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  • EL GOBIERNO COLOMBIANO ESTIMULA INVERSIÓN EXTRANJERA

    Cámara de Comercio de los Estados Unidos

    Ante todo, quisiera ofrecer mis más sinceros agradecimientos a la Cámara de Comercio de los Estados Unidos como anfitriona de este evento tan importante, lo mismo, naturalmente que a Tom Donahue, Presidente de la Cámara, no solamente por su magnífica gestión de esta importantísima organización, sino también por sus gentiles palabras de bienvenida.

    Digo que me emociona estar aquí hoy, y creo que expreso los sentimientos de todos los colombianos aquí presentes, y de todas las personas cuya dedicación y profesionalismo ha generado el buen nombre del que goza el empresario colombiano por su excelente calidad. Aprovechamos esta oportunidad para presentar con orgullo lo mejor de nuestro mundo empresarial ante la sede nacional del comercio norteamericano, líder en el mundo. Quisiera además agradecer a todos mis compatriotas por haber aprovechado esta oportunidad única para demostrar al mundo cómo somos, cómo es Colombia en realidad.

    En términos económicos, vivimos en tiempos algo inestables. Vivimos la primera gran crisis de la globalización. Por donde quiera que miremos, ya sea Asia o las Américas, una economía mundial que hasta hace poco estaba en pleno auge, ahora parece condenada a una recesión. Los inversionistas pueden ser reticentes y existe la posibilidad de una fuga de capitales. En esta coyuntura sería fácil -peligrosamente fácil- hacer caso omiso de un país como Colombia, o subestimarlo.

    Este seguramente sería un problema mayor para nosotros; pero al mismo tiempo sería un error, y una oportunidad perdida por parte de Estados Unidos, especialmente en los campos de la inversión y del comercio. Somos el tercer mercado en América Latina para las importaciones desde los Estados Unidos. Sus ventas siguen en aumento. Tenemos un compromiso incondicional a los esfuerzos comunes del hemisferio para lograr una nueva estabilidad y recuperar el crecimiento. Rechazamos el aislacionismo, el regreso del proteccionismo, la política de “robo de naipes” la cual al fin de cuentas dejaría en ascuas las aspiraciones de prosperidad, de todos, sin que gane nadie.

    Colombia está orgullosa de su larga historia comercial. En los tiempos de la Colonia muchas de las riquezas de España hicieron tránsito por nuestras costas, llamando la atención de personajes como Sir Francis Drake y Henry Morgan. En aquella época, y para muchas generaciones posteriores, el comercio era una verdadera odisea. Para los habitantes de Bogotá o Medellín, el comercio con el resto del mundo implicaba el largo periplo hacia el río Magdalena; de allí las hazañas de la navegación sobre este gran río, fangoso y de poca profundidad, rodeado por la selva, hasta llegar al mar Caribe. Eran varias semanas de viaje y las utilidades eventuales del siguiente viaje en altamar demoraban meses o hasta años en realizarse.

    Hoy en día, gracias a la llegada de la era de transporte aéreo el río Magdalena ha dejado de ser la arteria mayor de nuestro comercio. Pero aún hoy, las serpentinas y a veces arduas vías que conectan el interior del país con sus costas las encontramos congestionadas de camiones. Como la mayoría de ustedes sabrán, en términos geográficos, Colombia es varios países en uno -un hecho que además explica en parte la enorme variedad de nuestros productos y recursos. Albergamos no una cordillera de los Andes, sino tres. Si bien esto nos bendice con muchos paisajes de inimaginable belleza, al mismo tiempo nos plantea uno que otro problema en los quehaceres prácticos de los negocios.

