniforme y se vista de una vez con el traje de la infamia!

    Las Fuerzas Armadas deben demostrar, con resultados cada vez más contundentes, que están en el otro extremo de la balanza donde se colocan los autodefensas que pretenden suplantarlas. De un lado esta la Fuerza Legítima, la que respeta los derechos humanos y la vida como un principio sagrado; del otro lado está la barbarie de quienes asesinan, masacran y torturan a colombianos indefensos, de quienes creen hacer justicia cometiendo actos de crueldad.

    ¡Que no quede ni una sombra de duda! El Ejército Nacional y toda la Fuerza Pública colombiana continuarán combatiendo, con toda la decisión, a esos criminales que han llenado de zozobra y sangre el territorio nacional. Lo que corresponde ahora a las Fuerzas legítimas de Colombia es seguir multiplicando los esfuerzos y, por lo tanto, los resultados contra los grupos de autodefensa. Estamos avanzando, pero es necesario mostrar más efectividad en esta lucha por la vida y contra la violencia. Necesitamos todavía más y mejores resultados, incluyendo, por supuesto, la pronta captura de los cabecillas de estas organizaciones criminales.

    Apreciados amigos del Ejército Nacional:

    Con resultados concretos, las Fuerzas de la Institucionalidad Colombiana y, dentro de ellas, el admirado Ejército Nacional, cuyos destinos orienta con firmeza y patriotismo, como lo ha hecho desde el inicio de mi Gobierno, el General Jorge Enrique Mora Rangel, siguen haciendo realidad el lema que llevan inscrito en sus corazones: “¡Nuestro compromiso es Colombia!”.

    Hoy he destacado los resultados obtenidos por las Fuerzas Militares, como un todo, porque ellas, junto con la Policía Nacional, obran en forma conjunta y cooperante y es gracias a ello que cada día cosechan más éxitos y resultados en beneficio de todos los colombianos.

    Por eso es satisfactorio celebrar hoy, en este Campo de Paradas de la Escuela Militar de Cadetes “José María Córdova”, el ascenso de altos oficiales, no sólo del Ejército, sino también de la Armada Nacional, como un reconocimiento al espíritu de cuerpo que los une en la búsqueda de un mismo objetivo: la paz y la seguridad de Colombia.

    Hoy el Mayor General Néstor Ramírez Mejía asciende al más alto grado de la carrera militar; cinco Brigadieres Generales y un Contralmirante ascienden a Mayores Generales y Vicealmirante, respectivamente, y ocho Coroneles y cuatro Capitanes de Navío ascienden a los rangos de Brigadieres Generales y Contralmirantes, respectivamente.

    ¡Son 19 altos oficiales de las Fuerzas Militares de Colombia que hoy dan un gran paso al frente en su carrera de servicio al país y a sus compatriotas y que asumen, desde los más altos cargos de dirección, la responsabilidad de conducir a las instituciones, hombres y mujeres bajo su mando al más alto nivel de eficiencia y de compromiso con la patria! Felicitaciones, y que Dios guíe su conducta siempre hacia la defensa de la vida y de la paz.

    El Mayor General Jaime Humberto Cortés Parada también celebra hoy la especial ocasión de cumplir 35 años de servicio a sus compatriotas desde las Fuerzas Militares. ¡Felicitaciones, General Cortés! Siete lustros de entrega a la causa de Colombia merecen nuestro más sincero aplauso y reconocimiento.

    En cuanto a la nueva promoción de oficiales perteneciente al Curso “General Ramón Arturo Rincón Quiñónez”, que hoy se gradúa, no puedo menos que congratularme y emocionarme al ver estos jóvenes colombianos, promesas de futuro, que están dispuestos a entregar su vida y sus esfuerzos por el bien de su país. ¡Su compromiso es y será siempre Colombia! ¡Su compromiso es y será siempre con la defensa de la vida y su dignidad! Sean valientes, sean buenos, sean justos, y recibirán el mayor premio al que pueda aspirar cualquier soldado: la admiración y la gratitud de su patria.

    En unos minutos, cuando el nuevo Subteniente, Saúl Isaías Duarte Rojas, primer puesto de la promoción, -a quien felicito y auguro los mayores éxitos en su carrera-, me haga entrega simbólica del pabellón nacional, recibiré de sus manos el espíritu de una generación que hoy hace un voto por la paz de su tierra. ¡Los soldados de Colombia no disparan sobre las flores! ¡Los soldados de Colombia siembran flores, siembran vida, y la defienden con entereza de todos aquellos que buscan destruirla!

    Estimados amigos:

    Los soldados de Colombia son instrumentos de paz y no máquinas de guerra. Por eso hemos apoyado con tanta decisión a las Fuerzas Armadas de nuestra nación. Ustedes lo saben y lo pueden constatar en la historia: Con las medidas de fortalecimiento y profesionalización, con la reglamentación de la carrera militar y de sus prestaciones sociales, con los continuos aportes de recursos y logísticos, podemos decir, sin exagerar, que ¡ningún Gobierno ha hecho tanto por su Ejército como el mío! De verdad, nada me enorgullece tanto como esto. ¡Hoy estamos pagando a nuestros héroes una deuda del corazón!

    Lo hemos dicho muchas veces, pero es necesario reiterarlo, porque éste es un hecho trascendental para el país: Las Fuerzas Armadas que dejaremos a Colombia serán las Fuerzas Armadas más grandes, fortalecidas, modernas y profesionales de toda su historia. Hemos incrementado el número de soldados profesionales en un 150%, pasando de 22.000 en 1998 a 55.000 hoy. Además, estamos incrementando el contingente de soldados regulares, los cuales han pasado de 57.000 en 1998 a 73.000 este año y llegarán a 103.000 en el año 2004. Con lo hecho hasta ahora y con el continuo desarrollo del Plan Fortaleza en los años subsiguientes, para el año 2004 tendremos un pie de fuerza total de cerca de 160.000 hombres. ¡El doble de lo que teníamos en 1998!

    También ha sido fundamental en este proceso de fortalecimiento la puesta en marcha y vigorización de la Fuerza de Despliegue Rápido, las Brigadas Móviles, la Brigada contra el Narcotráfico –que ya tiene operando tres batallones-, la Central de Inteligencia Conjunta, así como la Brigada Fluvial de Infantería de Marina de la Armada Nacional, cuya acción combinada ha propinado los más duros golpes a los violentos.

    Además, estamos cuadruplicado el número de helicópteros artillados, pasando de 4 a 16, y más que duplicado el número de helicópteros de transporte, pasando de 72 a 154, con lo cual estamos garantizando la movilidad y eficacia de nuestras tropas.

    ¡Esto es histórico, señoras y señores! Dejamos a Colombia mejor armada que nunca para defender su democracia, sus instituciones y la vida y tranquilidad de todos sus habitantes.

    También hemos querido retribuir de manera concreta los inmensos sacrificios que los valientes soldados de Colombia han hecho por nosotros. En este sentido, reglamentamos la carrera militar y policial, su régimen de salud, de ascensos y disciplinario y le concedimos a los soldados profesionales la tranquilidad de una adecuada seguridad social y una justa pensión para su retiro.

    Pero no nos quedamos ahí. Adicionalmente, el pasado 15 de noviembre expedí el Decreto 2420 mediante el cual determiné la destinación de 5.000 millones de pesos para atender, en cada ciudad capital del país, la demanda de subsidios familiares de vivienda para los hogares de los soldados regulares de las Fuerzas Militares que se encuentran pensionados por una incapacidad originada en acciones de combate. ¡Son 5.000 millones de pesos que distribuiremos entre unas 700 familias de soldados que han entregado todo por Colombia y sus compatriotas! ¡Esas casas, esos nuevos hogares que comprarán o construirán con estos recursos, serán el testimonio vivo de un agradecimiento que no cesa!

    Con este sentimiento de gratitud rebosando en el alma, mi garganta hace eco a la voz de 40 millones de colombianos que quieren, admiran y agradecen la labor del Ejército Nacional: ¡Dios los guarde, soldados de Colombia, hoy y siempre!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de diciembre del 2001

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