    Pero los colombianos somos una Nación de empresarios, y día tras día ratificamos que Colombia cree en los negocios. Somos el único país de América Latina que nunca ha incumplido con sus deudas o amortizaciones para con nadie, y hemos sido elogiados por la constante sensatez de nuestras estrategias macroeconómicas. Somos previsivos, y nunca hemos experimentado la hiperinflación tan común para los países en vías de desarrollo. Ha existido, sí, una minoría de colombianos que favorecieron el aislamiento. En otras épocas, tuvimos gobiernos que reprimieron la apertura de las fronteras y las zonas de libre comercio. Insistían en sus altas barreras aduaneras y consideraban que podíamos ser autosuficientes. Pero hoy vivimos una era nueva en Colombia. Fui elegido bajo la consigna del cambio, y la nueva era que yo planteé comienza con el reconocimiento de las realidades del nuevo mundo en que vivimos. Continuaremos con la apertura de la economía colombiana que se inició hace menos de diez años. Tenemos un compromiso irrevocable para con nuestras relaciones comerciales externas, hacia la comercialización de nuestros productos y servicios en todo elmundo, ya la recepción del resto del mundo en Colombia. Sabemos que esto constituye uno de los caminos hacia el desarrollo.

    Seguiremos fomentando los avances hacia una Área de Libre Comercio para las Américas, porque creemos que será indispensable para que el hemisferio logre el nivel de integración que reclama la economía globalizada de nuestra época. Y Colombia, como actual presidente de la Comunidad Andina de Naciones, hará lo necesario para prorrogar los privilegios del ATPA más allá del año 2001. La justificación de esta prórroga es evidente, ya que si los mecanismos del ALCA no nacerán sino en el año 2005, nosotros como hemisferio no podemos darnos el lujo de permitir que entre esas dos fechas se anulen los cambios hacia la integración tanto bilateral como regional. La Comunidad Andina de Naciones ha demostrado que es una organización económica muy exitosa. Las exportaciones dentro de la región en este año han sido más altas que nunca, alcanzando unos US$ 7billones. Solamente en los últimos siete años, el total de dichas exportaciones ha aumentado en más del 500%. Igualmente, la inversión extranjera – especialmente desde los Estados Unidos- sigue alcanzando aumentos impresionantes. Por ejemplo, el total de las inversiones directas fue de US$l billón en 1990, mientras que en 1997 alcanzó a casi US$10 billones, un aumento de más del 80%.

    En este histórico esfuerzo nuestro socio más importante será Estados Unidos. Los dos gobiernos ya elaboraron la agenda para un Tratado Bilateral de Inversión, el cual para nosotros constituye parte integral del fortalecimiento de nuestros lazos económicos. En el delicado asunto de la expropiación sin indemnización, tal como se consagra en nuestra Constitución, debo decir que mi Gobierno, fiel al espíritu de la globalización, ya ha dirigido al Congreso Nacional un proyecto de reforma de este artículo. Entendemos y sentimos la preocupación suscitada entre los inversionistas extranjeros y, aunque nunca se ha promovido una expropiación, confiamos que el problema muy pronto será cosa del pasado. Lo mismo ocurre con la protección de la propiedad intelectual de los extranjeros, especialmente en el campo de las transmisiones por satélite y la piratería de los programas de computadora y de discos compactos. En estos campos mi Gobierno también está insistiendo en una protección legal más fuerte para este tipo de propiedad.

    Se ha dicho, y tal vez no sin razón, que los últimos años han sido los peores para las relaciones entre nuestros dos países. Las características del gobierno anterior llegaron a causar la descertificación de Colombia por dos años sucesivos. Si bien este no es ni el momento ni el lugar para comentar las virtudes del proceso de certificación, debo decir que aunque el propósito del proceso ha sido el de castigar al gobierno, al mismo tiempo ha causado grandes perjuicios para los negocios lícitos de los colombianos. Dichos intereses comerciales, muchos de los cuales están representados aquí fueron víctimas inocentes, atrapadas entre el cruce de fuegos. Si observamos unas cifras comparativas para nuestro comercio exterior en los últimos años, encontramos una tendencia alarmante. Por ejemplo, las exportaciones norteamericanas a Colombia han crecido de US$5.4 billones en 1995 a US$6.4 billones ahora; mientras que las exportaciones colombianas a Estados Unidos han aumentado solamente en US$200 millones, pasando a US$4.4 billones. Como he dicho antes, estamos convocando a la empresa colombiana para que en los próximos cuatro años dupliquemos nuestras exportaciones y ya con esto se aliviaría el déficit comercial. Al mismo tiempo, debemos mantener nuestro mercado abierto hacia los Estados Unidos como una apertura recíproca.

    En términos generales, estamos en el umbral de una nueva era en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Iniciamos el arranque cuando me reuní con el Presidente Clinton aquí en Washington y juntos acordamos reanudar la cooperación bilateral en pleno, aún antes de mi toma de posesión. En esa primera reunión y a partir de ese momento, he insistido en repetidas ocasiones nuestro compromiso total hacia la lucha contra el narcotráfico, pero igualmente que debemos ampliar la agenda bilateral. Para Colombia, tanto para el Gobierno como para el sector privado, ello requiere de nuevos avances en el comercio y en la inversión.

    Colombia tiene mucho que ofrecer a las empresas que deseen establecerse allí. Por ejemplo, de los países de América Latina, Colombia es tercero en el tamaño de su economía y segundo en el tamaño de su población. Entre nuestras otras riquezas, tenemos nuestro espíritu de empresa y muchas de las mejores universidades de las Américas. Las perspectivas para la industria minera son un hecho. Somos un verdadero depósito de tesoros, con abundancia de carbón, níquel y gas natural, para no mencionar el oro y los demás metales preciosos y el petróleo. Tal como me comentó uno de los ejecutivos más altos de la industria petrolera el mes pasado, ” Colombia es el secreto mejor guardado del mundo”. Nuestras reservas petroleras son gigantescas, el crudo es liviano de muy buena calidad y se vende a precios muy altos. Aquí vale la pena volver a considerar nuestras costas. Muchas veces, la gente nos ve como un país solamente de montañas pero las posibilidades de la región del Caribe son inmensas, y mi Gobierno ha asignado una alta prioridad para la mejora de su infraestructura. En términos de distancia, Cartagena es igual de cerca a Miami que lo que es ciudad de México de Los Ángeles.

    Por todo lo anterior, en términos simbólicos esta visita de Estado deber ser vista por lo que ella representa: otro paso más -otro paso productivo y positivo- para el fortalecimiento de nuestros vínculos tanto comerciales como políticos. Es indispensable que los Jefes de Estado se tomen de la mano y firmen acuerdos; pero es igualmente indispensable hacer lo que estamos haciendo hoy, empresas y inversionista s de los países reunidos con el propósito de explorar nuestros intereses comunes y las perspectivas para el futuro. Si se aumenta el comercio entre los dos países en beneficio de todos, sabremos que tenemos bases sólidas. Quisiera agradecerle a Tom Donohue y a la Cámara de Comercio por su liderazgo en la lucha en pro de la apertura de mercados y el libre comercio.

    Un comentario final. Muchas de las noticias sobre Colombia que estamos viendo en estos días -y, a mi modo de ver, con razón- versan sobre nuestro proceso de paz. Este proceso es la necesidad más apremiante de nuestro país, y fue la promesa fundamental de mi campaña presidencial. Pero aquí también, el asunto no es meramente político, porque implica consideraciones profundas y ineludibles de orden económico. Una de las causas básicas de nuestra crisis actual es la pobreza. La pobreza genera el inconformismo. Y el inconformismo genera subversión. Para poder acabar con la violencia, no basta que nos armemos, ni basta negociar. Debemos construir una economía nueva, con oportunidades y posibilidades reales de crecimiento; una economía en la cual se haya erradicado el cultivo de la coca, y el desarrollo alternativo este a la mano de todos. Y es en este punto que buscamos la participación de ustedes, tanto de colombianos como de estadounidenses. Entre más inviertan en Colombia, entre más puestos de trabajo generen, entre más confianza creen, más temprano que tarde nos convertiremos en una sociedad de libre mercado y de libre empresa, que mejorará el nivel de vida del pueblo entero. Los invito a mirar a su alrededor hoy, y a imaginarse el futuro que juntos podemos construir.


    Lugar y fecha

    Washington, Estados Unidos
    29 de octubre de 1998

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